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Reflexiones
/ Los niños y la radio
Aire para los chicos
En tiempos de indiscutible preeminencia de la imagen, cultura de video
clip, juegos electrónicos, teléfonos con pantalla y música
para mirar, tres artistas coinciden en celebrar la magia de las palabras
y la fantasía del mundo de los sonidos. Con propuestas de calidad,
genuinas y divertidas, Luis María Pescetti, Julio Calvo y Daniel
Viola demuestran que la radio también es cosa de chicos.
En el cable se multiplican sin detenimiento las señales infantiles,
el cine de animación para niños crece aceleradamente, las
PC's invaden los cuartos de los pequeños, los celulares ofrecen
pantalla color con juegos interactivos y los discos ceden lugar a los
DVD's, las imágenes se instalan así omnipresentes. Sin embargo,
durante el 2006, y por primera vez, la radio en amplitud modulada, esa
frecuencia que se escucha en (casi) todo el país, cobijó
un fenómeno bien distinto: el desarrollo y la excelente recepción
de tres interesantes y divertidos programas radiales para chicos. Hablamos
de: Vampiro Negro, el programa de Luís María Pescetti -musicoterapeuta,
cantautor y escritor- que desde el 2002 se emite por AM 870, Radio Nacional
(Sáb. 13:30 hs.); Taracatá, el ciclo de Julio Calvo -fundador
e integrante de Los Musiqueros- que desde el 2005 se escucha por AM 1110
Radio Ciudad (Dom. 10 a 12 hs.); y Pororó, el ciclo que durante
el 2006 condujo Daniel Viola -docente, actor y director teatral, fundador
del Momusi (Movimiento de Música para chicos)- por AM 530, Radio
de las Madres.
Para el semiólogo José Luís Fernández
-docente de la carrera de Comunicación de la UBA, autor de Los
lenguajes de la radio (Atuel, Bs As, 1994)-: “La presencia de programas
radiales para públicos específicos es estimulante (y debería
ser estimulada) porque contribuyen a la riqueza de la oferta y de la interacción
cultural y estilística. En el caso de programas radiales dirigidos
al público infantil, estos son de un interés especial pues
los niños, particularmente los más pequeños, conforman
un público que todavía no ha fijado demasiadas costumbres
discursivas y culturales y, por lo tanto, es estilísticamente vanguardista,
utiliza más opciones que las comúnmente aceptadas. Por esto
es que la presencia de una oferta de sonido hacia los chicos podría
pensarse como una complementariedad en el mundo de la preponderancia de
la imagen en el que habitan".
Un
acercamiento (necesario) a los oídos bajitos
Para Pescetti: “Los chicos no mantienen una escucha constante ni
invariable. Tienen menos costumbre de escuchar radio que los adultos,
ciertamente, y cuando lo hacen, prestan atención sólo de
a ratos. Pero yo no pienso en poner un ‘atrapapúblicos'.
Me gusta la alternativa de tiempos y momentos, y la radio (me) permite
eso, alternar los frentes de atención y abrir así otros
espacios. Yo por ejemplo paso música que muchas veces debe aburrir
a mucha gente, pero puedo hacerlo, porque en tal caso unos escuchan y
gustan de escuchar unas veces y otros otras. La radio no está obligada
al vértigo en que se ahogan otros medios, convirtiendo a todo en
un video clip. En la radio el pensamiento puede tener una extensión
que no es posible en la televisión. De todos modos, la radio es
encantadora por sí misma y no por oposición". Para
Viola: “La radio es un medio ideal y fundamental para el trabajo
por y con los chicos porque el eje está, debe estar, puesto en
la escucha. La radio obliga a la escucha, el chico tiene que poner el
acento en la escucha, cosa a la que, por ese dominio de la televisión
en nuestra vida cotidiana, la televisión que es ese mundo de imágenes
aceleradas, pues, es una costumbre que el niño no tiene. Escuchar
implica la necesidad de completar con la propia imaginación, con
los propios sueños y las propias ideas eso que se dice pero no
se muestra, y eso es parte de la ‘magia' particular de este medio
que es muy importante presentar a los niños porque habilita el
desarrollo de un montón de capacidades de comunicación".
Dime
que programas
Considerando que la radio es un medio ajeno a la mayor parte del público
infantil de estos tiempos, que no es el oído sino la vista el sentido
más estimulado y que la medida del éxito pasa hoy por ver
y ser visto, ¿cuáles son las herramientas pertinentes para
trabajar propuestas infantiles a través de la radio? ¿Cómo
generar la atracción para la escucha? ¿Bastan la música
y las palabras? ¿Qué rol juega el humor? ¿La diversión
debe estar asegurada, también, desde el éter?
Fernández señala que: “Al menos hasta los 6 años,
los chicos tienen gran inquietud auditiva y tratan de entender el mundo,
también, a través del oído. La radio, que es un medio
con características, restricciones, posibilidades y desde luego
un lenguaje propios, es fuente de fantasía y correctamente explotada
puede atraer la atención de los niños a través de,
por ejemplo, textos de aventuras o deportivos, no necesariamente específicamente
infantiles. Vale decir que un texto es infantil, en parte por su contenido,
pero fundamentalmente porque construye realmente un público, más
o menos extenso, pero centralmente infantil. Aunque no se lo considere
un producto, esa debería ser la medida de su éxito social".
En Vampiro Negro y Taracatá, como también en su momento
en Pororó, encuentran su espacio, al tiempo que parecerían
ser las claves del ‘éxito', la denominada ‘música
del mundo', la literatura infantil y juvenil más variada, los juegos
de ingenio, los acertijos más incisivos y las adivinanzas más
simples, las narraciones grupales y hasta ‘el otro' cine. Propuestas
alternativas en un medio alternativo.
Al respecto, Calvo señala que: “El hecho de trabajar en radios
públicas no es algo más sino casi 'fundamental' dado que
al tratarse de emisoras no comerciales no debemos vender nada a nadie,
los programas son cada uno en sí mismo el ‘producto', y como
la radio pública está lejos de las exigencias de rating
de la televisión y de las reglas de marketing del mercado, podemos
trabajar tranquilos, sin presiones de auspiciantes, y evaluando cuidadosamente
la calidad de cada propuesta a fin de ser coherentes con nuestra premisa
de trabajo".
Todas
las voces, todas
En todos los casos mencionados, y más allá de las diferencias
que hacen al hacer mismo de cada conductor, la música, bien variada,
parece ser el eje central. Y en ocasiones hasta pareciera haber una competencia
implícita por quién pasa “la música menos escuchada"
o “la canción más extraña".
“Hacer radio para chicos me permite dar a conocer mucho material.
Radio Nacional es una radio que se oye donde no hay toda la música
que debería haber, se trata pues de una tarea de difusión
cultural importante", explica Pescetti. En el mismo sentido habla
Viola, para el coordinador general del Momusi: “Siempre nos fue
de mucha necesidad contar con un espacio para la difusión de la
música, nuestra y de todos los artistas, más allá
de disqueras, compañías internacionales y fenómenos
televisivos". También para Calvo la música es un eje
central del ciclo: “No tenemos límites idiomáticos
ni de época. Hemos pasado temas que duran más de los tres
minutos habituales sólo porque nos pareció interesante que
eso estuviera. La verdad es que yo personalmente no tengo ni idea si eso
sube o baja la audiencia, sólo me parece importante que esté.
El eje está puesto en la diversidad. Todas las voces posibles,
todas las miradas posibles, todas las que yo pueda encontrar sobre cualquier
tema, cualquier cosa que se nos ocurra tratar". En el 2006, Taracatá
fue distinguido con el Premio Pregonero al Periodismo Radial por difundir
la literatura entre los niños, pues entre sus contenidos, además
de música en todos los idiomas, y porque la premisa de base es
‘la diversidad', se difunde, también, literatura de distintas
partes del mundo.
Música y literatura, bien diversas ambas, son los elementos con
los que las tres propuestas mencionadas trabajan para atraer los oídos
chiquitos. El humor, sencillo, ingenuo y a veces hasta absurdo, podría
señalarse como un tercer elemento. Y, en último lugar pero
no por ello de menor importancia, la presencia de juegos, lo que no implica,
necesariamente la presencia de premios. En realidad, en los casos de Pescetti
y Viola, directa y explícitamente “no regalamos nada",
dicen los conductores. Al respecto Calvo menciona que: “En nuestro
caso, no dependemos de premios para atraer oyentes pero como muchas editoriales
nos hacen llegar material para difusión, optamos por obsequiarlos
a lugares donde sabemos hacen mucha falta: escuelas rurales, comedores
comunitarios, bibliotecas barriales".
Cerca, sobre la base, pero lejos de las tradicionales propuestas para
chicos de radios escolares, fm barriales o comunitarias, Pescetti, Calvo
y Viola, como alguna vez hace ya muchos años María Teresa
Corral, lograron hacer del éter un lugar para ser escuchado, también,
por los chicos… ¿Cómo? “Jugando, divirtiéndonos,
ese es el único modo de hacer serias y buenas cosas para chicos
en cualquier ámbito, no sólo en la radio. Yo hago Taracatá
con la misma herramienta que desde Los Musiqueros hacemos música
para pibes, es decir, intentando jugar y divertirnos lo más posible",
explica Calvo. Para Viola: “La herramienta fundamental es el asombro,
el asombro propio de ese niño que fuimos, bucear en él y
revivirlo y presentarlo a esos otros niños que están ahí
del otro lado, para que eso les permita sumarse y saber que hay adultos
que no queremos enseñarles nada, queremos simplemente acompañarlos".
A través
de las propuestas de Pescetti, Calvo y Viola, y contra todo pronóstico
del mercado, es bueno escuchar que cuando se trabaja con seriedad también
la radio es un espacio necesario para los niños, pues, como alguna
vez escribió Pescetti: “Hacer radio para niños enfrenta
dos situaciones distintas, una es la propia del destinatario, es decir
todo lo que tenemos que reflexionar cada vez que hacemos cosas dirigidas
a los niños, ya sea en literatura, en danza, en filosofía,
etc. El segundo punto es, obviamente, el medio. ¿A quién
convencemos de hacer un programa de radio para niños? Pensar en
conseguir anunciantes para un programa infantil de radio es muy difícil,
y esto siempre y cuando hayamos convencido a la radio de que conceda un
espacio dedicado a temas infantiles. La escasa valoración de la
producción para niños es un problema generalizado. Hay dos
ideas muy instaladas, y que no se han revisado debidamente. Una es: los
niños no leen o leen cada vez menos; y la otra: los niños
no oyen radio. Esto desemboca en que el medio ideal sea la televisión
(…) Dentro de este panorama no es fácil encontrar quién
quiera apostar por programas infantiles de calidad. Da la impresión
que anunciantes, agencias y medios, viven muchas veces dentro de una burbuja
que ellos se solazan en inventar y confirmar, pero nadie tiene derecho
a limitar la oferta que recibimos".
Una
sintonía mágica
por Carlos Ulanovsky*
“Cuando
no existía la televisión, la radio atendía verdaderamente
a los chicos, con infinidad de propuestas. No había emisora que
no tuviera una cantidad de ciclos destinados a ellos, con personajes inolvidables
como Victrolita, Tatín o los muñecos que creaban para chicos
Los 5 grandes del buen humor o Niní Marshall. Pero lo más
notable eran los espacios de ficción en los que en clave de radioteatro
se recreaba la aventura: desde Sandokán a Poncho Negro hasta Peter
Fox lo sabía y quienes fueron mis héroes para después
de la escuela: Tarzán y Tarzanito (Iban de lunes a viernes de 18
a 18:15 hs. por Radio Splendid). Había también elencos de
niños, que funcionaron como verdaderos semilleros de actores y
actrices, como fueron La Pandilla Marilin o el grupo de Juancho. Lo que
escuchábamos por la radio en nuestras casas luego lo reproducíamos,
como juegos, en la calle de cualquier barrio. Después llegaron
la tele y los dibujos animados y la radio quedó postergada para
el público infantil durante muchos años. Julia Bowland con
su inolvidable Chic Chac fue el intento que, sobre la base de la calidad,
la imaginación y el talento, ayudó a recuperar el género
en la década del ´80. En los últimos años los
gustos radiales del público infantil vinieron demasiado pegados
a la televisión, a la industria del disco o al negocio de moda.
Para armar un clima infantil parecía bastar poner un disco de Carlitos
Balá, de Gaby, Fofó y Miliki o de Pipo Pescador. Sin embargo,
en los tiempos en que, sin apagar ninguno de los televisores de la casa,
los chicos además manejan computadoras, MP3 y celulares, creadores
notables como Julio Calvo y Luís Pescetti acometen el milagro de
volver a sentar a los niños ‘adultizados’ de hoy al
lado del receptor, retomando una sintonía de inventiva, ilusión
y magia".
*Carlos
Ulanovsky es periodista y escritor. Agudo analista de los medios de comunicación,
publicó, entre otros, Días de radio (Varias ediciones),
un libro donde a modo de homenaje repasa la historia de la radiofonía
argentina.
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