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01-06-2007 |

Educación - Madres y Padres

Educadores en verde

En un mundo (nuestro mundo) en el cual el tema ambiental se ha convertido en un problema, todos tenemos que tomar conciencia y partido. La Fundación Espacios Verdes busca reunir esfuerzos, bajo la bandera del respeto por la naturaleza como forma de vida. En este mundo (nuestro mundo) estos educadores ambientales no bajan los brazos.

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Por Fernanda Martell


Conservación, investigación, recreación y educación son los pilares sobre los que se construye el proyecto de la Fundación Espacios Verdes (FEV). Surgida en 1991, esta organización tiene como objetivo esencial el desarrollo del ser humano y su entorno. Al comienzo, se trataba tan sólo de un grupo de amigos formados en las más variadas disciplinas (entre ellos había docentes y médicos, abogados y arquitectos) con un sueño en común: concientizar a chicos y adultos sobre la necesidad de respetar al hombre y a la naturaleza.

Ana Di Meola, presidente de la FEV, cuenta que llegó a la temática ambiental casi por accidente. “Tenía conciencia del tema de la calidad de vida. Soy mamá de 5 hijos, entonces me planteaba qué pretendía para el futuro de mis hijos y su entorno”. Desde entonces, esta profesora de italiano y yoga lidera una Fundación que, con 15 años de trayectoria, cuenta con una reserva natural en la provincia de San Luis (la Reserva de Mogote Bayo y Tabaquillo), y con una vasta experiencia en educación ambiental.

La FEV estuvo a cargo hasta el año pasado de las visitas educativas en el Jardín Japonés de Buenos Aires, organiza todos los años Jornadas de Calidad de Vida y ahora se propone llegar a las escuelas con propuestas de educación no formal, para acercarle a los chicos una experiencia en la que se vinculan el aprendizaje y el juego, lo trascendente y lo cotidiano.

“Uno de los temas más importantes es la educación en valores”, afirma Ana. “Hay que educar para que haya respeto y no violencia. Es el ser humano el que actúa (positiva o negativamente) sobre la naturaleza, por eso es muy importante que esté bien. Si en una escuela hay agresión y violencia, no se puede pretender que esos chicos cuiden el ambiente, las plantas, todo el entorno. Un programa ambiental tiene que circular alrededor de la educación en valores, de una ética ambiental, del respeto al ser humano y al entorno. Esto es lo que intentamos transmitir”.


Consignas pequeñas, grandes objetivos

La Fundación Espacios Verdes realiza talleres en escuelas públicas y privadas. A través del Programa Educativo Ambiental Aprendiendo en Verde, docentes y capacitadores organizan talleres dinámicos y participativos para todas las edades, desde el nivel escolar inicial hasta adolescentes y adultos. Las temáticas varían de acuerdo a los niveles: mascotas, agua y lombricultura son algunos de los temas para los más chiquitos; contaminación auditiva, desarrollo sustentable y biodiversidad, algunas de las opciones para los más grandes.

A través de la experiencia que adquirió la FEV con la coordinación de las visitas en el Jardín Japonés, estos educadores fueron encontrando las herramientas para trabajar de manera conjunta y participativa en la enseñanza de los chicos y la capacitación de los docentes. En el Jardín Japonés contaban con una gran ventaja: el aprendizaje se realizaba a través del contacto directo con la naturaleza. Esta modalidad es la preferida de los educadores de la FEV ya que, como confirma Ana: “Es un aporte más vivencial, la recepción es totalmente distinta. No es lo mismo que estar encerrados entre cuatro paredes, al estar en un espacio verde los chicos lo internalizan con mucha más fuerza.”

Los chicos de hoy nacieron en un mundo preocupado por la temática ambiental. La contaminación del aire y de las aguas, la capa de ozono y el calentamiento global del planeta ya son temas cotidianos. Por eso, y porque el futuro es de y para ellos, la FEV focaliza la educación en los pequeños y también en los docentes, para que puedan transmitirles el respeto por el medio ambiente, como parte del respeto por sí mismos. “Las consignas tienen que ser claras y pequeñas. A los chicos hay que enseñarles sobre lo cotidiano, sobre lo que pueden percibir en sus casas, para que piensen qué pueden hacer ellos para cambiar su entorno. Para evitar que el chico se sienta frustrado, hay que enseñarle que desde su lugar puede cambiar las cosas. Y allí, en esas pequeñas cosas, está el verdadero cambio. Por ejemplo, las normas de convivencia que tengan que ver con la limpieza del lugar, el respeto por lo que hace el otro, la elección en el supermercado de productos sin tanto packaging, no tirar basura en cualquier lado, etc.”

En los talleres, la FEV intenta trasladar los conocimientos ambientales teóricos a la práctica cotidiana. Por ejemplo, en el taller de huerta orgánica los chicos reciclan papel de diario que encuentran en sus casas para hacer macetas en las que cultivan nuevas plantitas. O con la construcción de lombricarios, aprenden que las lombrices ayudan al proceso de transformación de la basura orgánica en humus y consiguen un importante abono natural. Y con el reciclado de papel, aprenden a convertir lo que era basura en tarjetas, cuadernos o artesanías.

La respuesta de los chicos es muy buena. Ana señala que “el niño es más virgen en todo. Los adultos tenemos hábitos adquiridos (malos hábitos) que nos cuesta erradicar. Muchas veces es más factible que un hijo le enseñe a su papá o a su mamá que no tiene que tirar la basura en cualquier lado”.


Educación ambiental para todos

También a los docentes les resulta difícil desarrollar actividades prácticas que tengan que ver con la educación ambiental, por falta de formación y porque no tienen internalizados los hábitos de cuidado y respeto por el medio ambiente. En la FEV sostienen que todavía hay un largo camino en la formación de los docentes. Por eso, organizan Jornadas de Capacitación en las que se brindan las herramientas para desarrollar la tarea de educación ambiental en las escuelas, de manera práctica e interactiva con los alumnos. Para ello, la Fundación edita la revista Aprendiendo en Verde, dirigida a docentes y alumnos de todos los niveles, con fichas de actividades y material de consulta.
Pero no sólo en las escuelas actúan los educadores en verde. Año tras año, con las Jornadas de Calidad de Vida, la FEV intenta llegar a la población en general, a las familias, a los artistas y artesanos y a otras organizaciones que trabajan la temática ambiental desde distintas perspectivas. El lugar de encuentro durante 10 años fue el Jardín Japonés, con el apoyo de la Fundación Cultural Argentino Japonesa.

En esas jornadas, los participantes comparten experiencias en un espacio conjunto, con un eje en común: la concientización ambiental. Se realizan talleres, actividades para las familias, artesanías, reciclado de papel, arte y concursos de fotografía. Desde las distintas ramas de la educación y la cultura, cada uno brinda su aporte en el tema ambiental.

Este año, las XI Jornadas de Calidad de Vida están previstas para el mes de agosto, y tendrán como eje central el tratamiento de la educación ambiental en otros países.


Apuesta al futuro

Uno de los principales motores de la Fundación Espacios Verdes se ubica en la villa de Merlo, provincia de San Luis. Allí, la FEV tiene dos reservas naturales (Mogote Bayo y Tabaquillo) unidas por los mismos objetivos: educar, preservar y disfrutar. Las tierras fueron donadas a la Fundación para su preservación y el proyecto es hacer del lugar un centro de investigación y educación ambiental con espacio para la recreación. Un sitio ejemplar, un modelo que sirva de base para otros proyectos de ese tipo.

El Proyecto Merlo es el más ambicioso de la Fundación y el que llena de satisfacción a sus integrantes. Para desarrollarlo, comprendieron que necesitaban de la ayuda de otros actores sociales, ya que requería un esfuerzo que excedía a las posibilidades de una ONG. Por eso, la FEV tiene un plan de trabajo conjunto con la Universidad Nacional de San Luis (en investigación de plantas medicinales y aromáticas) y con la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires (en el estudio de fauna autóctona).

“Todavía nos falta. Las universidades van a tomar fuerza en todo esto y van a implementar más actividades. Con los docentes se va a hacer un centro de interpretación botánico, con los estudiantes de turismo se van a formar guías, también se va a desarrollar un proyecto de microemprendimientos regionales para ayudar a la sustentabilidad de los proyectos económicos de la zona. Con la Fundación Atahualpa Yupanqui se estudiarán las raíces nativas de cada lugar, por ejemplo la de los Comechingones que habitaban la zona”, enumera Ana.

Refugio de especies en peligro, centro de estudios, impulso a la economía regional, espacio de encuentro entre el hombre y la naturaleza en estado puro, aula verde, reivindicación de las raíces culturales, modelo a seguir. Todo esto será la reserva a futuro, según las proyecciones de la FEV.

La evaluación ambiental del presente es preocupante, pero en la Fundación consideran que no se trata de un proceso irreversible. Ana pone como ejemplo a Japón, que en la posguerra había alcanzado altos grados de contaminación y que, a través de decisiones políticas y de una conciencia de cooperación comunitaria, pudo revertir el proceso. “Un tema importantísimo es el trabajo conjunto entre todos. Educar en valores significa que se establezcan lazos de solidaridad y cooperación. Las acciones no pueden ser aisladas, sino conjuntas. Necesitamos que todos se unan, los organismos gubernamentales y las ONG´s, las universidades y los vecinos. Resolver el tema ambiental es ya una necesidad, tenemos que ayudarnos entre todos.”


Por más info: Fundación Espacios Verdes. 4807-7843/4806-6787. www.fev.org.ar educación@fev.org.ar

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