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01-05-2005 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Un puente musical

En los barrios de Lugano y Retiro la música es mucho más que una melodía. Es un vínculo que aúna a más de 200 chicos en la posibilidad de ser protagonistas del reconocimiento social. Juntos, aprenden a tocar el violín, el chelo, la flauta y el clarinete; integran las Orquestas Infanto-Juveniles de la Ciudad que dirige Claudio Espector y dan conciertos en escuelas, clubes y hasta el mismísimo Teatro Colón.

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Por Marisa Rojas



Un día de 1998 los alumnos de las escuelas públicas de Lugano recibieron una invitación muy especial: participar de una orquesta. Detrás de aquella novedosa convocatoria estaba Claudio Espector; prestigioso pianista, profesor de música recibido en el Conservatorio Manuel de Falla, y graduado del Conservatorio Estatal de Moscú. Junto al maestro estaban un calificado grupo de docentes -muchos de ellos miembros de la orquesta estable del Colón y de la Sinfónica Nacional-, y el equipo del Programa de Zonas de Atención Prioritaria (ZAP) de la Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ¿El objetivo? Atender el derecho de los niños a la equidad y a la calidad en el acceso a la educación y a la cultura. Se trataba así de promover la cultura musical al interior de zonas históricamente postergadas.

“Empezamos en Lugano porque descubrimos que allí había una importante demanda de arte, de cosas culturales. Claro que cuando contábamos cuál era el proyecto; que de lo que se trataba era enseñar a los chicos a tocar instrumentos propios de las orquestas de cámara, y que además pretendíamos formar una orquesta infantil, hubo quienes nos miraron desconcertados”, cuenta Espector. Sin embargo, la convocatoria fue más que un éxito, en total se anotaron casi 500 chicos; y entonces, ese número amenazó convertirse en un problema. “Teníamos pocos instrumentos así que decidimos sectorizar por edades, comenzamos trabajando con 30 chicos de entre 9 y 10 años, con ellos conformamos la primera mini orquesta. Empezamos en octubre y en diciembre ya hicimos una muestra, presentamos un cuento musical donde los chicos hacían intervenciones con los instrumentos. Lo que más me sorprendió fue la cantidad de familias que vinieron a vernos. Después pudimos comprar más instrumentos y dar más horas cátedra y armar otro grupo”, recuerda el Maestro.

Hoy, un total de 170 niños y jóvenes integran las dos orquestas del sudoeste porteño. Tocan en las escuelas de la zona, acercando a sus compañeros sonidos e instrumentos mayormente desconocidos; y también en teatros como el Ateneo, el Coliseo y hasta el Colón. “Los conciertos son una fiesta; desde los días previos hasta el día mismo de la presentación hay un clima muy especial entre los chicos, los padres y en todo el barrio. Todavía recuerdo la primera vez que dimos un concierto. Lo hicimos cuando se cumplieron dos años de la primer orquesta. Nos presentamos en el Centro Cultural San Martín, vinieron Juan Falú y Daniel Vinelli. Ese día la sala estaba completa, fue el concierto más importante del comienzo”, relata Espector.

En Retiro el proyecto se desarrolla desde mayo del 2002. El punto de encuentro de los 70 chicos de entre 9 y 12 años que integran la orquesta de este barrio es la escuela Bandera Argentina. Allí, martes y jueves se dictan las clases de instrumento y de lenguaje musical; los sábados, por la mañana, desde las 9 hs., hay ensayo general. “Cuando llegamos a Retiro la situación con los papás de los chicos fue distinta que en Lugano; allá de algún modo había una demanda, pero acá los adultos se entusiasmaron recién cuando tocamos por primera vez. Interpretamos algunas piezas al aire libre, en la villa, y eso colaboró para que los padres apoyen más a los chicos; incluso ahora algunos hasta vienen los sábados para preparar el desayuno y por supuesto los acompañan en los conciertos”, dice el Director.

El Proyecto Orquestas Infantiles es esencialmente de carácter comunitario, involucra y beneficia a las familias y al contexto social en el que se lleva a cabo, de allí la importancia de la presencia, el apoyo y la compañía de los papás de los pequeños músicos. En Lugano, por ejemplo, un grupo de padres decidieron, a dos años de comenzado el programa, formar la Asociación de Amigos de la Orquesta. “Ellos venían a los ensayos cada vez más temprano para poder escuchar a los chicos, querían colaborar y entonces decidieron institucionalizar esa ayuda de modo de poder, por ejemplo, obtener subsidios para seguir adelante con los proyectos de la orquesta”, cuenta Spector.

La hipótesis de la que partió el equipo que dio vida a las orquestas fue posibilitar el trabajo de los niños y niñas en conjunto, de modo tal que deban de acordar entre ellos y con la figura de un coordinador. Los profes de música de los chicos de Lugano y Retiro conocen muy bien cómo es la vida al interior de una orquesta tradicional, y por eso mismo no quieren que las orquestas infantiles se comparen con las profesionales. “El modo en que tradicionalmente se ha enseñado música en el país establece vicios bastante complicados. La carencia de estar desde chico en un organismo agrupado da como resultado que muchos de los integrantes de una orquesta hayan tenido como primer sueño ser solistas, no tocar con otros; así ser parte de una orquesta es siempre la segunda opción. Nosotros pretendemos todo lo contrario; queremos que los chicos toquen juntos porque entendemos que la música es algo colectivo”, afirma Espector.

Mientras el Coordinador del Proyecto charla con Planetario, de fondo, en las aulas de la Escuela de Retiro, manitos pequeñas sostienen chelos, flautas y violines desde donde despliegan las notas musicales en sus más variadas combinaciones. “Yo trato que el violín no sea para los chicos algo ajeno sino parte de ellos, que lo vayan conociendo y aprendan a tocar la música de la orquesta al tiempo que otras melodías. Nosotros les ofrecemos un panorama amplio que tiene que ver con cuestiones metodológicas del aprendizaje y también con diferentes tipos de músicas; en realidad los chicos llegan muy abiertos a que les propongamos cosas. Hay un prejuicio de mucha gente que considera que porque son chicos que viven en la villa sólo les va a interesar la cumbia, y en realidad ellos nunca nos han pedido tocar una cumbia. Lo que hacemos es repartir la clase entre las escalas, el repertorio de la orquesta y otras canciones. Tocamos un rock, un carnavalito, hasta alguna canción de Vicentico”, cuenta Alicia, profesora de violín en Retiro.

En la clase de Alicia hay chicos de entre 7 y 12 años, los más grandes son sus alumnos desde el comienzo del proyecto en el barrio, tenían entonces 8 años y llegaron a ella porque eligieron el violín tras participar de algunas jornadas donde accedían a todos los instrumentos. “Los chicos eligen qué instrumento quieren tocar. Una vez atravesada la etapa de conocimiento de todos los instrumentos, y de haber seleccionado el que más les interesó, comienzan a prepararse tomando clases de instrumento y de lenguaje musical dos veces por semana; el sábado ensayamos todos juntos”, comenta Claudio. Y entonces, en una mañana de sábado, con los chicos en el aula, el Director alza sus manos e indica una nota y otra y la pequeña enorme orquesta, empieza a tocar.


Un programa para todos

El programa ZAP surgió en 1996 para atender las consecuencias de las desigualdades sociales, económicas y culturales en el plano educativo, considerando que la problemática del fracaso escolar no es una cuestión exclusiva de la escuela. La propuesta se aparta de los modelos tradicionales y enfatiza la labor grupal como valor central. El Proyecto Orquestas Infantiles, que tiene como antecedente el modelo de orquestas infantiles de Venezuela, implementado exitosamente desde hace ya treinta años, es esencialmente un proyecto comunitario; promueve la emulación, el perfeccionamiento y el desarrollo integral a través de la sensibilidad y la tarea solidaria. Se trata de una experiencia que aporta contención social y fomenta la integración al tiempo que promueve la creatividad de los chicos, revelando sus potencialidades, estimulando su esfuerzo. “Los chicos descubren acá que son capaces de hacer algo; ellos saben que pueden ser alguien, que pueden progresar, aunque vivan en una villa o sus papás no tengan trabajo”, cuenta Alicia, la profesora de violín de la orquesta de Retiro para quien una muestra más que suficiente del compromiso de sus alumnos es el esfuerzo que muchos de ellos han hecho para poder tener su propio instrumento o para ensayar en casa, solitos y en medio de otras tareas.

 

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