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01-05-2001 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

La Galera Encantada

Héctor Presa se destaca por su continua producción en el campo del teatro infantil. Como autor, actor y director de La Galera Encantada, grupo estable especializado en teatro para chicos y jóvenes, estrena dos o tres espectáculos por año en su sala del barrio de Palermo.

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Ocho actores (Lali Lastra, Matías Zarini, Gloria Sacristán, Silvina Prieto, Maite Garibaldi, Brebda Mc Cormack, Marcela Luzny y el propio Presa), dos asistentes de dirección (Esteban Abuin y Miguel Murúa), una vestuarista (Silvia Copello), una coreógrafa (Mecha Fernández), un músico (Angel Mahler) y una titiritera (Leila Bamondi), son los integrantes de La Galera Encantada, uno de los pocos grupos estables dedicados específicamente al teatro infantil.


Desde su formación en 1978, estrenó más de 50 obras, todas con gran aceptación de público y crítica. Posee una sala propia en el barrio de Palermo en la que, actualmente está presentando tres espectáculos y prevee estrenar dos más entre fines de mayo y principios de junio. Junto con la reposición de otros “espectáculos de archivo”, en las vacaciones de invierno tendrá en cartel diez propuestas diferentes.


Héctor Presa es el director general del grupo, pero además el autor de todas las obras y protagonista en la mayoría de ellas. Sus espectáculos están basados en el juego teatral, con elementos del clown y la comedia musical.

Además de ser autor, sos el que dirige las obras y a veces también actuás. ¿Cómo vivís eso de estar en los tres lugares al mismo tiempo?


Yo no lo siento como áreas distintas sino como una cosa planteada en forma integral. Y estoy tan acostumbrado que cuando me falta uno me pierdo, siento que me falta algo. Porque en definitiva, a pesar de haber tenido muchos logros y premios como director, el actor está ahí adelante. Si bien los tiempos y los espacios de laburo son distintos, hay un funcionamiento muy armónico entre las áreas que me hace no diferenciarlas.

Desde el punto de vista autoral, ¿qué temas te interesan?


Hace un par de años que estoy trabajando en relación a los afectos, a los tratos, a la comunicación entre la gente, a la pérdida de los valores. Nuestro último estreno, “Roperos S.A.S.A.”, habla de la posibilidad de soñar, “Pido Gancho…” habla del amor, y “VeZinas” (que estrena en junio) sobre los buenos tratos en el barrio.

 

Creo que somos nosotros, los artistas, los que desde el teatro podemos ofrecer una opción distinta; que rescate la posibilidad de asombro de los chicos en una sociedad en la que aparentemente se les entrega todo servido en bandeja. La vez pasada, una madre nos comentó que llegó a su casa y no encontraba a su hijo porque se había metido adentro del ropero. Y cuando le preguntaron qué estaba haciendo dijo que estaba soñando. Si le pasa esto a uno, ya está. Lo que uno siente que puede llegar a transmitir, está cumplido con creces.


Eso con respecto a tus propias historias. Pero también hiciste adaptaciones de cuentos clásicos.


La adaptación que más disfruté fue la de el Mago de Oz; para mí ese cuento encierra el concepto del teatro para chicos. Y El Payaso de Oz fue una historia contada por tres clowns. Lo que más me gustó fue la posibilidad de quebrar el cuento, encontrar formas más novedosas de contarlo. Siempre que he adaptado algo lo he hecho por ese lado, nunca he contado un cuento como está. Es más, con cuentos que no conocía del todo, los escribía y después chequeaba para ver si había algo.
Pero lo último que adapté fue Blancanieves y los 8 enanitos, hace dos años. Después me fui alejando de las adaptaciones y, en este momento estoy más interesado en el teatro de autor.

¿Y como actor? ¿trabajás también dirigido por otros?


Casi todos los años. Pero no en teatro para chicos. Hice “Inodoro Pereyra”, el año pasado estuve haciendo la gira de “Porteños” y ahora estoy haciendo “Orquesta de Señoritas”. Es mucho más tranquilo y lo disfruto mucho pero cada vez que participo en espectáculos afuera me doy cuenta que el funcionamiento de La Galera es realmente fantástico. En cambio, cuando los actores no se conocen y hay que armonizar criterios, todo cuesta más; el director se vuelve loco tratando de juntar estilos y formas distintas.


¿Cuáles son las ventajas de ser un grupo estable, especializado en teatro infantil?


En primer lugar, que vivimos de lo que hacemos. Trabajamos con colegios e instituciones a las cuales tenemos que proveer permanentemente de materiales y, como mínimo, hacemos un estreno por año de espectáculos para chicos.

 

Pero además, el hecho de ser un Grupo Estable nos permite tener una proyección enorme. Me permite a mí pensar en escribir personajes o pensar situaciones para un determinado actor o grupo de actores. Yo sé lo que voy a estrenar el año que viene y te podría decir que también sé lo que voy a estrenar el otro año. De alguna manera, el propio proceso creativo genera un nuevo proceso creativo y así sucesivamente.

¿El hecho de trabajar siempre con la misma gente, no te limita en algún aspecto desde lo creativo?


No. De todos modos, la contra que podría haber en ese sentido está notablemente compensada con el hecho de no tener que inculcar permanentemente tu ideología de trabajo. Es como jugar siempre con el mismo equipo. Preguntale a los hinchas de Boca si no quieren mantener el mismo equipo que salió Campeón del Mundo, te venden tres jugadores y tenés que empezar de nuevo. Eso no indica que el proceso siguiente por ahí no sea mejor, pero yo soy un ferviente defensor de los grupos; mi ideología pasa por el trabajo cooperativo.

¿Cuál es el lugar del teatro para chicos, la sala o la escuela?


El lugar ideal para el teatro para chicos es la sala; porque el hecho artístico se produce en un espacio cerrado y aclimatado a eso. Pero la realidad es que el aspecto económico y el tema de la seguridad hicieron que sea complicado para un docente tener que salir a la calle con treinta chicos. Por eso, los grupos tuvieron que ir a las escuelas. Y cuando nosotros vamos, los espectáculos van idénticos: mis escenografías son todas chiquitas, muy lindas estéticamente y con mucho juego, pero se pueden llevar a cualquier lado. Entonces no hay dos mensajes, hay uno solo. Llevamos micrófonos inalámbricos, luces y si el colegio tiene de repente un salón de actos cerrado, el espectáculo que vas a ver es casi idéntico.

 

Sin embargo, es distinto al teatro de fin de semana porque no está el adulto. Por ejemplo, si hacés una función para un fin de semana con 100 personas, 40 son adultos; hay un clima y una respuesta. En cambio, en una función para una escuela el 90 % son chicos, y el clima varió totalmente.

Haciendo un poco de memoria, ¿qué es lo que te atrajo del teatro para chicos?


Yo hice mis primeros años de carrera como actor en el San Martín, en una versión para chicos de Cyrano de Bergerac. Por supuesto que era uno más del elenco numerosísimo que había. Con el tiempo, lo que me atrajo fue el género de la comedia musical y el género del humor. Y el juego dramático como consigna fundamental para trabajar. Cuando yo hago un casting, busco actores que tengan una posibilidad interna de juego y que no tengan que armar la maquieta de un chico jugando.

¿La comedia musical y cierto teatro para adultos también tienen juego, entonces qué es lo que caracteriza al teatro infantil?, ¿el tema?


No tanto el tema como la forma en que está encarado. Hay un permiso de juego y un código distintos. Es muy probable que un chico viendo Hamlet le avise a su papá que lo van a matar, le grite o lo alerte.


Pero yo no diferencio al teatro para chicos del teatro para adultos desde el punto de vista del rigor. Es una tarea que requiere de una enorme responsabilidad, como requiere de una enorme responsabilidad hacer teatro para adultos. Aunque en el teatro para chicos hay contenidos que se cuidan de una manera distinta; porque el espectador es una persona que está en formación.

¿Se podría decir, entonces, que el teatro para chicos tiene además una función educativa?


Como en el teatro para adultos, la primer función del teatro para chicos es entretener, conmover. La diferencia es que estás ofreciendo un producto en un período de aprendizaje y ahí es donde se suma algo.

 

Pero no es que el teatro tenga que educar. El teatro didáctico no es teatro, es otra cosa. Porque ahí no está presente el juego. El año pasado ví muchos espectáculos en inglés y todos adolecen de un problema: son didácticos. Hablan bárbaro, cantan como los dioses, el mensaje es clarísimo… ¿y el juego?

¿Cómo ves la situación del teatro infantil?


Yo creo que el teatro infantil en la Argentina es un fenómeno muy extraño, porque hay una superpoblación de espectáculos que a veces es alarmante. Evidentemente, la cantidad no determina la calidad pero creo que esto de alguna manera hace a un movimiento interesante, a que se produzcan algunas cosas piolas.

 

En este momento hay cinco, seis o siete grupos o personas que son referentes del teatro para chicos en Argentina, y que vienen siendo referentes desde hace años. Pero hay que estar atentos, porque entre las producciones sueltas pueden aparecer cosas interesantes.

 

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