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01-04-2005 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Cuando las vitrinas cobran vida

Para mantener despierta la memoria y homenajear a los titiriteros argentinos; también para invitar a los jóvenes artistas a acercarse al mundo de los guantes y las varillas, Mané Bernardo y Sarah Bianchi idearon, veinte años atrás, el Museo Argentino del Títere. Primero en Latinoamérica, es un lugar imperdible para dejarse llevar por los mágicos e invisibles hilos de la fantasía.

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Por Marisa Rojas



Hablar del Museo Argentino del Títere significa hablar también de dos mujeres que hicieron de su vida un eterno andar los caminos, contando con las manos y la voz, historias increíbles para grandes y chicos. Mané fue la maestra; Sarah, la conjunción perfecta para dar vida a personajes de papel, de tela, de cartulina, de soga, repletos de hilos, siempre sorprendentes. Juntas viajaron de extremo a extremo de la Argentina y también más allá de sus fronteras, mucho más allá.

“Viajamos por todas partes, de Misiones a Tierra del Fuego; recorrimos América, estuvimos en EE.UU y también en Europa. Siempre con nuestros títeres a cuesta. Viajábamos repletas de baúles. Todavía recuerdo la emoción de haber estado en Francia, donde está el único monumento en el mundo a un titiritero, al creador del gignol, el típico títere francés”, recuerda Sarah.

Fue andando caminos y presentándose en las más diversas ciudades, que las dos mujeres llegaron a tener una cantidad tan grande y tan variada de títeres que decidieron compartirlos con el público. “Intercambiando con otros titiriteros, y comprando también algunas figuras, reunimos una cantidad importante; daba pena no exhibirla, entonces decidimos crear el Museo. Hicimos para ello una Fundación pro-Museo del Títere, la Fundación Mané Bernardo–Sarah Bianchi, eso fue en el ´84, y al año siguiente comenzamos con las exposiciones”, relata Sarah. Sin embargo, el germen del Museo, la primera exposición, fue anterior.


Los primeros pasos

En 1958, unas jóvenes Mané y Sarah organizaron una exposición internacional de títeres, la primera muestra de ese carácter realizada en Buenos Aires. Mostraron los títeres que tenían y tuvieron oportunidad de solicitar a distintos titiriteros, que habían conocido en sus viajes, que les enviaran sus figuras para la exposición. “Para un titiritero es muy difícil desprenderse de un títere. Por eso la consigna era que si podían nos los dejaran, sino se los devolvíamos, y así hicimos”, cuenta Sarah.

Con la exitosa exposición de los ´50 como antecedente, en 1985 comenzaría el largo trayecto que finalmente llevaría a títeres del mundo entero a `vivir´ en el barrio de San Telmo. Durante los primeros cinco años , las dos titiriteras llevaron sus muñecos a diversos lugares del país, no contaban con un lugar físico disponible para exhibir su numerosa colección –unos quinientos ejemplares- y entonces armaban y desarmaban baúles, improvisaban colgantes y compartían su pasión titiritera con chicos y grandes de pueblos remotos e importantes ciudades. “En las primeras épocas el Museo fue itinerante. Donde nos invitaban, allá íbamos. Antes de establecernos en Buenos Aires hicimos unas cincuenta exposiciones”, recuerda Sarah. Decididas a instalarse en la Capital, Bernardo y Bianchi comenzaron a buscar la que sería la sede final del Museo; fue entonces cuando Mané enfermó y ‘se fue gira por otros caminos`. El Museo Larreta fue el marco de la última exposición que las dos mujeres llevaron a cabo juntas; desde entonces debieron pasar unos cinco años para que Sarah retomara el proyecto y junto a Santiago Doria y el arquitecto Julio Cachiatore abrieran en 1996 las puertas del Museo en su actual sede. “La decisión la tomé yo. El Museo tenía que estar en la casa donde Mané había nacido. No fue fácil, pero lo logramos. Y acá está el sueño de alguna vez”, narra Sarah.


Una realidad

A mediados de los ´90 se inauguró la sala central del Museo donde hoy se exponen en vitrinas enormes, del piso y hasta el techo, títeres de África, Europa, Asia y Oceanía, seleccionados por país y por técnica. Hay de sombra, de Indonesia y Borneo; de varilla, de África; títeres de cartulina de Italia – ‘los Robertos’-; también ‘pufis’ sicilianos, mezcla de hilos y varillas; un típico gignol francés; otros checoslovacos, también hay rusos, ingleses y españoles. Y un lugar destacado tiene una figura suiza de mediados de 1700 que representa a una mucamita de varillas.

A esta sala internacional, bautizada Sergei Obraztsov -en homenaje al titiritero ruso-, le siguió, un año y medio más tarde, la Sala de Espectáculos Federico García Lorca donde hoy se ofrecen obras de títeres para todo público y donde también se llevan a cabo exposiciones de fotografía y de nuevas piezas del mundo titiritero. Para los títeres argentinos hay una sala especial, la Moneo Sanz, inaugurada en 1999. Y las figuras americanas conviven en la sala Lola y Mireya Cueto, “de estirpe titiritera de México”, cuenta Sarah, quien respecto de los nombres de cada recinto, explica: “los nombres los habíamos pensado con Mané hace muchos años, sabíamos a quiénes queríamos recordar y homenajear cuando decidimos la estructura del Museo. Cuando pensábamos en la primer sala nos preguntábamos qué titiritero universal representaba para nosotros este siglo, y no dudábamos las dos en que ese era Obraztsov, por eso la sala internacional se llamó así. La sala argentina se llama como el creador del cine de la Universidad de la Plata, creador también del Festival de Necochea, y uno de los más antiguos titiriteros: Moneo Sanz. La sala americana la bauticé yo así por decisión mía, pero Mané hubiera estado de acuerdo”.

En total, en las tres salas de exposiciones, se pueden ver unos 400 ejemplares de títeres. “Tengo otros 300 guardados en baúles, pero no los puedo exponer porque no tengo lugar, el Museo ya me queda chico”; se lamenta Sarah.


La casa que vió nacer a Mané Bernardo no es pequeña, es antigua, muy antigua, y mantenerla implica mucho trabajo y una inversión económica muy grande. Lo mismo sucede con el cuidado, la limpieza y la restauración de los 700 títeres que integran la colección total del Museo, a la que también se suman unos 400 afiches de espectáculos de títeres del mundo. Para todo hay sólo cuatro personas: Sarah y Silvia Muselli, Secretaria de la Fundación Bernardo–Bianchi, junto al Tesorero, otro titiritero, y Julio, el sobrino de Sarah, son el equipo fundamental. Juntos desempolvan las vitrinas, las figuras y los pisos; juntos reciben a escuelas de la ciudad y alrededores, y a turistas del mundo. Además, trabajan en la organización y puesta en funcionamiento de la planta superior de la vieja casona. “Yo no quiero llevar títeres arriba porque hay escaleras y no me gusta que los chicos que vienen tengan que andar subiendo y bajando, eso puede ser peligroso, por eso el espacio acá abajo nos queda chico, claro que si algún día hay plata se comprará la casa de al lado y lo extenderemos; lo que sí estamos armando arriba es la Biblioteca del Museo”, cuenta una incansable Sarah que con sus 82 años sigue al frente de semejante tarea y con una pasión y vitalidad envidiables.

Cerca de trescientos libros sobre títeres de todas partes del mundo –hasta de la China y el Japón– componen la colección que puede ser consultada gratuitamente por todos aquellos interesados en el arte titiritero: investigadores, estudiantes, artistas. La Fundación otorga a quien quiera estudiar o leer algo relacionado con los títeres el acceso gratuito a todo el material. “Es como una beca, simbólica, claro”, cuenta Sarah, y sigue: “en realidad nos gustaría poder otorgar otro tipo de becas, pero todo cuesta mucho y nosotros trabajamos con muchos reconocimientos nominales pero económico ninguno”.


El Museo Argentino del Títere fue el sueño de dos de las titiriteras de más larga trayectoria en la Argentina. Fueron sus ganas y esfuerzos los que lo convirtieron en realidad. “Mané y yo nos limitamos a vivir de nuestras jubilaciones, todo lo que obtuviéramos por alguna actividad extra los destinábamos al Museo, y yo hago lo mismo ahora aunque ella ya no esté”, cuenta Bianchi. Único en su tipo en la Argentina, pionero en la región, es un espacio de enorme valor para la memoria y el futuro de una de las artes más nobles de todos los tiempos. Por eso, bien vale la pena darse una vuelta por el barrio de San Telmo para conocerlo.


Museo Argentino del Títere: Piedras 905. Abierto al público: Ma. a dom. 15 a 18 hs. Espectáculos: para chicos, sáb. y dom. por la tarde; para adultos, sáb. 21 hs.
Por mayor información: www.museoargdeltitere.com.ar Tels: 4304-4376 / 4343-0601 / (15) 4078-1511.

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