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01-04-2007 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Magia para todos

La magia está en todas partes. O debería. En un comedor comunitario del Gran Buenos Aires, en un hospital de niños, en una escuela rural santacruceña y en una comunidad guaraní de Misiones. Tras este objetivo se nuclea un grupo de magos que sacan de la galera la bandera de la solidaridad.

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Por Fernanda Martell

 

“Pondré mi arte al servicio de los que más lo necesitan." Este es el primer punto del Decálogo del Mago Solidario, perfecto resumen de una vocación que reúne a más de 50 magos en Buenos Aires, el interior del país, ¡y hasta el extranjero! tras un objetivo común: llegar con la magia a todas partes.

Todo comenzó allá por 1999, cuando un grupo de magos comenzó a planear una función solidaria en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Cuenta la leyenda que cuando los magos vieron las sonrisas de los chicos, sintieron que estaban ayudando a curarlos. Habían dado el primer paso.

Hoy, a casi siete años de aquél momento, la Red de Magos Solidarios (Red MASO) tiene sedes en las provincias de Misiones, Santiago del Estero, Santa Cruz, Chubut, Buenos Aires y Santa Fe. Y también en México, España, Israel y Chile. Estos magos solidarios han realizado más de mil presentaciones artísticas a beneficio de escuelas, hogares, comedores y hospitales. Y también apadrinan a escuelas rurales en Formosa, Santiago del Estero y San Pedro (Provincia de Buenos Aires).

Lo que invierten es tiempo y mucho, mucho trabajo. Su recompensa, dicen, es la sonrisa de niños y adultos, la ilusión desatada en los rincones más olvidados del país.


La punta del ovillo o cómo empieza a tejerse la Red

“Yo creo que no hay persona a la que no le enganche la magia, no la hay" afirma Jato con vehemencia. "El que dice 'yo en la magia no creo' es porque nunca vio magia verdadera. La gente confunde la figura del mago con la aparición de la palomita, el conejito y nada más. Pero la magia es mucho más". Y claro que lo es.

Julio Luna -Jato- y Adrián Bouvier son dos integrantes de la Comisión Directiva de la Red MASO, que funciona como una ONG. Jato está desde el comienzo. Adrián se sumó hace ya cuatro años, a través de otros magos conocidos. ¿Qué lo atrajo a él, como al resto de los socios? “La parte solidaria, eso es lo que primero te tira. Al mismo tiempo que tenés la oportunidad de estar en un club de magia", sostiene.

Este arte forma cofradías: sus secretos no se aprenden en cualquier lugar. Entonces, es vital para todo mago reunirse con sus pares con el fin de intercambiar conocimientos, es parte necesaria de su crecimiento. Jato afirma que “existen otras entidades, pero son netamente mágicas. Nosotros somos magos y solidarios, esa es la diferencia, esa es la bandera que llevamos".

La Red MASO realiza, por un lado, un trabajo de capacitación para sus integrantes y, por el otro, les permite llevar la sorpresa y la ilusión a todo tipo de escenarios, sean estos las tablas de un teatro o el piso de tierra de alguna escuela rural. “La idea que da origen a la Red es acercar la magia a todos aquellos lugares donde normalmente no llega", explica Jato. “Hay muchos chicos que, porque viven en comunidades rurales, o porque están internados o porque son carenciados, no tienen la posibilidad de ir a un teatro para ver un show."

Al principio eran unos pocos, con la firme idea de poner el arte de la magia al servicio de los que más lo necesitan. Hoy, en el barrio porteño de Parque Chacabuco existe un espacio donde los magos -muchos más que en aquellos días- se reúnen todos los jueves para capacitarse y organizar shows solidarios. Pero también para elaborar estrategias que les permitan conseguir alimentos, útiles escolares, ropa, materiales y otros artículos, con el fin de contribuir con aquellas comunidades que conocieron a través de la magia.

Cada actividad que realiza la Red MASO es replicada en decenas de otros lugares. Una fecha especial -el día del niño o el de los Reyes Magos- motiva no un único show sino tantos espectáculos como magos disponibles tenga la Organización. “Desde la conformación de la Red, la base no fue una única actividad sino varias. Todos los magos de la Red comenzamos a trabajar solos o de a dos para dar shows en distintos hospitales que quedaban cerca de la casa de cada uno," aclara Jato.

Así, a lo largo de estos años, realizaron un sinnúmero de presentaciones en todo el país. En hospitales, comedores comunitarios, escuelas rurales, comunidades indígenas. En la Red calculan que más de 90 mil personas han podido disfrutar de un espectáculo de magia de calidad, en su mayoría niños y adultos que nunca habían visto un mago en su vida. Y en 2004 la Red fue declarada de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, lo que sirvió para que “más gente confíe en la institución y comience a hacer donaciones", señala Adrián.


Con la magia a otro lado

Desde la Ciudad de Buenos Aires, la Red fue extendiendo sus brazos a varias provincias argentinas y otros países a través de aquellos magos que deseaban sumarse a esta causa solidaria. Esta conexión incentivó (e incentiva) a los pioneros porteños a armar las valijas y recorrer las rutas argentinas en busca de nuevos lugares donde desplegar sus espectáculos.

La mejor recompensa, aseguran, es “la reacción de un chiquito o de un adulto que ven un mago por primera vez. Es algo indescriptible, que no tiene precio," explica Jato. Él y Adrián se emocionan al recordar sus propias experiencias, que se multiplican por cada miembro de esta Red. En el sur, un maestro rural de una escuelita cercana a Río Gallegos confesaba que el único mago que había visto en su vida era a David Copperfield por televisión y en el norte, los chicos de una comunidad guaraní aplaudían sin parar durante una hora y media de show. Estos son sólo algunos de los recuerdos que atesoran los magos.

Pero no sólo de magia vive el hombre, y ellos lo saben muy bien. Jato cuenta que "hace muy poquito, en Misiones, fuimos a un colegio. Había muchas personas, casi todos chicos, que se morían de risa. Y vos no lo podés creer, porque son chicos que no tienen donde dormir, que duermen sobre la tierra. Fue un shock muy grande, porque a uno no le entra en la cabeza que en el siglo XXI haya chicos que tengan que dormir en el piso. Y uno se pregunta qué puede hacer… Cuando volvimos a Buenos Aires, comenzamos a juntar dinero, colchones y otras cosas que necesitaban."


Entre la ilusión y la realidad

A lo largo de sus viajes solidarios, los integrantes de la Red MASO se encontraron cara a cara con realidades difíciles, con comunidades que tenían muchísimas necesidades. Desde entonces los magos, no conformes con llevar sólo ilusión, decidieron asumir un compromiso mayor.

En la actualidad, apadrinan cuatro escuelas rurales: la escuela 26 de Las Lomitas, Formosa; la Nº 19 de Villa Leandra, San Pedro; la Nº 376 y la escuela "Héctor González" en Santiago del Estero. Los magos les llevan desde útiles escolares, zapatillas para los chicos y libros para formar una biblioteca, hasta elementos para armar una huerta en Formosa o una incubadora de huevos y una bomba de agua en Santiago del Estero.

La escuela de Saladillo es lo que estos magos llaman “nuestra mayor ilusión". Fue construida por la Red MASO, a lo largo de dos años de mucho trabajo, con el apoyo y la ayuda de la comunidad de Saladillo. Al momento de bautizarla, eligieron el nombre “Héctor González - Mago Raspuk", en homenaje a uno de los fundadores de la Red.

Al momento de realizar una evaluación de la labor de la Red MASO, sus integrantes consideran que sus objetivos se están cumpliendo “en un 100%". Con nuevos viajes a la vista (a Santiago, Formosa y Catamarca) sienten que la Red no deja de crecer, gracias a los magos que se siguen sumando y a la colaboración de la gente.

¿Qué esperan para el futuro? “Que cada vez menos personas estén necesitadas de algo", concluye Adrián. “Nosotros disfrutamos ayudando, pero cuanto menos lo tengamos que hacer quiere decir que el país y el mundo van creciendo y necesitando menos de la solidaridad"


Ayuda Mágica

No sólo los magos trabajan con objetivos solidarios en la sede de Parque Chacabuco. Un grupo de voluntarios recibe donaciones, prepara paquetes de alimentos y hace muchas cosas más. Se trata del Grupo Ayuda Mágica, formado por gente que quiso sumar su esfuerzo, pero desde otro lugar.
Muchos de los integrantes de este Grupo llegaron al club acompañando a algún familiar o amigo y rápidamente desarrollaron su propio sueño: el Proyecto PACO (Padrinos para Comedores Comunitarios). A través de este proyecto, los voluntarios reúnen alimentos y ropa para abastecer a más de diez comedores de Capital Federal y Gran Buenos Aires.

Nacido en plena crisis de 2001, el Grupo Ayuda Mágica está en contacto permanente con escuelas y comedores para relevar las necesidades que tiene cada institución. Y se encarga de conseguir donaciones y atraer a nuevos voluntarios, convencidos de que, con trabajo y compromiso, pueden hacer algo por ayudar a una comunidad.


Más información: www.redmaso.org.ar / 4631-5002 / Los terceros sábados de cada mes se realiza el show “Enredos mágicos" con el que recaudan dinero para continuar con las acciones solidarias.

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