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Sangre de Arenas y Manzanas de Fuego

Fabián Sevilla. Albatros.

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Para lectores jóvenes: 

Las comarcas del país de Elfegrim, tierras de elfos y elfinas, se organizaron en clanes, aceptaron compartir su mundo y los cinco elfos poseedores del don del gignosko tuvieron que combatir a los predadores. Del otro lado del Océano Verdiazul, desde Caldero de Bendeigefran, había guerras entre familias.

En Sangre de Arenas, las septillizas, hijas del rey Boores, viajaron a Reposo de Cateline en tren y desaparecieron junto a quienes las escoltaban. El rey desesperado recurrió al elfo rojizo, Pok, que fue llamado vía Belena, una elfina anciana, por orden de Yaldin, hijo de un mago poderoso. Las princesas necesitaban volver y Pok se resistía a ayudar a un descendiente que reemplazó el poder del gignosko por la magia. El Rey tuvo que negociar, hacer promesas y Pok acompañado por Aarón emprendió una búsqueda nada sencilla.

En Manzanas de Fuego, Yaldin descubrió que Lilios fue intoxicado y entonces llamó (también) a los elfos de Pok que se lanzaron a la aventura para descubrir, además, un gran secreto que conservaron los descendientes de dos reyes en guerra durante mucho tiempo.

Los libros de la serie Elfos de Pok dialogan entre sí y están estructurados de manera similar, con capítulos reunidos en distintos tiempos que organizan el relato (Primero, Después, Luego, Enseguida, Pronto, Entonces y Finalmente). Las novelas están pensadas para que puedan leerse una independiente de la otra, sin embargo con Manzanas de Fuego se ingresa más rápido a la trama que atraviesa a las dos.

Historias que se sumergen en el fantasy, que requieren de un lector muy atento para disfrutar de estos personajes entrañables, algunos fuertes, otros temerosos, y de la magia que enfrentará a los continentes.

S. C.

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