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01-08-2009 |

Crianza - Madres y Padres

Un señor maduro con ojos de niño

Pedagogo, investigador, usina de ideas sobre niñez, educación y crianza, Francesco Tonucci visitó Buenos Aires para presentar su libro "40 años con ojos de niño". Vino de la mano de Frato, seudónimo que usa cuando se transforma en caricaturista. Desde sus viñetas ó ensayos, Tonucci mira con ojos de niño la ciudad, la escuela y las relaciones interpersonales.

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Por Gabriela Baby


En 1968 Frato dibujaba su primera viñeta. Líneas simples para un pensamiento llano: la típica pregunta del nene a la mamá embarazada: “Mamá ¿dónde está mi hermanito?” y la respuesta de la madre: “En el pecho de mamá”, dice la madre, de quien vemos sólo su panza y su gran escote. Conclusión del nene: “Mi mamá va a tener mellizos”.


Las viñetas son protagonizadas por niños que realizan preguntas o plantean sus opiniones. Viñetas que componen libros: Con ojos de niño, Cómo ser niño, Cuando los niños dicen basta, A los tres años se investiga, La soledad del niño y La ciudad de los niños, entre otros.


Presto a conversar, Tonucci emana cierta calidez que impregna el ambiente apenas saluda. Tiene un fuerte acento italiano mezclado con una pronunciación de zetas y eses muy española. Lleva un marcador y un papel para hablar de Frato, para hacer de Frato mientras va charlando.

¿Cómo nació Frato?


Frato nació como niño pobre y desafortunado: su papá no lo reconocía, como le ocurre también a hijos de presidentes -deja un silencio para escuchar su propia risa y sigue- Su padre tenía vergüenza. Efectivamente, yo tenía vergüenza de hacer estos dibujitos siendo investigador de una entidad pública. Entonces me puse un seudónimo.

A cuarenta años de ese nacimiento, Tonucci y Frato han logrado establecer un vínculo en el que uno se respalda al otro, se complementan y se necesitan. A tal punto ha cambiado esa relación que uno se confunde con el otro. Y pueden festejar con alegría el cumpleaños número 40 de aquella primera viñeta lanzada al mundo desde el anonimato. “El día que naciste -de eso hace ya cuarenta años- jamás se me hubiera ocurrido que vivirías tantos años y que tendrías tanto éxito”, dice Tonucci en una carta a su alter ego Frato en el libro que vino a presentar a Buenos Aires, 40 años con ojos de niño (Editorial Losada).

“Frato nació en el ‘68 y no es casualidad el año. Porque en 1968 nosotros, europeos, vivimos una experiencia muy fuerte de renovación, de crisis, de protesta y de búsqueda de novedades. Y los que nos ocupábamos de investigación científica, sentíamos que no podíamos quedarnos dentro de nuestro mundo cerrado. No nos alcanzaba con publicar en revistas científicas que sólo leían nuestros colegas. Teníamos necesidad de abrirnos. Entonces hubo debates, encuentros con obreros y con otros sectores. Y de mi interior como dibujante y artista -porque desde pequeño me reconocía en esta tarea- salió este dibujito, estos personajes”, cuenta Tonucci.

Saca el marcador, dibuja al niño de pelos parados. El niño nos mira fijo.

Derechos, libertades, obligaciones


El tema de la intervención médica de la niñez ocupa muchas viñetas. ¿Cómo piensa este aspecto de la vida de los chicos?


Frato se pone de parte del niño desde el principio. Esto implica defender el nacimiento sereno, tranquilo, con la mínima intervención médica necesaria. Estas viñetas critican la medicalización y el control del niño en los primeros años de vida. Porque se ha instalado la idea de que la mujer embarazada y el niño pequeño son dos enfermos que deben estar bajo vigilancia médica constante. A mí me chocó mucho notar que los productos de los bebés se venden en farmacias. No los medicamentos, que es lo esperable, sino los juguetes, los zapatos. ¡Vamos a comprar zapatos de bebés a las farmacias! Claro que la idea que subyace es que el nene es un pobre enfermo.

Luego viene la edad de investigar. O de reprimir. ¿Cómo son los primeros tiempos según la mirada de Frato?


Cuando el bebé empieza a deambular por la casa, se instala el tema de la autonomía de los niños. Comparemos el corralito como lugar para el bebé y la manta: la diferencia básica es que del corralito no se puede salir, de la manta, sí. Sobre la manta el niño puede gatear, salir, llegar detrás del rincón, sentirse perdido porque no ve a su mamá y llorar desesperado: vivió su primera aventura. Es muy importante para los chicos desde pequeños sentir autonomía, sentir que por un momento no están siendo observados. Y sentir que se perdieron. Porque uno de los temas más gordos que los chicos encuentran en su camino es el tema de la seguridad. Es el peligro lo que nos bloquea a nosotros, adultos, y casi nos obliga a no conceder a los niños la libertad necesaria.

El enchufe, la llave de gas o el balcón: clásicas zonas de temor para madres y padres de chicos chiquitos.

 

El tema del enchufe es un clásico. Y tiene una explicación. Porque hay que tener en cuenta que, estadísticamente, la mayor cantidad de accidentes que involucran a los niños ocurren en las casas. Son accidentes domésticos. Quiere decir que la casa es el lugar más peligroso para el niño, a pesar de que las casas modernas son muy seguras. La razón es que pasan demasiado tiempo en su casa. Y se aburren. Y el aburrimiento es algo insoportable para un niño. Entonces, para salir del aburrimiento hay que buscar algo de juego. Pero buscar algo de juego en un lugar muy seguro es muy complicado: hay que hacerlo con mucha creatividad y mucho compromiso, hay que desmontar un enchufe, abrir el gas, asomarse a la ventana a ver si se puede ir un poco más adelante que ayer o subir con una silla sobre la mesa, a ver si podemos llegar a este mueble tan alto donde mamá esconde botellas raras. Actividades muy peligrosas, típicas de un lugar seguro. Creo que la gran solución a este enorme tema es que los niños no se queden demasiado tiempo en casa. Salir de casa es una de las pocas soluciones posibles. Por el tema de los accidentes y por el tema de la televisión. Porque la televisión se convierte así en la niñera ideal de muchos de nuestros niños. Hay mucha gente que dice: ‘si están delante de la televisión, no pasa nada’. Y seguro que no ocurre nada malo. Lo que a mí me da miedo no es tanto lo que la televisión propone, sino lo que la televisión impide. Impide moverse, impide divertirse, impide jugar con otros amigos.

Derecho al juego, derecho a la educación. En sus viñetas hay situaciones en donde se cuestiona el ejercicio pleno de estos derechos. ¿Cómo analiza usted la relación entre derechos y obligaciones en los chicos?


La Declaración Universal de los Derechos del Niño garantiza en sus artículos 28 y 29 el derecho a la instrucción. Y en una sociedad democrática tenemos que interpretar el derecho a la instrucción como el derecho a tener buenos maestros. Pero tener un buen maestro es una cuestión de suerte. Y esto no es justo. Un buen maestro debería tocarle a todos los niños.


Y con respecto al juego, tampoco hay un ejercicio pleno de este derecho. Según el Artículo 31 de la Declaración Universal, el niño tiene derecho al juego. Tiene derecho a la educación, aunque ellos lo viven como una obligación, la obligación de ir a la escuela. Entonces nosotros, en los Consejos de Niños, planteamos esta pregunta: si el juego fuera un deber, ¿cuántas horas por día debería jugar un niño para cumplir con esta obligación? Y a los niños les gusta muchísimo pensar este tema. Entonces, habría que conseguir jugar las horas obligatorias, para ir más tarde a la escuela. Es decir, recuperar el tiempo de juego con el que no pudimos cumplir porque estábamos en la escuela. Parece un chiste, pero si pensamos en lo importante que es el juego en el desarrollo de la vida de un chico, de una mujer y de un hombre, se debería pensar de esta manera. Si queremos tener ciudadanos sanos, positivos, productivos, serenos, que cuestan poco y producen mucho necesitamos niños que jueguen bastante.

La ciudad de los niños


Uno de los pensamientos más originales y revolucionarios que propone Tonucci junto con Frato es el lugar que ocupan los niños en la ciudad. O cómo la ciudad acoge o rechaza a los niños. A partir de sus propuestas se han creado en diversas ciudades del mundo -en España, Italia y también en Argentina- Consejos en los que los chicos elaboran sus propuestas junto a autoridades locales (www.lacittadeibambini.org). Sus proyectos tienen que ver con la modificación del espacio público: plazas, calles, veredas se ven transformados por las propuestas que lanzan los chicos.

¿Como trabajan en los Consejos de Niños para una recuperación del espacio urbano?


No se trata de dar un espacio a los niños, sino de aceptar a los niños en nuestros espacios. Ellos no quieren jardines especiales, ni plazas cercadas. Quieren aprovechar la ciudad verdadera, el espacio público. El problema de las ciudades de hoy es que el espacio público se está perdiendo. Porque el espacio no es más público. La presencia de autos estacionados, por ejemplo, privatiza el espacio público. Y los niños protestan diciendo ‘si hay demasiados coches no tenemos espacio para jugar’. El objetivo que tenemos que llevar adelante es reconocer a los niños la ciudadanía verdadera. Y si el espacio se hace adecuado a las necesidades de los niños será bueno para las necesidades de minusválidos, de ancianos, que son otras categorías excluidas de la ciudad de hoy.

¿Cómo son y cómo funcionan los Consejos de Niños?


Se trata de escuchar sus propuestas, tomar en serio lo que dicen y llevarlo a la práctica. Uno de los temas es lograr que los chicos vayan solos a la escuela. Esto les dará más autonomía, más libertad. Porque los chicos necesitan moverse. Aquí en la Argentina tienen más dificultades que en Europa para moverse solos. Y este es el problema: si los niños no se quedan solos no tienen necesidad de construirse reglas ni actitudes de defensa que les serán necesarias en su vida. Nosotros no dejamos salir a los chicos porque decimos que la calle es peligrosa. Pero, de verdad, la calle es peligrosa porque no hay niños. Los niños recuperan una solidaridad urbana, un cuidado ciudadano, una atención que es lo que más falta en la ciudad de hoy. Los niños son capaces de producirlas. En Florencio Varela hubo hace unos años una experiencia de “Caminos seguros hacia la escuela”. Estos caminos seguros nacieron de una propuesta nuestra. Y en este barrio del Gran Buenos Aires sirvió para controlar la violencia. Se trata de decenas de niños que van a la escuela bajo la mirada de los comerciantes amigos, de los vecinos, de los ancianos del barrio. Cada uno en su capacidad de vigilar. Y esto bajó hasta en un 50% la criminalidad. Entonces, es cierto que hay una situación ambiental compleja. Pero, si quieren solucionarla, mejor con niños que con policía.

 


Tonucci Dixit

“Querido Frato:

(...) Para tu primer libro supiste encontrar uno de los títulos más hermosos que, casi a la manera de una viñeta, supo sintetizar el significado más profundo de tu trabajo y también del mío: Con ojos de niño. Se trata sin duda de un excelente resumen de nuestra carrera: este ángulo de mira que escogimos, la filosofía con la que hemos observado, estudiado y comentado el mundo de los niños.


Pero a mí entender, tu mayor éxito fue sin duda haber conseguido entrar en un mundo difícil y que, por naturaleza, es francamente hostil a la sátira: la escuela. Las grandes instituciones como el ejército, las religiones o la escuela, no suelen soportar de buen grado la presencia mordaz y, a menudo, ofensiva de la sátira. Tú en cambio conseguiste entrar en este mundo para defender a los niños que, normalmente, no tienen ni voz ni voto, y para denunciar los errores educativos no sólo de los pobres maestros tradicionales sino también de los progresistas para quienes yo he trabajado toda la vida”.

Del Prólogo a 40 años de con ojos de niño, firmado por Francesco Tonucci.

 

 

Planeta Tonucci

Francesco Tonucci es investigador del Instituto de Ciencias y Tecnología de la Cognición del Consejo Nacional de Investigación italiano (CNR) en Roma. Es además el creador y responsable del proyecto internacional “La ciudad de los niños”, que propone a los administradores cambios en las ciudades tomando a las propuestas infantiles como parámetros ambientales y a los niños como factores de sostenibilidad de esos cambios. En estos días prepara su próximo libro: Con ojos de abuelo, dedicado a Federico de 20 años, y Nina de un año y medio. Muestra fotos de abuelo orgulloso.

 

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