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01-06-2011 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Actores-titiriteros estrenan casa

El presente encuentra a Libertablas frente a toda una aventura: gestionar un espacio propio. A propósito de esto, y de los 32 años de historia libertablense, Revista Planetario conversó con Sergio Rower y Luis Rivera López, productor general y director del grupo, respectivamente.

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Por Marisa Rojas



Con más de tres décadas de trayectoria, Libertablas es una compañía teatral de artistas autogestionados y productores independientes pionera en el cruce de lenguajes artísticos y en la adaptación de clásicos para todos los públicos. Presentan sus producciones en escuelas y salas teatrales de todo el país, llegando a más de 200 mil espectadores por año. Desde el mes pasado, además, se instalaron en el recientemente reinaugurado Teatro SHA, en el porteño barrio de Once, donde están a cargo de la programación infantil y donde tendrán su sede el Taller de Realización y la Escuela de Teatro y Títeres de Libertablas.


¿Cuándo, dónde y cómo comienza la historia de Libertablas?

Sergio Rower: Luis y yo formamos parte del elenco de titiriteros del San Martín durante once años, y Mónica Felippa, otra miembro fundadora de Libertablas, estuvo en ese grupo unos siete años. Pero Luis y yo nos conocimos mucho antes de esa experiencia, a los seis años en el Instituto Vocacional de Arte. Los dos tuvimos desde los siete años a Ariel Bufano como profesor de teatro, de adolescentes seguimos en el Labardén estudiando con él, y él nos llamó para acompañarlo en el San Martín cuando el entonces director, Kive Staiff, lo convocó para hacer David y Goliat, a finales del ‘77. Pero paralelamente, en el mismo Instituto, teníamos nuestras propias uniones artísticas con otra gente, y sin títeres. Y en el caso de Mimí Rodríguez, otra de las fundadoras, ella no perteneció nunca al San Martín, pero el día que nos juntamos por primera vez para hacer algo, ella estaba ahí.

La pregunta que está presente desde ese día es: “¿cómo se hace para vivir haciendo lo que uno quiere hacer?”. Entonces, y ahora, nuestro desafío de gestión y de producción fue, es, hacer lo que nos gusta. Y eso significa trabajar con los más altos valores que podamos, tratando que arriba del escenario esté el mejor actor que podamos ser, alcancemos la mejor realización que podamos tener, con la mejor música que podamos componer, y así, con la sumatoria de lo mejor que podamos, vivir de nuestra profesión, sin traicionarnos. Nosotros creemos en el grupo de trabajo.

¿Qué recuerdos tienen de esos primeros espectáculos autogestionados que fueron La tremebunda tragedia de Macbeth y Sueño de una noche de verano?

Luis Rivera López: Que no eran para chicos, que eran para adultos, para jóvenes…

Sergio: Claramente no eran para chicos porque el mercado de lo “para chicos” era muy diferente al actual, cambió absolutamente. En ese momento el modelo “para chicos” era Flavia Palmiero con La ola está de fiesta. Si a comienzos de los ‘80 vos hacías Macbeth… ¿Quién lo iba a ver? Con suerte, los adultos… Ahora hay adaptaciones para jóvenes de casi cualquier clásico, pero en aquel momento no. ¡Cómo ibas a hacer Shakespeare para chicos! Sin embargo, Sueño de una noche de verano se constituyó en nuestro éxito descontrolado. En el ‘83 nos convocaron del Cervantes, que se reabría con la llegada de la democracia, para participar junto con otro montón de artistas de un ciclo que se llamaba “Todos los jóvenes al Cervantes”. Se hacía los jueves a las seis de la tarde y pensamos que no iba a ir nadie, pero estrenamos Sueño… y empezamos a llenar… y a llenar…

No se formaron como titiriteros sino como actores, y no pensaron esas primeras producciones para chicos. Sin embargo, Libertablas está muy identificado con el teatro de títeres para niños y los clásicos de la dramaturgia y la literatura universal.

Sergio: Nosotros fuimos contemporáneos de los maestros, de Bufano, de Javier Villafañe, de Sarah Bianchi, todos titiriteros. En ese mismo momento en que todavía pululaba el títere pedagógico, el títere de manopla, nosotros estábamos haciendo Macbeth para adultos con títeres a la vista, mezclando actores, máscaras y muñecos. Fue toda una revolución pero también toda una dificultad la propuesta estética con que nacimos, la gente pensaba que el títere era el de la animación, el de la plaza. Pero ahí mismo nos fue muy bien trabajando para adolescentes. Y después, bueno, nunca pensamos para quién hacemos un espectáculo sino que hacemos lo que queremos, lo montamos y ahí decidimos a quién se lo queremos mostrar.

Luis: Hace veinte años hicimos en el Cervantes una Electra que no tenía un sólo títere, pero miramos hacia atrás y vemos que en su mayoría nuestros espectáculos tienen esa inicial cuestión de involucrar títeres con actores y máscaras, mezclar lenguajes. Más que una mezcla lo nuestro sería una unión de fuerzas con un mismo objetivo que es la comunicación dramática teatral. También miramos para atrás y vemos que buena parte de los espectáculos que hicimos son tomados de textos clásicos, así que sí, decimos que hacemos clásicos. Pero esto no quiere decir que sea lo único que hacemos, ni que sea lo que vamos a hacer de aquí en adelante. Sólo es un análisis de nuestra producción. Ahora, en cuanto al público, pensamos que el infantil es exactamente igual a cualquier otro. Sin embargo, tenemos un tradicional y curioso distanciamiento con el movimiento del teatro infantil, y eso es simplemente porque tenemos clarísimo que no somos específicamente infantiles. Si bien trabajamos mucho para chicos, la realidad es que no creemos que haya que hacer ningún trabajo especial porque en el público tengamos chicos. Hay que hacer el mejor teatro, como hay que hacerlo también cuando uno hace teatro para adultos. La única pequeña dificultad es que hay una cantidad de cosas, de conceptos, que los chicos todavía no pueden llegar a entender porque aún no los han vivido y por lo tanto hay que tener cuidado con lo que se está queriendo comunicar. Siempre se dice que los adultos tienen que disfrutar absolutamente de un espectáculo para chicos, si los grandes no disfrutan de ese espectáculo es porque no es un buen espectáculo, no porque sea para chicos. Para chicos quiere decir “para todo el mundo”; para adultos quiere decir “no para todo el mundo”, o sea, “no para chicos”.

Hablemos del nuevo proyecto. Libertablas, la compañía itinerante, nómade por excelencia, ¡tiene sala propia! ¿Qué significa esto en términos de gestión y también artísticos?

Sergio: Bueno, la sala no es enteramente nuestra, pero cerramos un convenio por tres años y nos hemos hecho cargo de la programación de la franja de la tarde, la dedicada al público infantil. Es algo distinto y muy atractivo para Libertablas. Nosotros hemos partido originariamente de la base de no tener asegurado al público en ningún momento, de saber que el público nunca tiene la obligación de venir a vernos. Entonces, para no sufrir dolor de estómago ni tener que decir que ‘por problemas técnicos’ se suspende una función, nos hemos hecho muy fuertes en un andarivel que es el de los márgenes, no competimos con el teatro comercial ni las súper producciones que convocan al público del fin de semana, pero trabajamos todos los días del año en montones de sedes en los puntos más diversos del país y nos ven por año montones de espectadores. Nos instalamos tres o cuatro días en un pueblo y hacemos funciones para escuelas. Es mucho más trabajo para nosotros, es cierto, pero lo elegimos así…

Luis: Porque a nosotros nos encanta que nos vengan a ver, que nos estén esperando; nos encanta crear espectadores futuros, tanto para nosotros como para el teatro en general. Tenemos la secreta esperanza de que esta rueda se vaya agrandando. Ahora sabemos que nos va a llevar un enorme trabajo y mucho tiempo instalar este lugar: el Teatro SHA estuvo cerrado muchos años y no está sobre la Avenida Corrientes. Pero también sabemos que es algo mucho más duradero y más sustentable que hacer una temporada todos los años en un teatro distinto. Si nosotros estamos en el mismo teatro durante una cantidad de tiempo importante podemos empezar a pensar que la gente viene para vernos a nosotros, y que estamos creando nuestro propio público, apostando a que ese público vuelva porque le guste lo que vio, no porque le atrajo simplemente el título sino porque reconoce al grupo, su trabajo, su trayectoria.

Sergio: También desde el punto de vista artístico es muy importante porque nosotros no teníamos lugar donde ensayar los espectáculos, teníamos que alquilar un espacio para hacerlo. Además, contar con una sala para nosotros nos permite relanzar, ya en la segunda parte del año, dos proyectos que habían quedado medio en suspenso: el Taller de Realización y la Escuela de Títeres.

Una última pregunta sobre los comienzos: ¿en este camino de la trayectoria independiente y del trabajo grupal, cómo fue la elección del nombre que los identifica?

Sergio: Estuvimos algunos años sin nombre. En aquel momento los grupos se armaban y se desarmaban, las cooperativas independientes autogestionaban una primera producción y se peleaban apenas estrenaban. Por otro lado, los grupos con nombre eran “los grupos de”, grupos que respondían a una personalidad única muy fuerte del líder. Pero nosotros no éramos ni una cosa ni la otra. Fue una decisión no ponernos nombre. Cuando hicimos la tercera experiencia independiente, y no nos habíamos peleado, bueno, tuvimos que nombrarnos. Y nos pusimos a jugar, a tratar de alcanzar una síntesis de lo que éramos, de lo que queríamos ser. Y así apareció la idea de ‘libertad en las tablas’ y algunas otras ‘genialidades’ por el estilo que en su momento, como era obvio, sonaban huecas, vacías, ridículas, tontas. Después, claro, con muchos años de historia en el medio, ese nombre empezó a aparecer en letras grandes tipo molde de color rojo. Somos gente grande ya.


TEMPORADA 2011

Para celebrar su desembarco en el Teatro SHA, en el auditorio de la Sociedad Hebraica Argentina, Libertablas organizó un Gran Festival los días sábado 7 y domingo 8 de mayo, en el que presentó algunos de sus ya clásicos espectáculos.

Para esta temporada, además de presentar dos de sus espectáculos más aplaudidos: Pinocho, dando alma a la materia, con la actuación de Jorge Rivera López –sí, el papá de Luis-, y Cuentos de la selva, inspirado en los relatos homónimos de Horacio Quiroga, la compañía prepara dos nuevas propuestas: Cuentos al derecho y El árbol de las historias. “Son espectáculos de formato pequeño que vamos a presentar en la sala 2, la más chica del SHA, una sala preciosa, sala histórica en la que todos hemos trabajado alguna vez. En la primera mitad del año, el sábado 4 de junio, estrenaremos Cuentos al derecho, un espectáculo de Luis (Rivera López) que habla sobre los derechos del niño y los entremezcla con cuentos tradicionales; con dirección de Mónica Felippa”, comenta Rower. En tanto, Luis anticipa que: “En la segunda parte del año llegará El árbol de las historias, un trabajo sobre leyendas de la región del Litoral”.


Teatro SHA. Sarmiento 2255. 4953-2914. www.teatrosha.com
Programación junio: Sala grande: Pinocho, dando alma a la materia. Sáb. 16:30 hs.
Cuentos de la Selva. Dom. 16:30 hs. $ 60.
Sala 2: Cuentos al derecho. Sáb. y dom. 15 hs. $ 50. En vacaciones de invierno, funciones todos los días.


PLANETA LIBERTABLAS

Libertablas es una cooperativa teatral independiente integrada por unas veinte personas, entre artistas y asistentes, entre los primeros: Sergio Rower, Luis Rivera López, Mónica Felippa y Mimí Rodríguez, fundadores.

Desde hace 32 años, llevan adelante espectáculos en los que se interrelacionan actores, títeres -de las técnicas más diversas– y máscaras. “Como objeto dramático a partir del cual trabajar tomamos, generalmente, pero no siempre, aquellos libros que nos leían nuestros viejos, nuestros abuelos, nuestros maestros, y que estaban en sus bibliotecas; esos que algunos llaman clásicos”, explica Rower, productor general del grupo.

Anualmente Libertablas realiza unas 400 funciones que son compartidas por unos 300.000 espectadores de unas 3.200 escuelas de todo el país, porque los Libertablas, nacidos en la ciudad de Buenos Aires, son en realidad una compañía federal, e itinerante. Entre sus espectáculos, más de 25, todos premiados y bien particulares –en términos estéticos, artísticos e ideológicos-, para adultos y para todo público, se cuentan: La tremebunda tragedia de Macbeth, Sueño de una noche de verano, Quijote, Leyenda, David y Goliat, Cuentos de la selva y Pinocho.

Más info: www.libertablas.com.ar



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