01-11-2009 | Teatro
María Inés Falconi y Carlos de Urquiza son representantes de ese otro tipo de teatro, el que invita a la reflexión y ayuda a pensar. En esta nota, repasan sus 25 años de trayectoria con el Grupo de Teatro de Buenos Aires y hablan de su nueva obra, “Cantata de Pedro y la guerra”.
por Marisa Rojas
La Universidad Popular de Belgrano fue fundada en 1930. Desde sus comienzos, las expresiones artísticas, y en especial el teatro, ocuparon un lugar central en su propuesta de educación no formal. En la UPeBe tiene su sede el Grupo de Teatro Buenos Aires, fundado en 1983 por Carlos de Urquiza. También allí se aloja la Biblioteca de la Asociación Argentina de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes (ATINA), que coordina la escritora y dramaturga María Inés Falconi. Y fue por ello que en la actual casa de la Universidad, una casona antigua en pleno barrio de Belgrano que alquilan temporariamente hasta que comiencen, y finalicen, las obras de la nueva sede que estará ubicada en la Avenida Córdoba cerca de Godoy Cruz, nos encontramos un mediodía de sábado para conversar sobre su presente, y su historia, en el mundo del teatro para niños, niñas y jóvenes.
¿Cuándo comenzaron a trabajar juntos y qué fue lo primero que hicieron?
María Inés: Fue en el año ´85 cuando hicimos la primera obra, Tornillos flojos. Un texto mío acerca de un robot demasiado ajustado que se va como aflojando, un robot de dibujo animado que se cansa de que le den órdenes todo el tiempo y decide salir al mundo a conocerlo por sí mismo. Fue un muy buen comienzo porque la obra recibió el premio por los Derechos del Niño de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Así iniciamos la actividad en el teatro para niños con estos roles en los que aún continuamos, Carlos como director y yo como dramaturga.
¿Y cuáles son las especificidades del trabajo de cada uno? María Inés como dramaturga escribiendo para un director como Carlos; Carlos, como director, llevando a escena textos de María Inés.
María Inés: A mí como dramaturga me da unas claras posibilidades y pautas de trabajo, porque no es lo mismo escribir una obra sin saber quién la va a dirigir que sabiéndolo. Cuando se concuerda el camino a seguir en cuanto a una determinada estética, una determinada forma de dirigirse a los chicos, eso allana mucho el camino. Hay una base que sustenta todo eso, una raíz, y es una posición filosófica frente al mundo y frente a la vida. Pero hay algo más, porque si bien nosotros trabajamos juntos hace tiempo y somos como el pilar estable de este lugar, el equipo que nos acompaña también desde hace muchos años es muy importante a la hora de la puesta en escena de proyectos especialmente ‘difíciles’, porque ellos también asumen el riesgo, porque comparten nuestro mundo, porque son parte de este mismo barco.
Carlos: En el trabajo concreto, y si bien la dramaturgia es de María Inés, durante el proceso de escritura hay charlas, comentarios y aportes mutuos; y de la misma manera durante el proceso de puesta en escena hay siempre una intervención de la dramaturga, lo que genera no pocas discusiones pero que en definitiva terminan enriqueciendo el trabajo… cuando uno tiene la paciencia suficiente. Sin duda, se interconectan los trabajos en las dos etapas. Y eso es importante siempre, porque hay situaciones de experimentación donde hay muchas cosas que no sabemos y que tenemos que ir descubriendo a lo largo de todo el proceso. Chiches, la obra que hicimos años atrás para espectadores menores de tres años, fue un claro ejemplo. Nos estábamos dirigiendo a un público nuevo y bien específico, y eso implicaba, desde todos los lenguajes, tanto el dramatúrgico como el de puesta en escena, mucha experimentación: con los actores, con los músicos, mucha prueba para definir cómo instrumentábamos estos medios expresivos para que llegaran a un niño de tan corta edad.
Luego de tantos años de trabajo compartido, ¿qué cambios y que inalterables pueden señalar?
María Inés: Lo que se sigue sosteniendo es el contenido de las obras: no el contenido argumental, sino la posición. Tornillos flojos, nuestro primer trabajo en conjunto, fue una obra contra el autoritarismo. Y lo último que estrenamos es la Cantata de Pedro y la guerra. No digo que haya una obsesión, pero sí que se mantiene una línea que tiene que ver con los derechos del niño. Eso permanece intacto, y me parece que está bueno. También la necesidad de no quedarnos con ninguna receta probada y estar permanentemente experimentando nuevos contenidos, nuevas formas. Este es un grupo que asume riesgos permanentemente. En cuanto a lo que cambia… Bueno, cambia el mundo, por lo cual uno como creador también cambia, cambia la experiencia que uno tiene porque se aprende de lo que se va haciendo, cambios positivos que nos permiten profundizar en lo que hacemos.
Carlos, ¿cambió el concepto de niño de los años ‘80 a hoy? ¿Esto, en tal caso, implica que cambia el público y que cambian ustedes como creadores?
Carlos: Yo estoy absolutamente en contra de esta nueva posición de que los niños son distintos, que ahora son más rápidos que antes, etc. Los niños son niños: aprenderán a usar el mouse al año y medio pero su desarrollo intelectual y afectivo no varía, por lo menos eso es lo que yo creo. Lo que sí se ha dado, como situación severamente inquietante, es cada vez una menor capacidad de concentración y de nivel atencional en los niños del público. Y en espacios como esta ciudad de Buenos Aires en la que nos toca vivir, se observa un clima de histeria violenta en los niños que es realmente preocupante. Esto sucede antes de que empiece el espectáculo, por lo que no podemos atribuírselo a la escena, pero en la sala los chicos gritan, se mueven, los docentes no los pueden mantener quietos… hay una situación de excitación totalmente fuera de lo común y se necesitan cerca de 15 minutos como para hacerlos entrar en un clima distinto, disponerlos para una experiencia diferente. Creo que todos los que hacemos teatro en la ciudad de Buenos Aires desde hace años, tenemos esta vivencia actual de chicos alterados.
En diversas charlas con teatristas ha aparecido una observación respecto a un posible acortamiento del período de la infancia. Se habla de que los chicos de más de 8 años ya no van al teatro, y al mismo tiempo se observa que los niños van al teatro cada vez desde más pequeños.
María Inés: Yo creo que no se acortó el período de la infancia como proceso vital, me parece que esto tiene que ver más con una cuestión social. La sociedad impone a los chicos, como decía mi padre, quemar etapas demasiado rápido. Hay una aceleración del proceso de socialización: los niños van al jardín desde más pequeños. Y con esta socialización más amplia, por supuesto, todo pasa antes. Y lo mismo sucede con el teatro. Antes, los chicos iban al teatro a partir de los 4 o 5 años; ahora, empiezan a ir al año. Convengamos que tampoco hay una oferta de espectáculos para chicos más grandes de 8 años. Es una especie de círculo vicioso: nadie los hace porque los chicos no van y los chicos no van porque no tienen dónde ir.
¿Podríamos decir que han sido pioneros en dar respuesta a esto a través de Chiches y de Cantata…?
María Inés: Chiches surgió de la experiencia. Estábamos dando espectáculos para chicos a partir de 3 años, a los que venían chicos de 3 para abajo. Así surgió la idea de hacer un espectáculo específico para ellos. Con respecto a Cantata de Pedro y la guerra, nosotros tenemos una larga trayectoria en hacer espectáculos para chicos mayores de 8 años. Con mucha dificultad, porque no es un público que acceda siempre. Lo que uno se plantea cuando decide hacer ese tipo de espectáculos es si tiene ganas de correr o no el riesgo.
Carlos: Lo cierto es que espectáculos como estos permiten una convocatoria familiar, porque son espectáculos movilizadores que buscamos, nos interesa, provoquen la posibilidad de diálogo, en casa, con los padres, con otros adultos. Son espectáculos con contenidos en general fuertes. Hablo de obras como Juan Calle, la historia de un chico cartonero, Sobre ruedas, que habla de un niño inválido, Hasta el domingo, que aborda el tema del divorcio, o esta Cantata… Se trata, por otro lado, de temáticas que habitualmente no contiene la cartelera de nuestro teatro, que está más orientada al concepto de la diversión. En el teatro para niños, niñas y jóvenes local, no hay apuesta; en realidad, primero, no hay casi teatro de texto, y si lo hay no contiene una temática fuerte porque se supone que el chico al teatro debería ir, casi diría exclusivamente, a divertirse.
¿Cuáles son los mejores recursos artísticos para plantear este tipo de temas? En ocasiones, se menciona al humor como un elemento posible.
Carlos: Yo tengo una anécdota que me parece significativa. Estaba llevando de regreso a Ezeiza a Suzanne Lebeau, de la compañía canadielse Le Carrousel, ella había visto Juan Calle pero no habíamos tenido tiempo para hablar de la obra y lo hicimos en ese trayecto al aeropuerto. Y de pronto me dijo: “¿Por qué el humor, por qué esa secuencia de humor, si no hay que rebajar la intensidad de lo que esta sucediendo?” Esa es su visión, un planteo desde un lugar absolutamente distinto al que habitamos nosotros, en la realidad cotidiana y también en la artística, porque en su Canadá el teatro para niños es de una importancia bien diferente a la que se le da en nuestro país, con una dramaturgia que tiene muy pocos puntos de contacto con la nuestra. Nosotros utilizamos una serie de elementos de distanciamiento, humor, canciones, proyecciones, una actuación de rasgos muy marcados, títeres, porque entendemos que posibilitan el abordaje de estos temas ‘difíciles’. Lo que no sucede en Canadá, ni en Suecia ni en el teatro escandinavo, mucho menos en el alemán, donde no sólo estas temáticas están muy presentes sino que además se las presenta sin ningún distanciamiento.
María Inés: Sucede que uno tiene que conocer a su público. Yo no escribo para chicos suecos. Puede ser que una obra mía guste y se haga en Suecia, pero yo escribo para los niños de acá que son con los que comparto un mundo, una sociedad, unos problemas, unas alegrías. Puedo dar un paso más allá y probar lo que pasa pero no puedo dar veinte pasos más allá.
En todos estos años de trayectoria, ¿qué momento recuerdan como ese en que se alcanza la certeza de ir en el camino elegido?
María Inés: Para mí, la obra que marcó una entrada en un camino fue Caídos del mapa, nuestra primera obra para preadolescentes. Hasta ese entonces siempre habíamos hecho teatro para chicos más chicos, pero con esa obra nos jugamos a trabajar para chicos de 10 y 11 años. Y fue un proceso muy interesante, muy largo y muy rico. La sorpresa del aplauso en el teatro el día del estreno fue algo inolvidable. Porque Caídos… fue, como Chiches, una apuesta muy fuerte, que marcó un hito, el comenzar a hacer teatro para chicos más grandes.
Carlos: Yo supe que estaba en el camino correcto cuando la conocí a ella.
En la casona del barrio de Belgrano, entre muchos libros de teatro, cajas con utilería y tachos de luces, resuenan las risas de la dramaturga y el director.
Cantata a la esperanza
La más reciente apuesta del Grupo de Teatro Buenos Aires, que estuvo en cartel durante la temporada 2009 y prevee reestrenar el año próximo, se llama Cantata de Pedro y la guerra y está basada en la novela corta Pedro y la guerra, de María Inés Falconi. Con música de Carlos Gianni y dirección general de Carlos de Urquiza, Cantata… es una obra esperanzada sobre una historia triste. La historia de un niño que, como consecuencia de un bombardeo que en plena guerra azota a su pueblo, queda atrapado entre escombros, junto a un hombre mayor y analfabeto que le enseñará cómo el afecto y las palabras pueden salvarnos y ayudarnos a volver a empezar. Pensada, y recomendada, para chicos y chicas a partir de 9 años de edad, Cantata… se inscribe en la histórica tradición del GTBA de llevar a escena, también, obras movilizadoras, cuestionadoras, que inviten a la reflexión y dejen abierta la puerta para el diálogo en familia, en esta oportunidad, sobre la dura realidad de la guerra.
Planeta Falconi-Urquiza
María Inés Falconi es docente, escritora y dramaturga, especializada en teatro infantil y juvenil -aunque también escribe para adultos-; premiada por el Fondo Nacional de las Artes y Argentores, entre otras instituciones, coordina talleres de expresión teatral para niños y adolescentes en la Escuela de Teatro de la Universidad Popular de Belgrano, institución cuya Biblioteca Popular tiene a su cargo. Además, es miembro de la comisión directiva de ASSITEJ Internacional.
Carlos de Urquiza es actor, docente y director, fundador –junto al actor Carlos Parrilla- del Grupo de Teatro Buenos Aires. Es presidente de ATINA (Asociación de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes) y coordina el Foro Iberoamericano de Teatro para Niños y Adolescentes.
Son pareja y desde 1985 comparten, además, el trabajo cotidiano en el GTBA y en la UPeBe, dos espacios a partir de los cuales desarrollan una serie de múltiples e interesantes actividades en relación al teatro para niños y jóvenes, desde la puesta en escena de obras y el dictado de cursos hasta la organización de una biblioteca exclusiva del género y de festivales de carácter internacional.
Más info: www.upebe.com.ar
www.carlosdeurquiza.com.ar
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