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01-11-2011 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

El teatro de la calle

El grupo de teatro callejero La Runfla celebra en 2011 su cumpleaños número veinte. Fiel a su tradición, lo hace al aire libre con una particular versión de "Drácula" bajo las estrellas y reuniéndose con otros artistas en el 6º Encuentro de Teatro Callejero. Su director, Héctor Alvarellos, hace un repaso de su historia y explica por qué los chicos forman parte de su público.

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por Marisa Rojas


“Runfla es un término que viene del ‘lunfardo’, una palabra que encontramos en algunos tangos y narraciones de principios del siglo pasado. Para hablar de los inmigrantes, por ejemplo, solían escribirse o decirse cosas como ‘esa runfla que bajaba de los barcos’. En términos semánticos, runfla designa a la ‘gente de una misma especie, o parecida, que se agrupa en busca de un objetivo común’. Y eso somos nosotros, un grupo de teatristas que nos reunimos para hacer teatro en espacios abiertos, en el espacio público, ese que no es de nadie, que es de todos, un espacio que el teatro embellece porque lo envuelve de fantasía”, así explica Héctor Alvarellos, actor, director, fundador de unos de los grupos más emblemáticos del teatro callejero en Argentina, el significado del nombre, y de la razón de ser, de la compañía que integra desde 1991.

¿Qué hay, qué hubo, en los orígenes de La Runfla?

El teatro callejero aparece en la Argentina post-dictadura. En la ‘primavera democrática’ muchos empezamos a salir a la calle por una necesidad más que imperiosa de manifestar y de hacer, porque hasta ese entonces hacíamos teatro en sótanos, en lugares cerrados, y a veces ni eso. La calle durante la dictadura era intransitable. Y ‘salir’ fue una necesidad popular, una cantidad importante de grupos salieron a abordar las calles y las plazas, fue una explosión. Pero apenas comenzados los ‘90 eso mermó: apareció el individualismo, comenzó a hablarse de ‘la inseguridad’, se empezaron a enrejar las plazas, se dio inicio a una política devastadora de lo público. Muchos de los grupos callejeros se fueron a galpones, otros acudieron a salas independientes, después empezó el movimiento de teatro comunitario -el vecino haciendo teatro-, que hoy tiene una vigencia impresionante, pero en la calle quedamos muy pocos. Ahí fue donde nació La Runfla, cuando éramos cada vez menos y nos encontramos los de La Obra con los de Grupo Encuentro. Además, la llegada al país de Eugenio Barba aportó mucho, él trajo zancos y máscaras y toda su experiencia. También fue importante el aporte de otros como Meyerhold y un Encuentro de Teatro Antropológico que por entonces se hizo en Bahía Blanca. Con toda esa información y con la experiencia de los ‘80, fuimos encontrando una forma propia para hacer teatro en la calle en los ‘90. Ser actor callejero exige mucha pasión, mucho compromiso y también mucho esfuerzo. Nuestra única recompensa económica está en la conciencia de la gente porque siempre trabajamos a la gorra.

¿Cuáles son los recuerdos que conservás de esos años iniciáticos de La Runfla?

Recuerdo que el Parque Rivadavia, que fue donde nacimos, no estaba enrejado. Nosotros teníamos un carro cargado de cosas que guardábamos en un estacionamiento y fue lo primero que utilizamos para hacer Formidables Enemigos, una versión libre de El gigante amapolas, de Juan Bautista Alberdi. Largamos con toda la fuerza, hicimos varias funciones y al poco tiempo ya nos mudamos al Parque Avellaneda que ha sido nuestro hogar desde entonces. Nos instalamos en este barrio con un proyecto cultural, La Casita de la Selva, y con eso vino La Runfla también. En esos años empezamos a generar toda una movida en el Parque. Cuando llegamos, nos sirvió mucho empezar a motivar que los vecinos reconozcan al Parque como propio, junto a nuestro grupo aparecieron otros actores culturales –Caracú, La Intemperie-, y se generó toda una movida un poco inusual que afortunadamente hoy sigue existiendo. Actualmente está instalada en el Parque la escuela de teatro callejero que depende de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD); es una escuela única en su tipo en Latinoamérica, allí, durante dos años, formamos actores callejeros que terminan sus estudios haciendo un espectáculo propio.

¿Cómo es el trabajo que diseñaron a lo largo de este tiempo no sólo para presentar sus espectáculos sino también para formar actores de teatro callejero?

Bueno, en lo personal todavía me acuerdo que en la primera salida a la calle con Teatro Libertad la pregunta era “¿Qué hacemos para que la gente nos escuche en medio de este caos?”. Empezamos en Humberto Primo y Defensa, en pleno barrio de San Telmo, y la decisión que tomamos entonces fue hablar de costado, con gestos enormes, como los ‘cómicos de balneario’: más gestos que palabras, esos fueron los comienzos. Y todo eso que era prueba y error empezó a tener una especie de sistematización con el tiempo: la voz se volvió tan importante como el cuerpo y ambos formaron una unidad importantísima, en la medida en que no usamos prácticamente, salvo en algunos espectáculos y para algo muy puntual, micrófonos inalámbricos. En el teatro de calle el trabajo del cuerpo es determinante, y el trabajo con la voz también. Luego sumamos otras disciplinas que provienen del mundo del circo, como el caminar con zancos, pero que no utilizamos como en el circo sino con un uso dramático. Hay una dramaturgia callejera y a ella hacen todos los lenguajes con los que conformamos los espectáculos. Por supuesto, el actor callejero tiene que estar muy bien entrenado, cuantos más instrumentos conozca y sepa usar para comunicar, mejor.

¿Qué pasa, por ejemplo, con la temática de los espectáculos cuando, al trabajar en la calle, pueden asistir tanto espectadores adultos como niños?

No distinguimos si lo que hacemos es para chicos o para grandes, en realidad si estás haciendo algo en la calle debería ser porque eso lo puede ver cualquiera. De todos modos, y si la cuestión es ‘el tema’, hoy los chicos tienen una capacidad de decodificación que a veces es más interesante que la del adulto. A nosotros siempre nos ha interesado abordar cuestiones vinculadas con ‘el poder’. Además, la idea de La Runfla fue nunca dar nada por sentado, o no todo tan fácil, sino que todo ayude a pensar, se trate de chicos o de grandes. Y eso en un marco de libertad. En el teatro callejero, montones de veces los chiquititos se meten en la escena, se paran al lado del actor, se ponen cerca, no respetan lo que en teoría sería la cuarta pared, transitan por atrás, por delante, y empiezan a mirar por ahí otras cosas, que no son lo que uno está comunicando. Pero la pasan muy bien, hacen su propia experiencia teatral, muy distinta a la de una sala. Por supuesto que eso es algo para lo que el actor que hace teatro callejero tiene que estar preparado, al igual que para los ruidos, el grito del heladero, el ladrido de los perros, el canto de los pájaros.

Todas estas particularidades del teatro callejero, ¿significan algo en especial cuando se trata de hacer teatro para niños como en el caso de la versión de El Principito que en el Parque Avellaneda se presenta bajo el nombre de Canto a lo esencial?

No. Pero sí es cierto que en el teatro callejero, que, insisto, es un teatro de pura libertad, los chicos, que son más libres que los adultos, van y vienen de acuerdo al nivel de atención y hay que saber que eso pasa. De todos modos, el Parque forma –o debería formar- parte del propio hábitat y del propio juego de la infancia.




Celebración bajo las estrellas

En el año de su 20º aniversario, La Runfla puso en escena (pública, como siempre) una muy especial versión del clásico de Bram Stoker, Drácula. El estreno, que se llevó a cabo en la madrugada de un frío sábado del mes de marzo, convocó a más de 400 espectadores. “Fue toda una sorpresa -recuerda Alvarellos-, estrenamos a las cuatro de la mañana, ¡y la gente vino! Nos ayudaron en nuestro objetivo de desmitificar un poco esto del miedo y de la inseguridad, que si bien existe tampoco es lo que los medios dicen”. Consultado sobre el por qué de la elección del clásico vampiresco, Alvarellos responde que, como en otras ocasiones, los atrajo especialmente la idea del poder, en este caso: ¿cuál es el poder que ejerce un personaje como Drácula, tan oscuro pero al mismo tiempo tan atractivo para tantos? “Con Gabriela (Alonso, responsable de la versión) releímos la novela de Stoker y encontramos puntas dramáticas muy interesantes. Por ejemplo, sobre la infancia del Conde Vlad Dracul, y también interrogantes como qué tiene este personaje que seduce y promete la vida eterna pero a cambio de eso se lleva todo de vos. Así, llegamos a relacionarlo con lo que llamamos ‘el sistema’, el sistema en el que vivimos, que nos agota, que nos exige todo, que nos ‘chupa la sangre’, que es nuestro poder, pero que al mismo tiempo no existiría si nosotros no colaboráramos, con nuestra sangre, con él. Una vez que elegimos esta historia nos propusimos estrenarla de madrugada porque los sonidos, y los silencios, de la noche, le dan una atmósfera muy especial. Fue una inversión, en términos de producción, muy fuerte. El montaje, por ejemplo, lleva cinco horas, y no es para nada atractivo para un actor laburar todo ese tiempo antes de meterse en la ropa de su personaje, porque nosotros hacemos todo; pero los que hacemos este tipo de teatro, como ‘en el margen’, sabemos el sacrificio que implica. Y lo sostenemos porque tratamos de acercar la acción al discurso, lo que hacemos a lo que decimos, y esto se ve reflejado en nuestros trabajos, que nos cuesta muchísimo sostenerlos, en términos económicos y de lenguaje, porque significan mucho esfuerzo, pero acá estamos, desde hace veinte años”.

En Drácula, una metáfora, participan junto a La Runfla, en calidad de actores invitados, Pablo Ottero y Leandro Maidana.

Funciones: Sáb. 05/11 21 hs. Sáb. 12/11 04 am. Dom 20 y 27/11 04 am.
Parque Avellaneda. Recepción: esquina de Directorio y Lacarra. A la gorra.




Callejeros encontrados

En el marco de los festejos por sus primeros veinte años, La Runfla prepara para la segunda semana del mes de noviembre –del miércoles 9 al domingo 13- el 6to. Encuentro Nacional de Teatro Callejero de Grupos “Por la ocupación lúdica y responsable del espacio público”. Alvarellos cuenta que: “Siempre es importante encontrarse con otros para intercambiar ideas, experiencias, esfuerzos. Hicimos el 1er. Encuentro en el 2001, cuando cumplimos diez años, fueron cuatro días y nos reunimos unas 5000 personas de todo el país, y también de Italia. En el 2003, para el 2do. Encuentro, vino gente hasta de Suecia y fuimos en total unos 7000; hicimos la apertura con un desfile por la avenida Corrientes. Después de esas dos ediciones, Parque Avellaneda se transformó en un referente de teatro callejero a nivel nacional e internacional y nos contactamos con gente de Colombia donde este género tiene una historia muy importante. Desde entonces, repetimos los encuentros cada dos años porque son momentos muy importantes para los artistas, porque así se produce conocimiento y se puede crecer. Este año, que haremos el 6to. Encuentro, vamos a sumar algunos cierres de las distintas jornadas con fiesta, para que, ya que estamos de festejo, todo sea un poco más lúdico, para artistas y para la comunidad en general”.

La programación del Encuentro incluirá espectáculos para toda la familia y otros dirigidos fundamentalmente a un público adulto provenientes de Colombia, Uruguay, Francia, las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, La Rioja y diversos barrios de la Ciudad de Buenos Aires. También habrá charlas coordinadas por representantes de la AINCRIT (Asociación de Investigadores y Críticos de Teatro), proyección de videos, presentaciones de grupos musicales y muestras de producción de la actividad pedagógica que La Runfla lleva adelante.


Mié. 09/11 18:30 hs. Desfile de inauguración (desde Plaza Flores). Del jue. 10 al dom. 13/11, funciones desde 16 hs. Entrada gratuita. Parque Avellaneda. Avenida Directorio y Lacarra.

Más info: www.grupolarunfla.com.ar




Planeta La Runfla

Runfla, palabra que en lunfardo significa ‘gente de una misma especie, o parecida, en busca de un objetivo común’, da nombre, aquí, a una compañía de teatro callejero que nació en 1991. La Runfla lleva en sus raíces las trayectorias de dos grupos pioneros del teatro de calle en Argentina: La Obra y El Encuentro. Oriunda del Parque Rivadavia, ha transitado no obstante la mayor parte de sus primeros veinte años en el Parque Avellaneda. Desde el sur de la ciudad ha presentado al aire libre, para vecinos del barrio, para distraídos transeúntes, para románticos seguidores, títulos como: Un viaje al pasado (1994); Le robaron el río a Buenos Aires (1995) - trabajo conjunto con otras tres míticas compañías de teatro callejero y comunitario: Catalinas Sur, Diablomundo y Los Calandracas-; Fuentovejúnica (1996), versión de Fuenteovejuna, de Lope de Vega; P.P.P.P (Por Poder Pesa Poder), versión libre de Macbett, de Eugene Ionesco; De chacras, tambo y glorietas (2000), espectáculo con el que se cuenta la historia del Parque Avellaneda; El gran funeral (2001); ¡Ay! Bufón, nadie está exento de la fiebre, versión callejera de Rey Lear, de Shakespeare; Galileo Galilei, de Bertolt Brecht, en versión de Héctor Alvarellos con traducción de O. Bayer; Mascarada de Mayo (2010), con motivo de los festejos por el Bicentenario; y Drácula, una metáfora (2011), una muy especial versión del clásico de Bram Stoker.

Héctor Alvarellos es uno de los fundadores y miembros originarios de La Runfla. Junto a él, hoy integran el grupo: Gabriela Alonso, Estela Rocha, Victoria Egea, Fernanda Sancineto Sayus, Paola Mazzotta, Javier Giménez y Andrés Rocha.

 

 

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