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01-09-2006 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Pies que hablan

Teresa Duggan es bailarina, maestra de danza y coreógrafa. Su marca atraviesa los espectáculos de su propia compañía pero también alcanza a los elencos más variados. A dos décadas de su debut en escenarios porteños, Tere, no para. Y dice que así, con las letras de la danza, escribe las historias para las que sobran las palabras.

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Por Marisa Rojas



La mañana en que encontramos a Teresa, Buenos Aires lucía el gris aburrido de los días de eterna llovizna. En una esquina del centro, café de por medio, la mujer pequeña de cabello oscuro y enormes ojos vivaces, supo darle al día un brillo mágico. Es que Teresa, cuando habla, baila, y viceversa…

Dicen por ahí que la danza es una disciplina muy exigente y que sólo puede practicársela si se ‘educa’ al cuerpo para danzar desde la infancia, ¿cómo te acercaste vos al arte del movimiento?

¡Casi de casualidad! Yo tenía diecisiete años entonces. En realidad, eso de que a bailar hay que comenzar temprano tal vez sea para el clásico, pero la danza contemporánea es distinta, abre otras posibilidades. Yo viví toda mi vida en el campo, crecí en un pueblito que se llama como yo, Duggan, un pueblo que fundaron mis antepasados irlandeses, está sobre la ruta 8, cerca de San Antonio de Areco y Capitán Sarmiento, hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires. Nunca supe que quería bailar hasta que de grande vine a vivir a la Capital. Tomaba clases de gimnasia cerca de mi casa y una profesora me dijo que tenía condiciones para la danza, que si alguna vez había hecho, que si me interesaba. Entonces recordé algo que me gustaba hacer de niña… hamacarme, hamacarme alto, como hasta el cielo, parada sobre la hamaca. Y algo más, algo que hacía por las tardes… esconderme en el baño con la música bien fuerte y bailar y bailar hasta quedar toda colorada y exhausta. Me di cuenta que hamacarse y bailar eran para mí dos cosas muy parecidas, una sensación de libertad y armonía. Mi profesora de gimnasia insistió con que probara y creo que esas fueron para mí, palabras mágicas. Estudié con Ana Itelman y después me perfeccioné en Estados Unidos con Alwin Nikolais a quién siempre había admirado.

Del campo a la ciudad y de este lado sur del mundo hacia el extremo norte, ¿cómo fue esa nueva experiencia?

Estuve cuatro años, comencé estudiando en la compañía de Nikolais y luego estudié con otros coreógrafos con los que aprendí muchísimo, gente que rompió con la concepción tradicional de la danza. Eran los ´80, la época del nacimiento de lo multimedia, el break dance, la fusión, cuando se empezó a pensar a la danza desde los huesos y no desde los músculos. Eso fue un cambio total, fascinante. Pero también fue difícil, éramos setenta personas en las clases y si cada uno no se preocupaba por sí mismo, nadie lo hacía. Igual, me encargué de aprovechar el tiempo, yo empecé a estudiar ‘de grande’ pero después todo pasó como volando. Me acuerdo que en las clases de composición había gente que decía: ‘No hice nada porque no se me ocurrió nada’, y yo no lo podía creer, ¡a mí me sobraban ideas! Yo siempre supe que quería ser coreógrafa, que la danza era un lugar de creación, no de interpretación. Un día vine de vacaciones a Buenos Aires y ya no volví a irme. Comencé a coreografiar y presenté mi primer trabajo en el ´85 en el Centro Cultural San Martín.


Dos décadas después de su primer trabajo coreográfico en el país -un programa que incluía tres coreografías con nombres de colores, con música de Charly García para una de ellas-, Teresa Duggan cuenta con una sólida trayectoria como coreógrafa. Fundó su propia compañía de danza contemporánea -Duggandanza-, y, siempre en la búsqueda de nuevas experiencias, puso su sello a los particulares trabajos de Gerardo Hochman y, más recientemente, de la compañía de circo ‘artesanal’ La Pipetuá. También ha participado de las puestas en escena de grupos musicales como 5 Encantando y Al Tun Tun, lo que le ha valido ser reconocida por sus intervenciones en espectáculos para el público infantil.

¿De qué modo comenzaste a trabajar con propuestas artísticas para chicos?

En realidad, casi desde mis propios comienzos estuve vinculada con los niños. Mientras todavía estudiaba con Itelman, bailé en una obra de teatro con música de María Elena Walsh. De regreso en Buenos Aires, hice un espectáculo con Julia Zenko, donde ella también cantaba canciones de María Elena. Pero fue en el ´97, cuando me llamó Gerardo (Hochman), quien había bailado para mí antes de la fundación de su primera compañía, para que le dé clases a un grupo de sus alumnos, cuando comenzó el vínculo más fuerte. Lo primero que hicimos con Gerardo fue Gala, que en realidad apuntaba a un público que no era exclusivamente infantil, pero como tenía mucho movimiento, y colores, bueno, de algún modo fue un espectáculo elegido por y para los chicos. Después vinieron Bellas Artes, Ronda, Vibra, Fulanos, y el tiempo de pensar espectáculos para toda la familia.

En los espectáculos para chicos se hace uso, y abuso, de la danza, o en todo caso, ‘baile nunca falta’. Pero cuando se trata de armar propuestas donde la danza es el lenguaje central, donde los cuerpos y el espacio, de algún modo, hablan, la tarea no parece simple. ¿Con qué herramientas trabajás para acercarte al público infantil y lograr captar la atención de los niños?

La danza es mi lenguaje. Es un vehículo que me permite contar todas las historias. En el movimiento hay mucho juego de imágenes y junto con la música eso me permite jugar, hurgar en la fantasía, andar muchos mundos. Cuando trabajo para chicos hago ‘pie’ en el humor, en los movimientos graciosos, en el juego de las dimensiones opuestas, en la unión de muchos en un costado del espacio, en la velocidad de los pasos que cambian como de repente, trato de trabajar sobre todo la sorpresa. Trabajar para los chicos está muy bueno porque, lo que me pasa a mí, es que me siento más libre, me pongo en un lugar de mucho más juego que cuando lo hago para los adultos.

¿Cómo se organiza el trabajo cuando se trata de armar una coreografía que no va a ser bailada, cuando no trabajás con bailarines, acróbatas o actores sino, por ejemplo, músicos?

En esos casos trabajo más la puesta, miro y busco y pienso en los objetos en escena y a partir de ahí dibujo movimientos hasta con los mismos instrumentos. Se trata de armar una coreografía sin que ellos, los músicos, se den cuenta. Porque además ellos tienen que estar atentos a sus instrumentos, a sus intervenciones musicales, no es sencillo. En realidad, lo que está muy bueno es que los artistas cada vez quieren fusionar más las cosas y eso me parece que enriquece muchísimo al espectáculo. Yo creo que todas las artes están cada vez más unidas. En todos los espectáculos ves movimiento, tal vez no es lo que muchos llaman ‘danza’, pero, ¿qué es danza? Cuando hay movimiento, cuando la energía recorre el cuerpo con un orden y con una combinación, para mí eso es danza.

Tu trabajo pasa hoy, fundamentalmente, por la creación de coreografías, pero sabemos que, además de ser docente y de dirigir grupos, seguís bailando, ¿por qué lo hacés?

Cuando empecé a trabajar bailaba en todas las coreografías, después me di cuenta que al estar adentro y afuera no daba abasto. Pero me gusta estar adentro y afuera también. Me pasa que todo lo que hago es como bastante personal, así como trabajo mucho con las personalidades de los artistas para y con los que trabajo, a veces hago cosas que son muy mías. Hago todo como a medida, y suele sucederme que pienso algo que es para mí y no me resulta fácil trasladarlo a otra persona. Y además, me divierte mucho bailar, cuando lo hago me conecto como algo muy sagrado a lo que en lo cotidiano no llego..


Un espectáculo sobre rieles

A todo vapor va el trencito Zig-Zag. Durante 60 minutos, visita ciudades inventadas donde habitan personajes de fantasía. Se trata de un viaje mágico, plagado de humor, misterios y belleza. Analía Cabanne, María Laura García, Lala Lafleur, Daniela Velásquez y Giancarlo Scrocco, dirigidos por Teresa Duggan, recorren un mundo fantástico donde todo es posible: abanicos de colores que parecen volar solos, aguas profundas donde los cuerpos se vuelven otros, samurais que pelean con las olas, juguetes encantados que cobran vida, un té en la tierra de las maravillas y hasta una vaca que es toda una diva de la canción.

“Los orígenes de este trabajo que estrenamos en el mes de junio, que fue visto por montones de chicos, y de grandes, durante las vacaciones de invierno y que sigue en el Centro Cultural San Martín hasta noviembre, están en unas escenas que tres años atrás presenté en el marco de lo que alguna vez fue la tienda Harrods, sobre la calle Florida. En aquel entonces la propuesta estaba directamente vinculada al mundo de los juguetes, en esta nueva ocasión, hay una historia, un viaje en tren y montones de elementos fantásticos que hacen de ese viaje una experiencia divertida y emocionante a la vez. En el 2003, tuvimos una muy buena experiencia con aquellas primeras escenas y como siempre pensamos en hacer algo más a partir de allí, bueno, en el 2004 me presenté al Fondo de las Artes, re-escribí el proyecto y el año pasado me otorgaron el subsidio por el que este año pudimos estrenar”, explica Teresa.

El recorrido del trencito Zig-Zag lleva a los espectadores a lugares donde el juego, la alegría, y la poesía son una constante. La utilización del espacio, la luz, los movimientos, los elementos y el color, arman ese lenguaje contemporáneo y poético que distingue las propuestas de Duggan donde siempre hay algo para cada uno de los sentidos, donde nada parece quedar fuera y las sorpresas se multiplican una y otra vez. “En cualquier viaje uno atraviesa y es seducido por un montón de cosas, escuchamos el ruido del tren al tiempo que miramos por la ventana y vamos pasando de un paisaje a otro y así vivimos, e imaginamos, montones de historias, por eso me parece que está bueno que haya música y movimiento pero también juegos con elementos e imágenes, que la información arme ese tejido que es parte de nuestra vida. Por eso también me gusta quebrar espacios, de allí que el espectáculo comienza en la platea. Y cuando vos ves las caritas de los chicos observás una mezcla de admiración, respeto y sorpresa que me parece que está muy bueno”, comenta Teresa.


A Todo Vapor. Sáb. y dom. 16:30 hs. Centro Cultural San Martín, Sala E. Muiño. Sarmiento 1551 4to piso. $ 2. Para todas las edades. (Las entradas se retiran en PB dos horas antes de la función).



Planeta Duggan

Teresa Duggan es bailarina, coreógrafa y maestra de danza. Estudió en Buenos Aires con Ana Itelman, y se perfeccionó en Nueva York en las escuelas de Alwin Nikolais, Merce Cunningham y Movement Research. Bailó en importantes compañías americanas con las que participó de festivales en Estados Unidos y Francia. En Argentina, con su grupo de danza contemporánea – Duggandanza – se presentó en teatros de Buenos Aires, y en Latinoamérica. Su interés por el cruce con otros lenguajes artísticos la acercó a Gerardo Hochman, con quién desde mediados de los ´90 ha creado espectáculos, para grandes y chicos, con un lenguaje propio que el público y la crítica han celebrado. También coreografió shows de cantantes y artistas populares como Julia Zenko y Natalia Oreiro. En el 2005, recibió el premio Argentores a la Mejor Coreografía por la obra Fulanos, alguien, algunos, nadie, ninguno; y fue elegida entre los artistas destacados del año en la entrega de los Premios Teatro del Mundo de la UBA, por las coreografías de Opereta Prima XL y Cuatro Poemas primavera-verano-otoño-invierno. Durante las vacaciones de invierno del 2006, los trazos de Teresa se desplegaron en cinco espectáculos diferentes: A Todo Vapor, Abran la sonrisa, de Al Tun Tun, Sin Escalas, de La Pipetuá, ¿Dale que somos amigos?, de 5 Encantando, y Sudestada, de Los Cuatro Vientos.

Más inf. en: www.atododuggan.com.ar

 

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