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01-06-2007 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Jugando en la oscuridad

El Teatro Negro de Praga visitó Buenos Aires para deslumbrar a grandes y chicos con su magia y fantasía… una vez más. Para explicarnos algo sobre esta técnica maravillosa y contarnos un poco de la historia de la compañía, su director ejecutivo, Pavel Hortek conversó con Planetario.

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Por Marisa Rojas


“Hemos visitado Argentina desde los años '80, dejamos de venir en los '90 y ahora, desde que comenzó el nuevo siglo, es la tercera vez que llegamos hasta aquí”, cuenta Pavel Hortek, director ejecutivo del Teatro Negro de Praga, quien agrega: “Nosotros tenemos con Argentina una relación muy especial. Acá, hace más de veinte años encontramos al mejor público del mundo, un público muy receptivo, de muy buen nivel cultural, que siempre nos ha estado esperando y donde hemos encontrado, sobretodo, lo que buscamos permanentemente, un público con el cual pudiéramos desarrollar todo el juego de la imaginación que implica el teatro negro. Cada uno de nosotros tiene un nivel de imaginación diferente naturalmente, y en Argentina encontramos adultos con la capacidad de imaginación de un niño, y no quiero decir que esto sea algo malo, por el contrario, es algo muy extraordinario, que alguien sea capaz de conservar esa posibilidad de fantasía de la niñez es muy rico. En Europa eso no sucede, el público europeo es menos receptivo que el de Latinoamérica, es menos colaborador, y para nosotros es muy importante poder despertar al espectador, poder hacerlo entrar a nuestro mundo de juego. Por eso de algún modo homenajeamos a Argentina en nuestro nuevo espectáculo” (ver Una historia universal).

El teatro negro es una antigua técnica escénica oriental que desde Praga conquistó los escenarios de Occidente, ¿cómo explica usted que aún hoy, en tiempos vertiginosos y donde la alta tecnología llega también a los escenarios, siga sorprendiendo y emocionando con toda su simpleza?

Hay dos cosas diferentes. Una cosa es la parte técnica, la tecnología del teatro negro, cómo se resuelve técnicamente el misterio de este tipo de teatro, esto no es complejo. Trabajamos sobre una base casi totalmente negra de patas, bambalinas, telones, fondos y hasta alfombra negra con actores vestidos íntegramente con trajes de terciopelo negro que hasta llevan capuchas negras. Ellos, apoyados en un manejo muy específico de las luces, de la luz negra y de las pinturas fluorescentes de los objetos, aparecen invisibles para el público y así tienen la posibilidad de mover los objetos de modo que parezca que estos se mueven solos, casi como si tuvieran características humanas. Hasta ahí lo que hay es una situación técnica que permite dar vida a una especie de diálogo mudo, invisible, entre actores y objetos. Claro que cuando uno cuenta esto así, tan abiertamente, la gente se queda un poco desconcertada como diciendo “Bueno, ¿eso es todo? ¿Sólo un truco?”. Pero el teatro negro no es nada más que un truco técnico. Sin imaginación, sin magia, no hay vida en la propuesta. Con el truco de los objetos moviéndose por sí solos puedes asombrar a la gente por diez minutos, pero contar una historia, trabajar sobre un argumento y hacer que tu público viva esa historia es algo que nada tiene que ver con lo técnico.

¿Cuál es la importancia de la música y de la danza para este tipo de teatro?

Son dos herramientas muy importantes. La música es totalmente fundamental porque como falta la palabra, como no hay diálogo tal como estamos acostumbrados en el teatro en general, la música es el hilo que prácticamente lleva todo el espectáculo, todos los movimientos se hacen al ritmo de la música. Por eso, para cada espectáculo se compone una música original y exclusiva. La música tiene una duración muy justa, cada ritmo es muy preciso porque está relacionado con la realidad que se transmite arriba del escenario. La música es en el teatro negro como el guión, el libro de cualquier obra. Y la danza también es importante porque la expresividad corporal, aún cuando no se vea, es fundamental para la vivencia del público sobre eso que sucede en el escenario.

¿De dónde surgen las historias que cuenta la compañía? ¿Deben tener alguna característica especial para ser contadas con la técnica del teatro negro?

Elegir qué historia vamos a contar cada vez nunca es fácil. Durante años trabajamos con un mismo creador y autor desde donde partían todas las historias, cuando él se fue de la compañía, en el año ´93, fue muy difícil encontrar una buena historia. Estuvimos buscando y probando con diferentes obras algún tiempo y en el año ´94 cuando logramos tener sala propia esta búsqueda fue más fuerte porque debíamos armar un programa de obras para representar casi constantemente porque la actividad teatral y cultural en Praga es muy intensa, la temporada dura casi unos diez meses al año allí. Mayormente nuestro público son los extranjeros que visitan Praga y entonces decidimos, entre otras, contar una historia bien nuestra, así por ejemplo es que surgió Las aventuras de Fausto que es el motivo que esta vez nos ha traído a Buenos Aires.

El Fausto es un personaje que vive en leyendas antiguas de muchas partes del mundo y sobre él se ha escrito mucho, incluso hay hasta una ópera que cuenta su historia, ¿qué los atrajo de esta historia en particular?

En la base de Las aventuras de Fausto está, claro, la famosa leyenda popular del mago que entre los siglos XV y XVI habría entregado su alma a Mefistófeles para obtener poderes ilimitados y la clásica obra de Goethe, pero también un antiguo relato checo que habla de un edificio de Praga desde donde habría partido a los cielos el Fausto y algo que nos llamó la atención particularmente: la universalidad de la historia. En aquella oportunidad cuando revisamos todo eso que la gente va a ver a Praga: las cervecerías, las salas de música clásica, los lugares donde vivió Franz Kafka, etcétera, etcétera, etcétera, en esa búsqueda de cosas por encontrar cosas a través de las cuáles pudiéramos conectar a Praga con el resto del mundo y que fuera por ello interesante para los visitantes, llegamos a las antiguas leyendas checas. Y una leyenda que nos atrapó fue la de “El Fausto”. En nuestra ciudad hay un viejo edificio que se llama “El edificio de Fausto” desde cuyo techo, dicen, habría salido volando por los cielos Fausto cuando vendió su alma al diablo. Claro, después nos encontramos que existen un montón de edificios iguales en el mundo entero, en España, en Alemania. ¡Todos tienen su propio Fausto! Y eso de nuevo nos dio la sensación de que era esta la historia correcta. Entendimos que además de nuestra, la leyenda del Fausto era, es, corriente, muy conocida y difundida y especialmente actual. Es curioso pero la gente de ahora quiere lo mismo que la gente del siglo XVI, salud, vida larga, mucha plata, viajar, la gente no ha cambiado mucho durante los últimos cuatrocientos años, no digo que sean capaces de hacerlo pero sí son capaces de pensar en todo aquello que darían a cambio de ciertas cosas, son capaces de pensar en entregar su alma muchas veces. El Fausto está siempre con nosotros, siempre entre nosotros y siempre en nosotros.

¿Qué clase de actores requiere el teatro negro? ¿Actores cómicos, clowns, mimos, titiriteros, bailarines, un poco de todo?

Nuestra compañía la forman alrededor de 25 personas divididas en dos grupos estables, uno trabaja en nuestra sala en Praga y la otra sale de gira, entre todos hay un solo titiritero y nunca hemos tenido en el grupo más de dos en total. Y esto porque nosotros no utilizamos muñecos, títeres, sino objetos de verdad, objetos cotidianos como una silla o una mesa. Durante toda la historia de nuestro teatro hemos encontrado que los mejores actores son los bailarines, porque los bailarines son capaces de utilizar su cuerpo y también, si están bien preparados, son capaces de utilizar su cuerpo para dar movimiento a los objetos.

¿Cualquier bailarín puede formar parte del Teatro Negro de Praga o debe antes especializare en esta técnica?

Las personas que forman parte de nuestro teatro son todos egresados del conservatorio estatal de baile, lo mismo quienes hacen la música han sido formados en el conservatorio estatal de música, luego, todos reciben una capacitación especial en teatro negro. Trabajamos con gente de entre 24 hasta 50 años, la mayoría en realidad son jóvenes, pero el actor principal de la compañía y el Jefe Técnico, quien está en el escenario durante el espectáculo porque es el cerebro de las luces, son los integrantes más viejos, están desde los orígenes. Todos son las personas justas para el teatro negro, tienen con sus cuerpos unas posibilidades especiales, un entrenamiento específico para llevar la magia de nuestra propuesta a escena.

En Argentina quienes se dedican a este tipo de teatro son mayormente titiriteros, actores-titiriteros, y aunque trabajan también para adultos en general es un tipo de teatro destinado al público infantil, ¿también esto último es diferente en la República Checa?

Sí. En Praga, que es donde desde el año ´94 tenemos sala propia y que es la ciudad donde nos hemos formado, nuestro público son los adultos y las funciones se realizan por eso mismo en horario nocturno. Praga es una ciudad con una intensa vida cultural y además recibe muchos visitantes todo el tiempo, la gente que viene de visita a Praga es nuestro público allí. Pero mundialmente es distinto, en el mundo nuestro público son las familias, bueno, naturalmente en la República Checa también vienen los padres con sus niños, pero fundamentalmente yo diría que el teatro, este teatro, sirve para los adultos. Hay dos partes en esta propuesta, la cuestión visual, la del truco del objeto moviéndose solo que naturalmente atrae y encanta a los niños, pero la historia, el mensaje, aquello que contamos… no se si los niños pueden captar todo lo que se quiere decir.

¿Cuál es el futuro del Teatro Negro de Praga, de su arte y sus propuestas?

Es bastante difícil pensar en un futuro como un tiempo de cambios o de cosas nuevas porque esta técnica vive ya desde prácticamente el principio de los años ‘60, dentro de un lustro va a cumplir cincuenta años de vida y tengo que decir que aunque existe y se puede ver algo de evolución, en realidad no han habido muchos cambios en el tiempo, incluso nosotros no sumamos las tecnologías de última a la escena. Aún hoy la fuerza del teatro negro reside en las manos de los actores que dan vida a los objetos.


Una historia universal

En su reciente visita a Buenos Aires y sobre el escenario del Gran Rex el Teatro Negro de Praga desplegó todo un mundo de fantasía demostrando por qué cuenta con una destacada y premiada trayectoria en todo el mundo. En esta oportunidad, y como parte de su gira anual internacional, la compañía checa presentó Las aventuras de Fausto, una historia fantástica donde el protagonista, un humilde pescador, vive innumerables aventuras viajando por los mundos más extraños tras naufragar en una isla muy particular donde sufre un peculiar encuentro con un aliado del mismísimo Lucifer. Y entre esas extrañas situaciones, el Fausto se sorprende a sí mismo ¡bailando un tango! “Incluimos esa danza que es algo bien argentino para celebrar nuestra relación con ustedes, bueno, es un tango cortito y es un tango hecho por los checos, pero para nosotros es un homenaje a Argentina y ojalá lo hayan disfrutado así los argentinos. Es algo pequeño pero es un símbolo importante, y los argentinos siempre han captado mejor que otras naciones lo simbólico. Por eso para nosotros es un homenaje incluir este gran símbolo de Argentina", explica Hortek.



Planeta TNP

El teatro negro es un género escénico cuyos orígenes se remontan a la antigua técnica china de la cámara negra donde actores, vestidos íntegramente de negro, manipulan objetos luminosos desde las sombras. Con un fuerte apoyo en lo musical, el también conocido como teatro de gabinete negro, se expandió por Occidente a partir del trabajo que a comienzos de los años ´60 comenzara a hacerse en Praga. En el Teatro Negro de Praga, compañía fundada en 1986 que cuenta con un total de 25 miembros divididos en dos elencos estables conformados por bailarines, músicos, guionistas y técnicos, y desde hace poco más de diez años trabaja casi ininterrumpidamente en su propia sala y en escenarios del mundo, conviven, en un diálogo mudo, actores invisibles y graciosos objetos que a través de movimientos precisos y sutiles, llevan a escena magia, fantasía, humor y poesía, características que los han destacado en el mundo entero.

 

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