01-08-2006 | Teatro
Buenos Aires es una ciudad teatrera, con una importante cantidad de salas y con un público de adultos… y de chicos. Pero, ¿cómo es ese pequeño público? ¿Cuánto saben los artistas de los niños en la platea? ¿Y cómo es la escena infantil? ¿Qué hay y qué falta sobre las tablas? Pasen y vean, la función ya comenzó.
Por Marisa Rojas
El teatro para niños está siempre presente en la cartelera local, pero es durante las vacaciones de invierno que doncellas, magos, piratas, princesas y guerreros se adueñan de la escena. Este año, un centenar de elencos vistieron sus mejores galas en vacaciones. Con espectáculos para bebés 'desde los 8 meses', y para chicos de 'hasta 99 años', actores, bailarines, titiriteros, clowns, payasos y acróbatas hicieron teatro, teatro-danza y teatro negro, teatro de títeres, circo y comedias musicales. No faltaron los megashows, los personajes de la tele ni los clásicos de siempre. Y hasta se organizaron al menos dos festivales que incluyeron teatro, títeres y cuentos.
Ante tanta oferta decidimos hurgar en las salas para saber cuál es el contenido que habita los escenarios infantiles, cómo y con qué elementos el teatro habla a los niños, qué sucede en la platea y cómo es el vínculo entre los artistas, adultos, y los chicos, espectadores.
Las herramientas
En los espectáculos 'teatrales' destinados al público infantil, resalta la presencia de colores brillantes en vestuarios y escenografías, canciones, bailes, muñecos y humor ¿Son esos los elementos que hacen al teatro para chicos? ¿Se trata de herramientas indispensables?
Para Nora Lía Sormani (crítica, investigadora, especializada en cultura infantil y juvenil): "Las herramientas del teatro son muchas, la principal es la presencia del actor, en vivo, en el escenario. Entre los procedimientos más específicos del teatro para niños están el color, los juegos de palabras y la música, pero sin un buen relato, sin una buena dramaturgia, no hay buenos espectáculos".
Para Alejandro Mazzei (actor, miembro fundador de El Globo, el grupo que trabaja desde hace casi una década adaptando clásicos para niños): "Lo importante es nunca encarar el trabajo de un modo diferencial, en lo que a seriedad y compromiso se refiere, por tratarse de un público infantil. La consigna de partida, en nuestro caso, es muy precisa: no diluir, ni 'infantilizar' las historias, buscar en lo poderoso de cada cuento y contarlo del modo más honesto aprovechando las herramientas del teatro, como la poesía, las metáforas, y lo que la experiencia nos ha enseñado que les gusta a los chicos".
La Compañía Omar Álvarez Títeres, junto a Rafael Curci, por su parte, han llevado a escena obras de una gran belleza estética, con abundantes relatos en off. ¿Es posible entonces 'otro' teatro para chicos? "Para mí hay teatro o no hay teatro", dice Claudio Álvarez (actor-titiritero), y agrega: "La concepción desde la que trabajamos nosotros es que no hay 'un' teatro para niños, hay sí una estética 'infantil'. Lo importante es cuidar cómo se trabaja con los chicos, no qué se dice sino cómo se dice lo que se dice ".
¡Qué público!
Para Ruth Mehl (periodista, critica de La Nación): "La oferta de espectáculos para chicos es muy amplia, pero en la mayoría de los casos el problema es que hay una distancia entre la imagen que los elencos tienen del público, lo que creen que deben darle a esos chicos en la platea, y lo que estos reciben finalmente. Hay espectáculos donde los niños se desconectan de lo que sucede en el escenario y empiezan a hablar entre sí, y eso pasa porque lo que hay en escena resulta aburrido o inentendible. El niño, para prestar atención, necesita estar interesado, y esa no es una tarea sencilla. Tiene que haber contenido, personajes poderosos y actores convencidos de lo que hacen. También debe considerarse que el público de los espectáculos infantiles es un complejo compuesto de niños y adultos, ya sean padres o docentes". Por su parte, algunos elencos observan con preocupación la falta de atención de los pequeños, las conversaciones en voz alta y el escaso poder de concentración; dicen, también, que los padres no hacen nada al respecto. Pero, ¿se trata de un 'problema' de los espectadores o es una 'falla' de las propuestas?
¿Tiempo de cambios?
Las nuevas generaciones están expuestas a una importante y diversa cantidad de estímulos que además varían todo el tiempo: la televisión, el cine de animación, los juegos en 3D, Internet. ¿No deberían dramaturgos, directores y actores considerar esto al momento de crear y llevar a escena sus propuestas?
Para Sormani: "Los niños espectadores de hoy están muy bulliciosos, pero esto es un problema más general. La tele y el Internet tienen mucho que ver, pero también las formas de vida. No obstante, hay características de un 'niño eterno' que son las que hacen que los chicos sean iguales en todos los tiempos: la capacidad de sorprenderse, el exceso de imaginación, y sobre esto debe trabajar el teatro. El teatro tiene que lograr que el chico entre en su mundo ficcional propuesto y en las convenciones teatrales, tiene que tener la capacidad de capturar el interés del espectador con sus propias herramientas, no creo que tenga que mimetizarse con la tele".
Mazzei entiende que: "El teatro para niños no está exento de la crisis que vive el teatro a nivel global. La multiplicidad de estímulos no es una cuestión a considerar sólo en relación a los chicos, por eso es ingenuo pensar que el problema es 'la falta de educación para ver teatro' y que los padres deben hacer algo al respecto. El desafío reside en pensar un teatro que sea afín a la época y no mantenerse en fórmulas preestablecidas para luego quejarse de la falta de atención del público".
Por su parte, Patricia Lanatta (periodista, crítica, investigadora teatral) sostiene que: "Los modos de ser del teatro para niños necesariamente deben dialogar con el espectador contemporáneo, y lo hacen. Hay una apuesta de los creadores por producir una teatralidad acorde a un receptor inteligente que, en la mayoría de los casos, incluye lenguajes y códigos cotidianos al nuevo público. La diferencia ancla en que el niño está mayormente acostumbrado a espectar en soledad y en el teatro debe de hacerlo 'conviviendo' con los artistas y otros espectadores. En la medida en que asiste al teatro, el niño va incorporando sus convenciones, comprende que sin ellos (público) no hay teatro, que hay un acto de ficción en el que entran y salen como en un juego, que el actor expresa un mundo poético y que la presencia y fantasía del espectador hacen el resto. Pero es un proceso que lleva algunas funciones".
Padres en escena
Si a ser espectador se 'aprende', si de lo que se trata es de sumar experiencias, y de entender poco a poco cómo funciona ese mundo de máscaras e hilos, seguramente los pequeños espectadores han de necesitar ayuda.
Para Sormani: "Los padres cumplen un rol fundamental porque son los que, en principio, tienen el poder de proponer y concretar una salida al teatro, los que pueden colaborar para que sus hijos disfruten de las obras, y no sólo durante el espectáculo sino también con el ejemplo en la vida diaria. Un padre que manifiesta curiosidad por lo que se estrena y que dialoga en su casa sobre lo que ve con sus hijos es alguien que entusiasma, que invita".
Para Lanatta: "En el orden de los comportamientos es más preocupante el del adulto que el del niño. Tal vez por falta de tiempos compartidos, en los últimos años, a la hora de divertirse, los padres también se toman el recreo de suspender límites. Entonces, si el chico arroja un papel, grita excesivamente o se aburre durante el espectáculo, no intervienen".
Por su parte, Hugo Álvarez (actor, director, responsable de la sala Corrientes Azul) sostiene que los papás deberían ejercer una función de contralor respecto, también, de lo que se ofrece a los niños: "Los chicos son para muchos un importante mercado que da muy buenas ganancias, hay salas donde lo que importa es el movimiento de boletería y más nada. Ahora: ¿quién es el que pone coto a esto? Tendría que ser el público, un público adulto, culto, que asista a los espectáculos y ejerza la crítica, que respete y haga respetar los derechos del niño. Es lamentable, pero muchos papás dejan a sus hijos en la sala y mientras más cansado y con más ganas de dormir el niño regrese a su casa, mejor. Y eso explica por qué aún hoy asistimos a cierto tipo de propuestas 'teatrales'".
Una situación similar es la que observa Claudio Álvarez: "Los papás deben acompañar la formación de los niños como espectadores, tienen en ello tanta responsabilidad como los artistas. Los chicos son en general muy buenos espectadores pero vienen conociendo cada vez menos las 'condiciones' para ver un espectáculo teatral. En los últimos años asistimos a una concepción de que el teatro para niños es puro show; es el concepto de 'la tele en el teatro', que estuvo siempre presente pero que hoy está exacerbado. La tarea de los adultos es proponer alternativas para que los chicos descubran otros mundos".
Alguien dijo alguna vez que la vida es 'el gran teatro del mundo'. En el día a día, lo cierto es que la función nunca se interrumpe y que de tanto en tanto el telón baja para simplemente volver a subir y devolvernos a escena para representar un nuevo cuadro. Y así nos vamos alejando, adultos, de esos primeros años de niño que luego miramos asombrados, repletos de preguntas y certezas ficcionadas. Para Ruth Mehl: "Los artistas, adultos, no deben olvidar que la niñez es un país extraño que los grandes hemos abandonado, en el que somos extranjeros y al que sólo podemos ingresar de vez en cuando con un pasaporte muy especial con el que debemos ser muy responsables".
De ESTO no se habla
Entre las luces de colores, los trajes importantes, el maquillaje intenso y la música a todo volumen, una de las grietas que asoma en el escenario del teatro para chicos es el de 'esos otros temas'.
Para Sormani: "Los temas fuertes son considerados 'peligrosos' por quienes desconocen cómo opera el arte en los niños y creen que eso puede lastimarlos. Pero ya lo dijo Bettelheim en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, los temas conflictivos (el miedo al abandono, a la muerte, a la enfermedad, a la pérdida de un ser querido) forman parte de la estructura psíquica del chico y el hecho de que sean tratados a través del arte les proporciona alivio, los acompaña, los hace reflexionar, les da fuerzas para enfrentar la realidad".
Con Historia de un pequeño hombrecito, Hugo Álvarez logró instalar en la oferta cultural local uno de esos 'temas tabú': la soledad. "Los adultos tenemos muchos prejuicios acerca de qué hablar con los chicos, y los actores no escapan a ello. Cuando propuse al elenco hacer ‘El hombrecito’, muchos consideraban que no era una obra apropiada para el público infantil, base de esto es aquel concepto de que a los niños hay que llevarles diversión, placer, todas cosas edulcoradas. El teatro es en general un teatro de distracción, de diversión, pero también puede ser una herramienta de formación e invitar a la reflexión".
Sobre el tema, Mehl aclara que: "Las situaciones conflictivas pueden tratarse en el teatro para niños pero debe decirse al respecto algo positivo, mostrar alguna salida al dolor o al problema. La propuesta no debe ser desoladora. No se trata de un 'sana, sana, colita de rana, acá no ha pasado nada', pero sí de que el niño pueda visualizar alguna salida".
© Copyright 2012 Planetario Producciones SRL | Todos los derechos reservados
Comentarios
0 | COMENTAR