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01-10-2012 |

Crianza - Madres y Padres

Mamá full time

Entusiasmadas por el deseo genuino de estar con sus hijos recién nacidos y pequeños o expulsadas del mercado laboral, muchas mujeres profesionales cercenan o postergan su carrera profesional para dedicarse plenamente a la maternidad. Luces y sombras de una elección que no siempre es tan libre y que es cuestionada por feministas y especialistas en temáticas de género.

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Por Gabriela Baby



La tendencia llega desde los países del primer mundo, pero se puede detectar en menor densidad en la Argentina. Se trata de un perfil de mujeres de alto nivel educativo y económico que abandonan su desarrollo profesional para dedicarse tiempo completo a la maternidad. Abogadas, arquitectas, empresarias, investigadoras, médicas o psicólogas que dejan su carrera profesional para ser madres “full time". 

Pamela Stone, una socióloga estadounidense alertó de la tendencia en su libro Opting Out? Why really women quit carees and head home (University of California Press, 2012), algo así como ¿Por decisión propia? Las verdaderas razones por las cuales las mujeres abandonan sus carreras y vuelven a la casa, donde analiza más de cincuenta casos de mujeres que han recorrido una carrera laboral exitosa hasta su primer o segundo embarazo, cuando, casualmente, dejaron de lado el trabajo y se replegaron en la vida hogareña. El libro aún no está traducido, pero su primer capítulo está disponible en la web. 

Otras voces, como la revista Time del 12 de mayo de 2012, cuya tapa tiene a Jamie Lynne Grumet, una de las abanderadas de la crianza con apego, (attachment parenting, en inglés) amamantando a su hijo de tres años se sumaron a la campaña que intenta dar cuenta de un fenómeno en crecimiento, en los países del primer mundo y en ciertas clases medias y altas locales, que orienta a las mujeres en un sentido inverso al que les indicaron sus madres o abuelas feministas: volver a casa. Ellas vuelven al hogar con convicciones muy fuertes sobre la crianza y dispuestas a trabajar duro, como antes lo hacían en sus propias carreras: no tienen miedo de lavar ropa a mano o practicar la lactancia a demanda y prolongada. Porque la tendencia se entronca en cierto punto con esta nueva forma de crianza, caracterizada por el amamantamiento prolongado, el “colecho” (dormir con el bebé) y el “porteo” (que consiste en llevar a los hijos en un fular o portabebé, próximos al cuerpo de la madre), y que en teoría, daría como resultado chicos más confiados y seguros. (ver recuadro).


¿POR DECISIÓN PROPIA? 

Pero más allá de nuevos o viejos estilos de crianza, vale la pena detenerse a analizar las diversas causas de este repliegue que las sociólogas norteamericanas vienen señalando. Carina Lupica, del Observatorio de la Maternidad (OM), un centro de estudios cuya misión es promover el valor social de la maternidad a través de la generación de información y conocimiento, dice: “La trayectoria laboral de las mujeres está condicionada por el rol que desempeñan en el hogar y la llegada de los hijos. La tasa de participación laboral disminuye a medida que nacen los hijos, mientras que la de los hombres se mantiene constante”. 

Las estadísticas del OM, realizadas en base a la última Encuesta Permanente de Hogares (INDEC) lo confirma: en el mercado laboral participa el 79,2% de las mujeres jefas de hogar o cónyuges sin hijos, el 64,7% de las que tienen uno o dos hijos, el 58,1% con tres o cuatro, y sólo el 45,3% con más de cuatro hijos. En cambio, la participación laboral de los varones siempre es alta, independientemente de si tienen hijos o no. “Esta brecha tiene nombre: se llama desventajas de la maternidad en el mercado de trabajo”, dice Lupica.

Así las cosas, la decisión de dedicarse al hogar tiempo completo parecería estar relacionada con las condiciones reales que el mundo laboral dispone para las mujeres. Irene Meler, doctora en psicología y coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la APBA (Asociación Psicólogos de Buenos Aires), dice: “Vivimos en una sociedad que muchos autores de la sociología han dado en llamar ‘la sociedad de los riesgos’, en la que el principal riesgo es la exclusión, es decir, quedar afuera del mundo laboral. Para conjurar este temor a la exclusión se fomenta la capacitación. Ahora bien, a mí me parece que esta tendencia de las mujeres altamente capacitadas de volver al hogar tiene que ver con hacer de necesidad, virtud. Es decir, deciden no competir en una carrera en la que quizás vayan a perder. Y se refugian en el modelo tradicional de femineidad para quitarse a sí mismas el muy posible dolor de la derrota”, dice Meler.

El ejercicio de la maternidad full time es entonces un lugar posible donde realizarse, hacer algo importante y también, refugiarse. Meler agrega: “la maternidad, además, permite a la mujer tener un rol no solo familiar, sino también social, porque la maternidad es una función que todavía goza de prestigio”.

Licencias escasas, pocos permisos para acompañar a los hijos al médico o a los actos escolares, horarios imposibles de compatibilizar para estar en las reuniones de padres y atendiendo clientes, por ejemplo. El trabajo presiona de tal manera que la pregunta de Pamela Stone: “¿Por decisión propia?” induce claramente a una respuesta negativa. 

“El trabajo es tan contrapuesto y adverso a la maternidad que a veces las mujeres se ven impelidas a dejar sus carreras para dedicarse a ser madres", declara Marina Lisenberg, psicóloga, madre de tres chicos (16, 13 y 9 años), especialista en mindfullness (una práctica médica de origen oriental, vinculada al budismo y utilizada como recurso frente al stress) y coordinadora de talleres para madres profesionales. 

“En mi devenir de madre yo me encontré por momentos con muchísima ambivalencia: muy confundida respecto a lo urgente y lo importante, a cuáles eran mis propias prioridades y con muy pocos interlocutores que yo consideraba válidos para poder ir resolviendo mi desarrollo personal sin dejar de tener en cuenta lo que mis hijos necesitaban en cada etapa de sus vidas”, cuenta la psicóloga. A partir de su experiencia y de lo que observa en sus pacientes, Lisenberg creó los Grupos de Reflexión para Madres Profesionales: “Porque no es fácil para las mujeres tener en claro sus propias necesidades, escucharse a ellas mismas, y luego poder llevar estas necesidades a la práctica”.


CEO’s DE LA MATERNIDAD

Otra de las características de estas madres que abandonan sus carreras para meterse de lleno en la maternidad es que, en muchos casos, no tardan en aplicar prácticas y tiempos del mundo del trabajo a la crianza de los hijos. Algo así como si fundaran la empresa de la crianza, en la que incluyen características propias del ambiente laboral: tienen una misión, una visión y se proponen objetivos de corto, mediano y largo plazo, tal como lo hacen las empresas. En Opting Out?, el libro de Pamela Stone, justamente se tematiza a la madre comandante, la madre jefe que lleva adelante la familia con la misma energía y (auto)exigencia que si fuera una empresa. 

“Antes las mujeres eran valoradas en el mundo social por ser ‘la hija de’ o ‘la esposa de’. Incluso había reconocimiento a ‘la madre de’. Pero desde hace varias décadas, el sector de mujeres que tuvo acceso a la educación, definió su identidad al igual que los hombres, por su oficio o profesión. Entonces, algunas mujeres pueden, a través de determinadas acciones y determinadas prácticas, trasladar la lógica del trabajo remunerado al hogar. Para estas mujeres la frustración que implica no poder aplicar la alta capacitación que tienen genera que gestionen el hogar como si fuera una empresa”, describe Meler. La exigencia pasa por la organización familiar, por el rendimiento escolar de los hijos, por la comida y la salud, por la elección de determinados cursos para sus hijos y una lista interminable de etcéteras, acorde con la cantidad de ofertas que existen actualmente para el sector infantil.

Marina Lisenberg describe: “Las madres que trasladan el concepto de empresa a la crianza se obsesionan, y de alguna manera compiten con otras mamás por el rendimiento de sus hijos. Son mamás que tienen una capacidad muy alta para encauzar su energía de alguna otra forma, a la vez que criar hijos, y quedan entrampadas en estas situaciones”.

La trampa consiste en ocuparse de tareas que terminan siendo frustrantes para esa madre e innecesarias para los chicos. Irene Meler detalla: “Limpiar lo que está limpio, lavar pañales de tela aludiendo a principios ecologistas o volverse fanáticas de la cocina casera son algunos ejemplos de situaciones que, en muchos casos, tienen más que ver con inventarse trabajos. Porque el trabajo además de ser una necesidad económica, responde a una necesidad psíquica, sobre todo a partir de la modernidad: el trabajo da identidad y también es una de las principales fuentes de la autoestima”. 


AGENDA COMPLETA 

El programa para madres profesionales que Lisenberg desarrolla tiene por objetivo acompañar a las mujeres en la doble vía de poder seguir adelante con su crecimiento en el mundo profesional y encontrar el mejor balance en su vida personal: “Es importante que las mujeres escuchen lo que necesitan y puedan desarrollarse en su rol de madre y de esposa, y en todos los roles que una mujer va desplegando a lo largo de su vida. Quiero decir: que tenga tiempo también para sí misma: para cuidarse, ir al gimnasio, para estar con una amiga o lo que fuese”.

La pregunta del millón es si realmente se puede incluir en la agenda “el gimnasio y lo que fuese”, cuando el tiempo se consume entre la vida laboral y las necesidades de los hijos. Para Marina Lisenberg, “se puede: tenemos que hacer una negociación exitosa con nosotras mismas, porque somos el cliente y al mismo tiempo el proveedor. Hay que tener mucha claridad para poder escuchar y responder a las distintas necesidades de nuestra vida: lo laboral, el cuidado de nuestra persona, el tiempo para estar con nuestra pareja y el tiempo de intimidad y de conexión emocional con cada uno de nuestros hijos. En esta agenda tiene que caber también el esparcimiento, el tiempo libre: tenemos que darnos la capacidad de dejar de ‘hacer’ para simplemente ‘estar’ con una”. 


¿Y EL PAPÁ?

En términos de equilibrio, el rol del padre o de quien comparta la crianza de los hijos no es menor. Para Marina Lisenberg el rol del padre se está complementando cada vez más con las necesidades de la madre: “la mujer ha ingresado al mundo laboral, esto es un hecho, pero no significa que pierda calidad o presencia como madre. Porque si está conectada consigo misma, y está interesada y necesitada de estar cerca de sus hijos y de poder ayudarlos en su crecimiento, seguramente estará con una pareja que ha podido involucrarse más en cuestiones de lo cotidiano. Por eso creo que es importantísimo para hombres y mujeres que devienen madres y padres conocerse a sí mismos, saber qué pueden dar, y desde ese lugar complementarse y enriquecerse, y no salir a una competencia desaforada donde todos perdemos”. Si la lógica del mercado profesional se mete en la casa, los vínculos se complican, se desequilibran y el sufrimiento es colectivo. El equilibrio tan deseado, y tan huidizo, implica poner en la balanza del día a día las diversas necesidades, deseos, sensaciones. 

Entre las conquistas femeninas del mundo laboral quizá queda aún pendiente un capítulo en el que se pongan en relación no solo las oportunidades de trabajo, sino también las necesidades y posibilidades de cada trabajador y trabajadora de acuerdo a sus intereses, su edad, su desarrollo como persona, como miembro también de una familia. En pos de aquel equilibrio tan deseado. 



 

SOBRE LA "CRIANZA CON APEGO”  

La crianza con apego o “attachment parenting” es un estilo de crianza que se basa en prestar atención a las necesidades individuales del bebé y la intuición de cada madre sobre lo que es más ventajoso para su hijo. El padre de esta filosofía es el doctor William Sears, autor de más de 40 libros sobre maternidad y embarazo. 

El apego se caracteriza por consolidar un lazo muy estrecho entre el bebé y la madre desde el punto de vista no sólo afectivo sino también físico. Porque la crianza con apego se basa en algunas prácticas distintivas: la lactancia a libre demanda y sin prefijar un límite de edad, el portar el chico a upa la mayor cantidad de tiempo posible y el colecho. 

Según Sears, “la crianza con apego funciona porque respeta el temperamento individual del bebé. El chico producto de la crianza con apego sabe que sus necesidades serán satisfechas de manera consistente y predecible. El chico aprende a confiar. La confianza es la base de la autoridad, y una figura de autoridad confiable puede disciplinar con mayor efectividad”. 

Uno de los más destacados difusores de este estilo de crianza es el pediatra español Carlos González, autor del libro Bésame mucho. Como criar a tus hijos con amor. 

En su libro, González propone una crianza signada por la comprensión de las necesidades del chico, lejos de normas disciplinarias coercitivas y represivas. “No va a resultar fácil decidir qué es lo mejor para nuestros hijos, cuál es la manera normal de criar a un ser humano. Tendremos que observar lo que hacen otros mamíferos, sobre todo nuestros parientes primates. Y tendremos que usar nuestro corazón; mirar a nuestros hijos y pensar en la manera de hacerlos felices”, escribe el pediatra.

 

 

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