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Historias
/ La Cachaña
Con la música a todas partes
Nacida debajo de un
árbol, al pie de la Cordillera, en un día nevado de sol
radiante, La Cachaña lleva nueve años recorriendo el país.
Al ritmo de zambas, malambos, tangos, chacareras, gatos, cuecas, polcas,
coplas, bagualas, carnavalitos y hasta canciones mapuches, Gustavo Fernández,
jugando con el folklore, acerca sonidos de tierra adentro a la ciudad...
y a la Puna, y a la Patagonia, y al Litoral; desde la plaza de un pueblo
hasta el Palais de Glace.
Gustavo Fernández es, ante todo, músico. Nacido en el oeste
del Gran Buenos Aires, en zona de vías y rock and roll, dice que
su folklore fue el rock. Se crió con Manal y Vox Dei como compañeros
de aventuras, pero sin embargo, desde hace nueve años lidera un
proyecto que invita a los chicos ‘a jugar con el folklore’.
Se trata de La Cachaña, un proyecto musical que posibilita conocer
la gente, las costumbres y la culturas que pueblan la Argentina a través
de la música de las distintas regiones, desde las zambas salteñas
hasta los chamamés litoraleños, incluidos tangos, chacareras
y ritmos mapuches, entre otros.
“Después de trabajar en las escuelas primarias como maestro
de música durante diez años, y ver de cerca la problemática
de la educación musical en los colegios, al encontrar que en muchos
casos la hora de música no es más que ‘la hora libre’
y que muchos docentes de música no están formados como tales,
y al observar también el problema que representa la identidad,
repasando un poco todo lo que había encontrado en mis recorridas
por las provincias, pensé en crear un modo para bajar línea
de lo conceptual hacia los chicos mediante el juego. Esa es la esencia
de La Cachaña. Yo quería contarles a los chicos de Buenos
Aires, por ejemplo, cómo son los mapuches, pero dentro de un espectáculo,
con alegría, sin acartonamiento, sin caer en la solemnidad. Y también
cantar con los chicos de la Puna ‘Manuelita’, ¿por
qué no? Para mí era una necesidad, como docente, poder acercar
nuestras raíces a los chicos, modestamente, pero en esencia, porque
el folklore tiene que ver con nuestra misma identidad. La Cachaña
es por esto la respuesta a un planteo personal filosófico y político”,
señala Fernández.
La Cachaña es, también, el nombre que recibe un ave propia
de los cielos del sur argentino. “Es el nombre de los loros que
viven en la Cordillera, son verdes, en el pecho tienen pinceladas amarillas
y azules y en la cola, del lado de adentro, rojas, y no están en
extinción, por eso lo elegí como símbolo y nombre
del proyecto, porque está vivo”, destaca este maestro de
música que cuando cumplió dieciocho años hizo sus
valijas y se marchó, de la ciudad, rumbo a la Puna. “No se
qué me fui buscando, pero me fui. Viví en Tilcara, en Jujuy,
en Cafayate, en Salta, y después bajé al sur, viví
en Río Negro con comunidades mapuches; hoy no dejo de recorrer
el país”, cuenta el fundador de La Cachaña.
Una década atrás, hablar de folklore y presentarlo como
algo divertido y motivador del juego y la enseñanza podía
sonar, por lo menos, extraño. Sin embargo, este músico,
que supo formar parte del movimiento del rock nacional, se lanzó
a las escuelas con su propuesta de ‘música para jugar’
con ritmos de tierra adentro. “Me fui haciendo por el método
de prueba y error, al principio por ejemplo dudaba frente a los mapuches
porque me preguntaba: ‘¿Qué estoy haciendo yo acá,
a esta gente le interesará esto, quién soy yo para acercarles
esta propuesta?’ Además en el interior no había Internet
ni CD’s tan difundidos como ahora, los chicos casi no conocían
una canción entera, por lo menos no de las que yo conocía
de niño, y dudaba porque el poder que obtenía acercándoles
tanta novedad era muy fuerte. Y con respecto a la música de ellos,
recababa información; pero algunos padres me decían: ‘¿quién
sos vos acá para venir a hablarles a nuestros hijos de nuestra
propia cultura?’. Fue un largo camino, tuve que luchar mucho para,
a través de los chicos, llegar a los grandes. En la ciudad por
ejemplo, el folklore no se había ‘marketinizado’, eso
llegó después, con Soledad, con Los Nocheros, y también
acá el camino fue difícil. Pero no desistí porque
tenía, y tengo, muy firme la intención de que los niños
compartan la música de nuestras raíces, sepan qué
se escucha en los puntos más remotos del país, qué
significa una caja o un cultrum y cómo se tocan, sin acartonamientos
claro”.
Andar los caminos no es tarea sencilla, pero así como compleja,
la travesía también suele regalar sorpresas inolvidables.
“El haber andado por tantos lugares, recopilando datos sobre todo
lo que se hacía, y cómo se hacía, me permitió
conocer de cerca muchas culturas, y gente increíble como Don Sixto
Palavecino. Creo que conocer a semejante hombre es una de las mejores
cosas que me dio La Cachaña, componer con él, tocar con
él, grabar con él es algo maravilloso. De hecho, mi acercamiento
al quechua se lo debo a él, aunque después yo descubrí
que en mi familia, mi bisabuela era quechua”, cuenta orgulloso Fernández,
quien en su haber guarda no sólo la edición del disco de
La Cachaña (Para jugar con el folklore) sino también uno
para público general donde se dio el gusto de reunir a figuras
de la música de la tierra, como Don Sixto Palavecino, con amigos
roqueros como los Manal, el saxofonista de La Mississippi y Pedro y Pablo.
“En ese disco compuse con Palavecino y con Rodolfo Ávalos
y ellos, con 90 años, apoyaban que incluyera saxo en las canciones.
Entonces: ¿cómo no acercar con alegría y divirtiéndonos
el folklore a las escuelas?”, remarca Gustavo.
La Cachaña ha llevado a Fernández a continuar y afianzar,
casi como un juglar, con la guitarra pero también los CD’s,
la caja y el cultrum, su recorrido por el país. A lo largo de los
nueve años de vida de la propuesta, se ha presentado en los escenarios
más disímiles: desde la comunidad mapuche donde tocó
aquella primera vez, “en una mañana soleada, con treinta
centímetros de nieve sobre el piso y un sol increíble alumbrando
la Cordillera”, recuerda, hasta el Palais de Glace, pasando por
el Centro Cultural Recoleta, la Feria del Libro Infantil, la Quebrada
de Humahuaca y cientos de escuelas, en las provincias, y en la Capital.
“Lo mejor, en todos los casos -remarca este músico de los
caminos- es siempre el contacto con la gente, especialmente con los chicos,
ellos te mantienen vivo“.
Pero: ¿cómo hace un músico independiente, sólo,
sin una compañía importante detrás ni un representante
que venda su show, para trabajar sin descanso en la ciudad, en la provincia,
en colegios del Estado y en escuelas privadas, en el país y hasta
del otro lado de la frontera, en Chile, Bolivia y Uruguay? “Siempre
a pulmón, tranquilo, de acuerdo a mis ideales. Yo visito las escuelas
con las gacetillas del espectáculo y hago trabajo de hormiga. Claro
que después de casi 500 presentaciones en estos casi diez años
ya hay muchos lugares donde me presenté ante chicos que hoy han
egresado y me van a ver con sus hermanos más pequeños”,
cuenta Gustavo y levanta vuelo, como La Cachaña, surcando el cielo
al ritmo de las palmas que acompañan la chacarera.
La Cachaña de papel
Entre los proyectos de Gustavo Fernández, siempre asociados a posibilitar
el acceso de los chicos a las costumbres, las gentes, las historias, y
las distintas culturas que pueblan el país, se cuenta una versión
en papel de La Cachaña, con ilustraciones de Fernando Aguirre (h).
“Se trata una revista didáctica. Está escrita por
capítulos, cinco en total, que representan cada uno una región.
Es una herramienta para que los maestros puedan trabajar con sus alumnos
en historia, en geografía, en lengua y hasta en matemática,
siempre divirtiéndose, jugando, por eso en cada fascículo
hay actividades sugeridas para los docentes. La intención es que
la revista actúe como disparador, que acompañe el trabajo
del CD más allá de la hora de música”, cuenta
Fernández quien agrega: “Además estoy trabajando en
la historieta de La Cachaña. Una tira donde se contarán
las aventuras de este loro que en una ceremonia mapuche se ‘marea’
con una bebida fermentada y de repente ya no sabe quién es y sale
a volar los cielos del país en busca de su identidad”.
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