Cuentos para preguntar(se) - Notas y Entrevistas - Literatura infantil - Revista Planetario

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01-04-2006 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Cuentos para preguntar(se)

Guido Mizrahi publicó un libro de cuentos para niños basados en discusiones filosóficas, donde la risa convive con la soledad, la muerte es tan real como las tostadas con dulce de leche, las preguntas no siempre tienen respuesta y los finales... no están.

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Por Marisa Rojas

 


¿Cómo surge esta idea de publicar un libro de cuentos para niños como una invitación para que los chicos se acerquen a la filosofía?

El libro es un trabajo que tiene que ver con un profundo respeto por contar a los niños historias que les puedan suministrar instrumentos para ver el mundo de otra manera. En el origen de este libro están mis tres hijos, Lucía, Ivana y Lázaro, y están las historias que ellos me pedían que les contara cada noche antes de dormir. Un día decidí poner por escrito esos relatos y casi de modo natural, a medida que escribía, fui incorporando conocimientos filosóficos. Estos saberes se fueron combinando con personificaciones de elementos muy concretos de la vida cotidiana (una bolsa de basura, una goma de borrar), con historias muy sencillas, y así el libro terminó hablando de cuestiones filosóficas como el conocerse a sí mismo, la existencia del tiempo, el lugar del silencio, en fin, temáticas existenciales.

La filosofía es una ciencia que genera respeto al tiempo que misterio y miedo. Para el común de las personas es una disciplina importante pero pocos saben qué hace concretamente un filósofo. En este marco, presentar un libro de filosofía para niños suena, por lo menos, arriesgado...

Sí, es cierto que la filosofía es una disciplina compleja, pero tanto como cualquier otra, como puede ser la composición musical o la ingeniería. La filosofía es una disciplina que lleva mucho tiempo de estudio y que tiene sus complejidades y profundidades. Pero No se sabe es un libro que habilita el acceso al saber filosófico a todas las personas, más allá de la edad. De todos modos, está bien que exista ese respeto hacia la filosofía de parte del público, en tanto sea un respeto para indagar y conocer. Cuando yo comencé a estudiar filosofía en la universidad era un trabajo intenso de mucha lectura, pero más allá de la complejidad de la ciencia está el interés por descubrir cómo alguien se las ingenia para pensar ciertas cuestiones. Yo digo que la filosofía es como un paisaje donde hay pequeñas casitas, animales y diversos elementos, y uno va ingresando por distintas partes de este paisaje que no es sino lo que un filósofo te presenta como su visión del mundo, y como cada filósofo tiene una visión diferente, pues cada uno te invita a que veas las cosas de otra manera; y esto es lo interesante del estudio de la filosofía. Mirar, descubrir, preguntarse.

Las ilustraciones de los cuentos de No se sabe pertenecen a tus hijos. ¿Por qué optaste por ellos como ilustradores?

Bueno, porque era un libro para ellos, porque tuvieron la suerte de escuchar los cuentos primero, de leerlos después y de que, como el libro tardó en editarse, trabajar con tiempo y paciencia como para detenerse en aquello que más les llamara la atención de cada historia. En el trabajo final de edición no se retocaron esos dibujos, no se les hizo ninguna modificación. Algo muy curioso con estos dibujos fue que cuando presenté el libro lo hice ante muchos chicos, quienes secretamente se daban cuenta que las ilustraciones eran de niños como ellos, y entendían que podían pasarse de la raya al pintar porque sabían que al haber sido esos dibujos hechos por niños no tenían la exigencia ni la formalidad del adulto.

En la presentación del libro decís que: “cuando no se sabe, hay que decir no se sabe”, sin embargo, a los adultos en general y a los papás en particular, les cuesta decir ‘no sé’.

Casi todos los cuentos del libro terminan con una pregunta cuya respuesta es ‘no se sabe’, y esto es una manera de dejar el final en suspenso, aunque a veces escribí ‘no se sabe, pero algunos dicen que...´, y entonces aparece algún posible final. Yo creo que cuando no se sabe es preferible decir cada vez que se pueda, ‘no se sabe’. Es importante que los nuevos padres se pongan a la par de sus hijos, es decir; que tomen la pregunta del por qué de los niños como parte de un juego donde ellos tienen que involucrarse para también ellos preguntarse y aprender. La pregunta de los niños por el por qué es un juego infinito, y los padres no tenemos que desesperar en dar una respuesta, podemos dejar abierta la incertidumbre.

En los cuentos de tu libro, los protagonistas son siempre elementos cotidianos, objetos muy sencillos que sin embargo atraviesan historias simples pero también complejas. ¿Por qué este interés en personajes como un sombrero que guarda lo que ve en su copa?

Es una manera de poder presentar temáticas difíciles. Por ejemplo, está el agujero de una bañadera por donde se va el jabón, que es una forma de demostrar que nuestra vida también se va diluyendo. Creo que escribí de ese modo porque me parecían metáforas que permiten una captación inmediata y una identificación muy rápida; y consideré eso un instrumento concreto para a partir de ahí generar toda una discusión filosófica.

Otra característica común a las historias de No se sabe es que los temas abordados son duros y los finales no siempre son felices. ¿Cómo y por qué te animaste a romper con la tradición de ciertos temas tabú en la literatura infantil, como la muerte, por ejemplo?

Yo creo que los chicos se dan cuenta de todas las problemáticas y por eso una de las cosas que me parecieron importantes era presentarlas en los cuentos aunque en forma indirecta. Creo que una de las cosas por las cuales el libro interesa es que presenta escenas muy crudas, muy fuertes, pero están enmascaradas aunque no para desdibujarlas sino para que los lectores las descubran, para que lean y relean y comiencen a plantearse preguntas. De eso se trata la filosofía: de leer, de no comprender, de preguntarse.

Si tuvieras que recomendar a un niño que está interesado en la filosofía un libro o un filósofo para comenzar a leer y preguntarse, ¿a quién elegirías y por qué?

Yo no considero que haya una edad para comenzar a leer a los filósofos por lo que a quien esté interesado, niño o no, le diría que comience con Platón, con El Banquete, con los presocráticos, o con Así habló Zaratustra, de Nietzsche. En el caso de Platón y del ‘Zaratustra’, los indicaría para chicos porque son libros con personajes. Claro que también podrían leer el Discurso del método, de Descartes, aunque ya es algo más difícil porque no hay personajes sino conceptos, es más abstracto. Igualmente, lo importante es que, comiencen por donde comiencen, la lectura no sea guiada. Siempre es interesante que uno ingrese a estos libros y no los comprenda, ese es un primer paso filosófico: no saber, no entender, acceder a un libro o a un lugar donde perderse, a un laberinto complicado. La no comprensión es un momento tan importante como cualquier experiencia de un ser humano, como que a uno le salga mal un plato de comida, o que uno intente aprender a manejar y se suba al cordón. En la vida hay momentos donde las cosas no salen perfectamente bien, pero esas experiencias tienen un valor muy importante para los momentos que vienen después.


El cuento más corto

“Había una vez un cuento que quería ser el más corto de todos los cuentos y cada vez que le ponían encima una palabra nueva el cuento se la sacaba. El lápiz que escribía el cuento le preguntó al cuento:
- ¿Por qué te sacas cada palabra que te doy?
- Porque quiero ser el cuento más Corto.
- Pero entonces, ¿cuántas palabras querés que te dé para que seas el cuento más Corto?, preguntó el lápiz.
- Ninguna, contestó el cuento
Y así fue que el lápiz no le dio ninguna palabra y el cuento pudo ser el más Corto.
¿Y saben cuál es la historia del cuento que no tiene ninguna palabra?
No se sabe, pero algunos dicen que es la historia del Silencio”.

De No se sabe, Mizrahi, Guido J. Edición del autor. Bs. As, Argentina - 2004 . Por mayor información: www.caradepelon.com.ar. E-mail: contactenos@caradepelon.com.ar.



Planeta Mizrahi

Guido Mizrahi nació en Buenos Aires, en 1966; estudió en Francia, en la Universidad de París IV – Sorbonne, donde obtuvo el título de Maitre es Philosophie. Ha escrito ensayos, dos libros de poemas, un libro de cuentos para niños -No se sabe-, una obra de teatro infantil -La gran sopa- y un guión de cine -El delantal de Lili-. Fue profesor adjunto de filosofía en la UBA; actualmente, ofrece conferencias de filosofía, enseña filosofía en forma privada, y es consultor filosófico para profesionales y empresas. Mizrahi se define también como “alguien a quien le gusta caminar descalzo por la arena, comer nueces, contarle cuentos a sus tres hijos, enseñar filosofía, dar conferencias, ir al cine, ver teatro, escuchar música, hacer yoga y dormir”.

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