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01-10-2009 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Para endulzar la oreja

Cecilia Raspo es una criatura poco frecuente dentro del panorama de la música infantil cordobesa. Fundadora de Los Tinguiritas, hoy integra el grupo Tres de Azúcar, que acaba de editar disco doble: uno dedicado al público adulto y otro para chicos. Por si fuera poco, también toca en el dúo La Carreta, dedicado a las músicas de los juegos, y con el grupo de narradoras Venique Tecuento.

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Por Celina Alberto



Lo mejor del mundo puede suceder dentro de una habitación, con los ojos cerrados, buscándole sonidos a una colección de instrumentos exóticos. Cecilia Raspo dedicó la pared más importante de su casa a un panorama extenso de las posibilidades de las cuerdas, la percusión, el viento y algunas de sus combinaciones musicales más variadas. Acompañó todo con sillones para viajar por horas. El encuentro con ella será entonces en las coordenadas de una comodidad estimulante. Así se muestra también ella. Y hablar de lo que hace le sienta muy bien.

Cecilia Raspo ha dedicado su vida y su entusiasmo a la música. Toca el violonchelo desde los seis años, creció rodeada de parientes músicos, está enamorada de uno y su hijo lleva en la sangre varias generaciones y familias dedicadas a la música. El vínculo entre infancia, sonidos, ritmos, armonías y melodías es para ella lo más natural del mundo. Pero además tuvo una tía que le mostró el primer camino hacia lo que Cecilia vino a hacer al mundo.

¿De dónde vienen tus ganas de hacer música para niños?

Toda mi familia es de músicos clásicos, salvo Edith (‘Beba’ Raspo), una tía de parte de mi papá, que vive en Buenos Aires y es música, pedagoga y muy reconocida en lo que ella hace. Cuando yo era chica ella formó el grupo Sonsonando, que todavía funciona, y ahora lo dirige. Me llegaron las grabaciones de todo eso cuando era chica y para mí era como una especie de Piñón Fijo, pero de mi familia. Desde esa época me quedó el interés por hacer música infantil. Siempre quise ser como mi tía. De grande, ya haciendo Los Tinguiritas, mi primer proyecto, fui a confesárselo. Me acuerdo estar en la primera fila del teatro, en Buenos Aires, creo que era el San Martín, y ella les pedía a los chicos que se levantaran de los asientos. En ese momento miré a la platea y pensé “qué bárbaro, qué picante es todo esto”. Después me acerqué al Encuentro Latinoamericano y del Caribe de la Música Infantil. Fui a la edición que se hizo en Córdoba, cuando fuimos sede, y ahí vi muchísimas propuestas de todas partes del mundo. Había cosas súper marcianas como los Patitas de Perro, de México, que venían a hacer rock pesado para niños, y los chicos quedaban fascinados. Eso me motivó a empezar con Los Tinguiritas.

¿Cuál fue el origen y el concepto de Los Tinguiritas?

El proyecto lo generé yo, me acerqué a Marcos Gowda y le conté mi idea de hacer algo. Él fue mi primer compañero en eso. Empezamos como dúo, después fuimos cuarteto y a los 10 años ya habíamos grabado dos discos, Zapatanga y Caleidoscópico. Luego empecé con Tres de Azúcar, con música para adultos. En ese momento entendí que había cumplido un ciclo con Los Tinguiritas y con ese modo de trabajo.

¿Qué tiene de atractivo hacer música infantil para una instrumentista?

En la música para chicos, de la manera en como yo la hago, porque hay mil formas posibles para interpretarla, lo atractivo es que el público es auténtico. Si no les gusta se levantan y se van. Los adultos en cambio se sientan, escuchan hasta el final, te aplauden y después se van al café a criticarte. Uno se cree que es genial y en realidad te están sacando las pulgas. En cambio los enanos, si no les interesa, se levantan, se ponen a dar vueltas por la sala y no les importa que te des cuenta.

¿Componés tus propios temas?

No compongo porque hay tanto material hecho, cosas muy bonitas que se pueden dar a conocer. Mi intención siempre ha sido difundir un poco de todo lo que ya se escribió en el género. Hay música de compañeros, artistas que son grandes autores de música para adultos y alguna vez se atrevieron a hacer cosas para chicos, otros que escriben en otros países y acá no se conocen.

¿Cuáles son los referentes en tu repertorio?

Un clásico es Simón Díaz. “La vaca mariposa” la empecé a hacer con Los Tinguiritas y la sigo haciendo con Tres de Azúcar porque la gente siempre me la pide. También hay canciones de Violeta Parra, de Luis Pescetti, del Chavo del Ocho, de los Sonsonado, Pro Música de Rosario, una compositora cubana como Rita del Prado, montones.

¿Cuándo encontraste tu estilo de trabajo escénico, que es uno de los atractivos de tus presentaciones?

Esta forma de trabajo la encontramos con Marcos, en Los Tinguiritas. Era una metodología que consistía en tener un montón de canciones que nos gustaban, pero como no teníamos un guión de teatro, lo que armamos fue un sistema de puentes entre las canciones. Podía ser un cuento, un trabalenguas, un juego de palabras, un juego corporal o acciones que tuvieran que ver o no con el tema de las canciones. Salíamos de una cosa y la gente sin darse mucha cuenta ya entraba en otra. Con Tres de Azúcar lo que tratamos de hacer es tomar repertorio colombiano, venezolano y argentino, pero esta vez sólo infantil, y lo presentamos con estos puentes. No explicamos las canciones ni hacemos conciertos didácticos sobre instrumentos. Puedo estar, por ejemplo, soplando burbujas y los chicos entran jugando a un ping pong imaginario. Entonces hacemos un breve intercambio, los mando a que se pongan a tocar, y después me pongo a cantar. En “La chacarera de los gatos” en cambio, Marcelo (Elmo) cuenta un cuento o llegamos a “La cocinerita” con recetas que les pedimos a los chicos.

¿Cómo se reparten los instrumentos en el show?

Marcelo toca guitarra y tiple, un instrumento colombiano con cuerdas de metal; David (Bedoya Baquero) toca el cuatro, que es un instrumento colombo-venezolano del llano, y yo, el violonchelo. También tenemos un set de vasos, ‘tapercitos’ de cocina, hacemos una escena con semillas, tenedores y ralladores. En otra canción toco una guacharaca que es como un güiro colombiano hecho con una caña. Siempre es necesario cambiar los timbres, para no aburrir y para crear otros climas.

¿De qué manera componen los personajes para subir a escena?

Subirse a un escenario implica siempre una cuestión actoral, una actitud. Sos actor desde que te paraste ahí, sea para cantar, actuar o tocar un instrumento. Para hacer música para chicos no sólo es necesario tener el repertorio. Hay que pensar en vestuario, en la puesta, en si te maquillás o no, cómo te vas a presentar en el escenario, si hay participación del público. En mi manera de trabajar, en mi estética, esto es muy importante.

¿El nombre del grupo es a prueba de diabéticos?

Es porque somos dulces pero no empalagamos. En realidad, es por una heladería muy famosa, La Jauja, que está en El Bolsón, donde venden un sabor que es ‘Mate cocido con tres de azúcar’. Un día discutiendo el nombre con los chicos, tiramos posibilidades toda la tarde, no nos poníamos de acuerdo. Entonces Marcelo dice: “Mate cocido con tres de azúcar”, y lo acortamos a Tres de Azúcar. Después le encontramos la explicación: cuando querés hacer que a alguien le guste una bebida, el café o el mate, le ponés un poco de azúcar. De eso se trata esto, endulzar para que le guste a todo el mundo


Planeta Cecilia

Cecilia Raspo tiene 32 años, un hijo (Mateo, de seis) y está en pareja con David Bedoya Baquero, músico colombiano, con quien vive en una casa de Barrio Jardín, muy cerca de la cancha de Talleres. “Acá no podés decir que no sos del club, porque se puede poner peligroso”, dice, medio en broma pero medio en serio.

Trabaja como maestra de música en la escuela primaria y es titular de la cátedra de violonchelo en el Conservatorio Provincial Félix T. Garzón. Sus proyectos musicales incluyen Tres de Azúcar, que integra junto a David (cuatro venezolano) y Marcelo Elmo (guitarra) y el dúo La Carreta, con Guillermo Bonaparte, este último dedicado al repertorio musical de los juegos infantiles. También participa en el espectáculo Historias contadas y cantadas, junto a Soledad Rebelles, del grupo Menta Piperina.

Sus comienzos en la música infantil fueron con Los Tinguiritas, que fundó junto a Marcos Gowda. Con ellos grabó dos discos: La Zapatanga y Caleidoscópico. Acaba de editar un álbum doble con las dos versiones de Tres de Azúcar: Nuestro dulce, para público adulto, y Algodón de azúcar, para los chicos.

Más info: 
www.tresdeazucar.com.ar
www.myspace.com/tresdeazucar
www.myspace.com/ceciliaraspo

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