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01-08-2005 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

La Cachaña: Con la música a todas partes

La Cachaña lleva nueve años recorriendo el país al ritmo de zambas, malambos, tangos, chacareras, gatos, cuecas, polcas, coplas, bagualas, carnavalitos y hasta canciones mapuches. Gustavo Fernández, jugando con el folklore, acerca sonidos de tierra adentro a la ciudad, la Puna, la Patagonia y al Litoral; desde la plaza de un pueblo hasta el Palais de Glace.

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Por Marisa Rojas

 


Gustavo Fernández es, ante todo, músico. Nacido en el oeste del Gran Buenos Aires, en zona de vías y rock and roll, dice que su folklore fue el rock. Se crió con Manal y Vox Dei como compañeros de aventuras, pero sin embargo, desde hace nueve años lidera un proyecto que invita a los chicos ‘a jugar con el folklore’. Se trata de La Cachaña, un proyecto musical que posibilita conocer la gente, las costumbres y la culturas que pueblan la Argentina a través de la música de las distintas regiones, desde las zambas salteñas hasta los chamamés litoraleños, incluidos tangos, chacareras y ritmos mapuches, entre otros.

“Después de trabajar en las escuelas primarias como maestro de música durante diez años, y ver de cerca la problemática de la educación musical en los colegios, al encontrar que en muchos casos la hora de música no es más que ‘la hora libre’ y que muchos docentes de música no están formados como tales, y al observar también el problema que representa la identidad, repasando un poco todo lo que había encontrado en mis recorridas por las provincias, pensé en crear un modo para bajar línea de lo conceptual hacia los chicos mediante el juego. Esa es la esencia de La Cachaña. Yo quería contarles a los chicos de Buenos Aires, por ejemplo, cómo son los mapuches, pero dentro de un espectáculo, con alegría, sin acartonamiento, sin caer en la solemnidad. Y también cantar con los chicos de la Puna "Manuelita", ¿por qué no? Para mí era una necesidad, como docente, poder acercar nuestras raíces a los chicos, modestamente, pero en esencia, porque el folklore tiene que ver con nuestra misma identidad. La Cachaña es por esto la respuesta a un planteo personal filosófico y político”, señala Fernández.

La Cachaña es, también, el nombre que recibe un ave propia de los cielos del sur argentino. “Es el nombre de los loros que viven en la Cordillera, son verdes, en el pecho tienen pinceladas amarillas y azules y en la cola, del lado de adentro, rojas, y no están en extinción, por eso lo elegí como símbolo y nombre del proyecto, porque está vivo”, destaca este maestro de música que cuando cumplió dieciocho años hizo sus valijas y se marchó, de la ciudad, rumbo a la Puna. “No se qué me fui buscando, pero me fui. Viví en Tilcara, en Jujuy, en Cafayate, en Salta, y después bajé al sur, viví en Río Negro con comunidades mapuches; hoy no dejo de recorrer el país”, cuenta el fundador de La Cachaña.

Una década atrás, hablar de folklore y presentarlo como algo divertido y motivador del juego y la enseñanza podía sonar, por lo menos, extraño. Sin embargo, este músico, que supo formar parte del movimiento del rock nacional, se lanzó a las escuelas con su propuesta de ‘música para jugar’ con ritmos de tierra adentro. “Me fui haciendo por el método de prueba y error, al principio por ejemplo dudaba frente a los mapuches porque me preguntaba: ‘¿Qué estoy haciendo yo acá, a esta gente le interesará esto, quién soy yo para acercarles esta propuesta?’ Además en el interior no había Internet ni CD’s tan difundidos como ahora, los chicos casi no conocían una canción entera, por lo menos no de las que yo conocía de niño, y dudaba porque el poder que obtenía acercándoles tanta novedad era muy fuerte. Y con respecto a la música de ellos, recababa información; pero algunos padres me decían: ‘¿quién sos vos acá para venir a hablarles a nuestros hijos de nuestra propia cultura?’. Fue un largo camino, tuve que luchar mucho para, a través de los chicos, llegar a los grandes. En la ciudad por ejemplo, el folklore no se había ‘marketinizado’, eso llegó después, con Soledad, con Los Nocheros, y también acá el camino fue difícil. Pero no desistí porque tenía, y tengo, muy firme la intención de que los niños compartan la música de nuestras raíces, sepan qué se escucha en los puntos más remotos del país, qué significa una caja o un cultrum y cómo se tocan, sin acartonamientos claro”.

Andar los caminos no es tarea sencilla, pero así como compleja, la travesía también suele regalar sorpresas inolvidables. “El haber andado por tantos lugares, recopilando datos sobre todo lo que se hacía, y cómo se hacía, me permitió conocer de cerca muchas culturas, y gente increíble como Don Sixto Palavecino. Creo que conocer a semejante hombre es una de las mejores cosas que me dio La Cachaña, componer con él, tocar con él, grabar con él es algo maravilloso. De hecho, mi acercamiento al quechua se lo debo a él, aunque después yo descubrí que en mi familia, mi bisabuela era quechua”, cuenta orgulloso Fernández, quien en su haber guarda no sólo la edición del disco de La Cachaña (Para jugar con el folklore) sino también uno para público general donde se dio el gusto de reunir a figuras de la música de la tierra, como Don Sixto Palavecino, con amigos roqueros como los Manal, el saxofonista de La Mississippi y Pedro y Pablo. “En ese disco compuse con Palavecino y con Rodolfo Ávalos y ellos, con 90 años, apoyaban que incluyera saxo en las canciones. Entonces: ¿cómo no acercar con alegría y divirtiéndonos el folklore a las escuelas?”, remarca Gustavo.

La Cachaña ha llevado a Fernández a continuar y afianzar, casi como un juglar, con la guitarra pero también los CD’s, la caja y el cultrum, su recorrido por el país. A lo largo de los nueve años de vida de la propuesta, se ha presentado en los escenarios más disímiles: desde la comunidad mapuche donde tocó aquella primera vez, “en una mañana soleada, con treinta centímetros de nieve sobre el piso y un sol increíble alumbrando la Cordillera”, recuerda, hasta el Palais de Glace, pasando por el Centro Cultural Recoleta, la Feria del Libro Infantil, la Quebrada de Humahuaca y cientos de escuelas, en las provincias, y en la Capital. “Lo mejor, en todos los casos -remarca este músico de los caminos- es siempre el contacto con la gente, especialmente con los chicos, ellos te mantienen vivo“.

Pero: ¿cómo hace un músico independiente, sólo, sin una compañía importante detrás ni un representante que venda su show, para trabajar sin descanso en la ciudad, en la provincia, en colegios del Estado y en escuelas privadas, en el país y hasta del otro lado de la frontera, en Chile, Bolivia y Uruguay? “Siempre a pulmón, tranquilo, de acuerdo a mis ideales. Yo visito las escuelas con las gacetillas del espectáculo y hago trabajo de hormiga. Claro que después de casi 500 presentaciones en estos casi diez años ya hay muchos lugares donde me presenté ante chicos que hoy han egresado y me van a ver con sus hermanos más pequeños”, cuenta Gustavo y levanta vuelo, como La Cachaña, surcando el cielo al ritmo de las palmas que acompañan la chacarera.


La Cachaña de papel

Entre los proyectos de Gustavo Fernández, siempre asociados a posibilitar el acceso de los chicos a las costumbres, las gentes, las historias, y las distintas culturas que pueblan el país, se cuenta una versión en papel de La Cachaña, con ilustraciones de Fernando Aguirre (h).

“Se trata una revista didáctica. Está escrita por capítulos, cinco en total, que representan cada uno una región. Es una herramienta para que los maestros puedan trabajar con sus alumnos en historia, en geografía, en lengua y hasta en matemática, siempre divirtiéndose, jugando, por eso en cada fascículo hay actividades sugeridas para los docentes. La intención es que la revista actúe como disparador, que acompañe el trabajo del CD más allá de la hora de música”, cuenta Fernández quien agrega: “Además estoy trabajando en la historieta de La Cachaña. Una tira donde se contarán las aventuras de este loro que en una ceremonia mapuche se ‘marea’ con una bebida fermentada y de repente ya no sabe quién es y sale a volar los cielos del país en busca de su identidad”.

 

Ver reseña del disco "Para jugar con el folklore"

 

 

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