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01-08-2007 |

Educación - Madres y Padres

El teatro en la educación: Cuando el saber es compartido

Desde hace treinta años, Roberto Vega trabaja en el fomento del juego teatral como herramienta educacional, lejos del tradicional modelo verticalista donde el docente enseña y el alumno aprende. La metodología del juego teatral habilita un espacio donde juego, saber y placer se funden en una misma línea, en permanente expansión.

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Por Marisa Rojas



¿Qué tipo de aportes ofrece el teatro como herramienta para la educación?

La metodología del juego teatral permite revisar de algún modo los tipos educativos a los que estamos acostumbrados. Quisiera aclarar que en el comienzo de todo este trabajo ha estado un poco la casualidad porque lo primero que yo escribí, hace algo más de treinta años atrás, fue una obra de teatro -El niño sol- donde lo que hice fue poner en escena el modo en que a mí me hubiera gustado, como alumno, que me enseñaran Historia: un tipo de enseñanza donde el docente tuviera en cuenta a su auditorio, donde el respeto por el otro fuera lo primero. Nosotros estamos habituados a vivir en una dependencia cultural y pedagógica muy grande; claro, en las relaciones de saber, en la ‘pelea' por el conocimiento, hay de base relaciones de poder muy fuertes, por eso es difícil cuestionar este modelo de enseñanza. El problema es que se habla y se escribe tanto con terminología propia del emisor que queda marginado el que lee, el que escucha. En cambio, a través del juego, de la puesta en escena, de la salida de la letra al hecho visible, y de la necesidad del trabajo en equipo que implica el teatro, se abre un espacio para el saber y el aprender desde el juego y el placer.

¿Cuáles son los objetivos, las herramientas y las etapas de trabajo de la metodología de juego teatral?

Bajo la premisa de que crecimiento, y por lo mismo conocimiento, es lo opuesto a dependencia, el juego teatral se desarrolla de la participación a la autonomía. El objetivo de esta metodología, que nada tiene que ver con la formación de ‘actores' ni tiene relación alguna con el desarrollo de actitudes artísticas, es poder lograr un espacio para la comunicación y la libre expresión entre las personas de forma tal que puedan crecer como seres humanos. La intención es buscar, y encontrar, en lo que se hace, un pensamiento auténtico. En la primera etapa, el acento está puesto en el juego. La metodología de trabajo va de la acción a la reflexión y siempre se trabaja en equipos, por ejemplo: se subdivide un grupo en seis subgrupos, se les da a todos una misma consigna, una consigna que aúne cierta enseñanza con su realidad concreta, y luego cada uno representa, pone en escena, lo que esa consigna ha disparado en ellos en término de acciones, cada equipo recibe al finalizar una devolución del resto de los grupos y del coordinador general y así sucesivamente. Todos actúan y todos reflexionan y uno a uno pero entre todos van aprendiendo.

¿Qué posibilidades abre este tipo de trabajo en materia de educación, sea esta formal o comunitaria?

Cuando pueden expresarse libremente esos saberes, esas dudas, esos sentires de cada grupo aparece el ‘yo puedo' de cada comunidad y de cada integrante de la misma que así se vuelve protagonista, deja de ser objeto -de enseñanza, de formación, de derecho, etc.- para pasar a ser sujeto porque encuentra que hay un sentido en eso que aprende, que escucha, que dice. Y entonces hay placer en el aprender. Si se logran construir lazos sólidos, relaciones de confianza entre los miembros del grupo, luego el aprendizaje sucede casi sólo. Por eso no hay ningún punto de llegada, sino que lo que se haga sea propio y auténtico. En la escuela tradicional lo que importa es la currícula, acá lo que interesa primero es la persona, interesarse en la vida misma para poder, luego, interesarse en saberes y, después, en saberes específicos. Y cuando se trata de poblaciones de riesgo, como es el caso de las villas miseria o de las cárceles, el trabajo primero en la autoestima es fundamental. Quien logra tener autoconfianza logra aprender y quiere aprender más allá de y sin miedo a las equivocaciones.

¿Y cómo es el trabajo con los formadores considerando los tipos tradicionales de enseñanza que, tal como ud. ha señalado, esta metodología del juego teatral cuestiona?

No puedo hablar de variables fijas al respecto. A grandes rasgos puedo decir que en la educación no formal, en la formación de formadores comunitarios, el trabajo de algún modo es más simple porque no hay una institución de base, y si la hay no aprieta tanto en los contenidos, como sí puede hacerlo el peso de todo el sistema escolar. Igual, siempre lo primero es la actitud personal del formador. El primer problema a resolver es la confianza, creado un vínculo confiable, más allá de preconceptos y viendo el trabajo en acción, se puede empezar a construir. Yo insisto, esto es de la acción a la reflexión, por eso hay que vivenciarlo, sin prejuicios, lejos de la teoría, porque para este tipo de metodología los conceptos se construyen desde las acciones. Aquí no hay definiciones de autores, hay acción y prácticas propias

En su último libro -Teatro y Derechos-, ud. hace hincapié en la importancia de, a través del juego teatral, llevar a acciones la letra. Habla de trabajar con los niños de modo tal que todos conozcan sus derechos, para que puedan saber cuándo estos les son cumplidos y cuándo les son vulnerados ¿Cuál es el aporte aquí del juego teatral?

De lo que se trata es de poder vivenciar situaciones cotidianas, a través de la dramatización, y así poder reflexionar al respecto de forma tal que la letra de la ley pueda ser realmente incorporada a la cotidianeidad de cada niño, niña y adolescente. Los formadores realizan talleres donde se motiva a los chicos con distintos materiales, historietas, cuentos, relatos populares, lo que se busca siempre es el anclaje con la realidad de cada grupo. Saber motivarlos para que piensen y reflexionen es fundamental. Paulo Freire decía: “La educación pasa por el educando y no por el educador”. Esto significa que la educación no tiene que ser bancaria, no es para depositar conocimientos; por eso no se trata de repetir lo que otros dicen ni de convertirse en esos modelos que nos han enseñado, sino de formar seres autónomos, capaces de aprender por sí mismos.


Vega dixit

“Las niñas, los niños y los adolescentes tienen derechos, y eso es evidente. Desde hace tiempo, los organismos internacionales y las leyes nacionales se han ocupado de ellos con la intención de protegerlos, y eso también es evidente. Sin embargo, esos derechos tantas veces declarados son vulnerados con demasiada frecuencia (…) La familia y las instituciones educativas y comunitarias deben acompañar a las niñas, a los niños y jóvenes en el conocimiento y ejercicio cotidiano de los derechos y responsabilidades que les corresponden como miembros de la sociedad (…) La enseñanza de los Derechos Humanos -y entre ellos los Derechos de los Niños y Niñas- no puede limitarse a la información acerca de su existencia en leyes, declaraciones y documentos; es necesario que el proceso de aprendizaje incluya la posibilidad de vivenciarlos, identificarlos y ejercerlos en la práctica, advertir cómo se presentan, cómo se respetan y, también, cómo se olvidan (…) Desde el teatro y la metodología del juego teatral -accionando y reflexionando sobre si son respetados o vulnerados los derechos estipulados por la convención, indagando en las causas y consecuencias-, se puede construir sentido de vida (…) Vivenciando la metodología del juego teatral, los niños y jóvenes pueden expresar y comunicar lo que sienten y piensan, dramatizando situaciones, historias donde se sientan identificados, buscando en el espacio de reflexión la posibilidad de cambio, de transformación, que da el ejercicio de valores positivos como actitud individual y social (…) Aunque los derechos se cimienten en lo más íntimo de la naturaleza humana, su construcción en las propias vidas y en las vidas de las generaciones futuras es tarea y lucha de individuos, grupos y pueblos".

Vega, R. Teatro y derechos. De niños, niñas y adolescentes, Ed. Stella. La Crujía ediciones. Bs As, marzo 2007.



Planeta Vega

Escritor, dramaturgo, director y docente de teatro, Roberto Vega ha coordinado durante 30 años talleres que vinculan teatro y educación, formal y comunitaria, en Argentina y Latinoamérica. Junto a Paulo Freire coordinó el Programa de Teatro Popular y Animación de Base del Consejo de Educación de Adultos de América Latina. Dirigió más de cuarenta puestas en escena. Integró la conducción de la Asociación de Críticos e Investigadores Teatrales y de la Asociación Argentina de Literatura para la Infancia y la Juventud, entre otras instituciones. Coordinador del área de teatro en varias jurisdicciones de la Ciudad de Buenos Aires y del conurbano, de los talleres para niños, adolescentes y adultos en el Museo Enrique Larreta, del Programa Cultural en sindicatos de la Ciudad; actualmente, coordina el área de Teatro en el programa "Participación Juvenil" del Ministerio de Seguridad y DDHH y el taller "Teatro en la Educación" en el CCE La Crujía. También da clases de teatro en el Instituto Vocacional de Arte de la Ciudad, en el Profesorado de Lenguas Vivas y en la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Avellaneda, en el Instituto Nacional del Teatro y en la Asociación Argentina de Actores. Además, colabora en la implementación del teatro en la educación en la totalidad de los distritos educativos del país y es Capacitador de Gestión Cultural para el Programa de Cultura del Consejo Federal de Inversiones. Autor de varios textos destinados a la formación de formadores, entre sus títulos se cuentan: El teatro en la educación (Ed. Plus Ultra), El teatro en la comunidad (Ed. Paulinas), Escuela, teatro y construcción del conocimiento (Ed. Santillana), Pequeño explorador (Ed. Ameghino), El juego teatral. Aporte a la transformación educativa (Ed. GEEMA), Compromiso, disfrute y aprendizaje (Ed. Comunicarte), Teatro y Derechos (Ed. La Crujía). Ha obtenido, entre otros, los premios Moliere y Konex, y en el 2006 fue distinguido por la UBA por su vasta trayectoria con el premio Teatro del Mundo.

 

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