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Historias
/ La Rimbombanda
Pequeños Grandes músicos
Son chicos y chicas; tienen entre 10 y 19 años. Son artistas surgidos
a las márgenes del río Quilpo, en San Marcos Sierras, en
la provincia de Córdoba. Desde allí, entre calles de tierra
y casas de colores, le ponen letra y música –divirtiéndose,
casi como jugando pero muy en serio- a sus alegrías, preocupaciones,
miedos, tristezas y esperanzas. Hablan a todos los niños, pero,
muy especialmente, a todos los adultos del mundo. Tocan instrumentos nada
formales que construyen ellos mismos; y en escena son imperdibles.
La
Rimbombanda es el resultado del proyecto educativo PuenteArte que desde
1996 desarrollan en forma independiente Nani Dutelli y Ricardo Collado.
“Un proyecto imbuido de los ideales pedagógicos de la Educación
por el Arte y el Cooperativismo Escolar que apuestan a la formación
en valores humanos, no desde los sermones sino a partir de emprendimientos
en donde los chicos puedan encontrarse y experimentar acuerdos esenciales”,
cuenta Ricardo. La tarea pedagógica que Collado realiza junto a
su compañera abarca: la estimulación temprana en los lenguajes
artísticos; talleres de exploración creativa a través
del arte; y talleres de expresión y creación a través
de la música, con una mirada antropológica que permite apreciar
y valorar las culturas primordiales y aborígenes, la casi originaria
relación del hombre con la música, los instrumentos primitivos,
los que han sobrevivido hasta hoy, y aprender a construirlos también.
“Para nosotros es muy importante que los chicos no olviden su capacidad
creadora mientras atraviesan el proceso de escolarización, que
por lo general está centrado en objetivos cognitivistas dándole
escasa importancia a lo que los niños puedan producir desde lo
expresivo”, señala Ricardo.
La Rimbo se conoció inicialmente como la bandita PuenteArte; comenzó
tocando en las muestras que Nani y Ricardo organizaban para los padres
de los chicos en su propio espacio de trabajo, y con el tiempo salió
a las escuelas de la zona para mostrar su encanto a los adultos, transmitir
su entusiasmo a los chicos y emocionar a todos. La primera vez que tocaron
en público fue en el 2001, en ocasión de un encuentro de
cooperativismo, en Capilla del Monte. Para Genaro -vocalista de la Rimbo-,
“aquella fue una experiencia muy fuerte, había unas 3000
personas para escucharnos”. Ricardo, recuerda que “hasta ese
momento los chicos tocaban sentados en sillitas de jardín, pero
esa vez les propuse que nos paráramos, disfrazáramos y bailáramos
lo más que pudiéramos. Estábamos muy nerviosos, antes
de comenzar nos tomamos de las manos en ronda, respiramos juntos, vocalizamos
y salimos a mostrar lo nuestro: fue un éxito rotundo”.
Desde entonces, la Rimbo no tardaría en ganar la plaza del pueblo
realizando conciertos que despertaron el interés de los locales,
así como de los turistas que habitualmente visitan San Marcos.
“Yo en la plaza me siento libre, cómoda”, dice Lua
–a cargo de accesorios y vientos-. “Es que el público
en general es gente que conocés, de repente vienen de otro lado
del pueblo, justo pasan por acá, escuchan y se quedan; y te dicen:
Ah, esa canción es nueva …”, cuenta Milton –
responsable de surdos, vientos y accesorios -.
Claro que los chicos de la Rimbo también se han presentado en escenarios
cerrados y ante públicos desconocidos y entonces la historia, se
cuenta diferente. “Yo en un teatro estoy más tenso, más
nervioso”, dice Gabino, corista de la Rimbo – a cargo también
de surdos, accesorios y vientos -. Para Genaro “la exigencia como
artista es la misma, cambia que en el teatro te vienen a ver especialmente
a vos y la atención es otra”. Y si de presentaciones en teatros
se trata, imposible dejar de mencionar la experiencia en Buenos Aires.
Durante las vacaciones de invierno del 2004 la banda se presentó
en la sala Alberdi del Centro Cultural San Martín con los temas
de su primer disco: Cartón y Aserrín. “Esa fue una
experiencia extraordinaria”, recuerda Ricardo, y sigue: “En
los chicos se produjo una transformación muy importante, comprendieron
los códigos de un espectáculo a puertas cerradas y eso los
abrió a nuevas ideas escénicas”. En tanto, Lua, Milton,
Gabino y Nahuan coinciden en que “esa fue la experiencia más
fuerte que les tocó vivir hasta el momento como integrantes de
la banda, que –y en esto también acuerdan todos– es
parte de sus vidas, los llena de orgullo y da alegría; es trabajo,
dedicación, estudio; e implica otra relación con la música”.
Para Gabino, por ejemplo, “ser parte de la banda es descubrir otro
lado de la música; es igual de diferente a ver el río de
afuera o el río de adentro, si estás adentro ves, además
del agua, las piedras del fondo, descubrís otra belleza”.
Entre las particularidades de esta banda de niños-músicos
se halla la del tipo de instrumentos que tocan: vientos hechos con mangueras
y ruedas de bicicletas; tambores construidos a partir de latas, accesorios
como pequeñas escobillas de mano, entre otros. Consultado sobre
esto, el director de la Rimbo, contó: “El uso de instrumentos
no formales, construidos por los propios chicos, es parte de la propuesta
educativa inicial. Cuando se construye un instrumento musical se disparan
resortes arquetípicos, emociones ancestrales profundas, se liberan
entusiasmos que ayudan a conducir la exploración y el ensamble,
permitiendo que cada uno se apropie de la actividad”. La presencia
activa y creadora de los chicos se ve y se siente no sólo porque
son los músicos en escena sino también en la temática
de las canciones que cantan. “Porque los chicos no están
desvinculados del proceso de compo
sición, es que los temas que integran el repertorio de la Rimbo
están muy ligados a sus pensamientos y sentimientos. A medida que
la banda fue creciendo Nani y yo nos vimos obligados a componer pero lo
hacemos siempre con la supervisión de ellos”, señala
Collado. Al respecto, tal vez la canción más emblemática
sea: “Lo que no aguanto”, a través de cuya letra los
pequeños músicos cuentan, precisamente, aquello que no soportan:
los recreos que se acaban, los gritos de mamá, las injusticias,
los amigos falsos, el descuido hacia el medio ambiente, que le quiten
las tierras a los indígenas y, a veces, hasta ellos mismos. De
lo que se trata es de compartir con sus pares las emociones, pero también
de recordar a los adultos sus responsabilidades. “La Rimbo es una
posibilidad de transmitir diferente”, cuenta Gabino, y agrega: “no
es lo mismo una maestra seria en la escuela leyendo los Derechos de los
Niños párrafo por párrafo, que una canción
dónde se recuerdan esos Derechos. Con la Rimbo le ponemos color
a las cosas”. Para Nahuán “es una trasmisión
de sentimientos”. Tal vez por ello, como cuenta Lua, “no se
trata de música nada más, no es sólo sonido, es una
letra que hay que entender”.
Lo cierto es que la Rimbo le ha puesto ritmo y color a las tardes de domingo
en la plaza de San Marcos al mismo tiempo que ha logrado que chicos, pero
también grandes, se detengan a escuchar y pensar, divertidamente,
sobre las historias de cada día
Los
músicos rimbombantes
De la primera formación de la Rimbombanda a la actual han pasado
años, experiencias y distintos integrantes. “El problema
surge cuando los chicos ingresan al secundario: muchos no resisten tanta
actividad, sus intereses cambian y otros simplemente se mudan de pueblo
y entonces tienen que dejar la banda”, comenta Ricardo.
Actualmente la Rimbo está formada por 10 jóvenes músicos
-son un número grande y tocan con tanta intensidad que el nombre
resulta más que apropiado- a los que acompañan Nani Dutelli
–vocalista a cargo de la Coordinación general- y Ricardo
Collado –en guitarra-; ellos son: Violeta Vicario (10 años),
1ª vocalista; Ludmila Ciordia (13), accesorios y vientos; Lua Ciordia
(12), accesorios y vientos; Yanice Puente (13), accesorios, vientos, y
coros; Gabino Muñoz (13), surdo, coros, accesorios y vientos; Milton
Marcuzzi (14), surdo, accesorios y vientos; Nahuán Marcuzzi (12),
accesorios y vientos; Nicanor Collado (14), baterista; Genaro Collado
(12), 1º vocalista; Natu Collado (19), bajista.
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