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01-05-2012 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Una banda contra los molinos de viento

Dos años después de su "Pequeño papá ilustrado", donde se metieron con el tema de la infancia en un espectáculo para adultos, Los Macocos estrenan "Don Quijote de las pampas", una propuesta para toda la familia basada en el clásico de Cervantes. Martín Salazar, autor y actor protagónico, cuenta los avatares de este Quijote que llega al teatro Cervantes después de una gira por todo el país.

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Por Gabriela Baby



 

En un lugar de las pampas, de cuyo nombre no quiero acordarme, andaba Martín Salazar y una troupe de valientes teatreros llevando escenografías, utilerías y vestuarios, además de su buen oficio y divertido semblante para presentar al público de todo el país, Don Quijote de las pampas, el nuevo espectáculo para toda la familia de Los Macocos, banda de teatro.

Y fue así que de sala en sala, después de presentarse en San Isidro, Rosario, Río Negro y Misiones, el Quijote -con Sancho Panza y Dulcinea- llegó finalmente al Teatro Cervantes –lugar que por demás le corresponde– para presentar a grandes y chicos las aventuras de un caballero andante que anda entre indios mapuches, molinos de viento y una Dulcinea fantasmática.

Martín Salazar deja a su Rocinante de dos ruedas –su bicicleta- en la puerta del teatro. Dice que anda en estos días entre clases en el IUNA y la exigencia de la gira con el caballo cansado, pero feliz. 

Comienza hablando de la obra: “Don Quijote de las pampas cuenta un viaje por la Argentina. Elegimos imágenes bien icónicas que sirven como escenografía para contar los diversos espacios que atraviesa el Quijote. Sale de su habitación, una representación de ‘La habitación del artista’ de Van Gogh, va al Cerro de los Siete Colores, pasa por un campo, atraviesa la Pampa de noche y se va al sur, a la Patagonia. Después va al Litoral, donde aparece una pintura de Henri Rousseau, y llega a la ciudad, que es como una ciudad de Xul Solar. Todos estos paisajes están contados con grandes reproducciones de obras conocidas o no tan conocidas. En un momento también pasa por una panadería”.

¿Una panadería?

Eso es un secreto que no quisiera delatar. Ocurre que Dulcinea es una marca de tortas…  pero no voy a decir más.

El chiste tiene mucho del humor de Los Macocos, pero en la obra participan también otras personas.


Con Los Macocos empezamos a pensar en este espectáculo en 2010, pero tardamos tanto en hacerlo que la idea fue cambiando y además las necesidades de cada uno hicieron que no todos pudieran participar a pleno. La obra está escrita por mí y hay una colaboración autoral de Gabriel Wolf y Daniel Casablanca, ambos integrantes de Los Macocos. Pero también hay otros que no forman parte de la banda con quienes también vengo trabajando desde hace veinte o veinticinco años, como es el caso de Laura Silva. Y también hay una colaboración de Luis Pescetti: él nos ayudó a escribir la obra. Podríamos pensar que se trata de unos Macocos ampliados, o también podemos decir que es una obra hecha “con una ayudita de mis amigos”, como diría Ringo Star.

¿Por qué El Quijote?

Porque es una historia atrapante, divertida y genial para los chicos. Me acuerdo que cuando mis hijos eran chicos, yo ya no sabía qué cuento contarles a la noche, cuando se iban a dormir. Y un día empecé con el Quijote, lo que me acordaba del secundario. “Escuchen esto”, les dije, “había una vez un tipo que de tanto leer historias de caballeros andantes, de esos que salvaban princesas, creyó que él era uno de esos caballeros y agarró a su caballo, que era un caballo viejo y flaco, y se fue a vivir aventuras”. El Quijote es una novela de aventuras divertidísimas. Y después seguí contando: “en el camino, Don Quijote conoció a uno que se llamaba Sancho Panza”. Y cuando dije Sancho Panza, mis hijos estallaron de risa. Entonces, yo dije: acá hay algo muy fuerte. En la versión que hacemos, Sancho Panza es un indio, un querandí, y es un personaje un poco cabeza, medio grasa, incluso se unta con grasa, como hacían los querandíes. Y anda con auriculares. 

¿Y Dulcinea?

Dulcinea es una torta, una marca de tortas. Entonces Quijote está enamorado de una marca, y va a la fábrica de tortas, donde le dicen que un montón de gente está enamorada de una marca, que es algo abstracto, en realidad. Porque cuando las cosas se convierten en marcas desaparecen, porque las marcas no son nada. Vender marcas es como vender humo, vos te comprás algo porque tiene una marca y no interesa si te puede llegar a servir o no. Entonces, el Quijote está enamorado de una marca y hay que sacar a Dulcinea de ese hechizo… Bueno, al final te voy a contar y no quiero.

¿Hay un tema general de la obra?

La obra es una road movie, la trama de un viaje, un transcurrir, el camino del héroe. Que va pasando por diversas estaciones y va aprendiendo. Entonces están las historias del Quijote un poco cambiadas. Por ejemplo, el capítulo donde se encuentra con unos mercaderes: en la obra se encuentra con unos tipos que están arando la tierra. O cuando se encuentra con los peregrinos, en nuestra versión se encuentra con el Éxodo jujeño. La escena de los molinos está armada a partir de un molino que están instalando en un lugar. También se encuentra con “La cautiva”, esa mujer cautivada por el indio, porque nos interesaba contar esta historia. Es decir, son aventuras en tiempos trastocados y en esa Pampa enorme que era esta tierra. 

¿Para qué edad está pensado el espectáculo?

La obra es para chicos que saben leer, para esa edad en que no saben si son grandes o chicos. Alrededor de los 10 años. En realidad Los Macocos nunca hicimos espectáculos para chicos pero estos chicos de 10 u 11 años tienen mucha información que viene del mundo adulto. Entonces la obra tiene su complejidad. Quizá los más chicos, los de 4 o 5 años, se enganchan con las canciones, porque tiene muchas y es un espectáculo muy dinámico, en ese sentido también es entretenido. 

¿Cómo te resulta pensar en un público menor de edad?

En realidad, con Los Macocos hacíamos espectáculos para grandes y los grandes a veces traían a sus hijos. Ahora estamos haciendo un espectáculo para los chicos, con la idea de que traigan a sus papás. Quizá en Don Quijote… haya un juego más payasesco y sin duda hay humor más escatológico: nos dimos el lujo de este tipo de humor porque es para chicos. Y porque a mí me divierte.

¿Hay una estética o una marca “macocos” que atraviesa el espectáculo? 

No quiero pensar que hay una marca, porque si hay una marca, Macocos desaparece y se convierte en algo abstracto. Los Macocos fuimos durante 20 años cinco integrantes, luego seguimos tres. Y todos los integrantes de Macocos aprendimos algo trabajando con los otros. Y eso que aprendimos lo llevamos a donde vayamos a trabajar. Dani (Daniel Casablanca) hace Toc-Toc y pone en juego este aprendizaje. Lo mismo hace Gaby (Gabriel Wolf) cuando dirige espectáculos. Macocos es teatro, es una banda de teatro y somos gente que trabajamos este oficio, que no es la actuación, sino que es hacer teatro. La diferencia es que escribimos lo que hacemos, le ponemos nuestra impronta, nuestro punto de vista. En cine no podés hacerlo porque el punto de vista literalmente lo está poniendo el director, el iluminador, la cámara, el editor. El actor es un cable más, un instrumento. Y si yo trabajo en cine y me desmayo, me cambian por otro rápidamente. Es más, cables no se consiguen, se cerró la importación, pero actores hay por todos lados: enseguida me reemplazan. En el teatro es distinto: cada uno de nosotros tiene una impronta para dar.

¿Y de qué se trata esta impronta?

Macocos es una forma de trabajar, en la que todos decimos y opinamos y todos estamos siempre abiertos a escuchar. Esta dinámica podría ser algo muy nuestro. Y en el Quijote, cada uno de los que integramos este elenco le dimos una cincelada a la obra. 

Hace dos años hicieron Pequeño papá ilustrado, una obra para grandes, cuyo tema eran los hijos, los chicos. ¿Fue quizá un momento bisagra en el que Los Macocos comenzaron a incluir al niño en sus obras?

Nosotros empezamos a ser padres y empezamos a pensar en temas y situaciones de los padres y sus hijos: ese espectáculo nació de ahí. Empezamos a trabajarlo cuando mis hijos tenían cuatro y estrenamos cuando tenían ocho: lo trabajamos durante bastante tiempo. Y realmente las pinceladas de Macocos se ven ahí: hay cosas de Marcelo Xicarts y de Javier Rama, aunque ellos no llegaron a estrenar, porque en ese espectáculo éramos tres: Gaby, Dani y yo. Y a pesar de que no era un espectáculo para chicos, mucha gente traía a sus hijos. Mis hijos también lo vieron y no les pareció tan gracioso: quizá les pareció un espectáculo de terror, porque veían al padre haciendo lo mismo que hacía en casa, exagerado, claro y trabajado pero en el fondo como echándoles algo en cara, algo muy fuerte para un pibe. Pero para mí el Pequeño papá ilustrado, más que una bisagra, fue volver a una forma, a una estética que se basa en el sketch. El sketch es una forma de trabajar muy divertida. En realidad, cada espectáculo es una gran bisagra porque marca un cambio respecto del anterior. 

¿Cómo sigue el trabajo de Los Macocos a partir de ahora? 

Quizá esta sea una nueva etapa, porque fue un tiempo muy largo en el que trabajábamos de a cinco y hacíamos espectáculos para cinco: la gente que no integraba ese quinteto iba y venía. Ya hace un tiempo que estamos trabajando de a tres o con otra gente que se integra a la banda, a esta forma de trabajo. Y esta es una etapa en la que puedo pensar espectáculos para más gente, o para otras edades. No estoy ceñido a cinco varones, o tres varones y una chica -pensando que puedo invitar a Laura, por ejemplo-. Me gusta estar abierto a otras ideas y me gustaría trabajar con gente joven, sub 25, como tienen mis alumnos: una edad fantástica para aprender y para trabajar.

 

 



UNA QUIJOTADA MACOCAL 

Don Quijote de las pampas, de Martín Salazar, sobre idea de Los Macocos, banda de teatro y Luis M. Pescetti y con dirección de Julián Howard, es el primer espectáculo para toda la familia que presentan Los Macocos.

Es la historia de un Quijote que cabalgó en las pampas allá por el siglo XIX. Atravesó aquellas soledades y despoblados en busca de aventuras con su caballo Rocín Antes, cuando tenía el pelo largo y tocaba Rock and Roll. Ahora de Rocín no tiene nada, y ruega que Quijote no se meta en más problemas. Este Quijote se encontrará con Sancho, un indio transculturizado que lo rescatará con su sabiduría aborigen, y con una burra que lo trata como una madre. Entre los cuatro recorren el litoral, la patagonia, la pampa y el noroeste, interpretando sus músicas regionales y haciéndose de nuevos amigos. La peripecia de Don Quijote salpicada de la poesía de Don Atahualpa. 

En Don Quijote de las pampas dos épocas, dos mundos se enfrentan. “Una visión en desuso -dice Martín Salazar- en un país que nace. Un espectáculo sobre la amistad, para toda la familia.” 

Actúan Laura Silva, Gabriel Wolf, Gustavo Monje y Martín Salazar junto a los músicos Rocío Sanjurjo Ábalos y Lucas Ferrara. La música original del espectáculo es de Lucas Ferrara, Martín Salazar y Daniel Casablanca, la coreografía de Carlos Silveyra, el diseño de iluminación de Eli Sirlin y los de vestuario y escenografía de Marta Albertinazzi. La dirección musical es de Lucas Ferrara. El productor ejecutivo es David Hoyo, la entrenadora vocal, Laura Silva y la asistente de dirección y coordinadora “Macocal” Guadalupe Bervih.

 


Don Quijote de las pampas. Teatro Nacional Cervantes. Sala Orestes Caviglia. Libertad 815. 4816-4224. Sáb. y dom. 16.30 hs. (Estreno 12 de mayo). $ 40. Funciones para escuelas: Vie. 14.30 hs. Consultas: visitasguiadastnc@teatrocervantes.gov.ar

 

 


 

PLANETA MACOCOS 

Los Macocos, banda de teatro fue fundada en 1985. Sus integrantes eran estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Dramático (hoy IUNA, Instituto Universitario Nacional del Arte). Los cinco macocos originales eran Martín Salazar, Daniel Casablanca, Marcelo Xicarts, Gabriel Wolf y Javier Rama. Sus primeras presentaciones fueron en el Centro Cultural Ricardo Rojas con el espectáculo Macocos, al que siguieron Macocos Choú, y Macocos, mujeres y rock. La impronta del grupo surge como una necesidad de desacralizar al teatro para llevarlo a una estética productiva e irreverente tomada del rock (“Estábamos muy enganchados con Los Redonditos de Ricota”, dice Salazar). De ahí el nombre de “banda de teatro”. A lo largo de sus 25 años de carrera, el grupo estrenó más de catorce espectáculos que fueron presentados en las salas más representativas de Buenos Aires (Complejo Teatral de Buenos Aires, Teatro Nacional Cervantes, Paseo La Plaza, Metropolitan, entre otros) y en el exterior: Festival Grec (Barcelona) Americartes (Washington), entre otros. En 1997, obtienen el premio ACE al mejor espectáculo de humor por Guiso de Macocos. La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi fue premiado en nueve oportunidades, incluyendo premios como María Guerrero, Pepino el 88 y Trinidad Guevara. Los Macocos han estrenado tanto espectáculos de su autoría (Los Albornoz, delicias de una familia argentina, Don Juan de Acá, Pequeño Papá Ilustrado, entre otros) como obras de otros autores (Andrócles y el león, de George Bernard Shaw; La fábula de la princesa Turandot, de Carlo Gozzi) y trabajos de autores nacionales contemporáneos (Continente Viril, de Alejandro Acobino). Los últimos espectáculos, Don Juan de acá, Todo a la basura, Pequeño papá ilustrado y Don Quijote de las pampas, conservan un modo de trabajo y una estética inherente al grupo, aunque no reúne a todos los integrantes originales de la mítica banda teatral.

 

 

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