Entrevista / Alejandro Malowicki

Con ojos de niño

Buscando tras la lente de una cámara fotográfica, Alejandro Malowicki descubrió, casi por casualidad, el cine, y dice, se enamoró perdidamente del arte de combinar planos y escenas. Desde su primer largo, aquel premiado Pinocho del año ´87, su labor y su preocupación en pos de qué ven los chicos argentinos cuando van al cine o miran TV, ha sido inclaudicable. Fanático de las películas infantiles, al tiempo que ve, hace, dirige, proyecta, enseña y produce para que todos los chicos tengan buenas miradas.
Por Marisa Rojas

¿Qué motivó que te especializaras en la realización de películas, cortos y programas de televisión para el público infantil?

Creo que no hubo un motivo exacto pero sí puedo decirte que esta inquietud comenzó cuando yo era muy jovencito y todavía estudiaba la carrera de cine en la Universidad de La Plata. Mi primer corto, el que hice para mi graduación, fue una película para chicos que se llamó Do, re, mi yo descubrí. Contaba la historia de un niño que sin querer descubría el Collegium Musicum y así tomaba contacto con la música. Al salir del lugar descubría que los sonidos de la calle también eran música y terminaba dirigiendo la sinfonía de la ciudad.
En realidad, siempre me gustó hacer películas para chicos porque siempre me gustó ver películas para chicos. Cuando yo era chico la televisión no existía pero sí veía cine. Mi papá era fanático de los dibujos animados y me llevaba con él al cine cuando de Ramos Mejía, donde vivíamos, veníamos al centro. De adulto, cuando comencé a interiorizarme en la temática de las producciones audiovisuales infantiles, me di cuenta de la importancia fundamental que tienen los medios audiovisuales en la educación, en la formación y en la salud de los niños; entonces, mi participación en la realización de películas y de programas ya no respondió solamente a un gusto particular sino a una necesidad de colaborar humildemente para que la producción audiovisual para niños diera por resultado buenos trabajos.

¿Cuál es el punto de partida en la producción de cine y televisión para chicos?
Yo particularmente parto de la base de que una película o un programa de TV para niños tienen que ser entretenidos. Claro que hacer una buena película para chicos significa algo más que diversión. Cuando un niño mira cine o televisión, así como cuando lee o utiliza juguetes, juega. Y jugando arma su estructura narrativa. Entonces, el producto audiovisual además de divertir al niño debe ponerlo en contacto con sus problemáticas, sus cualidades, sus dificultades, sus miedos, angustias y alegrías. Es una manera de ayudarlo a reflexionar a través del entretenimiento. Es muy importante saber y hacerse cargo de la responsabilidad que cabe, en función de esto, a un realizador audiovisual que trabaja para chicos. No es una tarea sencilla. No es lo mismo, por ejemplo, hacer un film para un niño de 5 años que para uno de 10 o de 14.

¿La edad del público es determinante para la producción audiovisual?
Lo fundamental, la columna vertebral de este tipo de realizaciones, es el conocimiento de las distintas etapas evolutivas del niño. Es fundamental antes de comenzar a armar la historia, antes de narrar eso que como realizador quiero contar, cosa que también debo tener muy en claro, determinar muy bien a qué público me voy a dirigir. Por eso el primer corte es siempre por edades. La niñez no es una etapa de transición hacia la adultez, la niñez es un estado en sí mismo y cada etapa de la niñez es distinta. Conociendo las especificidades de cada momento evolutivo de los niños yo puedo adaptar lo que quiero decir a ese niño al que me estoy refiriendo. No se trata de cambiar lo que se quiere decir sino de hacerlo en función del espectador al que me dirijo.

¿Tanto en cine como en televisión, cuando de espectadores niños se trata, se puede hablar de todo, se puede contar todo con imágenes?
Sí, tanto en cine como en televisión se puede hablar de cualquier tema. En cualquier medio audiovisual lo que hay que tener es mucho cuidado en cómo se aborda ese tema. Por eso, insisto, hay que tener muy en cuenta a qué niño uno va a dirigirse. Y para quienes hoy todavía discuten esto, sepan que el mejor ejemplo son los cuentos tradicionales, los cuentos de hada que hace años y años contamos a nuestros propios hijos. En Hansel & Gretel, en La Cenicienta, en los grandes clásicos hay vida, hay muerte, hay odio, hay pérdidas, hay desamor, hay padres casados con otras mujeres, hay malas segundas madres, hay hermanas detestables. Lo que hay que saber es cómo ‘decir’ esos temas.

En una de las mesas redondas realizadas en el marco de la IV edición del Festival Nueva Mirada, en noviembre pasado, señalabas que en los últimos cuatro años, del total de aproximadamente 300 largos realizados en el país, apenas 4 o 5 eran realizaciones para niños: ¿A qué se debe esta situación?
La industria cinematográfica argentina es una industria afortunadamente protegida por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). El Instituto no hace diferencias en apoyar un film para adultos o una para niños, es más, en la ley de cine hay un artículo que destaca a las películas para niños como ‘de interés especial’ por lo que estas tienen un tratamiento comercial beneficioso mayor que las producciones para adultos. El problema no está en el apoyo oficial a la realización o en la producción misma, sino en la exhibición de películas para niños. Este es un problema para todos los realizadores argentinos pero más para los que trabajamos para el público infantil porque en nuestro caso el período de exhibición es muy corto, durante los veinte días de las vacaciones de invierno y luego en el verano, pero es la misma época en la que llegan todos los tanques norteamericanos que ocupan casi el cien por ciento de las salas con lo cuál las películas argentinas para niños tienen enormes dificultadas para poder ser exhibidas. No obstante, el año pasado el INCAA tomó una resolución que ha sido de importancia y ha beneficiado a la industria, se trata de la ‘cuota de pantalla’ mediante la cuál se exige que se exhiban películas argentinas en las salas en una proporción importante, igualmente es algo todavía muy reciente. De todos modos, es importante trabajar para que se incremente la producción de cine infantil en el país para que el público infantil local se reencuentre con sus imágenes, con su genuina forma de entretenerse, con su cultura.

Para que se produzcan más films para niños en el país, así como apoyo oficial y espacios para la exhibición de los productos, debe haber realizadores interesados en el tema, sin embargo, vos sos uno de los pocos directores argentinos que trabaja para los chicos. ¿Falta interés por este tipo de producción entre los directores por alguna otra razón más allá del conflicto con las salas?
Yo no creo que sean pocos los interesados en hacer cine para niños. Además, las películas para chicos, los buenos films infantiles, son en el mundo los más taquilleros. Claro que no es una tarea sencilla. El problema de la exhibición es arduo pero además hay otra cuestión importante ciertamente y es que en el caso de los estudiantes de cine no se les descubre el cine para niños. De los aproximadamente 15.000 estudiantes de cine que hay en Argentina sólo hay 80 -que son los que están en mi cátedra en la UBA- que están estudiando cómo hacer cine para chicos. Pero esta cátedra empezó en el 2003 con 15 alumnos y en menos de dos años tiene 80, lo que significa que hay un interés. Por eso, yo considero que todas las escuelas de cine deberían abrir una materia para enseñar a hacer cine para niños, del mismo modo que se enseña a hacer cine documental o cine ficción para adultos, y entonces nos encontraríamos con una enorme cantidad de estudiantes que accederían a hacer cine infantil.

¿Cuáles son, en tu caso y en el de tus alumnos, las fuentes de dónde surgen las ideas para hacer cine o televisión para niños? ¿De dónde nacen los personajes animados, las historias de aventuras y las canciones que vemos en tu cine y en tu tele?
En mi caso, estimo que del mismo lugar de donde salen cuando hago producciones para adultos, de una intención particular por contar tal o cuál historia. Ahora, por ejemplo, estoy trabajando en la etapa de pre-producción de mi próximo largo para niños. Se llama Las aventuras de Nahuel, está dirigido a chicos de entre 4 y 7 años, y es el modo que yo elegí para hablar a los niños sobre los pueblos originarios. Nahuel va a vivir historias en la ciudad y va a ser parte de esas leyendas que andan por todo el país y que también son parte de nuestras raíces. Es una película compleja porque mezcla títeres con dibujos animados. A mí siempre me gustaron mucho los títeres y utilicé muchos en televisión, pero en cine no son habituales, así que ahí estoy ahora, trabajando con títeres desarrollados tecnológicamente y dibujos animados en 3D. Es una tarea que lleva su tiempo, comenzamos hace cuatro meses y tenemos para dieciocho meses más, creemos que vamos a poder estrenar en las vacaciones de invierno de 2007. Y en el caso de mis alumnos, es maravilloso ver la calidad de sus trabajos y la variedad de las temáticas que abordan. Es cierto que la mayoría elige como recurso el dibujo animado, pero hablan de todo. Y aparecen también trabajos para los adolescentes que son una franja de público bastante descuidada en la producción audiovisual local.

Repasando tu trayectoria nos encontramos con numerosos trabajos para chicos y grandes, para cine y para TV, productos de ficción, documentales, cortos y largos, premios nacionales e internacionales. Pero charlando con vos nos encontramos también con alguien que además de hacer, ve mucho cine y sigue lo que sucede en la televisión, ¿dónde y cuándo surge tu interés por la pantalla?
En realidad ha sido todo bastante casual. Cuando yo terminé el secundario, como todos los que terminan el secundario, no sabía qué diablos hacer. Mis padres insistían con que siguiera una carrera universitaria pero entonces eran pocas y ninguna me interesaba. Pasó que de adolescente tenía el hobby de la fotografía, entonces, para contentar a mis viejos, empecé a averiguar si había alguna facultad que enseñara fotografía… ¡y no había!. En esa búsqueda me encontré con que en la Universidad de La Plata existía la Escuela Superior de Bellas Artes y que allí había un lugar donde enseñaban fotografía. Me fui a La Plata a averiguar pero me dijeron que no, que allí lo que se enseñaba era cine, pero tenían una materia de fotografía. Y entonces, me anoté. El lío se armó cuando mi papá se enteró que lo que yo estudiaba era cine!!! Pero entonces yo ya era un enamorado de este arte.

Todas las miradas todas
La Sociedad Audiovisual para la Infancia y la Adolescencia Argentinas (SAVIAA) es un proyecto perseguido largo tiempo por Malowicki. Integran esta organización no gubernamental un importante número de profesionales de las más variadas disciplinas. “Mi interés era conformar un grupo multidisciplinario donde hubiera comunicadores sociales, psicólogos, docentes, médicos, pediatras, y otros profesionales, porque estoy convencido de que el abordaje del audiovisual para niños hay que tomarlo no desde el hecho puramente técnico o artístico sino que también deben considerarse otro tipo de elementos, propios del hacer y del sentir de esos pequeños espectadores a los que nos dirigimos, y para ello hay que conocer de qué manera abordan la realidad de la niñez otras disciplinas. La discusión multidisciplinaria además de rica es importantísima en este caso”, señala Malowicki.
La tarea que SAVIAA se ha propuesto es desarrollar propuestas concretas que puedan ser consideradas por las autoridades a cargo de la programación infantil en televisión para llevarlas a la práctica. “Es una actividad de política cultural”, remarca el presidente de la Sociedad, quien agrega: “El objetivo es movilizar la mayor cantidad de organizaciones, instituciones y profesionales para lograr una decisión política por parte del Estado respecto a la exigencia de un determinado nivel de calidad para con los medios que se dirigen a los niños. Se trata de preservar la salud de nuestra infancia. Hoy, más allá del nivel de recursos de cada familia, todo niño está expuesto a los productos audiovisuales, sea a través de la televisión, de la computadora, del cine o de los jueguitos electrónicos, mucho más tiempo que el que permanece en la escuela, esta es una realidad que no debe desconocerse y en función de la que debe trabajarse, y con urgencia. La actual programación de televisión local muestra casos realmente graves, no se piensa en el niño sino que se lo usa, así nos encontramos con programas donde los niños son utilizados para diversión o burla de los adultos. La televisión argentina, tanto pública como privada, adolece de una buena programación para niños. Y eso es terrible porque los medios audiovisuales condicionan la mirada con que vemos el mundo”.

Planeta Malowicki
Alejandro Malowicki cursó la licenciatura en cinematografía en la Escuela Superior de Bellas Artes de la UNLP. Es director de cine y de televisión, también se ha desempeñado como guionista y productor. Entre sus producciones se cuentan programas de televisión como La Flaca Escopeta, documentales sobre temas ecológicos y sociales, dos largometrajes: Pinocho (1987), con Soledad Silveyra, y la más reciente PYME (2004), entre otras realizaciones dedicadas al público infantil tanto como a los adultos. Sin embargo, es en el campo de la realización de productos audiovisuales para niños donde Malowicki se ha especializado. En sus propias palabras, “siempre me preocupé por hacer cine para chicos porque me gustan las películas para chicos”. Pero la preocupación de este director por qué ven los chicos va todavía más allá: desde el 2003 es docente en la carrera de Diseño de Imagen de Sonido de la UBA en la única materia, organizada, sistemática y parte de una carrera de grado -en el mundo!-, donde se enseña la realización de productos audiovisuales para niños. También dicta cursos sobre el tema en el exterior y participa en calidad de jurado en festivales internacionales dedicados a las producciones de cine para la infancia y la juventud. Además, es representante del Centro Internacional de Films para la Infancia y la Juventud (CIFEJ) en la Argentina y presidente de la recientemente constituida Sociedad Audiovisual para la Infancia y la Adolescencia Argentinas (SAVIAA).
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Revista Planetario, la guía de los chicos