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01-03-2005 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Bailando en el circo

Es uno de los referentes del circo urbano en Argentina. Formó parte de La Trup, la primer compañía de nuevo circo del país y compartió con Gerardo Hochman los inicios de esa actividad. Actualmente es convocada para entrenar en acrobacia y técnicas circenses a diferentes artistas, y hasta tiene su propia escuela de circo. Sin embargo, dice: “no me identifico con el mundo del circo”.

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Por Ariel Saidón



En un galpón de Villa Crespo, donde funciona la escuela de circo que abrió en septiembre junto a Roxana Rodríguez, nos recibe Mariana Paz. Entre trapecios, cuerdas, telas y colchonetas asoma su pequeña y llamativa figura. Desenvuelta en sus movimientos, se nota que tantos años de entrenamiento le dieron pleno control de su cuerpo.

Dice no sentirse identificada con el mundo del circo, pero la cara se le llena de brillo y su conversación se hace más apasionada cuando cuenta sus inicios con La Trup, la primer compañía de circo que realizó espectáculos en teatros. “Teníamos una ilusión tan grande...”; “yo estaba feliz, porque había encontrado lo que quería hacer”, son sólo algunas de las frases que se le escapan.

Admiradora de Pina Bauch y Philipe Genty, se niega a subdividir el arte corporal en disciplinas como teatro, danza o circo. “Un artista contemporáneo tiene que desenvolverse bien en diferentes áreas. Yo apuesto a que mis alumnos tengan una formación que vaya más allá de las clases de tela o trapecio.”

Mariana tiene 37 años y dos hijos: Felipe, de 6 y Pedro, de 1. Mientras que Felipe se duerme cada vez que va a ver algún espectáculo de circo, Pedro disfruta jugando con las pelotas y entre las colchonetas cada vez que visita la escuela.

Antes de tener su propio espacio, Mariana tuvo que atravesar un largo camino. Su formación abarcó diferentes disciplinas. Fue federada en gimnasia rítmico-deportiva, estudió danza clásica y contemporánea desde los 6 años (es egresada de la Escuela de Danza Contemporánea de Margarita Bali), realizó la licenciatura en Artes Combinadas, practicó acrobacia con Osvaldo Bermúdez y viajó a Europa para especializarse en técnicas de altura.

Hiciste gimnasia deportiva, danza, acrobacia... ¿No te quedó nada sin abarcar?

De cada cosa que estudié obtuve algo diferente. La formación deportiva, extremadamente rigurosa, me dio una disciplina de trabajo y una autoconciencia de cuidado del cuerpo difícil de encontrar en el ambiente del circo. Pero en realidad, donde aprendí todo fue en la escuela de Margarita Bali. No sólo porque tuve a los mejores maestros o por las clases técnicas de todas las líneas diferentes, sobre todo por haber compartido tantas horas con Margarita y con Susana Tambutti. Ellas son las directoras de Núcleo Danza, que era la compañía de danza contemporánea del momento, y como yo tenía la concesión del bar de la escuela, estaba todo el día ahí. Para mí era maravilloso escucharlas cuando estaban sentadas componiendo una obra, ver los ensayos, alcanzarles el sándwich... era un honor.

¿Vos te definís como bailarina, acróbata o artista de circo?

Yo no me siento artista de circo, para nada. Más bien bailarina o coreógrafa, porque mi formación tiene que ver con la danza. Y de hecho la formación que doy acá y mi línea de trabajo artístico tienen que ver con la composición coreográfica de la danza y el teatro. En el circo a mí me dieron la bienvenida y me sentí muy cómoda. De alguna manera, el circo me acobijó como no me pasó con ninguna otra disciplina, pero yo no me identifico con el mundo del circo, no pertenezco a una cultura circense sino que me siento más cercana al teatro.

¿Cómo llegaste, entonces, al mundo del circo?

Mi contacto con el circo proviene de cuando hacía gimnasia deportiva. Pero después de terminar en la escuela de Margarita, me harté de la autogestión de la danza contemporánea y empecé a tomar clases de acrobacia con Osvaldo Bermúdez. Bermúdez fue el que empezó a abrir la brecha de la gimnasia deportiva a un área artística. El era gimnasta y fue campeón latinoamericano, pero también es actor. Entonces empezó a enseñarle a cualquiera a hacer una vertical. Yo empecé a tomar clases con él y me divertía un montón porque era lo que sabía hacer de toda mi vida: morteros, flit-flat, no me costaba nada. Ahí fue que empecé a conocer a todo el grupete con el que después formamos La Trup.

¿Cómo fue esa experiencia?

Eramos muy jóvenes y teníamos una ilusión tremenda, tremenda... Ahora cada uno se ramificó y tiene su escuela diferente. Pero en ese momento teníamos una ilusión bárbara. Yo recuerdo que durante los años que duró La Trup yo me sentía tan feliz... porque había encontrado lo que quería hacer. ¡No sabés el placer que era para mí hacer una pirámide! Hasta ese momento yo no sabía nada de circo, nada de nada. Todo lo aprendíamos ahí, en la plaza; entrenábamos 4 horas por día en Parque Centenario. Todavía Internet no existía así que entre todos nos íbamos pasando la data.

Pero acá había una cultura de circo tradicional...

Ninguno de los de circo largaba una. Hasta los Hermanos Videla, que ya tenían su escuela, empezaron a largar información cuando vieron que no eran los únicos.

¿Después de La Trup, seguiste vinculada al circo?

Sí, yo coordinaba la escuela de niños y daba las clases de altura en La Arena, la escuela de circo de Gerardo Hochmann. También hice la coreografía de algunos números de Gala. Pero después me fui de La Arena y me distancié del circo para hacer espectáculos más teatrales, de composición coreográfica.

Como artista yo trabajo en dos ramas. Por un lado está el área comercial, como son las coreografías que hice para los infantiles con Fabián Gianola (Canciones para mirar, El Reino del Revés), o lo de Natalia Oreiro para la televisión. Pero también hice dos obras mías (El Talismán y M.E.D.E.A.) para las que gané dos subsidios en Pro-Danza. Ese es el otro aspecto de mi trabajo artístico, y es lo que a mí más me gusta, o al menos es lo que hago sólo por placer... Son obras que tienen que ver con lo teatral, trabajo con bailarines, con actores, con acróbatas...

¿Por qué decís que son espectáculos de danza y no de circo?

No, yo lo que creo es que acá está todo mucho más restringido. Philip Genty no se hace llamar ni coreógrafo de danza, ni de teatro, ni de circo. El tipo utiliza técnicas de circo hace diez años y siempre utilizó recursos teatrales a full, como el teatro negro, el teatro de marionetas o el juego de luces... El tipo es coreógrafo y punto, porque proviene de la danza. Mi máximo referente de la danza y la teatralidad es Pina Bauch. Yo tuve la oportunidad de verla afuera y es genial como labura. Pero además los mismos artistas de su compañía son bailarines, cantantes, acróbatas, actores, hacen todo. No todos hacen todo bien, pero cada uno hace lo que su personaje requiere.
Lo que tiene el trabajo de composición en danza es que te permite utilizar un montón de herramientas como la rítmica y las calidades de movimiento, ya sea para trabajar con los cuerpos o la voz.

¿Pero entonces por qué Redes es una escuela de circo?

Porque las técnicas que se enseñan acá son técnicas de circo. Roxana (Rodríguez) es especialista en trapecio y yo amo las telas y la cuerda. Son mi medio, yo no podría bailar en el piso, mi forma de expresarme es ahí. Pero el circo es un lenguaje. Yo apunto a que mis alumnos tengan una formación que vaya más allá de las clases de tela o de trapecio. La escuela es un espacio de encuentro, de entrenamiento, de intercambio y de creación. Por eso le pusimos ‘Club de Circo’, porque pasan otras cosas más allá de las clases, porque la gente que se conoce acá continúa viéndose en otros ámbitos, porque el que viene un año, puede dejar y volver al año siguiente...

¿Cuál es la característica del trabajo con los chicos?

A los chicos les damos una formación integral, o sea que no pueden elegir disciplina. Consideramos que los pibes necesitan tanto de los malabares como del equilibrio, de la altura y de la fuerza, porque a nivel físico las coordinaciones que se ponen en juego, hasta los doce o trece años, son todas importantes.

En general, las clases son bastante estructuradas: al principio hacen juego, después hacen una actividad física, después se dividen en grupos para hacer la diferentes actividades y después hacen descalentamiento que tiene que ver con contar algo que pasó en la clase.

Con los nenes de jardín tenemos una dinámica particular. Ellos trabajan en consignas que tienen que ver con su lenguaje, con sus referencias y sus representaciones: los animales, los circuitos, los pasajes, las asociaciones que hacen ellos permanentemente, donde el circo es la herramienta. Para ellos el circo, en realidad, es un juego, es la espacialidad, el lugar.

Con los más grandes, a partir de 6 años trabajamos otras cosas. Y para evitar la frustración, tratamos de que tengan en claro cuáles son los objetivos. Sabemos que también se juegan muchas cosas muy personales de cada chico. Por eso es importante la comunicación que mantenemos con ellos y con los padres.

¿También hay un grupo de papás con bebés?

Sí, pero este año no arrancó porque no encontramos horarios. Se nos superponía con las otras clases y ellos necesitan un espacio más protegido. La propuesta es “jugando con el circo”, o sea, participar juntos de los espacios que propone el circo, subirse a una tela, colgarse del trapecio, tirarse en una colchoneta, jugar con los objetos de malabares, caminar por un rodillo. Es acercarse a este mundo con cosas que son divertidas y les otorgan confianza a los papás como sentarse o hamacarse en una tela con su hijo a upa. De alguna manera es lo que yo vivencio con mi hijo de un año. Pedro viene acá y le encanta, se tira en las colchonetas, va de acá para allá, agarra las pelotas y las revolea...

Resumiendo entonces, ¿Por qué y para qué los chicos en una escuela de circo?

Porque es una actividad muy divertida, porque los conecta (esto no lo digo yo, lo dicen ellos) con su capacidad de juego, con ellos mismos y con los otros. Porque pone el riesgo en donde tiene que estar (que es en un espacio cuidado). Porque los enfrenta con desafíos personales motrices, emocionales y físicos importantes... Y también porque es muy sano para el cuerpo, porque desarrolla la musculación, porque desarrolla la fuerza en su medida justa, porque desarrolla la elasticidad y las articulaciones, la columna, la respiración. Porque favorece a la integración grupal y el respeto por el cuerpo del otro.

Pero también para que se desarrollen expresivamente, artísticamente. Para que sean personas libres el día de mañana, hagan lo que hagan. Si dentro de 20 años un pibe que trabaja en una oficina o en un locutorio hace circo como actividad liberadora porque le hace bien al cuerpo y porque la pasa bien, ya está. ¿Qué más?


Planeta Mariana Paz

La carrera de Mariana Paz podría dividirse en dos grandes ramas. El rol docente y el trabajo artístico. Este último a su vez, según ella misma se encarga de señalarlo, tiene dos aspectos bien diferenciados. El comercial y aquél que sólo realiza por placer, incluso si tiene que poner dinero de su bolsillo.

Como integrante de La Trup, participó en los tres espectáculos de la compañía: Emociones Simples (1993), En la arena (1994) y En órbita (1995). Luego, junto a Teresa Duggan y Gerardo Hochman realizó la coregorafía de Gala, un espectáculo de circo (1999).

Además realizó coreografías y entrenamiento corporal para espectáculos teatrales (Romeo y Julieta, dirigido por Alicia Zanca; los infantiles Canciones para Mirar y El Reino del Revés, entre otros) y programas de televisión (El Deseo, por Telefé, protagonizado por Natalia Oreiro).

Pero, tal vez, fue en los espectáculos de danza El Talismán y M.E.D.E.A. donde Mariana puso todo su “ser interno”. Acróbatas que bailan, bailarines que hacen acrobacia (en el caso de M.E.D.E.A. había también un texto teatral, interpretado por dos actrices); en definitiva, comunicación a través del movimiento.

Como docente dirigió durante muchos años la escuelita de niños de La Arena, la escuela de circo de Gerardo Hochman. Luego se especializó en acrobacia de altura (telas, trapecio, cuerda indiana) alquilando diferentes espacios para dar sus clases.

En septiembre de 2004 inauguró, junto a Roxana Rodríguez, su propio espacio. Redes, Club de Circo es la primer escuela especializada en técnicas aéreas (Cuerda y tela, Trapecio, Acrobacia) donde además se dictan talleres integrales de circo para niños y adultos.

 

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