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01-01-2006 | Literatura

Una Banda que da pelea

Banda Dibujada es un movimiento cultural argentino autoproclamado “federal para toda Latinoamérica”, que pugna por un lugar digno para la historieta infantil, para que deje de ser catalogada como género menor. Sus creadores dan pelea y en esta nota… tienen la palabra.

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Por Sandra Comino


Juan Sasturain, en su libro El domicilio de la aventura dice: “este país, su gente, tiene tradición de destreza en algunas habilidades que sus mejores cultores han sabido convertir en práctica artística: el fútbol, la historieta y el humor gráfico, por ejemplo. La Argentina produce delanteros y dibujantes a un ritmo mucho mayor que el crecimiento de su producto bruto interno”. Sasturain asegura que grandes y chicos leen historietas desde hace mucho tiempo, pero aclara que lo nuevo es la corriente crítica que estudia el género.


En el ámbito literario infantil, la tal crítica es prácticamente inexistente. ¿Podrá ser ésta la causa de la insuficiencia? En este sentido, se comprende la ausencia si se indaga en la edición de historieta infantil y, si bien no se puede negar que en los últimos tiempos se ha incrementado un poco; la producción sigue siendo limitada.


Por este motivo, un grupo de gente ha redactado un manifiesto (ver texto completo en www.bandadibujada.8k.com) donde denuncia concretamente “...la falta de atención e interés que las editoriales –al menos las argentinas- ponen en la edición de Historietas para niños y jóvenes”.

El grupo fundador de este movimiento comenzó a debatir ideas -“como grupo ya conformado”, aclara el dibujante César Da Col sugiriendo que estos temas ya estaban presentes desde mucho antes en las conversaciones de los dibujantes- en julio de 2004. “Todavía no teníamos un nombre establecido -cuenta-, el que más sonaba era Grupo Champignon”. En agosto del mismo año surgió el nombre que hoy tienen: “Banda Dibujada, Movimiento Cultural en pos de la Historieta Infantil”.


El nombre fue elegido porque el término “banda” se refiere a grupo de personas y además porque es traducción de “Bande Dessinée” que es como le llaman a la historieta en Francia. Esta “banda” insiste en la lectura de este tipo de material como literatura e indispensable en la infancia y en la juventud, en las aulas y bibliotecas.


Ante la pregunta: ¿A qué se atribuye la falta de interés del mercado editorial en editar historieta para niños y jóvenes? Roberto Sotelo, bibliotecario, director de la Revista Imaginaria y uno de los integrantes del grupo, responde: “A la hora de editar para niños, la mayoría de las editoriales (que al fin y al cabo son empresas comerciales) prefieren arriesgarse con aquello que -por decirlo de alguna manera- está ‘bendecido’ (o legitimado) socialmente. No es el caso de la historieta, históricamente considerada un género ‘menor’ y, más despectivamente, ‘pasatista’. Esta valoración también evidencia un desconocimiento o indiferencia de los adultos para responder a los genuinos intereses lectores de los niños, quienes espontáneamente se vuelcan a la lectura de historieta con el mismo -y a veces mayor- entusiasmo que el que demuestran ante otros géneros”.

 

“La lectura de historietas –sigue Sotelo-, les genera a los chicos idéntico placer y enriquecimiento que la lectura de una novela, un cuento o una poesía. Sin embargo, para los adultos más cercanos a un niño en situación de lectura (padres o maestros), la lectura de historietas es menos valorada que la lectura de otros géneros literarios”.


Chanti, historietista e integrante del movimiento, ante la misma pregunta asegura: “En Argentina, la falta de interés en realidad es desconocimiento y prejuicio sobre la historieta. Desconocimiento, porque los editores no saben el nivel de aceptación que tiene la historieta entre los chicos; lo que aporta a la educación (que incluso está incluida como tema en el curriculum escolar), y que además puede ser uno de los incentivos que lleve al niño hacia el mundo de la lectura, para que se convierta en un lector el día de mañana. Prejuicio, porque todavía hay una imagen errónea de la historieta como un género menor dentro de la literatura”.


Lo que se ha propuesto este equipo incluye diversos proyectos, pero su objetivo primordial es buscar adhesiones para su causa y para ello se puede escribir a bandadibujada@yahoo.com. Si se visita el sitio web se ingresa a una cartelera que informa sobre cursos que se dictan en el país, teóricos y prácticos relacionados con el tema de la historia y creación de la historieta. Además, se puede consultar el texto completo del manifiesto fundacional, una entrevista a Juan Sasturain, reseñas de historietas, informes y “apuntes para una historia de las historietas” donde aparecen Billiken, Patoruzito y Anteojito.

El manifiesto destaca que tanto en las escuelas como en las bibliotecas hay una aceptación del género que no es valorado ni se refleja en la producción editorial. “En las librerías, es frecuente y habitual observar hermosas y lujosas ediciones de libros de cuentos infantiles, pero no de historietas para niños y jóvenes”, dice un fragmento del escrito. Y también apela a la escucha de las instituciones y los sectores que difunden la LIJ (literatura infantil y juvenil), concretamente buscando su apoyo. Demanda la publicación de “libros” de historietas ya que las revistas lo hacen con más regularidad; pero debido a las características de las mismas el riesgo es convertirse en un “soporte descartable” y esto provoca un olvido de los títulos de una manera acelerada, aunque se trate de personajes muy conocidos.


César da Col (dibujante y otro de los que impulsan el manifiesto) dice al respecto: “Por eso gran parte de la Historia de la Historieta Argentina se perdió, porque sólo fue publicada en revistas. Tengo miles de ejemplos. Sin ir más lejos, ¿qué chico en la actualidad conoce a Langostino o a Pelopincho y Cachirula? Ninguno, porque no hay libros con esas obras que hayan permitido que el nieto lea las historietas del abuelo. No pasa eso con las grandes novelas, como El Quijote, o como Sobre Héroes y Tumbas. Francia es nuestro ejemplo a seguir, con sus Tintín, y sus Asterix y miles de historietas más publicadas en libro, es casi la meca de la historieta, con millones de álbumes vendidos por año. La historieta es un portal para el ingreso del niño y del adulto al mundo de la lectura, y eso, los franceses lo saben más que nadie”.

Publicado por primera vez en la revista virtual Imaginaria el 16 de marzo de 2005, el Manifiesto de Banda Dibujada ya puede demostrar resultados concretos. Da Col se refiere a la repercusión que tuvo: “Tenemos muchísimas adhesiones, en su gran mayoría de dibujantes, guionistas de historietas y docentes, de todo el mundo hispanohablante. El dibujante Lippe, de la Provincia de Salta, nos contó que un proyecto suyo de historietas fue aprobado por un organismo salteño gracias -en parte- a que presentó el Manifiesto ante las autoridades. También Marcos Vergara, dibujante de San Nicolás, está haciendo con Federico Baert un fanzine de historietas para chicos, llamado Jaime Pop, con el fin de introducir la historieta en las aulas de los colegios de su ciudad. Eduardo Giménez nos abrió las puertas a la Banda Dibujada, para coordinar un espacio de historietas en Biblioteca Imaginaria”.


No se puede negar que muchísimos lectores recuerdan su vínculo con sus primeras lecturas gracias a la historieta en su primera infancia y muchos tuvieron ese encuentro en las bibliotecas. A esto se refiere Roberto Sotelo cuando dice: “Las bibliotecas infantiles y escolares tienen la posibilidad de revertir esta situación dándole al género un espacio en la selección y adquisición de los fondos bibliográficos que hasta el momento no lo tiene. Los bibliotecarios escolares deberían encarar la incorporación de álbumes de historieta de forma sistemática y sostenida en igual proporción que otros géneros literarios”.


“Nos interesa que los docentes lean el Manifiesto –insiste César Da Col-, pensamos que el cambio se va a dar en la escuela, en el aula y en las editoriales ¿Por qué insistimos con los libros? Porque sirven para perdurar en el tiempo, se guardan en la biblioteca, y permiten una lectura más intensiva. Además, una historieta en libro (o álbum) se encuentra más tiempo a la venta en las librerías que en formato revista en los quioscos”.


Finalmente, si durante tanto tiempo se ha considerado a la literatura infantil, hermana menor de la literatura para adultos (entre comillas), no es de extrañar que suceda algo similar con la historieta.
“Muchas obras se encuentran perdidas en el olvido, obras que merecen ser rescatadas. Y muchas obras se encuentran encajonadas en los escritorios de los dibujantes y guionistas, obras que también merecen ser editadas. En el lector de este Manifiesto, en su pensar y en su hacer, estará la respuesta y solución que estamos tratando de llevar adelante”. Para pensar y actuar.

 


Los pioneros que impulsan este movimiento:


Chanti (historietista, humorista gráfico, Mendoza, Argentina) - César Da Col (dibujante, Consejero del Museo de la Caricatura “Severo Vaccaro”, Buenos Aires, Argentina) - Junior (historietista, humorista gráfico, Córdoba, Argentina) - Fabián Mezquita (dibujante, Consejero del Museo de la Caricatura “Severo Vaccaro”, Buenos Aires, Argentina) - Adrián Montini (historietista, ilustrador, profesor de historieta, Quilmes, de Buenos Aires, Argentina) - Juan Sáenz Valiente (historietista, Buenos Aires, Argentina) - Roberto Sotelo (docente, bibliotecario, Codirector de Imaginaria, revista electrónica sobre literatura infantil y juvenil, Munro, prov. de Buenos Aires, Argentina).

 

Para mayor información: www.bandadibujada.8k.com ó bandadibujada@yahoo.com

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