Reflexiones / Literatura infantil

De eso no se habla

¿Quién determina qué es adecuado para los niños? ¿Cuáles son los criterios de selección que determinan la aparición o no de ciertos temas en la producción cultural para niños? ¿Existen los temas tabúes en la literatura infantil? Autores, investigadores y especialistas dan su opinión sobre el tema.

En estos tiempos de cambios y era tecnológica, el campo de la literatura infantil y juvenil, no es desconocido para nadie. Ya no existen argumentos que nieguen su existencia, ni se la considera un género menor. Quien lo objete es por desconocimiento. Un gran movimiento editorial surgió en torno a la infancia, que se inició en Argentina en la década del ochenta y, actualmente, mediadores, escritores e investigadores, escriben, teorizan y reflexionan al respecto, siempre con nuevos interrogantes, con otras inquietudes, diferentes miradas.
Teresa Colomer, una investigadora española, en su libro Introducción a la literatura infantil y juvenil, dice: “Una de las funciones de la LIJ es la de ofrecer acceso al imaginario humano configurado por la literatura”. Agrega que las obras tradicionales, se reelaboran, se reinterpretan, a la luz de las preocupaciones morales, sociales e históricas de cada época y que uno puede dar cuenta de cómo es una sociedad leyendo aquello que se edita para niños.
En este sentido, no es nada inocente la edición de LIJ. En el mundo actual, la producción tiene que ver con las condiciones sociales que permiten la aparición o no de ciertos temas. Y éstos responden a lo que la sociedad cree que es comprensible y adecuado a los intereses de los niños o adolescentes, o lo que es peor, a veces una persona supone que tiene “la verdad” sobre aquello que a la infancia le va a agradar o no, y así los criterios de selección se vuelven peligrosos.
Imposible dejar de mencionar el rol del editor que es quien recorta y decide qué se va a publicar. Sucede lo mismo en el terreno de la literatura para adultos, sólo que en la LIJ el libro no llega al niño sin pasar por un intermediario. El editor es quien arroja la primera piedra, le siguen el promotor, el mediador escolar, padres, libreros, hasta llegar a él... un lector que podría elegir solo, pero eso casi no sucede.
El mercado editorial en torno al libro infantil creció, los autores de LIJ viven de su escritura, pero dicen las malas lenguas que se publica (en algunos casos), con un criterio de selección vigilado por la escuela.
Asegura Emilia Ferreiro “la escuela es una de las instituciones más conservadoras que existen en la sociedad” y Graciela Montes agrega “una ocasión” para desarrollar la lectura. Pero la pregunta sería ¿entran los temas tabúes en la lectura escolar?
Los temas tabúes han sido a lo largo de estos años y según Marc Soriano, el sexo, “el aparato ideológico del estado”, la guerra, la desocupación, la enfermedad...
Si bien los libros destinados a la infancia pasan desapercibidos por las grandes revistas literarias y los suplementos culturales de los periódicos dominicales, tienen un abanico temático sin desperdicio.
El estereotipo de los modelos masculinos y femeninos en los buenos libros infantiles ya no existe. Sí aparece la crítica al adulto, a instituciones, miradas ideológicas sobre determinadas situaciones sociales, fisuras en los modelos invariables de héroes. El antihéroe como un arquetipo de la posmodernidad.
En Argentina, podemos hablar de pioneras/os como: Elsa Bornemann, Laura Devetach, Graciela Montes, Esteban Valentino, Horacio Clemente, Graciela Cabal, Ema Wolf, Gustavo Roldán, entre los que marcaron un antes y un después en la literatura infantil.
Elsa Bornemann fue censurada por el gobierno militar por su cuento “Un elefante ocupa mucho espacio” simplemente porque un elefante hacía huelga. Y el cuento “Monigote en la arena” de Laura Devetach por exceso de imaginación. La lista sería demasiado larga.
A propósito, Laura Canteros, traductora, secretaria de Alija (Asociación de literatura infantil y juvenil Argentina), ante la pregunta sobre la existencia de temas tabúes dice: “Los podemos resumir en las tres ‘S’, a saber: ‘S’ de sexo, de cualquier clase en texto o imagen. ‘S’ de Satanás, todo lo que no se atenga a las sagradas escrituras. ‘S’ de lenguaje Soez, nada de malas palabras, todos los ‘niños’ deben hablar como salidos de manual de buenas costumbres y si no lo hacen, que se callen. Los personajes y los autores deben abstenerse del registro coloquial aunque no les falten ganas. Pregunta retórica: ¿cuántos personajes de la LIJ son cartoneros, villeros, hijos de desocupados o piqueteros y ya ni hablemos de aborígenes?”.
Los ejemplos son contados con los dedos de una mano y sobran (los dedos). Esteban Valentino en “Perros de nadie”, se sumerge en una historia de adolescentes de una villa donde aparecen crudamente la pobreza, la soledad, un barrio humilde y la zona marginal. La cuestión no es abordar cierto tema, sino como se lo enfrenta para que no sea un panfleto y sí literatura.
En un reportaje (hace algunos años) que le hicieron a Gustavo Roldán, ante la misma pregunta sobre temas tabúes, el autor respondió: “El sexo, la muerte, las malas palabras, los grandes temas que les interesan a los chicos ...la política. Vivimos en un mundo de políticos perversos que aparecen todos los días en los diarios y de eso nadie habla con los chicos”.
Volviendo a los autores/as que dejaron huellas podemos citar a Graciela Cabal que construye “anticenicientas”, mujeres que se arreglan solas, trabajan y los chicos solucionan los conflictos. Horacio Clemente evalúa un “estado” deficiente, critica a la sociedad consumista. Silvia Schujer con su novela La cámara oculta muestra el trabajo infantil en televisión y Gustavo Roldán se mete nada menos que con la muerte, tema que presenta dificultad para tratar con los chicos, no por los chicos sino por “los grandes” que se encargan de distorsionarlo todo.
Ante las preguntas ¿Quién determina que tema es tabú para un receptor joven? ¿Es verdad que se publica lo que ingresa en la escuela? y en todo caso si no hay censura temática... ¿la escuela lo acepta? Nora Lía Sormani, investigadora de LIJ, crítica de teatro y periodista, responde: “Creo que hay un prejuicio respecto del joven lector. Este prejuicio tiene que ver con una actitud de protección exagerada por parte de quienes dan de leer a los niños. Es una actitud, que algunos hasta casi no perciben, y que determina una especie de control sobre los contenidos de la lectura. Nadie controla los contenidos de la televisión que los niños consumen diariamente, sin embargo, a la hora de lectura, hay control”.
Y aquí interviene un elemento que tiene que ver con la censura, a veces de los adultos que por omisión descartan textos que a su juicio no corresponderían a la infancia. Continúa Sormani: “Quienes determinan qué tema es tabú son los mediadores: editores, bibliotecarios, maestros, padres y algunos especialistas, que temen corromper a los niños con la literatura. Esos mediadores controladores se interponen entre los niños y la libertad temática de muchos libros”.
Un autor que parece filtrar a los mediadores controladores y lo demostró con su último libro “Nadie te creería” es Luis María Pescetti, que recibió la distinción “The White Ravens 2005” otorgado por la Biblioteca Internacional de la Juventud, Alemania (Internationale Jugendbibliothek). Se podría decir que la ficción de Pescetti no pertenece a la literatura tradicional, mucho menos a la convencional. Los finales abiertos, lo descabellado, lo sencillo complicado y lo complejo simplificado, generan personajes que reflexionan acerca de la vida cotidiana desde el humor y hacen que lo obvio no parezca obvio y lo extraño no lo sea tanto. Esto permite una credibilidad aunque, aquello que suceda, a veces, no sea verosímil. En un reportaje que el periodista Mariano Medina hace a Pescetti le pregunta: ¿Por qué pensás que están tan cerrados los medios a brindar propuestas originales al público infantil? ¿Es un rasgo común en toda Latinoamérica?
Pescetti responde: “Es un rasgo común en Hispanoamérica más bien, y no sólo, he visto cosas pobrísimas en Italia también. Es una conjunción de factores: la publicidad destinada a niños se concentra en las fiestas decembrinas, y en el día del niño; eso no ayuda a sostener una programación anual. Por otra parte no se concibe ‘lo infantil’ como ‘familiar’. Hay mucha pacatería en los programadores, mucho desconocimiento de los niños reales. No se imaginan la cantidad de veces que he visto que un programador opina en base a lo que su hijo, sobrinos o nietos dictaminan! Es pavoroso: extrapolan una experiencia tan individual como la de su propia familia a toda la sociedad”.
Esto es válido para aplicar a los criterios de selección de los mediadores del libro. Parecería que se trata de un problema que tiene que ver con la infancia.
Una editora cuyo nombre me reservo dijo “algunos editores argentinos desconocen a los niños de carne y hueso”. Y para cerrar este abanico de incertidumbres, sin que quede nada resuelto sino todo lo contrario, una frase de Marc Soriano: “la literatura infantil, mucho más que la adulta, avanza a pasos sumamente prudentes, como si estuviese pisando huevos”.
De todos modos en Argentina, tanto no podemos quejarnos.

Para saber más
Introducción a la literatura infantil y juvenil, Teresa Colomer. Madrid, Editorial Síntesis.
Siete llaves para valorar las historias infantiles, Teresa Colomer. Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Bruno Bettelheim. Barcelona, Grupo Editorial Grijalbo.
La literatura para niños y jóvenes. Guía y exploración de sus grandes temas, Marc Soriano. Traducción Graciela Montes. Buenos Aires, Ediciones Colihue.

www.imaginaria.com.ar, www.relalij.com, www.revistababar.com, www.fundalectura.org, www.ibj.de, www.ibby.org, www.fundaciongsr.es

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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