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01-11-2007 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

La sencillez de los clásicos

De Lorca a Estanislao Del Campo, pasando por Wilde y Prokofiev, lejos del teorema que parecería dividir temas de públicos, Gabriela Marges adapta, dirige y lleva a escena relatos y sonidos impregnados de poesía, magia y calidez. Un camino distinto e interesante en el mundo de los escenarios infantiles.

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Por Marisa Rojas

 

Estudiaste con Ariel Bufano, Adelaida Mangani y el mismo Javier Villafañe, toda una escuela de maestros titiriteros, ¿qué te decidió a formarte en el arte de los hilos y las varillas?

A los títeres llego de casualidad. Yo me formé como actriz con Hugo Midón y en un momento de búsqueda de otros medios de expresión encuentro que se abre, hace ya unos cuantos años, la escuela de titiriteros del San Martín, y me pareció interesante acercarme y ver de qué se trataba. Después con el tiempo me di cuenta que esa elección estaba muy relacionada con mi infancia en realidad. Un día un profesor, mientras yo hacía una marioneta, me contó que la palabra marioneta significa “animar a María”, y yo recordé y le conté que de chica jugaba mucho con mis hermanos en el taller de artesanías religiosas de mi papá. Él heredó de su padre, mi abuelo, que vino de Barcelona, ese taller que hoy ya tiene más de cien años y donde en mi infancia yo jugaba a las escondidas entre santitos, figuras de yeso de dos metros, algo raro para otros pero que para mí fue el medio donde crecí. Con mi hermano agarrábamos las figuras del pesebre y jugábamos a sentarnos en el camellito; para nosotros ésos eran los muñecos. Entonces, en algún lugar supongo que esa elección de grande tiene que ver con que uno, adulto, está jugando los juegos de la infancia. A veces pienso que dirigir es eso, es estar de nuevo con la pandilla que tenía de chica y decir: bueno, a qué jugamos chicos, a ver de qué nos disfrazamos esta vez. De alguna manera, siempre estás recreando lo que viviste en tu infancia.

¿Cómo surgió Babelteatro?

Yo integré el Grupo de Titiriteros del San Martín hasta que llegaron los años ‘90 y, flexibilización laboral mediante, quedamos afuera artistas de varias áreas, titiriteros entre ellos. Algunos de nosotros, incluso antes de quedarnos sin ese trabajo, veníamos haciendo cosas afuera, y en ese momento decidimos, bueno tuvimos que ponernos a hacerlas más formalmente de algún modo. Así nació Babelteatro. Fue una cosa muy azarosa porque coincidimos argentinos pero también gente que había estudiado en Cuba y en Rusia. Pasha Kyslychko, el realizador de los títeres, las escenografías y los vestuarios, formó parte del grupo desde sus orígenes. Éramos una mezcla rara de pieles e idiomas, de ahí el nombre de la compañía. Comenzamos trabajando en el Centro Cultural Agronomía que por entonces recién comenzaba a armarse. Tuvimos la suerte de ser parte integrante de esa movida que fue bastante importante para la ciudad porque fue la primera vez que desde un centro cultural barrial se podía hacer una gestión cultural popular e importante. Recuerdo las presentaciones de El fantasma de Canterville y Galileo, la aventura del pensamiento al aire libre, ante más de mil personas, en pleno verano. Cosas que ahora parecen locas pero que fueron muy lindas e importantes.

¿Por qué establecieron en la compañía una línea de trabajo para el público infantil? ¿El que utilizaran títeres y el que estos estén tan imbricados con los niños lo determinó así?

Lo primero que hicimos en realidad no fue para niños. Bajo el agua están las palabras, una obra que armé en base a textos de Federico García Lorca, fue un trabajo de cámara pensado para adultos, aún cuando los actores convivían en escena con títeres y objetos. Después no sé realmente, fueron apareciendo otros relatos y otros temas. Las tragedias, los clásicos de la ópera, a mí me parecieron atractivos y quise contarlos para niños. Lo de las óperas fue un poco por azar, al tiempo que también fue un camino muy interesante que se nos abrió porque en Buenos Aires no hay muchos espacios que trabajen este arte para chicos. Y me parece que está bueno contar esos mundos a los que de repente no todo el mundo tiene acceso. Igual, no trabajamos exclusivamente para niños porque a ver la obra vienen con los padres. Entonces, uno tiene que hacer espectáculos para todos. Y yo parto de los objetos, de los títeres, porque para mí están primero, porque permiten muy sencillamente contar muchas cosas, incluso esas que parecen más difíciles, porque tienen muchas posibilidades que los actores no tienen. El títere te lleva a otros planos de la realidad.

¿De qué modo se adapta un texto y se arma una obra para niños cuando se parte no sólo de un género poco transitado, como es la ópera, sino también de temas tan particulares como los miedos, la ciencia, el mal, la muerte?

Yo laburo mucho desde la intuición, no tengo una teoría elaborada acerca de cómo hacerlo. Creo, sí, que cada texto tiene diferentes tipos de dificultades. Adaptar un cuento de Elsa Bornemann es diferente a adaptar una ópera, que es algo mucho más complejo. No obstante, las complejidades siempre están porque se trata de trasladar géneros a espacios para los que no fueron pensados. A partir de cada texto y sus particularidades y posibilidades, se piensan las diferentes técnicas que se van a utilizar.

Después, los temas. Bueno, yo abordo temáticas que por ahí si vamos a lo que es comprensión seguramente no será para todos igual. En el caso de El Fausto criollo, por ejemplo, decimos que es una obra para niños a partir de los seis años, pero un chico puede no entender por ahí la tragedia de la historia en sí. Entonces, considerando esto, trabajamos en varias líneas el abordaje de esa temática para que al chico le sea atractivo la música, la imagen, alguna escena con un títere, o sea, para no dejarlo afuera. Por eso no pienso que esté bien el hacer teatro para una determinada edad, porque uno lo que muestra en el escenario, de última, es un fragmento de la vida, y si el chico está respetado seguramente a una parte va a poder acceder. Yo creo que, si es buen teatro, por más que tengas la edad que tengas, te va a entretener y te va a hacer partícipe, te va a emocionar. Y nosotros apuntamos a eso. Además, el arte del títere es algo re-primitivo, es algo tan básico como el mismo ser humano, y me parece que por eso sigue teniendo vida.


El estreno

En 2007, y tras una larga espera, Babelteatro vuelve al escenario de la sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes para presentar El Fausto Criollo, una versión del poema gauchesco de Estanislao del Campo que, escrito en 1866, cuenta –con mucho humor- la impresión de un gaucho ante el estreno del otro Fausto, el “Faust” de Gounod, la ópera basada en el poema homónimo de Goethe, presentada por entonces en el primer Teatro Colón de Buenos Aires.

“A través del relato que Anastasio El Pollo, un gaucho pampeano, hace a otro gaucho, Don Laguna, y con el humor como guía, contamos la historia del Fausto que es un clásico, pero con acento criollo, claro. Hay trazos de Goethe y de Gounod, esa es la base de esta historia, pero incluso sobre la mirada que Del Campo hace de esos trabajos, está mi propio filtro para la adaptación del cuento de forma tal de poder contarlo, con títeres de varillas y tantamarescas (esos títeres-muñecos que parecen enanitos que salen del cuerpo de los actores) a los niños”, relata Marges para dar cuenta de la multiplicidad de herramientas, líneas y técnicas que se cruzan en este espectáculo tan mixto como la misma Babel.

“En realidad nosotros ya presentamos este espectáculo en ciudades del interior del país, incluso en pueblos donde sabían mucho más de gauchos que nosotros, pero en todos lados hemos sido muy bien recibidos. Porque si bien este espectáculo es una parodia lo hacemos con mucho respeto. La propuesta está pensada para niños a partir de los 6 años de edad pero viene toda la familia a vernos, también niños más chicos. Esas presentaciones fueron como una primera versión de este Fausto, por eso hablamos acá de estreno, porque al llegar al Cervantes contamos no sólo con un lugar más importante sino también con toda una estructura mayor y otro tipo de producción distinta a la que hacemos como grupo independiente, por eso estamos muy agradecidos de poder estar en este teatro que además, afortunadamente, ha podido reabrir sus puertas y levantar el telón de sus salas una vez más”.

El Fausto Criollo. Teatro Nacional Cervantes. Sala Orestes Caviglia. Libertad 815.
4816-4224. Sáb. y dom. 17 hs. $ 10.


El re-estreno

Estrenada en el Teatro Nacional Cervantes cuatro temporadas atrás, La Flauta Mágica, ópera de Schikaneder y Mozart en versión de títeres para toda la familia, presentada por Babelteatro, recibió en el año 2002 el Premio Teatro del Mundo que otorga la Universidad de Buenos Aires en la categoría “Mejor Espectáculo Infantil”. Tras haberse presentado también en el Museo Larreta, en escenarios del interior del país y en el Festival Internacional de Teatro de La Habana, Cuba, La Flauta… vuelve a un escenario porteño. En este caso, el de la Ciudad Cultural Konex, en el marco del ciclo “Vamos a la ópera”. “De algún modo estrenamos el espacio para niños con esta presentación, porque hasta el momento en la Ciudad Cultural no se han ofrecido espectáculos especialmente pensados para el público infantil. Y es interesante hacerlo en el marco de este ciclo porque en la base de esta propuesta está el alejar a la ópera de los espacios que la encorsetan, y nuestra intención es la misma, que todos los públicos puedan conocer y disfrutar de esa música que es maravillosa. Mozart mismo plantea la ópera como algo popular y encantador. Lo que sucede es que alrededor del mundo de la ópera hay mucho prejuicio, pero eso es por puro desconocimiento. Por eso decidimos acercar la propuesta a los espectadores más pequeños, a los niños. Nosotros respetamos la musicalidad de la obra porque es genial, por eso la presentamos en el idioma original, pero, ¿cómo resolvemos que los niños puedan acceder a la historia, puedan conocerla, entenderla? Con el relato, en castellano, a través de los diálogos y las acciones de lo que le sucede en las canciones a los personajes. Y también está el aporte de los adultos que siempre son el referente. Del mismo modo que cuando una mamá o un papá llevan a su hijo al cine y muchas veces les explican qué sucede en pantalla, bueno, nosotros explicamos en escena, con los títeres y objetos, qué sucede en esas arias tan musicalmente hermosas”.


La Flauta Mágica. Ciudad Cultural Konex.
Sarmiento 3125. 4864-3200.

Estreno en noviembre (consultar días y horarios de función).


Planeta Marges

Gabriela Marges es la directora de Babelteatro, teatro de objetos. Fundada en 1999, la compañía, que debe su nombre al mix de nacionalidades –"y colores de piel e idiomas", en palabras de la misma Marges- de los artistas que supo reunir en sus orígenes, cuenta con una trayectoria que comenzó con Bajo el agua están las palabras -una pieza construida en base a textos de Federico García Lorca-, y que los encuentra en la actualidad al frente de El Fausto Criollo y el reconocido y premiado La Flauta Mágica, dos espectáculos de esos para chicos y grandes, y viceversa. Carlos Bastarrechea, Esteban Fernández, Pasha Kyslychko, Roberto Municoy y Silvia Sánchez son los otros integrantes de Babelteatro. Una trenza tan larga –basada en el cuento homónimo de Elsa Bornemann-, El fantasma de Canterville -de Oscar Wilde-, Galileo, la aventura del conocimiento, Pedro, el lobo y el maravilloso mundo de los animales –una adaptación para títeres de la obra de Sergei Prokofiev-, son los otros títulos que a lo largo de ocho años el grupo llevó a escena. En todos los casos, Marges ha sido la responsable de la adaptación y la puesta en escena de las obras. Actriz, titiritera y dramaturga, Gabriela cuenta con una formación artística integral: estudió actuación con Hugo Midón, Carlos Gianni, Laura Falcoff y Julio Chávez, y clown con Guillermo Angelelli; egresada de la primera promoción del Taller de Titiriteros Ariel Bufano, integró el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín. Como dramaturga se formó con Mauricio Kartún. También estudió canto, zapateo americano, escultura y escenografía.

 

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