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24-07-2017 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Grandes pasiones en escena

Hacedor de obras inspiradas en los clásicos para público de todas las edades, Emiliano Dionisi dirige "Cyrano de más acá", en el Teatro Nacional Cervantes. Una obra que tiene mucho de comedia, de tragedia, de amor y de muerte. Para compartir risas y lágrimas: ¡qué mas pedirle al teatro!

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por Gabriela Baby

 

 

La historia de Cyrano de Bergerac es conocida. Tipo de nariz prominente y poeta sutil, héroe y antihéroe a la vez, feo y también hermoso, su vida (1619-1665) ha sido objeto de una obra de teatro clásica (de Edmond Rostand, estrenada en 1897), de varias puestas en escena a través del tiempo, una película memorable (con Gérard Depardieu) y muchas lágrimas.

El mismo Cyrano, pero remixado para público local y de todas las edades, llegó hace unos meses al Teatro Cervantes y sigue durante todas las vacaciones (y un poco más también). Cyrano de más acá, la propuesta escrita y dirigida por Emiliano Dionisi, cruza el clásico de Rostand con un tono humorístico local, que sin embargo se permite una mirada reflexiva sobre los temas que plantea la obra.

En el escenario de la Sala María Guerrero, con una escenografía que enmarca las acciones de los personajes y tiñe la obra de un tono lúdico e íntimo, la trama recorre las pasiones de la guerra, la poesía, el amor no correspondido, algunos enredos divertidos y el tema de la vejez y el final de la vida. Cuatro actores, algunas canciones, músicos en vivo, mucha entrega en escena. Y un director apasionado, que entre ensayos y pasadas de Un puente azul (de Fernando Albinarrate) –que estrenará en septiembre, en el Teatro 25 de Mayo- hace un alto para conversar con Revista Planetario de su Cyrano. Y del teatro, y de la vida.


Hace tiempo estás trabajando obras a partir de los clásicos para todo público. ¿Qué nuevo desafío te planteó Cyrano?

Me fascinan. Los clásicos son materiales tan nobles, tan porosos para redescubrirlos, para jugar. Intento siempre detectar cómo hacer para que estas historias vibren en la actualidad y sobre todo me gusta porque están construidas a partir de infinitas capas de intepretación, lo que nos permite llegar a un público más amplio. Creo que el teatro familiar es eso: compartir una experiencia y no solamente entretener al adulto mientras el chico pasa el rato, sino que todos disfruten con lo mismo, cada uno con su propia lectura (al igual que en una platea de público adulto). En ese sentido, Cyrano fue el desafío ideal porque tiene de todo: el enredo de identidades y la guerra, que llega para cambiarlo todo. Quizá lo más complejo fue cómo integrar la violencia, que sea parte de la vida de estos personajes y al mismo tiempo embellecerla. Y también abordar la vejez, tema rara vez tratado en teatro familiar. Los protagonistas, con los cuales inevitablemente nos identificamos, envejecen frente a nuestros ojos. Creo que es responsabilidad del teatro poner a los espectadores en esos lindos bretes y hacerlo accesible, poético y, sobre todo, entretenido.  

¿Quién es Cyrano, el que vemos en la obra? ¿qué características del personaje quisiste destacar?

Cyrano es un héroe bastante defectuoso y difícil de encasillar. Es un soldado valiente, fuerte y con unas convicciones de oro. Eso que todos quisiéramos ser. Y al mismo tiempo, es terriblemente inseguro, prepotente y sobrador, aspectos que ya no tendríamos como “ejemplares”. Y eso me fascina: cómo en un mismo cuerpo se puede ser tan generoso y sensible, como cobarde y arrogante. Ese desequilibrio entre sus cualidades lo hace tan desconcertante que enamora. En él convive todo: el amor desmesurado, el miedo, las inseguridades, la lealtad, la poesía, la amistad. ¿Cómo no quererlo?

La obra nos pone frente a una pregunta controversial –en estos días de ensalzamiento de la imagen-: ¿amamos a alguien por su aspecto, por su belleza, o por su capacidad intelectual, su inteligencia, su lenguaje? ¡Gran tema para el público pequeño! 

Me encanta que se puedan tocar esos temas: el maestro Midón nos marcó a fuego; no tenemos que contar las historias que los chicos esperan ver, si no las que necesitan ver. En épocas de redes e inmediatez, vemos una historia de amor atravesada por cartas de puño y letra, confiando en que los chicos pueden traducir ese velo y compararlo tranquilamente con su propia vida. Hay que confiar más en ellos y escapar de la tentación de “modernizar” las historias, que sería como pensar que se debe modernizar el amor, los prejuicios o las inseguridades.

Y además, ¡qué tristeza! Amor imposible que no tiene final feliz (o más o menos…)

Es muy emotiva, sí. Me vuelvo loco cuando veo a espectadores de todas las edades con los ojos húmedos en el final ( y me río con los adultos que quieren disimularlo casi como avergonzados). Intenté mantener esa sensación que tuve cuando leí la obra de Rostand por primera vez. No creo que la obra no tenga final feliz, tiene un final un tanto injusto si se quiere, pero considero que más vale tarde que nunca, y eso se percibe.


UNA MEZCLA
La puesta tiene algo de circo criollo y algo de comedia del arte ¿Cómo trabajaste estos dos registros?

El tono estuvo pensado desde la dramaturgia: acercar a este Cyrano sin modernizarlo, hacer que las palabras suenen familiares, accesibles, pero sin simplificar o edulcorar. El pirmer paso fue pensar que los actores iban a ser argentinos. ¿Cómo son actores argentinos haciendo un clásico francés? ¿Cómo resuenan esas palabras? ¿Cómo es esa poesía que a Cyrano le brota de los labios? La unión indivisible entre texto e intérpretes fue la que guió el proceso. Y en cuanto a la contención de la puesta en escena, también fue una búsqueda por familiarizar el mundo: no es precisamente acá y ahora, pero seguro cerca y no hace tanto. Ahí aparecieron referencias al drama criollo (drama de pista) y a la comedia del arte en los estereotipos y funcionamiento de los mecanismos del humor. Una especie de ensalada exótica, pero hecha en casa. Y el trabajo con los actores fue simplemente hermoso, lúdico, disfrutable; con dos de ellos (Horacio San Yar y Julia Garriz) ya había trabajado anteriormente, nos conocemos mucho y eso es impagable, y con los otros dos (Roberto Peloni y Talo Silveyra) era la primera vez que un proyecto nos unía, y de corazón, espero no sea la última: son actores creativos, honestos, generosos y llenos de talento. En menos de dos semanas de ensayo ya estábamos haciendo pasadas, el resto fue profundizar, ajustar, incluso complejizar y nunca se perdió el disfrute, una gran experiencia que creo se transmite en el resultado final.

Hay un actor, Horacio San Yar, que interpreta varios personajes y claramente es el escape humorístico: ¿Algo del clown para dar con este tono?

Esos personajes –que son cinco en total- los escribí pensando en Horacio, porque es un actor lleno de recursos y simpatía. Me gusta pensar que todos los roles en la obra tienen algo de incorrecto, pero éste, sin duda, es el que lo tiene más marcado. El lenguaje del clown lo ayuda a transformarse para cada caracterización, a sabiendas de que claramente es un mismo actor, y eso pone en evidencia la convención, haciendo el juego más explícito. El humor es nuestra pata fundamental, que nos permite tocar temas tan delicados como las decepciones, los prejuicios e incluso la muerte.

¿Cómo fue el trabajo con las canciones, con la orquesta?

¡Trabajar con los músicos es un lujo! Es el segundo trabajo que hago con Martin Rodriguez (compositor y director musical) y tenemos una dinámica de mucho entendimiento y respeto. Hay sólo dos canciones en la obra pero todo está metido “en música”, como si una gran partitura se respirara en un tempo entre el texto, los actores y la música. Además, la banda (Matías Menarguez, Gianluca Bonfati Mele y Juan Pablo Schapira) es increíble porque todo el tiempo estan ahí, a la vista del espectador y se comprometen absolutamente con lo que está pasando en el escenario.  Y es genial el trabajo de todo el equipo creativo: Sebastian Ezcurra, como asesor artístico, Marisol Castañeda en el diseño de vestuario, bello, funcional, creativo. Gonzalo Cordova en las luces, y Gonzalo Cordoba Estevez: su trabajo sobre la escenografía es exquisito. Soy muy afortunado de poder trabajar con estos grandes artistas en un ambiente de confianza, respeto y alegría.  

Y una última: ¿Qué tiene el teatro –como género, pero también como lugar de encuentro- para decirle a los chicos de hoy?

El teatro tiene ese respirar vivo que lo hace único e irrepetible y es nuestra responsabilidad hacerlo de verdad una experiencia diferente a las demás. Juntarnos todos a la misma hora, en el mismo lugar, a contarnos una historia y reírnos y emocionarnos juntos es un ritual, que nos toca casi de manera inconsciente y que trasciende a la ficción misma, lo vuelve independiente de la obra, de los actores, del tiempo y del espacio. Y eso es lo que nos está haciendo falta en un momento de tanto “intercambio a distancia”: lugares de encuentro, lugares para ir a escuchar, a escucharnos.  


Cyrano de más acá. Escrita y dirigida por Emiliano Dionisi. Info y horario de las funciones, aquí




PLANETA DIONISI 
Emiliano Dionisi es actor, director y dramaturgo. Egresó de la carrera de Dramaturgia por la Universidad de Buenos Aires y también de la Diplomatura en Artes del Circo de la UNSAM. Estudió actuación, danza, canto y acrobacia con diversos profesores, como Hugo Midón, Cristina Moreira y Claudio Savignone. Trabajó de manera alternada en teatro oficial, comercial e independiente. Actuó bajo la dirección de Javier Daulte, Hugo Midón, Guillermo Cacace, Manuel Iedvabni, Mariano Moro y Rubén Szuchmacher, entre otros. Desde 2009 integra la Compañía Criolla (www.ciacriolla.com) con la que lleva en su haber varios espectáculos como Los Monstruos (que el año pasado obtuvo el Premio Hugo de Oro), Ojos que no ven, Perderte otra vez, Patas cortas, El Apego, Cyrano de más acá, La comedia de los (H)errores y Romeo y Julieta de bolsillo, estos tres últimos dirigidos a público de todas las edades.

Como actor y director, Emiliano ganó numerosos premios, entre ellos, el Premio ACE (Asociación de Cronistas del Espectáculo) por Los Monstruos (2016), el Estrella de Mar por Perderte otra vez (2012) y el María Guerrero en 2009, entre otros.

Con la Compañía Criolla, lleva adelante el programa Teatro Itinerante que realiza funciones de sus espectáculos en escuelas, cárceles, barrios, centro de atención para personas con capacidades especiales y hogares de ancianos.

 

 

 

Tags: Emiliano Dionisi, Compañía Criolla, vacaciones de invierno, teatro para toda la familia, Teatro Nacional Cervantes, Cyrano de Bergerac, Roberto Peloni

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