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11-07-2011 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

¡Tiene novia!

Bailando la matemática y la lección de geografía, "Marisa y Simón" combina danza y clown en una escuela donde ella-gusta-de-él, él-de-ella, y todos los compañeros los cargan. Un aula en donde la libertad, los afectos y las vergüenzas se resuelven con mucho ritmo.

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Por Gabriela Baby



El argumento de Marisa y Simón tiene origen en una anécdota real. “Le pasó a mi hijo, en quinto grado”, dice Claudio Martínez Bel, autor y actor de la obra. “La maestra tenía que preparar un acto y dijo: ‘necesito una chica y un chico para bailar’. Preguntó a las chicas quién quería bailar: todas querían. Preguntó a los varones: nadie quería. Entonces les preguntó de a uno: cuando le tocó a mi hijo, él hizo un silencio tan significativo que todos los compañeros empezaron a alentarlo para que bailara. ¡Y se animó!”. El valiente Lucio pasó al frente junto con la bailarina. Y entonces se desató el conflicto: “Todos los compañeros empezaron a cargarlo, a decirle que la chica era la novia, y esas cosas típicas de los chicos. Lucio se inhibió de tal manera que no quiso bailar. Y fue todo un lío”, cuenta Martínez Bel. Con coreografía y dirección de Silvina Grinberg y libro de Martínez Bel, Marisa y Simón comienza con esta misma escena, para desplegar situaciones de pudor y deseos, amores ocultos y ganas reprimidas, en clave de danza y con mucho humor.

Un espectáculo de danza para chicos es todo un desafío. Y además, asumiendo el tema de animarse o no animarse a bailar, y el otro gran tema de los novios y las vergüenzas. ¿Cómo fue el abordaje del trabajo desde la danza?

Silvina: Fue un gran desafío. Porque, si para grandes la danza es algo complicado de ver y asimilar, para los chicos se pone más difícil. Entonces, aparece el clown, que aunque no tiene nariz roja, viene a desacralizar la danza.

Claudio: El clown y la danza funcionan desde la profunda exposición de lo propio al servicio del movimiento y la expresión del cuerpo, o del ridículo. Ambos buscan exponerse, jugar con lo más íntimo, lo personal. Y en Marisa y Simón se borran las fronteras: ¿hasta dónde es danza?; ¿hasta dónde es clown? Van juntos.

Silvina: Ocurre que tanto la danza como el clown permiten estar sensible, vulnerable y expuesta: éstas son palabras que dice Claudio cuando enseña a trabajar el clown y que yo tomo para la danza. Palabras mágicas para mí. Porque permiten trabajar desde lo propio, estar sensible, en cuerda floja.

Entonces, ¿los personajes juegan a ser niños o son niños?

Silvina: Trabajamos durante dos meses antes de llegar al teatro Cervantes, donde ensayamos durante un mes antes del estreno. Y fue muy interesante, porque la propuesta era que cada uno buscara su modo de bailar y también al chico que tenía adentro. Entonces aparecieron las cargadas, las burlas, los movimientos y actitudes que luego adquirieron el lenguaje de la danza. Y también hubo una propuesta mía para los personajes: que el profesor tuviera movimientos rígidos, esquemáticos, muy geométricos.

Claudio: Fue interesante también trabajar el clown desde la matemática. Porque la comicidad es matemática, tiene una estructura y ritmo: chiste, pausa, chiste. Entonces la investigación, los ensayos, todo el proceso nos permitió transitar desde el lenguaje de la danza y desde el clown los contenidos de la escuela.

Bailar en la escuela y bailar la matemática: lo estructurado y lo creativo dialogan. ¿Cómo llegaron a una coreografía estructurada que mantiene lo espontáneo en cada personaje?

Silvina: Fue parte del proceso. Porque la obra dice –y es mi interés que dijera esto- que no hay una única manera de bailar. Porque Simón baila como Simón, y no como un bailarín. Ni las chicas, ni la maestra bailan con estilo académico. Pero a la vez los desplazamientos están organizados. Porque necesitamos esa organización. Y porque bailar es un modo de abordar otros temas, que pueden ser temas escolares también. ¡Me hubiera encantado que me expliquen matemáticas bailando!

Claudio: Y además nos interesa mostrar una escuela amplia, atractiva, inclusiva. Es deliberadamente la escuela pública: tiene los guardapolvos blancos y esta diversidad de estilos en cada chico. Una escuela sensible, abierta a lo que pasa entre los alumnos y los maestros, y muy dinámica.
 
Y pudieron bailar la lección de geografía bajo la mirada de una maestra muy especial. ¿Cómo es la maestra?

Silvina: La maestra es María José Gabin que tiene una formación de bailarina y una creatividad asombrosa. Pero, más allá de sus virtudes, mi idea de la maestra es que tuviera movimientos circulares y flexibles, muy diferentes a los del profesor que es rígido.

Claudio: La maestra es muy graciosa y ocurrente. Por momentos parece que se le va a ir el tono y vamos a ver a la “gamba al ajillo” (en referencia al grupo que integró en los ’80). Pero no: maneja claramente los límites. Y hablamos del amor o de los deseos en un tono apto para todo público. Entonces, entramos por el lado amoroso y dejamos de lado lo bizarro. Y cuando trabajás lo amoroso aparece lo poético, la ternura y también lo ridículo, que siempre son bienvenidos.

La maestra, los chicos, el profesor, son personajes atravesados por miedos, vergüenzas y deseos: sentimientos encontrados.
 
Silvina: En realidad cada personaje tiene diversas facetas. El profesor, por ejemplo, muestra que siempre hay otra cara. Porque aunque es muy estructurado, también es muy sensible y vergonzoso. Y además, el niño, Simón, puede enseñarle algo al profesor, puede darle valor para que baile. Y en un día puede haber sol, nubes, truenos. Las cosas no son de una sola manera.

Claudio: Otra idea que me gusta de la obra es que si un adulto está mal, un chico lo puede ayudar. Porque ver al adulto como un ser fijo, que no tiene nada para aprender, es una ilusión errónea. Todos estamos aprendiendo.
 
Billy Idol, Chronos Quartet., Michael Jackson. ¿Por qué eligieron esa música?

Silvina: La música surgió de los ensayos: es la que despierta movimiento en el grupo. Fue toda una decisión, porque ¿escuela pública con música yanqui? Fue una pregunta para mí. Y sí, me dije, porque esa música está, existe, la bailamos todos y sigue incitando movimiento. Y además tiene algo de revival. Y me gusta.


Los chicos comentan 
Cuando termina la obra, los actores salen al foyer a contactarse con el público. Una nena encara a Claudio: “Profesor, yo me sé todas las tablas”. Otra nena encara a Marisa: “¿Me regalás tu vestido? ¿Y tu vincha?” Una señora le dice al profesor: “Usted baila mal muy bien”. Y otra nena susurra a la maestra: “A mí me gusta un poco Simón”.


Marisa y Simón. Teatro Cervantes. Libertad 815. 4815-8883. En vacaciones de invierno: miércoles a domingos 15 hs. De $ 15 a $ 35.

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