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01-01-2007 |

Notas y Entrevistas - Televisión infantil

Con la melodía del humor

Quince años después de haber sido parte de un programa hito en la historia de la tele argentina, y a doce de haber dado vida a la primera señal de cable del país dedicada al público infantil, Claudio Morgado está al frente de un equipo de artistas y profesionales que, desde la pantalla pública, intentan hacer otra TV.

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Por Marisa Rojas


Estudiaste Medicina y Filosofía, pero te recibiste en la Universidad como Profesor de Música, ¿cómo fue ese recorrido académico?

En realidad, lo primero que yo estudié, desde muy chiquito, desde que tenía cuatro años, fue música, piano más precisamente, y eso lo seguí haciendo toda mi vida. Es cierto que cuando terminé la secundaria empecé Medicina en la UBA, hice dos años, pero mientras cursaba el primer año empecé a trabajar con (Enrique) Pinti, a la noche, en un teatro, como pianista. Ese fue mi primer trabajo y marcó mucho el camino que hice después. En mi familia había un gusto por la música pero no una tradición de músicos, por eso aquello fue atípico. Yo tenía 17 años, vivía con mi viejo y, trabajando como músico, ganaba plata. Dejé Medicina para pasar a Filosofía, en la UBA también, ahí estuve cuatro años, pero casi al mismo tiempo empecé a estudiar música en la UCA, en la Carrera de Producción y Dirección Musical porque en mi trabajo como músico empezaba a tener cada vez mayor responsabilidad. Después de Pinti trabajé con Perciavalle y con Gasalla, tenía mucho trabajo, tenía que componer y hacer arreglos, ahí tuve muy claro que debía capacitarme todavía más. Ya recibido trabajé haciendo música para compañías de danza como el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, estuve en Alemania también... mi sueño era integrar la Compañía de Pina Bausch.

¿Y cómo se dio el tránsito del mundo del café concert y el ballet a la escena infantil?

Como profesor de piano daba clases a chicos, tenía alumnos particulares y era algo que me gustaba mucho. Un día me llamaron de una productora para musicalizar en vivo una serie de juegos que iban a ser parte de un programa infantil en Canal 13, así llegué a formar parte de El agujerito sin fin, allá por el ‘91. En principio fue un trabajo como músico y me interesó mucho justamente por eso, pero de algún modo terminó siendo, además, mi entrada a la televisión, una cosa rarísima que no estaba en mis planes para nada.

El agujerito sin fin se emitió durante dos años (1991-1993) por la pantalla de Canal 13, de lunes a viernes al mediodía y en vivo. Con la conducción de Julián Weich y las participaciones de Nancy Dupláa y Esteban Prol, marcó un hito en la historia de los programas para chicos en televisión abierta. A comienzos de la década en que la figura del niño-televidente sería reemplazada por la del niño-consumidor, como consecuencia del avance del mercado sobre la pantalla, El agujerito… permitió, no obstante, saber que otra televisión para chicos, más allá de los megashows y los concursos, era posible.

¿Cuáles considerás que fueron las herramientas que hicieron exitoso al programa?

El agujerito... fue un programa fascinante para los chicos pero también para los grandes, y fue muy divertido, además, para los que lo hacíamos. La diversión que se veía en pantalla era real, más allá de estar haciendo televisión, nosotros la pasábamos muy bien haciendo el programa. Además fue una propuesta atípica en el sentido del nivel de comunicación que establecíamos con los chicos, se los trataba de igual a igual. La idea era ofrecer contenidos, no productos, no vendíamos nada. Y fue una experiencia de televisión abierta, en una pantalla importante como la de Canal 13, que dejó claro que no era necesario hacer algo aburrido para que fuera ‘cultural’ y que tampoco se necesitaba una montaña de productos de merchandising para hacer algo divertido. Creo también que nos sirvió la coyuntura, en ese año había como un aluvión de ciclos con bailes y canciones y concursos, programas que más que contenidos eran vidrieras para vender discos, figuritas. El agujerito... fue una alternativa a esa cosa masiva del Clan de Patsy y El show de Xuxa. Además, la programación fue muy diferente, mostramos cosas insólitas casi, en el programa tocaron bandas como Los Babasónicos, Los Siete Delfines, estuvo la Orquesta Filarmónica, y siempre todo con mucho humor, que fue lo que después se desarrolló todavía más en Cablín.

Cablín fue la primera señal de cable destinada a los chicos producida íntegramente en Argentina. Durante cuatro años (1994-1998), Claudio Morgado, Esteban Prol, María Eugenia Molinari y Pablo Marcovsky, fueron las caras del canal de VCC. Pionero en su género en toda Latinoamérica, permitió, como antes El agujerito…, dar forma a una televisión novedosa, absolutamente divertida y cuidada, con buenos y profundos contenidos.

“Cuando El agujerito… dejó de salir al aire, prácticamente todos los del equipo estábamos muy entusiasmados con lo que hacíamos y así fue que seguimos trabajando, produciendo, y en el ´94, con el productor Ricardo Cavanna al frente, dimos forma a Cablín. Era un espacio fantástico porque experimentábamos mucho, poníamos la cámara en diferentes posiciones, pensábamos y producíamos en formatos muy distintos a los habituales, sin la presión de la lógica del rating podíamos implementar diferentes cosas que estaban hechas para otro público y llevarlas al público infantil, siempre con contenido y mucho humor”, cuenta Morgado sobre los comienzos de la señal.

Con tu experiencia en la escena infantil, ¿cómo llevás adelante tu nuevo rol de asesor de contenidos infantiles del canal público?

Cuando Rosario Lufrano se hizo cargo de la dirección de Canal 7 yo venía de estar haciendo Changüí, y me llamaron para asesorar al canal en lo que a programación infantil se refiriera, esto fue en el mes de abril aproximadamente. Me pareció interesante la propuesta y acepté porque me permitieron convocar a un grupo de artistas y profesionales con basta experiencia en lo que a chicos, educación, arte y cultura se refiere. Lo primero que hicimos fue diseñar un estatuto-guía donde establecimos pautas sobre cómo entendemos que debe ser la televisión destinada a los niños, particularmente la televisión pública para chicos. Terminamos de armar todo más o menos en julio, porque como no sólo se trata de televisión abierta sino de televisión pública, es una tarea que implica una responsabilidad muy grande. (Ver “La otra tele”).

¿Cómo es programar para chicos desde la pantalla pública teniendo en cuenta la escasa oferta de productos locales en la televisión abierta y con el cable ofreciendo las 24 horas seis señales exclusivas para el público pequeño?

La televisión pública no puede moverse bajo la misma lógica que la televisión privada, comercial, porque sus destinatarios, aunque parezcan los mismos, son otros. La pantalla pública tiene como destinatarios a los ciudadanos de un país, ciudadanos adultos y ciudadanos niños, y esto marca una diferencia importante respecto de la televisión comercial, que se dirige a los consumidores. Conducida por la lógica del rating y el lucro, construye televidentes-consumidores aptos para consumir los productos que ella misma fabrica y vende. La tele pública no vende nada, porque a los ciudadanos no se les vende nada. Bajo esta premisa es que trabajamos para dar forma a una televisión distinta.

¿Cómo se construye una programación de calidad al tiempo que novedosa y divertida destinada a un niño-ciudadano y no a un niño-consumidor en este marco de referencia y de presiones del mercado?

La gran herramienta para hacer buenos e interesantes productos es el humor, si no hay humor es muy difícil. Nuestra ambición es acercar contenidos temáticos pero buscarles un formato divertido. Despertar la capacidad de asombro en los chicos es importante. Puede ser que no todo enganche o sea capaz de ser entendido por todos, pero si la propuesta es lo suficientemente interesante cada espectador puede disfrutar e identificarse con una parte, por aquello que atrae a cada uno en particular. Nosotros estamos convencidos de que este es el modo. En nuestras dos primeras propuestas: Benteveo (de lu. a vie. de 18 a 19 hs.) y Mandarina (de lu. a vie. de 9 a 10 hs.), tratamos de trabajar contenidos temáticos propios de las distintas edades a las que están destinados los ciclos, chicos de 7 y 8 años para arriba en el caso de Benteveo y de 5 o 6, y hasta más chicos, en el caso de Mandarina, construyendo siempre un televidente no-consumidor, y cuidando también el tiempo de exposición. En Argentina los chicos están viendo hoy un promedio de 4 horas, 50 minutos diarios de televisión, y eso es un nivel de exposición muy alto. En el canal no queremos que los chicos estén viendo 5 horas diarias de tele, por eso, sólo les ofrecemos dos horas diarias, tenemos que ser coherentes. Sí vamos a sumar, más adelante, un ciclo de cine para chicos con películas no estrenadas en el circuito comercial. Vamos a ofrecer películas canadienses, francesas, la idea es mostrar que hay otro tratamiento audiovisual, diferente al que los chicos están acostumbrados. Personalmente me parece más piola que la televisión pública muestre, y produzca, otra cosa, porque de lo otro ya hay bastante.


La otra tele

En su nuevo rol de asesor de contenidos infantiles del canal público, Claudio Morgado trabaja junto a un equipo de importantes referentes de la cultura infantil provenientes de diversas áreas: Mirta Goldberg, pedagoga, especialista en educación y guionista; Alejandro Malowicki, cineasta; Alejandra Rabuini, directora del laboratorio del juego de IPA Argentina; María Romano, directora de teatro; Susana Velleggia, socióloga, presidenta de la ONG Nueva Mirada, y Silvina Reinaudi, titiritera.

“Juntos, dimos forma a un estatuto fundacional de lo que, entendemos, deber ser la tele pública dirigida a los niños, es decir, una pantalla capaz de brindar una programación responsable, de calidad, respetuosa de los derechos, de las voces, las necesidades e inquietudes de los chicos, que entienda a estos como los ciudadanos que son, y que sea divertida claro”, resume Morgado, al tiempo que explica: “Por ejemplo, no nos interesa tanto ver que los chicos compitan, sino que se junten para hacer una actividad en común, es importante que podamos crear desde la pantalla nuevos paradigmas de relacionamiento. Consideramos que debemos trabajar alentando, fomentando lo social, la inclusión de las minorías, el reconocimiento del otro, la Tv debe ser una auténtica ventana al mundo; además nos proponemos alimentar y enriquecer el juego como expresión, necesidad y derecho, y por supuesto, debemos acompañar a los chicos en el conocimiento y el ejercicio real de sus derechos”. La responsabilidad como adultos de diseñar políticas públicas de cambio y la co-responsabilidad de los gobiernos en esta tarea, son otros de los puntos del estatuto-guía del nuevo equipo de contenidos infantiles de Canal 7.



Planeta Morgado

Claudio Morgado es profesor de música recibido en la UCA. El piano es su instrumento preferido. Tocando el piano llegó a la televisión. Debutó en El agujerito sin fin en el año ‘91 en Canal 13, y desde entonces no paró de trabajar en interesantes y divertidas propuestas para chicos. Actor, conductor, guionista y productor de TV, fue una de las caras del exitoso Cablín, participó de Pulgas en el 7, produjo Animérica, actuó en la primera película en 3D realizada en Argentina, Aventura Digimon, condujo Animax y más recientemente Changüi. Los papás lo vieron en El Acomodador y en Televisión Registrada. En radio, se lo escuchó en Radio Mitre con Sepan disculpar y hoy conduce Estamos en eso, por Radio Nacional, junto a Mirian Lewin. Fue premiado, entre otros, con seis premios Martín Fierro, un ACE, un María Guerrero y un premio Broadcasting, también fue galardonado por Fund Tv. En el 2006, recibió el premio Pregonero al Periodismo Televisivo. Actualmente, es asesor de contenidos infantiles de Canal 7.

 

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