Héctor
Presa
La Galera Encantada
Héctor
Presa se destaca por su contínua producción en el campo
del teatro infantil. Como autor, actor y director de La Galera Encantada,
grupo estable especializado en teatro para chicos y jóvenes,
estrena dos o tres espectáculos por año en su sala del
barrio de Palermo.
Su espectáculo Pido Gancho, la historia de Carlitos y
Violeta ganó el Clown de Oro en el 40° Festival de
Teatro Infantil de Necochea que se realizó el verano pasado,
obra por la que obtuvo, además, el premio al mejor actor.
Ocho
actores (Lali Lastra, Matías Zarini, Gloria Sacristán,
Silvina Prieto, Maite Garibaldi, Brebda Mc Cormack, Marcela Luzny
y el propio Presa), dos asistentes de dirección (Esteban Abuin
y Miguel Murúa), una vestuarista (Silvia Copello), una coreógrafa
(Mecha Fernández), un músico (Angel Mahler) y una titiritera
(Leila Bamondi), son los integrantes de La Galera Encantada, uno de
los pocos grupos estables dedicados específicamente al teatro
infantil.
Desde su formación en 1978, estrenó más de 50
obras, todas con gran aceptación de público y crítica.
Posee una sala propia en el barrio de Palermo en la que, actualmente
está presentando tres espectáculos y prevee estrenar
dos más entre fines de mayo y principios de junio. Junto con
la reposición de otros espectáculos de archivo,
en las vacaciones de invierno tendrá en cartel diez propuestas
diferentes.
Héctor Presa es el director general del grupo, pero además
el autor de todas las obras y protagonista en la mayoría de
ellas. Sus espectáculos están basados en el juego teatral,
con elementos del clown y la comedia musical.
Además
de ser autor, sos el que dirige las obras y a veces también
actuás. ¿Cómo vivís eso de estar en los
tres lugares al mismo tiempo?
Yo no lo siento como áreas distintas sino como una cosa planteada
en forma integral. Y estoy tan acostumbrado que cuando me falta uno
me pierdo, siento que me falta algo. Porque en definitiva, a pesar
de haber tenido muchos logros y premios como director, el actor está
ahí adelante. Si bien los tiempos y los espacios de laburo
son distintos, hay un funcionamiento muy armónico entre las
áreas que me hace no diferenciarlas.
Desde
el punto de vista autoral, ¿qué temas te interesan?
Hace un par de años que estoy trabajando en relación
a los afectos, a los tratos, a la comunicación entre la gente,
a la pérdida de los valores. Nuestro último estreno,
Roperos S.A.S.A., habla de la posibilidad de soñar,
Pido Gancho
habla del amor, y VeZinas
(que estrena en junio) sobre los buenos tratos en el barrio.
Creo que somos nosotros, los artistas, los que desde el teatro podemos
ofrecer una opción distinta; que rescate la posibilidad de
asombro de los chicos en una sociedad en la que aparentemente se les
entrega todo servido en bandeja. La vez pasada, una madre nos comentó
que llegó a su casa y no encontraba a su hijo porque se había
metido adentro del ropero. Y cuando le preguntaron qué estaba
haciendo dijo que estaba soñando. Si le pasa esto a uno, ya
está. Lo que uno siente que puede llegar a transmitir, está
cumplido con creces.
Eso
con respecto a tus propias historias. Pero también hiciste
adaptaciones de cuentos clásicos.
La adaptación que más disfruté fue la de el Mago
de Oz; para mí ese cuento encierra el concepto del teatro para
chicos. Y El Payaso de Oz fue una historia contada por tres clowns.
Lo que más me gustó fue la posibilidad de quebrar el
cuento, encontrar formas más novedosas de contarlo. Siempre
que he adaptado algo lo he hecho por ese lado, nunca he contado un
cuento como está. Es más, con cuentos que no conocía
del todo, los escribía y después chequeaba para ver
si había algo.
Pero lo último que adapté fue Blancanieves y los 8 enanitos,
hace dos años. Después me fui alejando de las adaptaciones
y, en este momento estoy más interesado en el teatro de autor.
¿Y
como actor? ¿trabajás también dirigido por otros?
Casi todos los años. Pero no en teatro para chicos. Hice Inodoro
Pereyra, el año pasado estuve haciendo la gira de Porteños
y ahora estoy haciendo Orquesta de Señoritas.
Es mucho más tranquilo y lo disfruto mucho pero cada vez que
participo en espectáculos afuera me doy cuenta que el funcionamiento
de La Galera es realmente fantástico.
En cambio, cuando los actores no se conocen y hay que armonizar criterios,
todo cuesta más; el director se vuelve loco tratando de juntar
estilos y formas distintas.
¿Cuáles
son las ventajas de ser un grupo estable, especializado en teatro
infantil?
En primer lugar, que vivimos de lo que hacemos. Trabajamos
con colegios e instituciones a las cuales tenemos que proveer permanentemente
de materiales y, como mínimo, hacemos un estreno por año
de espectáculos para chicos.
Pero además, el hecho de ser un Grupo Estable nos permite tener
una proyección enorme. Me permite a mí pensar en escribir
personajes o pensar situaciones para un determinado actor o grupo
de actores. Yo sé lo que voy a estrenar el año que viene
y te podría decir que también sé lo que voy a
estrenar el otro año. De alguna manera, el propio proceso creativo
genera un nuevo proceso creativo y así sucesivamente.
¿El
hecho de trabajar siempre con la misma gente, no te limita en algún
aspecto desde lo creativo?
No. De todos modos, la contra que podría haber en ese sentido
está notablemente compensada con el hecho de no tener que inculcar
permanentemente tu ideología de trabajo. Es como jugar siempre
con el mismo equipo. Preguntale a los hinchas de Boca si no quieren
mantener el mismo equipo que salió Campeón del Mundo,
te venden tres jugadores y tenés que empezar de nuevo. Eso
no indica que el proceso siguiente por ahí no sea mejor, pero
yo soy un ferviente defensor de los grupos; mi ideología pasa
por el trabajo cooperativo.
¿Cuál
es el lugar del teatro para chicos, la sala o la escuela?
El lugar ideal para el teatro para chicos es la sala; porque
el hecho artístico se produce en un espacio cerrado y aclimatado
a eso. Pero la realidad es que el aspecto económico y el tema
de la seguridad hicieron que sea complicado para un docente tener
que salir a la calle con treinta chicos. Por eso, los grupos tuvieron
que ir a las escuelas. Y cuando nosotros vamos, los espectáculos
van idénticos: mis escenografías son todas chiquitas,
muy lindas estéticamente y con mucho juego, pero se pueden
llevar a cualquier lado. Entonces no hay dos mensajes, hay uno solo.
Llevamos micrófonos inalámbricos, luces y si el colegio
tiene de repente un salón de actos cerrado, el espectáculo
que vas a ver es casi idéntico.
Sin embargo, es distinto al teatro de fin de semana porque no está
el adulto. Por ejemplo, si hacés una función para un
fin de semana con 100 personas, 40 son adultos; hay un clima y una
respuesta. En cambio, en una función para una escuela el 90
% son chicos, y el clima varió totalmente.
Haciendo
un poco de memoria, ¿qué es lo que te atrajo del teatro
para chicos?
Yo hice mis primeros años de carrera como actor en el San Martín,
en una versión para chicos de Cyrano de Bergerac. Por supuesto
que era uno más del elenco numerosísimo que había.
Con el tiempo, lo que me atrajo fue el género de la comedia
musical y el género del humor. Y el juego dramático
como consigna fundamental para trabajar. Cuando yo hago un casting,
busco actores que tengan una posibilidad interna de juego y que no
tengan que armar la maquieta de un chico jugando.
¿La
comedia musical y cierto teatro para adultos también tienen
juego, entonces qué es lo que caracteriza al teatro infantil?,
¿el tema?
No tanto el tema como la forma en que está encarado. Hay un
permiso de juego y un código distintos. Es muy probable que
un chico viendo Hamlet le avise a su papá que lo van a matar,
le grite o lo alerte.
Pero yo no diferencio al teatro para chicos del teatro para adultos
desde el punto de vista del rigor. Es una tarea que requiere de una
enorme responsabilidad, como requiere de una enorme responsabilidad
hacer teatro para adultos. Aunque en el teatro para chicos hay contenidos
que se cuidan de una manera distinta; porque el espectador es una
persona que está en formación.
¿Se
podría decir, entonces, que el teatro para chicos tiene además
una función educativa?
Como en el teatro para adultos, la primer función del teatro
para chicos es entretener, conmover. La diferencia es que estás
ofreciendo un producto en un período de aprendizaje y ahí
es donde se suma algo.
Pero no es que el teatro tenga que educar. El teatro didáctico
no es teatro, es otra cosa. Porque ahí no está presente
el juego. El año pasado ví muchos espectáculos
en inglés y todos adolecen de un problema: son didácticos.
Hablan bárbaro, cantan como los dioses, el mensaje es clarísimo
¿y el juego?
¿Cómo
ves la situación del teatro infantil?
Yo creo que el teatro infantil en la Argentina es un fenómeno
muy extraño, porque hay una superpoblación de espectáculos
que a veces es alarmante. Evidentemente, la cantidad no determina
la calidad pero creo que esto de alguna manera hace a un movimiento
interesante, a que se produzcan algunas cosas piolas.
En este momento hay cinco, seis o siete grupos o personas que son
referentes del teatro para chicos en Argentina, y que vienen siendo
referentes desde hace años. Pero hay que estar atentos, porque
entre las producciones sueltas pueden aparecer cosas interesantes.