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01-06-2012 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Obreros del circo

Tres clowns disparatados y un excéntrico músico, todos definitivamente talentosos, fundaron hace más de una década un grupo de circo artesanal que es garantía de diversión inteligente: La Pipetuá. Tras mucho viajar por Argentina y el mundo, esta temporada vuelven a la escena local con una comedia para toda la familia sobre el mundo de la construcción, con dramaturgia y dirección de Osqui Guzmán.

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Por Marisa Rojas



Una enorme sala de teatro sobre la Avenida Corrientes: el Metropolitan 2. La pueblan montones de butacas que, en prolijo silencio, se alistan para ser visitadas. Un escenario poblado de sogas, carreteles, roldanas, tachos de luces, una escalera y un andamio que corona la escena. Técnicos, creativos, actores y un director van y vienen, suben y bajan, miden el espacio, prueban la maquinaria, discuten opciones, intercambian necesidades; están en la previa del estreno. “Este es el momento preciso en el que descubriremos si lo que soñamos puede ser real”, dice Osqui Guzmán, responsable del libro y la dirección del espectáculo con el que La Pipetuá regresa a la escena porteña: A la obra! 

La Pipetuá es la compañía que desde 2001 integran Sebastián Amor, Maximiliano Miranda, Diego Lejtman y Fernando Selles; de acuerdo a su propia definición: “un circo artesanal de clowns”. 

A la obra! es el tercer espectáculo que estrenan en una sala. Primero fue Opereta Prima, en el año 2004, y en el 2006 llegó Sin Escalas

Hace mucho que no los veíamos en un teatro de Buenos Aires con espectáculo nuevo, ¿qué sucedió en todo este tiempo?

Sebastián: Desde el 2007 hasta no hace mucho tiempo estuvimos rodando con Opereta Prima. Llevamos ese espectáculo a casi toda la Argentina, quedan sólo dos provincias por visitar: La Rioja y Jujuy, pero estuvimos hasta en Ushuaia. En el medio, hicimos cuatro temporadas de Sin Escalas, del 2006 al 2009. Y en ocasiones combinamos números de ambos espectáculos. Además, viajamos fuera del país y vivimos una experiencia increíble en Asia. En el 2007 hicimos 35 funciones de Opereta Prima por Singapur, Malasia y Hong Kong; y en el 2010 volvimos a ir con Sin Escalas.

¿Cómo se llega a escenarios tan diversos, en términos culturales, como los de Asia? ¿Cuál es la forma en que una propuesta occidental se comparte con el público del, literalmente, otro lado del mundo?

Sebas: Bueno, cuando ensayábamos, ese era nuestro gran interrogante. Porque si bien trabajamos con un humor muy universal, con muy poco texto, la verdad es que teníamos muchas dudas sobre qué podría pasar. 

Diego: Trabajamos igualmente en una especie de adaptación de los números. Incluimos una voz en off, no en términos de locución o de explicación sino como un quinto personaje que venía de un lugar muy lejano y que cada tanto hacía pequeños comentarios, presentaba o comentaba alguna de las situaciones que veía en escena. Eso se grabó en inglés para Singapur y para Malasia pero para Hong Kong lo grabamos en chino cantonés. Claro que nosotros de chino cantonés no sabíamos, no sabemos, nada. Entonces enviamos a Hong Kong los textos en inglés, todo muy minuciosamente detallado, con las duraciones, las intenciones, las pausas, y ellos lo tradujeron. La cuestión fue que cuando volvieron los textos y empezamos a escucharlos, obviamente ¡no entendíamos nada! Así que tuvimos que guiarnos por las pausas. Fue muy divertido, memorizamos muy bien los textos para poder trabajar con las pausas, los coreografiamos en inglés y llegamos a una fonética en común para poder hacer el playback correspondiente. Una vez en Asia, nuestro stagemanager, que hablaba en inglés y, claro, en chino cantonés, nos dijo que estaba bien lo que estábamos haciendo. 

“Distinta hubiera sido la cosa si hubiésemos tenido que hablar en chino mandarín, idioma que por supuesto todos manejamos”, se ríe Sebastián. Diego y Maxi festejan la ocurrencia. También Osqui ríe con ellos. Nos queda la duda sobre qué opinaría Fefo, el músico del grupo, ausente del encuentro con aviso. “Está componiendo los últimos acordes de la música de A la obra!, o bueno, eso fue lo que dijo”, dicen sus compañeros. Entonces, las risas vuelven a ganar la escena. Ahora ya no estamos en el Teatro Metropolitan, en la sala de la calle Corrientes quedaron ultimando detalles la escenógrafa y el realizador de la escenografía. La compañía y el director comparten la charla con Revista Planetario en un café. El clima, a un mes del estreno, es de muy buena energía. 

¿Qué tal fue, finalmente, la experiencia con el público en Asia?

Maxi: Nos encontramos con un público mucho más naif que el de acá, grandes y chicos. Yo recuerdo especialmente estar en la calle muy atento a ver con qué jugaban los chicos. Porque son países, es un mundo, donde están todos equipados con la última tecnología. Hong Kong es tecnología pura, los edificios están repletos de luces de colores y todas las noches hay un show de luces de última tecnología. Pero los pibes, para nuestra sorpresa, jugaban con trompos.

Sebas: Nosotros dudábamos de cómo iban a recibir a nuestro “circo artesanal” en la cuna del arte circense donde, además, todo está hipertecnologizado… Pero creemos que fue justamente lo artesanal lo que les gustó. 

Diego: Yo pienso que fue la propuesta de juego, el juego con los elementos más allá de la habilidad técnica. 

¿Qué significó en la historia artística de La Pipetuá esa experiencia?

Sebas: Nos reforzó la confianza en el humor físico, la creencia en poder contar sin palabras. De hecho, cuando nos sentamos a pensar en un nuevo espectáculo, cuando empezamos a trabajar en lo que ahora es A la obra! nos dijimos: ¿por qué no hacer un espectáculo sin nada de texto? 

Diego: Y, como parte también de lo que nos dejó esa experiencia, es que hoy estamos presentando un espectáculo dirigido por Osqui Guzmán. Porque cuando llegó el momento de la segunda gira a Asia, en el 2010, lo fuimos a ver para pedirle su ayuda, su dirección, para uno de los números de Sin Escalas. Ya habíamos hecho con él un curso de comedia física y queríamos que nos ayudara a contar uno de los números sin palabras. Y hace algo más de un año lo llamamos para proponerle la dirección de nuestro nuevo proyecto. Hace varios años, después de estrenar Sin Escalas y entre gira y gira, habíamos empezado a desarrollar ideas relacionadas con el mundo de la construcción. A partir del concepto de ‘circo artesanal’ nosotros intervenimos construyendo diferentes aparatos, nos gustan mucho los inventos, las excentricidades. Así que nos habíamos puesto a escribir por ahí. Luego nos encontramos con Osqui, le llevamos lo que teníamos, compartimos las ganas, los deseos, las ideas y empezamos a trabajar con él pero muy distinto de cómo lo veníamos haciendo. 

Osqui, ¿qué pensaste cuando recibiste la propuesta y hacia dónde dirigiste tu trabajo?

Osqui Guzmán: Bueno, los chicos, primero, tienen una cosa muy ganada en cuanto a agrupación, son un grupo casi familiar en lo teatral, son, justamente, bien circenses. Yo pensaba entonces, pienso ahora, que no tenía, no tengo, mucho lenguaje para ofrecerles, simplemente puedo ordenar lo que ellos ya traen. Lo primero que ví, cuando me propusieron la dirección del número de Sin Escalas, fue: me están pidiendo algo que saben hacer; todo lo que hacen está bueno, lo que faltaba quizás tenía más que ver con precisiones técnicas, con síntesis de gestos, que hacen a la cosa mucho más virtuosa y mucho más graciosa. Lo que yo hice entonces en ese número fue sujetar, sujetar, sujetar, atar, atar, atar, como cuando ordenás tu casa. Todo esto acá, todo esto acá, todo esto acá, ¿para qué tener todo desparramado? Cuando vinieron a verme pensando en un nuevo espectáculo, de comedia física, sin palabras, relacionado con el mundo de la construcción, me presentaron una serie de ideas, de situaciones que habían pensado sucediéndose una atrás de la otra. Yo tiré eso a la basura. Tirar a la basura es una manera de decir, porque como en la computadora, todo queda en la memoria, en la papelera de reciclaje. Yo soy de procesos muy largos, la obra tiene un año de ensayos. Porque escribir una obra es un trabajo muy complejo. Hay que “tirar a la basura” muchas cosas para sacarle el jugo a la idea original y que quede mucho más sintético, concreto y contundente. Porque una sucesión de sketchs puede ser muy divertida, pero una obra es otra cosa; una obra pide que suceda algo muy especial que merezca ser contado. Pedimos ayuda al maestro Mauricio Kartun, él vino y nos dio una mano enorme para comprender de qué estábamos hablando. Kartun tiene esa visión de maestro que todo lo conceptualiza y lo totaliza, él trabaja con la dramaturgia del actor, y acá está eso, en A la obra! el actor cuenta con el gesto, cuenta con lo que hace no con lo que dice.

¿Considerando este nuevo sistema de trabajo, en qué momento decidieron que la obra estaba ‘construida’? ¿Fue una decisión del grupo, del director?

Osqui: La decisión es mía, pero todavía no la tomé, todavía la obra no está lista. Está lista en los términos formales pero no está lista porque le falta el público, cuando esta nota esté en la calle tal vez sea diferente. Porque la obra depende de eso, hay muchos movimientos que aparecen en escena sobre los cuáles no sabemos cómo va a reaccionar el público que es quien encuentra la lectura, las lecturas, de lo que pasa. Sobre todo cuando ese público es la familia, porque los chicos ven una cosa y los grandes, otra. Por ejemplo, creo que en el caso de los niños, van a mirar la obra desde la ingenuidad de las situaciones. El niño se entusiasma con la forma. Pero cuando el padre se ría por el contenido de esas situaciones, y cuando reflexione, la experiencia va a ser otra. Es muy lindo ver a un nene reírse y ver cómo el padre también se ríe, porque el chico entiende que ahí hay un mundo que les pertenece a los dos.

¿Junto con La Pipetuá vuelven a escena los clowns: Varreto, Marito, Vittorio y Wilbur y sus objetos excéntricos? ¿Quiénes son los obreros de esta obra?

Sebas: El clown siempre está vivo. Lo que hay acá, más que el clown de cada uno, son las relaciones de cada uno con el otro y entre todos.

Osqui: En este espectáculo cada uno tiene un sello especial: está la autoridad, quien da las órdenes; está el hombre fuerte, de acción, el que todo lo puede; también está el que todo lo teme y, finalmente, el colgado, el músico, el artista, el que no vino a la entrevista… 

Sebas: Y las excentricidades están también. De hecho esa fue una de las cosas por las que el proceso se hizo largo, más allá de que la dramaturgia sin palabras lleva un largo tiempo de trabajo; también trabajamos mucho con los inventos y como siempre con mucho de prueba y error. Por ejemplo, estuvimos todo un mes trabajando con un truco que al llevarlo a escena no funcionó y tuvimos que descartarlo.

Osqui: Es que hay que ver qué es lo que la obra pide. Un número es un número y puede ser muy bueno, pero si la obra no lo pide, no va. Yo recuerdo que cuando ellos vinieron a verme comenzamos a trabajar con los objetos ya construidos y nos fuimos dando cuenta, con el tiempo, que estábamos trabajando para los objetos, para justificar su presencia, no para la obra. Por eso decía antes que ‘tiramos todo a la basura’. Eso que sucedió, trabajar en un objeto que no funciona y aceptarlo, habla de la maduración del grupo, de no quedarse en lo que ya sabemos que funciona sino de avanzar, de tomar riesgos. Yo creo que una de las cosas más lindas que tiene La Pipetuá es eso de ser un ‘circo artesanal’. Porque lo artesanal requiere siempre de mucho riesgo, de aceptar invertir tiempo en algo, en un objeto a veces, en un proyecto otras, que no sabés cómo va a funcionar. Pero, a la vez, todo ese tiempo que pusiste sobre la construcción de ese objeto es lo que le da valor, y lo mismo pasa con la obra de teatro. Es parte del proceso. Del construir.

Sebas: Es un desafío grande y la verdad es que no sabemos cómo va a resultar. Los espectáculos anteriores los vió mucha gente, en muchos lados. Creemos que si seguíamos haciendo eso iba a seguir funcionando. Pero apostamos al crecimiento, a la madurez.

Diego: Porque el motor, para nosotros, sigue siendo la búsqueda constante.


Ver fechas y horarios de funciones de A la obra!

 


PLANETA LA PIPETUÁ 

La Pipetuá son Diego Lejtman, Sebastián Amor, Maximiliano Miranda y Fernando Selles; Varreto, Marito, Vittorio y Wilbur; tres clowns y un músico excéntrico. Cuatro artistas formados en las artes circenses, el teatro, la comedia física y la música con un particular interés en la creación y manipulación de objetos no tradicionales, originales y muy divertidos. En el año 2001 comenzaron animando fiestas infantiles y eventos para empresas, luego incursionaron en el mundo del teatro en escuelas y, finalmente, en el año 2004 estrenaron su primer espectáculo: Opereta Prima. En 2006 llevaron a escena una segunda obra: Sin Escalas, que estuvo en cartel en diferentes salas durante cuatro temporadas. Con ambos espectáculos –y un mix que incluyó nuevas y exclusivas variedades- viajaron por prácticamente toda la Argentina (sólo les falta presentarse en las provincias de La Rioja y Jujuy) y también bastante más allá de los límites del país. En 2007 y en 2010 giraron por Asia, hicieron funciones en Singapur, Malasia y Hong Kong, demostrando que el juego –y el talento- no conoce de fronteras. En 2012 La Pipetuá vuelve a la calle Corrientes para estrenar su tercer espectáculo, en esta oportunidad con dramaturgia y dirección de Osqui Guzmán: A la obra!

 

 

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