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13-09-2011 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Historia de una gran amistad

Basada en el cuento homónimo de la autora sueca Barbro Lindgren, “Historia de un pequeño hombrecito” es un clásico del mejor teatro del mundo para niños. Desde que se montó por primera vez en Argentina en 1999, en versión y con dirección de Hugo Álvarez, no dejó de sorprender y emocionar. Si todavía no la viste, o si querés volver a verla, ahora tenés una (nueva) oportunidad en la sala Corrientes Azul. Así lo cuenta, en esta nota, su director.

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por Marisa Rojas


Historia de un pequeño hombrecito es el nombre de un cuento que en 1980 publicó la escritora sueca Barbro Lindgren y al que dieron forma teatral Thomas von Brömssen y Lars-Erik Brossner. Estrenada en su país de origen por el Riksteatern de Estocolmo, se presentó en Argentina a fines de los años ’90 en versión libre y con la dirección de Hugo Álvarez. Desde entonces, y cada vez que fue repuesta, en distintas salas, con diferentes elencos y siempre con éxito, no dejó de ganarse el mote de ‘diferente’.

Esta es la cuarta puesta de la obra. La primera fue en 1999 en el Teatro IFT con los protagónicos de Claudio Martínez Bel y José Cobrana. Obtuvo varios premios en el Festival de Necochea, entre ellos el Clown de Oro al Mejor Espectáculo Infantil, y el Premio Clarín al Mejor Espectáculo Infantil. Este año, con la reapertura de la sala Corrientes Azul, Álvarez decidió volver a poner la obra en cartel: “pensé ¡tengo que hacer ‘el hombrecito’! Y acá estamos, cuarta puesta, cuarto elenco, un placer siempre realmente”.

Curiosamente, la historia que cuenta la Historia… es la de un hombre que vive solo y marginado, por ‘distinto’. Un hombre que con inmensa ternura intenta infructuosamente, una y otra vez, ser aceptado. Pero Historia… es, también, el relato de una amistad tan profunda como inesperada: la amistad entre un noble hombrecito y un perro callejero.

Esta obra ha quedado instalada en el mundo del ‘teatro para niños’ como una propuesta muy particular, distinta y, acaso como el protagonista de la historia, por eso mismo ha sido cuestionada. ¿Qué te ha sucedido al respecto, como director, desde el ‘99 a la fecha?

Recuerdo que la primera vez, el actor protagónico no entendía eso de subir una escalera, sentarse arriba y llorar, me preguntaba cómo era posible hacer eso en un ‘infantil’. Y yo, desde entonces, siempre le digo lo mismo a los actores: los chicos son inteligentes, tratémoslos como tales, porque incluso son mucho más inteligentes que los adultos. Pero, claro, hay que luchar contra las convenciones, las de los propios artistas y las de la sociedad toda. Todavía tenemos demasiados prejuicios encima, de todo tipo, artísticos y otros. La intolerancia sigue existiendo. Cuesta aceptar al diferente. Por eso toma vigencia un relato como este que habla del distinto, del marginado, de aquel que aunque lo intenta no logra ser aceptado porque no es ‘como se espera’. Este tipo de historias sirven para reflexionar, para echar luz sobre las cosas.

¿Cómo elegiste a este cuarto ‘hombrecito’? Porque Gustavo Böhm, el actor que le da vida –de manera espléndida, muy conmovedora-, es un actor muy asociado al Teatro San Martín, a la interpretación de papeles clásicos, importantes, y muy arriesgados también.

Gustavo es un actor fantástico. Es un hombre del San Martín, ha trabajado con directores tan prestigiosos como Jorge Lavelli. Cuando se me ocurrió su nombre directamente lo llamé, y fue una alegría que aceptara. Trabajamos algo más de cuatro meses, cuatro días por semana, jornada completa.

¿En qué ha cambiado la historia de ese hombrecito en Argentina desde la primera puesta, en el año ’99, a esta última, 11 años después?

La obra cambia porque cambian los actores, eso primero. En una puesta un actor descubre un juego que hasta entonces no existía, y al revés también. En este caso, también cambió el escenario: antes era bifrontal, ahora trabajamos de frente al público, cuestiones que plantea el mismo espacio. Lo que no hemos podido hacer, por problemas económicos, fue trabajar incorporando video a la puesta. Tengo como idea representar el sueño del hombrecito pero, bueno, eso tal vez será para la próxima.


¿Qué implica invitar a reflexionar desde una obra de teatro pensada para niños?

Es necesario. Pero es difícil. Más difícil que en el teatro para adultos porque, por ejemplo, no es sencillo encontrar buenos actores haciendo teatro para chicos. Los grandes nombres del teatro no están asociados al teatro infantil. Es muy difícil que actores importantes hagan teatro para niños y con jerarquía. Además, no todo el teatro para niños es esto, hay mucho teatro de globos, de payasadas, mucha cosa pasatista. Nosotros trabajamos para acercar a una nueva generación, y lo hacemos priorizando las ideas y los sentimientos, rechazando la frivolidad. Hacemos un teatro serio que valoriza la inteligencia del niño espectador.



Historia de un pequeño hombrecito. Versión libre de Hugo Álvarez del cuento homónimo de Barbro Lindgren. Con: Gustavo Böhm, Maxi Tedone, Lola Sierra y Julieta Correa.
Sala Corrientes Azul. Av. Corrientes 5965. 4854-1048.

 

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