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01-03-2009 |

Educación - Madres y Padres

Jugar para pensar

El ajedrez es un juego milenario que hoy manteniene el rótulo de “no apto para todos”. Con una vasta trayectoria como docente en escuelas primarias, Marina Rizzo implementó en su propio taller-escuela un método innovador para acercar a los más chicos este juego ancestral, que además de divertido es definitivamente formativo.

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Por Marisa Rojas

 

El ajedrez es un juego que tiene rótulo de “no apto para todos”. Claro está su valor en el desarrollo de la inteligencia y el pensamiento creativo, pero por lo mismo a su alrededor se han tejido no pocos mitos… En este contexto, ¿cómo se enseña a jugar ajedrez a niños pequeños?


Yo trabajé varios años como maestra de ajedrez en escuelas municipales. Hice varios cursos con otros ajedrecistas también. Me encantó descubrir la posibilidad de enseñar ajedrez en edades tempranas, a chicos de cuatro o cinco años. Entonces empecé a desarrollar un método que fue creciendo en el tiempo, con recursos innovadores, que incluye un tablero gigante en el piso que los chicos vivencian haciendo movimientos con su propio cuerpo, que recorren entre canciones y títeres. A todos esos juegos llamamos métodos de enseñanza y aprendizaje de preajedrez.

¿En qué consiste y qué principios rigen el preajedrez?


La idea de este método es hacer accesible el aprendizaje del ajedrez a chicos pequeños en los que el pensamiento abstracto todavía no está desarrollado, hacerlo divertido y con un perfil netamente formativo. El preajedrez no tiene un perfil competitivo. Se trata de desarrollar y proponer a los chicos juegos que tienen que ver con el ajedrez, que los llevan a adquirir ciertos hábitos de pensamiento. Jugamos con menos piezas o incluso con una sola pieza que va capturando una serie de objetos hasta llegar a un objetivo. El objetivo es que el chiquito aprenda a tomar una actitud de reflexión frente a situaciones problemáticas, a desarrollar algunas estrategias, a focalizar una meta, a tener una visión global y focalizada. Todas cuestiones que luego le van a servir en otras áreas de la vida. Eso es lo que a mí me dio el ajedrez y lo que intento transmitir.

Vuelvo a los mitos que rodean al ajedrez… ¿Hay que poseer un determinado grado de inteligencia para aprender a jugar al ajedrez? Además, ¿ser bueno en el ajedrez significa ser súper inteligente?


El tema de la inteligencia tiene varios abordajes. Por un lado considero que hay diferentes tipos de inteligencia. Hay una inteligencia que tiene que ver con lo emocional, otra con lo vincular, otra con lo intrapersonal. Entonces, esto de “ser inteligente” tiene como una trampita, porque pareciera que uno “nace inteligente” pero no es así. Uno puede adquirir hábitos de pensamiento, puede aprender a pensar, a obtener mejores resultados en cualquier área de la vida. Y esto se aprende, por ejemplo, jugando ajedrez. Adquirir habilidades, destrezas, hábitos que a uno le abren oportunidades es algo posible para todos por igual. La diferencia está en la educación a la que cada uno pueda acceder. Por eso es importante poner al servicio de los niños herramientas que, como el ajedrez, les permiten ser más potentes a la hora de pensar o hacer uso de sus recursos.

En la web de tu taller se menciona entre los objetivos, el de ‘enseñar a pensar creativamente’, ¿qué significa eso en relación a los más chicos?


Nosotros proponemos que si el chiquito aprende a pensar y a desarrollar mejores estrategias en el tablero, también puede llegar a ser capaz de pensar, mejor, en lo cotidiano. Nuestra propuesta es una invitación a reflexionar entre todos, por ejemplo, cuántas horas de televisión miramos por día, cómo cuidamos nuestros cuerpos, cómo nos alimentamos. Son preguntas que instalamos en el taller a través del juego y que llevan al niño a pensar en otras cosas de lo cotidiano y darse cuenta que puede elegir mejores estrategias ya sea para estar mejor alimentado, hacer cosas productivas o cuidar el medioambiente. No se trata de estar cien por ciento metidos en el tablero sino de instalar a través de diferentes recursos, como un cuento, la reflexión sobre algo que no habían pensado antes.


Pero también el pensamiento creativo está puesto al servicio del juego una vez que nos instalamos en la etapa del ajedrez competitivo. Que además es una etapa a la que el niño llega solo en la medida en que aprende a ponerse prioridades y a desarrollar estrategias en la búsqueda de alcanzar metas y objetivos. Lo bueno de la competencia es justamente eso, que uno se tiene que poner ciertas metas y definir cómo las va a cumplir, a alcanzar.

¿De qué modo se trabaja la carga de exigencia que implica toda competencia en el caso de los niños?


En esos casos, para nosotros una de las cosas que entendemos más hay que transmitir es que de las derrotas siempre hay algo que aprender. Pero de todos modos, lo que nos importa en estas situaciones, es formar y acompañar a los chicos que empiezan a competir y a sus familias. Porque a veces se proyectan deseos de los padres en los resultados que obtiene el chico y entonces se los presiona, no se los contiene, no se tiene en cuenta su parte emocional, cosas que son de suma importancia. Por lo mismo, aprender a no ver al otro como un rival al que se debe derrotar sino como un compañero, ya que si él no estuviera, no podría desarrollar mi propio juego.

¿Podemos hablar del ajedrez como un juego en equipo? ¿No se trata de un juego en esencia individual?


El ajedrez se juega en equipo. Si el otro jugador no está presente directamente no hay juego. Es cierto que se considera al ajedrez un juego individualista porque en principio se juega uno contra uno, pero nosotros tratamos de tomar y rescatar la estructura de equipo que tiene. Y esto es algo que los chicos que se inician en preajedrez lo viviencian, por ejemplo, en el tablero gigante. Al ser ellos los que se mueven pueden así tener una experiencia diferente respecto a ser parte de un equipo.


También rescatamos un juego milenario al que llamamos el abuelo del ajedrez, que es el Chaturanga, que se jugaba en Persia en el año 3000 AC. Es muy lindo porque se juega de a cuatro y a los chicos les encanta porque los corre de esta oposición tradicional del uno contra uno.

¿Qué posibilidades da la informática para el desarrollo del ajedrez?


En general la informática se ha amalgamado muy bien con el ajedrez porque hay muy buenas interfases y hay programas infantiles. Nosotros tenemos todos estos aspectos incorporados en nuestro método de enseñanza. Ahora, si se trata de jugar con/contra una computadora desde los niveles iniciales es algo no recomendable, para nada. En esas situaciones se pierde la calidez del encuentro con otro compañero o compañera que es la primera propuesta del jugar ajedrez. Es definitivamente mucho mejor que el encuentro sea real, que el uno y el otro jueguen cara a cara, en un tablero de tres dimensiones, que conversen entre ellos y con los compañeros que están al lado. Jugar con una computadora es una cosa muy fría, además es frustrante porque actualmente tienen un nivel altísimo.

 

 

Rizzo Dixit


“El juego de ajedrez nos presenta un mundo en miniatura: el Tablero es el espacio, la Tierra en la que nos movemos y las piezas somos nosotros, los seres humanos. Y como ‘piezas’ de ese juego, nos damos cuenta que formamos parte de un gran equipo y lo que cada uno ‘mueva’ influirá para bien ó mal a todo el resto. Aprendemos a observar/nos y a tomar decisiones, a responsabilizarnos por nuestras jugadas o acciones anticipando las consecuencias y, sobre todo, aprendemos a diseñar planes cada vez más integrales y positivos para nosotros mismos y nuestro entorno, haciendo que las cosas sucedan (…) Rescatamos el ajedrez como un juego que ayuda a conectarnos con nuestra vida interior, mental, psicológica, afectiva y espiritual. Ponemos en un segundo plano y más en edades tempranas, el aspecto competitivo del juego (…) Creemos firmemente que este juego nos permite trabajar con los niños valores y actitudes además de aptitudes. Y que con él desarrollamos tanto el hemisferio derecho del cerebro, donde rige la imaginación, intuición, creatividad y emociones, como el izquierdo a través del razonamiento, el análisis, el cálculo de variantes y jugadas”.

Rizzo, M. “Introducción y sugerencias para padres y docentes" (Fragmento), en Mis primeros pasos en el ajedrez (Ed. Dancadrez, Buenos Aires, 2005).

 

 

Planeta Rizzo

Marina Rizzo es la fundadora y directora general del taller-escuela de ajedrez El Caballito de Palermo. Maestra FIDE femenina, nació en Concordia, Entre Ríos, juega al ajedrez desde los 5 años. Es la menor de seis hermanos y dice que en el ajedrez encontró un espacio para superar su timidez y disfrutar del juego en silencio, algo que siempre le ha gustado. En el año ’92 fundó El Caballito, donde hoy dirige el taller infantil, y que actualmente cuenta, además de la casa central en el barrio de Palermo, con sedes en Vicente López, Olivos y México. Hasta el 2006 Marina combinó sus tareas en el taller-escuela con su trabajo de docente de ajedrez en escuelas municipales de la Ciudad de Buenos Aires. En el 2005 publicó Mis primeros pasos en el ajedrez, un libro ilustrado por la artista plástica Renata Dal Bianco dedicado especialmente a los niños con notas-guías para padres y maestros. Editado en Buenos Aires y en España, Mis primeros pasos… fue traducido al inglés. Actualmente Rizzo trabaja en las versiones para Asia –se presentará en Dubai- y Filipinas y en un nuevo libro que se dará a conocer en la próxima Feria del Libro.

Más info: www.CaballitodePalermo.com.ar

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