02-04-2012 |
Liliana Bodoc escribió una saga épica que revitalizó el género fantástico en Argentina y la convirtió –inesperadamente- en la autora de una docena de libros para niños y jóvenes. De visita en Buenos Aires, cuenta detalles de su carrera literaria y su nueva etapa como dramaturga del grupo de teatro Tres Gatos Locos, fundado por su hijo Galileo, que estrenó esta temporada un nuevo espectáculo.
Por Marisa Rojas
Liliana Bodoc desborda simpatía. Tiene una sonrisa amplia y modales amorosos. Y aunque el encuentro con Revista Planetario se produce en una calurosa y húmeda tarde, ella recibe definitivamente fresca a la guía de los chicos. Liliana, que vive en Mendoza, está de visita en Buenos Aires en la casa-sala-de-ensayo-taller-de-producción del grupo de teatro Tres Gatos Locos, fundado en el año 2000 por su hijo Galileo Bodoc y Juan Gabarra. Mate y abanico mediante, la autora de La saga de los confines –una trilogía épica compuesta por las novelas Los días del venado, Los días de la sombra y Los días del fuego, que fue un fantástico éxito de ventas- comienza la charla contando que cuando era chica hacía teatro: “En mi casa siempre hubo una relación muy entrañable, muy cercana, con las artes escénicas. Mi papá es director de teatro. Y yo, de muy joven, era actriz. Por eso digo que alrededor del teatro hay una historia de familia. Creo que por eso un día mi hijo y yo, que ya hemos hecho nuestros caminos cada uno por nuestro lado, él como actor con su propia compañía, yo como docente y escritora, decidimos que había llegado el momento de trabajar juntos. Y nos reunimos a partir de un trabajo que tiene que ver con teatralizar una obra claramente narrativa como son los cuentos del libro Sucedió en colores”.
Sucedió en colores es el título de tu primer libro de cuentos para chicos. Pero tu primera obra fue la novela juvenil Los días del venado, el título con el que se inició La saga de los confines. ¿Cómo comenzó, y por qué, tu historia con la literatura infantil y juvenil?
Diría que todo empezó cuando me dijeron que había escrito para niños, cosa que yo no sabía que había hecho. En realidad me dijeron que había escrito para jóvenes…
¿Y qué pensaste cuando te dijeron que tu obra literaria era para jóvenes?
Me asombré. Yo escribí La saga de los confines y la llevé a un montón de editoriales y recibí todos los no que se pueden recibir, de todas las maneras posibles, hasta que finalmente llegué a Norma Editorial. Allí me encontré con quien entonces era el editor de literatura para niños y jóvenes, Antonio Santa Ana, quien me dijo eso. Yo le respondí que me sorprendía su comentario, que yo quería escribir una épica fantástica. Y él me dijo que sí, que yo había escrito una épica fantástica, pero me dijo también una cosa muy extraña: que los editores de adultos no me iban a tomar en serio, no al principio, después tal vez sí. Y eso fue lo que en alguna medida sucedió, después se editaron otras cosas mías, no sólo para niños y jóvenes sino también para adultos, pero los editores no me habían tomado en serio en aquel momento. ¿Y por qué? Porque en mi obra había fantasía. La verdad es que en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, donde yo estudié y me recibí y a la cual quiero mucho, jamás, pero jamás, me hablaron de la literatura infantil y juvenil. Ahora cambió, hay una cátedra. Por eso, y ante mi sorpresa, él me dio montones de libros y yo leí: “Entonces la princesa despertó, pero no ya por el beso de un príncipe sino por una revolución” (La Durmiente, María Teresa Andruetto) y me dije: “¡Ah, bueno!, se puede hablar de algo”. ¡Y leí tantas maravillas! Me enamoré y escribí una docena de libros para niños y jóvenes.
¿Qué descubriste entonces y tomaste como eje para escribir, ya consciente, para lectores jóvenes?
Bueno, Mempo Giardinelli lo dice muy bien: “la literatura infantil y juvenil es, también, para niños”. Para mí, lo de infantil y juvenil es un epíteto. Claramente es una especialización de la literatura pero primero, siempre y antes que cualquier otra cosa, la literatura debe ser una propuesta transformadora. Yo no creo en el arte que no le produzca a quien lo recibe crisis… y eso incluye a los chicos. A los niños el arte que no les produce crisis, ni les va ni les viene. Pero el niño enfrentado a la crisis del arte, es otro niño. Es un niño creativo, contestatario, imaginativo, valiente, fuerte. La literatura que no propone transformación es leída por obligación. Lo mismo pasa con el teatro, los niños ven teatro porque el papá los sostiene en la butaca. A mí me parece que el arte, en general, cualquiera sea la disciplina, no tiene que minimizarse ni un poquito para llegar al niño, todo lo contrario.
Esta mirada de Liliana sobre qué es y cómo debe ser eso que se llama literatura infantil y juvenil y el arte que se propone a los niños y jóvenes en general, es una mirada que comparte con su hijo Galileo, con quien la escritora trabajó para llevar a escena los cuentos de su libro Sucedió en colores. Así surgieron los espectáculos Un cuento negro, que se estrenó en el 2008 en el Festival Iberoamericano de Bogotá y Rojo, estrenado recientemente en el Teatro El Extranjero (ver recuadro).
¿A qué se debió la elección, como material para llevar a escena, de los cuentos de Sucedió en colores?
Esa, la del libro y la de llevar a escena esos cuentos, es una historia que atraviesa a tres generaciones de nuestra familia –como la del teatro- y que, también, ha atravesado tres géneros. Los cuentos de Sucedió… derivan de unos versitos de colores que me cantaba mi papá cuando yo era chica, en ese entonces eran lírica; él me los cantaba con una adivinanza, por ejemplo: “Cuando cae la nieve, la mansa gaviota no teje tricota de gruesa lana, ella toma leche dulce y calentita en una tacita de porcelana”, y yo adivinaba de qué color se trataba: ¡Blanco! Muchísimos años después esos versos pasaron de la lírica a lo narrativo, cuando le dije a mi papá que con esa idea de hablar de un color sin nombrarlo nunca yo iba escribir cuentos; y otros muchos años después mi hijo me dijo que, con eso mismo, él iba a hacer teatro. Y obviamente la propuesta a mí me encantó y me enorgulleció porque me gusta mucho el trabajo que hacen los Tres Gatos Locos. Desde entonces, puse manos a la obra para transformar la prosa en dramaturgia, que son dos cosas que no tienen nada que ver. Participé en el proceso tanto como pude, fue un ida y vuelta importante. Los actores han partido del cuento, de “Negro” primero, de “Rojo” ahora, y, sin traicionar el argumento, lo han llevado a la acción. A la vuelta de eso mi trabajo fue hacer callar al cuento, porque el cuento tiene que decir todo si está narrado, y muy poquito si está actuado, sino le quitas peso al actor y queda ese teatro declamado en el que el actor podría no estar.
¿Cuáles son las diferencias entre la escritura de una pieza literaria y la de una obra dramática, aún pensando que el público puede ser el mismo?
Ahí a mí me parece que hay que hacer un ejercicio de humildad y de memoria. Los autores en general queremos estar, queremos aparecer y queremos ser nosotros, sobre todo cuando somos narradores; pero cuando se escribe teatro hay que tener muy presente que uno siempre trabaja en colectivo, el teatro es un hecho fuertemente colectivo, y que va a haber un actor poniendo el cuerpo, diciendo lo que yo no debo decir.
A propósito de la trasposición de lenguajes, ¿puede pensarse el teatro como una herramienta para acercar la literatura, en sus términos más formales, a los jóvenes?
Creo que todos tenemos que volver a la literatura. Lo que sucede es que se pone en el emergente joven un problema que afecta a la sociedad entera. La sociedad toda está muy lejos del arte, de todo lo que el arte es capaz de enseñarnos. En el caso de la literatura, siempre es una disciplina como de segunda y eso de alguna manera se nota en el discurso adulto; después, claro, nos quejamos de que los jóvenes no leen. Y en cuanto al teatro, los chicos están hartos de lo unívoco, quieren más metáforas, como todos. Cuando el teatro propone texto, propone poesía, propone, en el mejor de los sentidos, un doble discurso, los chicos lo valoran mucho, porque además se sienten valorados ellos.
GATOS DE ROJO ESTRENO
Tres Gatos Locos es una compañía de teatro que en el año 2000 fundaron los actores Galileo Bodoc y Juan Gabarra, por entonces recién egresados de la otrora Escuela Nacional de Arte Dramático (actual Instituto Universitario Nacional del Arte), en busca de, por un lado, un medio independiente para poder vivir del teatro y, también, un espacio donde plantear sus inquietudes y sueños. Con el objetivo de la búsqueda constante de una manera novedosa e inteligente de hacer teatro para todo tipo de público, la compañía se dedica a la producción de espectáculos con contenido social y humor crítico en salas de teatro y en espacios no convencionales. Andando la América, el año 2008 encontró a los Tres Gatos en Colombia donde, en el marco del Festival Iberoamericano de Bogotá, estrenaron la obra Un cuento negro, basada en el cuento “Negro” del libro Sucedió en colores de Liliana Bodoc. Presentada en Buenos Aires en los años 2010 y 2011, la pieza sería la primera entrega de una saga que en 2012 continúa con el reciente estreno de Rojo, obra basada en el cuento homónimo de la misma autora.
“El plan de trabajar con la literatura de Liliana surgió porque nos sentimos absolutamente identificados y representados por cómo ella le escribe al público infantil y juvenil. Su obra es una matriz apta para poder hablar a los chicos desde el lugar que pretendemos. No nos sale hacerlo disfrazados de osos, lo hacemos de frente, de par a par, nos gusta reírnos con ellos y de nosotros. Somos unos grandes críticos del teatro para niños porque nos parece que está bastante lleno de piezas que toman a los chicos como bobos. Hemos trabajado mucho con niños y naturalmente empezamos a construir nuestra primera obra de teatro infantil, Soñando historias, hace ya seis años. A partir de entonces establecimos una relación que nos resultó muy fluida y muy orgánica porque amamos los niños, nos divertimos mucho con ellos y ellos nos han enseñado muchísimo”, cuenta Galileo Bodoc, hijo de la escritora.
Y sobre la nueva puesta del grupo dice: “Rojo es una obra que trae un desafío importante para nosotros como compañía en lo que es la puesta en escena. Es un trabajo en el que hay todo un trasfondo de maquillaje, de vestuario, de escenografía que es un salto cualitativo, es una propuesta mucho más elaborada que las anteriores que eran más despojadas, tenemos un DJ en vivo y se nos unieron muchos profesionales del tema: en vestuario, Alejandro Baamonde; en escenografía, Lina Bonelli; toda gente muy profesional que ha realzado nuestro trabajo”.
Rojo. De Liliana Bodoc. Dir. Galileo Bodoc. Domingos 17 hs. $ 50. Teatro El Extranjero. Valentín Gómez 3378. Tel. 4862-7400. www.elextranjeroteatro.com A partir de 5 años.
PLANETA BODOC
Liliana Bodoc nació como Liliana Chiavetta en el invierno de 1958 en la litoraleña Santa Fe. A los cinco años de edad se trasladó con su familia a la provincia de Mendoza donde a los 19 se casó con un señor del que tomó su actual apellido y con quien tuvo dos hijos: Galileo, actor, fundador del grupo de teatro Tres Gatos Locos, y Romina, bailarina. Licenciada en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, hija de un director de teatro y actriz, fue profesora de literatura argentina y española. En el 2000, con el comienzo de un nuevo siglo y sus hijos radicados en Buenos Aires, escribió su primera novela, Los días del venado (Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2000). Premiada en la Feria del Libro de Buenos Aires (2000) y destacada con el Premio Fantasía (2000), integrada a la Lista de Honor del Premio Andersen (2000) y distinguida con la Mención Especial The White Ravens (2002), la primera obra de esta autora fue el comienzo de una exitosa trilogía épica llamada “La saga de los confines”, integrada también por los títulos Los días de la sombra (Buenos Aires, Norma, 2002) y Los días del fuego (2004). Desde entonces, Liliana es escritora tiempo completo; y ahora, también, dramaturga. Entre sus obras, se cuenta una docena de títulos de la literatura infantil y juvenil, entre otros: la novela Diciembre, Súper Álbum (Buenos Aires, Alfaguara, 2003) y el libro de cuentos Sucedió en colores (Buenos Aires, Norma, 2004).
Reseñas de libros de Liliana Bodoc:
Cuando San Pedro viajó en tren
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