01-06-2010 | Teatro
Marina Abulafia se define como una criatura de la escena. Por vida y obra, su historia aparece ligada a la conquista de espacios en Córdoba para el teatro infantil y a la formación de los artistas que los ocuparán. Dice que no puede evitarlo, que no encuentra otra manera mejor de atravesar el tiempo, mientras prepara su regreso a la actuación después de varias décadas detrás de bambalinas.
Por Celina Alberto
Dirigir teatro para niños para contar lo que ellos no pueden decir, lo que los angustia, los entusiasma o los hace soñar. Un mapa de espectáculos para que el viaje llegue a un mejor destino que el de la partida. La experiencia teatral funciona en sentidos diversos y conmovedores cuando hay un objetivo un poco más profundo que el de llenar salas y acopiar funciones, o cuando ese objetivo va acompañado también de una pulsión vital. Marina Abulafia habla del teatro infantil desde esa posición extraña de lo inevitable. Cuando tuvo edad suficiente para leer, revolvió cajones, bibliotecas y estanterías en busca de poesía. Se aprendió de memoria todo lo que había a mano y aprovechó las visitas de familiares y amigos para foguear los talentos adquiridos en la escuela de declamación, lo más cercano que había en esa época a un entrenamiento escénico. Desde entonces hubo teatro en su biografía, y hacia el final de la secundaria ya había decidido que lo suyo sería el teatro infantil.
Su presente sostiene la llama. Marina acaba de estrenar en Córdoba Paquetito junto a Mutttis Teatro y tiene dos obras más en gateras para las vacaciones de invierno, además del proyecto de volver a las tablas como actriz. El regreso, después de un año sabático y de casi una década de trabajo junto al grupo Egos, la encuentra en lo que ella define como un estado remixado, a tono con nuevas sensibilidades y enfocada hacia el teatro que mira el mundo con ojos de niños.
¿Cómo llegaste a Paquetito?
Hace mucho que la tenía guardada, me parece una obra ideal para chicos chiquitos, de 2 a 8 años. Era un proyecto que quedó guardado cinco años en un cajón y el año pasado lo volví a encontrar. Cuando decidí volver a dirigir (no dirigía desde Amor de chocolate, en 2007), me enamoré mucho más de la obra y la llevé hacia el clown, hacia el juego abierto que rompe la cuarta pared, para que los chicos tengan contacto y se sientan identificados. Fueron seis meses de ensayo, trabajamos mucho y la gente se encontró con un buen producto, con una Marina aggiornada y remixada. Disfruté mucho el proceso pero me costó mucho soltar la obra y me llevó a un lugar más sabio, de encontrarme con otras cosas.
¿Qué te interesa como directora que suceda en una obra para niños?
Me gustan mucho las obras que hablan de la problemática del niño, de lo que le pasa. En general, los chicos sienten que están solos ante la vida y conviven con diversos miedos. Es muy difícil que exterioricen como los adultos, entonces a través de una obra de teatro pueden sentirse identificados, saben que no están solos, que su problemática es universal. Un niño por lo general es solitario y no se expresa con palabras como nosotros. Si tiene conflictos en la escuela, en sus relaciones, nunca los va a expresar verbalmente, porque tampoco sabe lo que le pasa, no tiene las herramientas para empezar a desenrollar el ovillo. Puede estar con bronca, furia, puede andar mal en la escuela, y seguramente anda dando vueltas un conflicto que tendremos que ayudarlo a resolver. A veces el teatro, una de las funciones que cumple, es encontrarse con esas emociones. Me gusta mucho ese encuentro con los chicos en el que podemos decirles que no están solos.
¿Cómo llegan estas cuestiones a una estructura de entretenimiento como es el teatro?
Hay una semiótica del hecho teatral, de las canciones y los momentos en que hay que usarlos. En los niños hay un tiempo atencional que hay que tener en cuenta, porque no soportan estar una hora sentados sin un estímulo. El niño es ansioso, y por eso hay que poner incidentales, poner canciones, es como pasar de canal para volver a poner el foco de atención en el escenario. Hay una estructura que tiene que ver con lo que pasa en escena y lo que necesita el niño. La música, por ejemplo, no tiene que recordar a nada, tiene que ser nueva y hecha para ese espectáculo y cada signo teatral, cada elemento tiene que significar algo y tener sentido en el escenario. No debe adornarse el escenario como en un acto escolar.
¿Por qué hacés teatro?
La pasión del teatro está en la adrenalina, es puro placer, inentendible. Creés que tu alma está muerta si no lo hacés. Los años que fueron transiciones para mí fueron eso. Sólo la pasión puede moverte a hacer estas cosas, el dejar un asado de domingo con tu familia para irte al teatro, con la misma necesidad como si hubiera un sueldo. De chica, en la escuela siempre actuaba, era la que hacía llorar a la maestra, hice un club de teatro en la primaria. Fue muy fuerte toda esa época. A los 15 años empecé a dar clases a chicos y después empecé a hacer talleres de teatro y a estudiar Educación Física. Cuando encontré el seminario de teatro infantil en Buenos Aires sentí que era la felicidad del mundo, mi vida fue otra.
Todo para los chicos.
Siempre tuve feeling con los niños. Me dicen que es increíble la conexión que tengo con los chicos a pesar de mi cara de antipática. En mi barrio, cuando era chica, tenía como un club de chicos que iban a casa y yo los llevaba al cine, al parque, a pasear. Son mi pasión, nos entendemos desde un lugar especial, y por ahí pienso que nunca crecí. Sigo conservando la misma llama encendida que a los 24 años, me sigue fascinando desde el alma lo que hago, con o sin plata. Nunca dejé de hacer lo que amo y los chicos tienen esa cosa de ingenuidad que me encanta. Los chicos que tienen problemas, es porque hay que resolver un conflicto y me preocupa ver tantos chicos hiperactivos o medicados, porque lo que necesitan es una bajada a tierra en lo creativo. Hay que encontrarles un canal de expresión, teatro, danza, establecer un contacto desde la ingenuidad, la entrega al juego, no buscarle una finalidad. Los chicos son aquí y ahora, y yo también soy así. Disfruto esto.
Puro presente.
Planifico mi vida y sé lo que voy a hacer en 2011, pero vivo el ahora. Mi vida es como un teatro, vivo la calle como si fuera un escenario, siempre fue así, llevo el teatro en el alma, la pasión por el espectáculo.
¿Abandonaste la escena como actriz?
Quiero volver al escenario. Estoy buscando un taller, ahora sí en teatro para adultos. No sé todavía qué género, estoy coqueteando con varios a ver si me escriben algo. Es una nueva etapa. No sé qué, pero algo voy a hacer, quizá para el año que viene. Darme un gustito, un par de meses fuera de la temporada para niños, para que no me interrumpa esto.
¿Cuál es tu obra favorita de todas las que dirigiste?
Las que hablan desde el lugar de las cosas que les pasan a los chicos. Tengo muchas ganas de reponer Hola Panza por ejemplo, hablar de esas cosas. Hay temas que no sé si estamos preparados para hablar, como la muerte o los chicos desaparecidos. Creo que estamos un poco atrasados en Córdoba desde el punto de vista de las puestas, las intervenciones urbanas, todavía la Docta es conservadora en ciertos puntos. Por eso elijo hablar de cosas que no lastimen, sobre todo a los padres, porque los chicos son mucho más abiertos, entienden si hablás de la muerte, de un embarazo. Pero el que elige la obra es el adulto, es quien lleva a los chicos al teatro, entonces hay que convencerlos a ellos.
Planeta Abulafia
Desde el año pasado trabaja como directora y productora invitada del grupo Mutttis Teatro, con el que ya presentó La receta del Doctor Frankenstein. Dice que en su destino está el abrir salas en Córdoba para el público infantil. “En 2002 reabrimos la Luis de Tejeda (del Teatro del Libertador, cerrada durante cinco años) con Hansel y Gretel, después reabrimos el Agec y el año pasado inauguramos Galileo para el teatro infantil con La receta… Este año apuesto a Alquimia, una sala joven con chicos con muchas pilas, como alternativa de espacios nuevos en la zona norte. De alguna manera estoy elegida para abrir salas. Me gustan los desafíos, sino me aburro”. Marina trabaja también como docente de segundo año en Técnicas de la actuación en la Escuela Roberto Arlt (ciudad de Córdoba), desde 1999, y está Diplomada en Producción y Gestión Cultural por la UBP (Universidad Blas Pascal). Tiene dos hijos, Sabrina (23) y Franco (14), y está casada con Sergio Zuliani. Entre sus referentes y maestros menciona a Héctor Presa y Carlos Gianni. De sus obras, las favoritas son Chau señor miedo, Hansel y Gretel, Hola Panza y Paquetito. Se define como puestista antes que directora, un rol que desempeña desde los comienzos de su carrera, con el Grupo Acto.
Más info en http://mariabulafia.blogspot.com
Paquetito
En el punto de partida de la vida social de un niño, una fiesta de cumpleaños es el acontecimiento más esperado del año. Toto está invitado al cumpleaños de su amiga Margarita y quiere estar muy lindo. Para ella prepara un regalito y mientras va a destino, se encuentra con Tito, que lo ayudará a modificar su aspecto y a rastrear secretos en su corazón. Vergüenza, timidez, asombro, el juego puro, la entrega, la emoción y la magia de la amistad. “A los 4 años los chicos están en la etapa de socialización, idolatran a su amigo y quieren ser un poco él. Es como un espejo, quieren parecerse, usar la misma ropa. Eso pasa en Paquetito, encuentran la magia de la amistad y se encuentran a ellos mismos”, dice la directora. La obra es de María Inés Falconi, con las actuaciones de Eric Venzon y Gustavo Luna. Dirección y producción de Marina Abulafia. Música original de Alexis Calvimonte.
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