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01-09-2005 |

Crianza - Madres y Padres

Un (largo) camino a casa

Hay padres que no pueden criar a sus hijos y matrimonios que no pueden procrear. Hay chicos que esperan una familia; hay familias que buscan niños para hacerlos ‘sus’ hijos. Hay temores, hay ganas; hay soledades; hay compañía. Entre la imposibilidad de unos y el deseo de otros, con coraje y mucho amor, se construyen familias singulares que transitan el camino, nada sencillo, de la adopción.

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Por Marisa Rojas



Habitualmente se define el adoptar como ‘un encuentro de dos necesidades’, también se dice que es ‘un acto de amor’. Ciertamente, más allá de la denominación, la adopción es un tema tabú donde se cruza lo propio, lo ajeno, lo familiar y lo extraño. Pero: ¿de qué hablamos cuando hablamos de adopción?

Para la licenciada Aurora Martínez, Titular del Foro de Adopción de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y Coordinadora del Departamento de Adopción del Consejo de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, “cuando hablamos de ‘adopción’ nos referimos a un modo particular de constitución de la familia; estamos frente a un grupo familiar que para conformarse como tal debe de ingresar a un tercero, que es la ley, para dar curso a la posibilidad de incluir en la pareja un niño y hacerlo hijo”.


Mejor, acompañados

En cada instancia del proceso de adopción, en los momentos previos, en la etapa misma de la adopción y a posteriori, hay miedos, fantasías y prejuicios específicos, así como también imágenes y sensaciones de una profunda emotividad, por esto los especialistas recomiendan a las familias no atravesar en soledad ninguna de esas etapas. “Cuando las familias que adoptan tienen una buena formación, asistidos y contenidos por profesionales idóneos, pueden decir con orgullo: ‘somos una familia adoptiva, sos nuestro hijo adoptivo’. El amor es importante pero no basta si no viene acompañado de conocimiento”, sostiene Martínez, quien agrega: “Lamentablemente, lo usual es que las parejas cuando llegan a la adopción no lo hagan bien; mayormente los matrimonios llegan a tal decisión arrastrando largas esperas que comienzan con el deseo no concretado de tener un hijo y continúan con tratamientos médicos tampoco concretados. Además, hay que saber que los tiempos de la adopción son los tiempos de la justicia que, sabemos, no son rápidos”.

Y si de plazos, deseo y constancia se trata, valga a modo de ejemplo el relato de la experiencia vivida por Martín, esposo de Ethel y papá de Luca: “Con mi mujer esperamos un hijo desde el día que nos casamos, hace diez años, pero como ese hijo no llegaba realizamos numerosos, costosos y complejos tratamientos médicos, desde hormonas hasta punciones, incluyendo una laparoscopía. En el 2001, Cavallo y De la Rúa mediante, nos sometimos a una fecundación in vitro. Aquello terminó con nuestras energías, casi todas nuestras esperanzas y nuestros ahorros”. Paralelamente a las consultas médicas, en marzo del 2001, el matrimonio comenzó a hacer ‘la carpeta’ en el Consejo del Menor y la Familia y en el Equipo San José, una ONG dedicada a la asistencia de niños en situación de riesgo y el asesoramiento de futuros adoptantes. ‘Hacer la carpeta’ significa anotarse en lista de espera e ir reuniendo certificados de matrimonio, de salud, de trabajo, económicos; someterse a exámenes psicológicos y responder a las entrevistas de la asistente social, etc. “Para todo eso hay que contar con tiempo y dinero. Y es sólo el comienzo”, aclara Martín, que agrega: “en el Equipo San José el trámite nos llevó unos meses y en el Consejo nos llamaron recién a los dos años. Luego hay que mandar y hasta llevar las carpetas a las provincias, en donde te piden nuevos requisitos y te dicen cosas como: ‘son la carpeta número 300 y acá salen 2 adopciones por año’. Y te preguntan si aceptarías un niño con retardo social o un niño que sea hijo de su abuelo; pero uno no sabe qué quiere decir exactamente eso. También te preguntan si aceptarías que el niño tenga una enfermedad grave o leve, edad, color, sexo, pie plano; cosas que uno no se pregunta cuando tiene un hijo”.


En el nombre del padre

Como en todo entramado de relaciones de padres e hijos, también en las familias adoptivas se vivencian crisis que tienen que ver con el crecimiento del grupo y la conformación de su identidad, aunque en el caso de estas familias las crisis presentan características particulares.

Entre los conflictos propios de las familias adoptantes se cuenta, inicialmente, el momento en que el niño comienza a hablar. “Las palabras ‘mamá’ y ‘papá’ tienen una resonancia especial en estas familias”, señala Martínez, quien menciona como otro momento difícil el ingreso a la escuela, “cuando se pregunta a los padres sobre el parto”. La licenciada Eva Giberti sostiene en un artículo titulado ‘¿Fracasos en familias adoptantes?’, publicado en la revista Infancia Nº 3 (España. Enero/Junio; 1998), que “entre los obstáculos con los que tropieza una familia adoptante que siente la adopción como un fracaso encontramos el trato que a veces se les otorga a los adoptivos en las escuelas”. Ciertamente, la institución escolar resulta en estos casos, mayormente, un espacio donde los prejuicios y la discriminación anclan y se potencian.

Consultada al respecto, la psicopedagoga Susana Laso opina que “cuando un niño ingresa en la escuela es necesario que la misma conozca los antecedentes de ese chico. No relatar que el niño es adoptado es incurrir en un ocultamiento que atenta contra el conocimiento. Muchos padres ocultan la condición de adoptivo del hijo por temor a ser marginados, consideran que si lo hacen generan un preconcepto en la institución; pero es necesario que la escuela y los docentes sean notificados. Cuando el maestro conoce ese dato puede anticipar de manera diferente los modos de abordar distintos temas, promoviendo la reflexión crítica que facilita el reconocimiento y el respeto por las diferencias”. Para Laso “no comunicar de la adopción en el ámbito escolar o social tiene que ver con no poder reconocer la situación de padres adoptivos como algo natural, lo cual implica no haber elaborado el duelo de la imposibilidad de la procreación”. En tanto, la licenciada Martínez menciona que “no puedo decir si hay o no que informar de la situación del niño en la escuela, es algo que debería verse en cada caso particular y cuando sea necesario. Ciertamente el escolar es un sistema persecutorio y de control. Yo creo que el que tiene que informar es el niño, en este sentido, los padres tienen que ser muy cuidadosos”.


Saber decir

Para que el niño pueda contar de su condición de hijo adoptivo debe anteriormente haber sido notificado de tal situación por parte de sus papás. La facultad del discurso como constitutivo de la subjetividad adquiere en este caso un carácter más que representativo.

“En un principio todo está implícito; todos saben que constituyen una familia adoptiva, los padres tienen un saber conciente de esto y el hijo un saber inconsciente, pero nadie habla. Algunos profesionales dicen que hay que esperar que el niño pregunte para informarle de su condición, pero eso es una barbaridad. Nadie va a preguntar sobre algo de lo que no tiene conocimiento consciente”, advierte la licenciada Martínez, quien agrega que “entre los dos años y medio y tres años hay que comunicar lo que la licenciada Giberti ha denominado ‘el relato’; se trata de un acontecimiento de relevancia en la historia de la familia adoptante, de la construcción de la identidad de esa familia y de ese hijo adoptado, la familia le dice al niño que es adoptado y se lo dice a sí misma. Además esa pareja le dice al hijo que ellos no han podido hacer un bebé y también le dicen que hubo una señora y un señor que sí lo hicieron y que él creció y que como no lo pudieron criar esa señora y ese señor, lo han hecho ellos. Es un momento muy especial y sobre el que no hay recetas; ‘el momento adecuado’ depende de la ideología de cada familia”.


¿De dónde venimos?

Por ley, toda persona adoptada tiene derecho a ver y revisar su expediente al cumplir los 18 años de edad; pero ¿qué rol les ocupa a las familias adoptivas frente a esta situación? Giberti señala, en el artículo ‘Adolescentes adoptivos y origen’, publicado en su página web, que “los adoptantes sólo tendrán que acompañar cualquiera sea la decisión del hijo (…) Los padres que impulsan al adolescente a iniciar la búsqueda sin que el hijo muestre necesidad de hacerlo, se convierte en una forma de violencia encubierta”. Para Martínez, “antes de que el hijo acceda al expediente, qué se diga, y cómo, dependerá de cuan preparada esté la familia y de qué acompañamiento haya recibido hasta entonces”.

Un momento particularmente emotivo aunque complejo en la vida de los hijos adoptivos es cuando al formar pareja construyen su propia familia y tienen hijos biológicos. “Allí surge fuertemente el deseo de saber acerca de su origen, porque ellos también van a dar origen”, define Martínez.

El saber popular reza que ‘cada familia es un mundo’, y sostiene también que `se hace camino al andar’. Ciertamente, chicos y grandes, padres, hijos y hermanos, construyen su identidad en el marco de un modelo único, en constante formación y transformación, para el que no existen recetas definitivas. Quizás valga entonces saber –creer- que entre unos y otros, posibles e imposibles, siempre hay un ruta para andar.


Hechos de una familia

Martín y Ethel son los papás de Luca que hoy tiene 4 años. “Nos encontramos con él cuando tenía un año y medio. La primera noche que pasamos juntos fue en un hotel, él durmiendo al lado nuestro y yo viendo por primera vez en mi vida un partido de Argentina en un mundial... sin volumen y sin decir una palabra!! Ese fue el primer cambio, drástico, pero como los demás, sin esfuerzo, todo fue fluyendo de a poco”, cuenta el papá quien sobre Luca dice que “le gusta que le tiremos uno de cada brazo y digamos ‘es mío, es mío’, entonces nos abraza y dice: ‘es sólo para compartir’. También le gusta que lo abracen; escuchar El Vampiro Negro y leer cuentos en nuestra cama; además, es fanático de las películas, del Hombre Araña y de las bananas. Le encanta cantar y bailar, sabe de memoria el Himno Nacional y el 25 de mayo fue elegido por sus compañeros de jardín como escolta de la bandera. Cuando sea grande quiere trabajar ‘de casarse’ y sueña con ir a ver las ballenas a ‘Puerto Maryns’. Ah!, y tiene una gata a la que le puso el nombre de una nena que el año pasado conquistó definitivamente su corazón”.

Luca vive con sus papás adoptivos desde hace dos años y medio, sin embargo, los juicios de tenencia y de adopción terminaron recién este año. “Adoptar es empezar a andar un camino largo y agotador donde te sentís muy solo y desinformado. Es como manejar por una ruta sin carteles, no sabés hacia dónde vas ni cuánto falta. Uno recibe muy poca información; y también consejos, historias, ofrecimientos de onda y por dinero, improbables legales y concretos ilegales. Hoy acabamos de armar la segunda carpeta, y empezamos a recorrer nuevamente ese camino. Claro que sabemos que aunque difícil, vale la pena y esta vez es mucho más placentero: vamos con Luca”, afirma Martín.


Por mayor información:
Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia: www.conaf.gov.ar
Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes: 4345-6402/03/7386, 0800-222-68537
Equipo San José: 4771-7390/4615; ong@equiposanjose.org
Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA): www.apba.org.ar
Lic. Aurora Martínez: 4771-5215; maraurora@yahoo.com
Lic. Susana Laso: slaso@ciudad.com.ar
Lic. Eva Giberti: www.evagiberti.com

 

Tags: adopción

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