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01-03-2001 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Caracachumba

A fuerza de constancia en el trabajo, Caracachumba se convirtió en uno de los principales grupos de música para chicos. Periódicamente se presentan en distintos escenarios y todos los años hacen temporada en alguna sala de Buenos Aires. En una charla con Planetario, la guía de los chicos Florencia Steinhardt y Marina Sauber hablaron de su forma de trabajo y adelantaron las características de su próximo espectáculo.

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Por Ariel Saidón



En 1993 estrenaron su primer espectáculo, Se me lengua la traba, y en 1999 Chumban los Parches estuvo nominado a los premios ACE como mejor espectáculo infantil. Musicalmente están orientados hacia lo rioplatense (con tangos, milongas, candombes y murgas en su repertorio) pero en sus presentaciones juegan a romper los límites entre lo teatral y lo musical prestando particular atención
a la puesta en escena.

¿Cómo es el próximo espectáculo, en el que están trabajando?

Florencia: Estamos trabajando con el mismo elenco de Chumban los parches y en el repertorio seguimos inclinados a lo rioplatense, con tangos, candombes y murgas. También hay temas instrumentales que están reforzados con imágenes y objetos que juegan con esa canción. Está presente el humor, hay títeres y continúa la historia de Roque (el títere de Chumban los Parches) que va a ser un poco el hilo conductor.

Marina: Vamos a jugar mucho con los cambios de instrumentos. Todos tocamos percusión; Javier, que siempre estaba detrás de la batería, en el próximo espectáculo va a tocar guitarra, acordeón, charango e instrumentos indúes; Fernando va a estar tocando un violín y Florencia el teclado. También vamos a hacer un tema con tachos de cocina.

¿Siempre utilizan otros recursos?

Florencia: Es algo que caracteriza a Caracachumba. Se inició con el tema de los títeres y con el tiempo se fueron agregando otros elementos que tienen que ver con el humor…

Marina: …y con la puesta en escena fundamentalmente. Queríamos salir de la idea de un recital y armar un espectáculo para lo que necesitábamos efectos de luces y acciones visuales fuertes.

F: En este momento estamos haciendo un trabajo muy interesante de integración entre la música y lo teatral. En el próximo espectáculo, los músicos también van a operar títeres y la titiritera va a tocar. A nosotros siempre nos interesó empastar las cosas y que la estética fuera parte de un espectáculo musical totalmente integrado. Aunque la vedette sigue siendo la música, siempre. Las ideas surgen como ideas musicales y las puestas teatrales nacen de lo musical.

Entonces, ¿primero componen las canciones?

M: Cuando son canciones cantadas en general sí; primero surge la canción y después las otras cosas. Pero a veces el disparador es un instrumento y de ahí surge la puesta.

F: O una situación de humor medio disparatada, que empezamos a trabajar con música.

¿Hay una historia que sea el núcleo del espectáculo?

F: No, no hay una historia. El espectáculo se guía por situaciones, pero sin una historia. Es música y títeres pero no tiene un orden cronológico desde que comienza hasta que termina.

M: En un espectáculo, vos tenés una introducción, un núcleo y un momento de mayor tensión. Esto ocurre, pero el clímax no lo da un conflicto teatral, se va dando a partir de la música. Ordenamos todo lo que vamos haciendo para que haya lugares de mayor tensión y otros en los que eso baje pero todo a partir de la música. Hay momentos más rítmicos, momentos más tranquilos, momentos de interacción con el público.

F: La historia de Roque en sí misma tiene un descenlace. Pero no es el hilo conductor de toda la música que transcurre en el espectáculo.

¿Hay guiños para los adultos?

F: Hasta te diría que tiene cosas sólo para los adultos. O para el público infantil más adulto, por así decir. Es un espectáculo para toda la familia. La idea es que tanto el chico como el adulto pasen un buen momento. Y cada uno recibe en el renglón que le corresponde. Muchas veces nos preguntan "¿por qué no hacen música para adultos?" y eso nos halaga. Quiere decir que realmente se sienten convocados con nuestra propuesta.

¿Y por qué no hacen música para adultos?

F: Podríamos, perfectamente. Pero tendríamos que hacer otro espectáculo. El tema es que den los tiempos. Significa dividir el proyecto y trabajar para eso, llevarlo adelante.

M: A nosotros nos lleva mucho tiempo armar un espectáculo, casi un año de trabajo. Además, cada uno de nosotros tiene otras actividades. Pero tenemos un montón de ideas guardadas para cuando lo hagamos.

¿Qué es lo que hace que la música de Caracachumba sea para chicos?

M: Es una mera cuestión de intención. No está en un elemento, no tiene que ver con los textos, ni con que haya una historia o haya títeres. No está en los instrumentos, ni en la calidad de los arreglos. De todos modos, uno presta atención a un montón de cosas. Por supuesto que en los textos hay algo. Vos tomás un texto poético que los chicos puedan comprender o que haya una historia, algo que les sea propio y con lo que puedan sentirse identificados.

F: Que tengan pertenencia con esa situación o hecho que se está narrando.

M: Desde lo musical creo que no hay nada, rítmico o melódico, que lo haga para chicos. Pero depende cuál sea la función de esa canción en el espectáculo. Si queremos que ellos la canten, tratamos que sea acorde al registro de los chicos. Si queremos que nos acompañen percutiendo o aplaudiendo, también pensamos en ritmos que puedan hacer. Y quizás hay un tema que es para escuchar solamente y ahí no hay nada desde lo musical que sea específicamente para chicos.

Ustedes también son docentes, ¿cómo opera esto a la hora de hacer música para chicos?

F: Es una experiencia que favorece. No es que un espectáculo hecho por docentes va a ser mejor que otro, pero detrás de la propuesta de Caracachumba, cualquier persona con un poco de sentido común, se da cuenta que hay cuidados que tienen que ver con una determinada estética y un trabajo que está rozando con lo pedagógico. Se huele, en algún punto se siente.

M: Pero el espectáculo no es una clase didáctica, esa no es nuestra intención en absoluto. Lo pedagógico es que la música esté bien hecha, que los arreglos sean buenos, que los chicos participen, que vean sonar cuarenta instrumentos distintos en el escenario. Un buen producto artístico es pedagógico.

Y hablando de lo específicamente artístico, ¿Cuál es la propuesta musical de Caracachumba?

F: En cuanto a lo que es repertorio estamos claramente definidos, en este espectáculo, hacia lo rioplatense. También hay muchos temas propios, canciones y temas instrumentales que tienen nuestra personalidad. Son nuestros, del grupo, y tiene que ver con una síntesis de lo que cada uno trae de su formación y su actividad artística.

¿Se podría hablar de géneros?

M: Hay tangos, milongas, candombes y un par de murgas. El otro día nos preguntaban cuáles eran nuestros referentes en música para chicos. Todos escuchamos música para chicos y hay un monton de gente que nos gusta pero nuestro referente es la raíz de cada género. Por ejemplo, ahora estamos buscando milongas del 1900. Vamos a las fuentes para luego adaptarlas a lo que nosotros queremos hacer.

Muchas veces se define a la música para chicos como un género en sí mismo, pero en realidad hay un gran abanico de propuestas.

F: Sí, de hecho cada grupo tiene su particularidad. Unos hacen música latinoamericana, otros comedia musical y algunos hacen tango o música universal.

M: Pero yo no sé si está mal decir que es un género, porque siempre está en discusión qué es el género y qué el estilo. A todos algo nos une y es la intención de que sea para chicos.

¿Cómo es la relación con la industria de la música?

F: Ese es un tema que nos da bastante trabajo a todos los grupos. Porque nos cuesta ocupar espacios, desde conseguir una sala hasta la difusión de nuestro material discográfico en las disquerías.

M: Lo que a nosotros nos favorece es que hacemos sala. Desde que empezamos, hace siete años, todos los inviernos hacemos sala. Entonces, el nombre empieza a sonar y la gente empieza a buscar el material o si lo ve en una batea, sabe de qué se trata. Pero igual dista mucho de lo comercial. Dista mucho de lo que puede vender Reina Reech o Caramelito. En un año se vendieron 55.000 discos de Caramelito contra 500 de Caracachumba.

¡Qué diferencia!

F: La diferencia es desde dónde nace un proyecto netamente comercial y un proyecto artístico-comercial. Los productores piensan en una persona que venda por su imagen, no importa si canta bien o si hace buena música, sino que tenga determinadas características que sirvan para el producto que ellos quieren lanzar. Nosotros cuando hacemos un tema jamás pensamos si se va a vender, o cuál va a ser el hit. Hacemos música que es lo que nosotros sabemos hacer y si se vende bien, mejor. Trabajamos para tener la mejor calidad musical pero también para que se venda.

M: Queremos vivir de esto.

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