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01-10-2018 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Valor Vereda: Chiribitiles, del libro al disco

Artistas del juego, planificadores de deseos, Elisa López Oroño y Diego Mazurok son el ‘alma mater’ de Valor Vereda, un grupo con sello propio en el territorio de la infancia, que este año presentó un disco y un espectáculo inspirados en la legendaria colección "Los cuentos del Chiribitil". Un proyecto gestado a puro amor y entusiasmo, que tiende puentes entre varias generaciones de niñas y niños.

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Por Fernanda Martell



Había una vez… una colección de cuentos coloridos y pintorescos que se vendían en puestos de diarios y que marcaron las infancias de miles de niños y niñas. Corría el año ‘76 cuando el Centro Editor de América Latina sacó Los Cuentos del Chiribitil, esta colección que contaba con 50 libros y tiradas masivas de autores e ilustradores argentinos. La historia pasó (y arrasó). Y casi 40 años después algunos de estos cuentos (29 en total) fueron rescatados por Eudeba.

Había una vez… un grupo de artistas con el deseo y el juego como principales motores creativos. Y en cuyo camino se cruzaron los ‘Chiribitiles’. “Algo de lo invisible” los conmovió y los llevó a tender un puente entre la literatura, la música y el teatro. Entre las infancias de ayer y las de hoy. Elisa López Oroño y Diego Mazurok, fundadores de Valor Vereda, compartieron una mañana de mates con Revista Planetario.


LO ESENCIAL ES INVISIBLE 
“Nosotros no leíamos Los Cuentos del Chiribitil de chicos”, aclara Elisa, responsable de este sueño, al comenzar la charla. “Los leyó una generación un poco más grande que nosotros”. De entrada, la primera hipótesis acerca del surgimiento de Chiribitiles, el concierto literario estreno de este año y Las Canciones del Chiribitil, el nuevo disco de Valor Vereda, queda descartada.

“Nos acercamos a los chiribitiles a partir de Eudeba, puntualmente de Violeta Canggianelli, que en 2014 nos llamó para hacer una propuesta lúdica para los cuentos que se habían reeditado, que en ese entonces eran 10. Querían que las infancias de hoy se pudieran acercar a Los Cuentos del Chiribitil. E hicimos Rescatando a los odos, una propuesta lúdica a lo Valor Vereda, que tiene que ver con la narración, el mapa y el juego”.

¿Y cómo nace la idea de convertir esa propuesta lúdica en un proyecto de la envergadura de Chiribitiles, que ya tiene un disco editado y un espectáculo nominado a los Premios ACE?

Elisa: Algo de esos cuentos que yo tenía en la mano me convocó. Me encantaba la idea de la colección de cuentos y esta colección es muy bella, tiene algo muy simple, muy genuino, y las ilustraciones son bien de aquella época… Algo de lo invisible me capturó y, así, al azar le dije a Tute (Lautaro Matute, el guitarrista del grupo), “¿qué tal si además de una colección de cuentos existiera una colección de canciones? ¿Si pudiéramos hacer una canción por cada uno de estos cuentos?”. De varios encuentros de lecturas surgieron dos canciones (“La gran fiesta del otoño” y “Viaje al país de los cuentos”). Y entonces, nos fuimos solitos con la guitarra a la editorial, para ver si podían financiar el disco.

Diego: Donde no había nada empezaba a haber algo. Ese impulso de lo quiero hacer, lo voy a mostrar, subo esas escaleras con una guitarra, me parecía genial. ¡Esto tiene que ser una materia del secundario! Tener un deseo y llevarlo adelante. ¡Así se vive!


EL RIESGO COMO MOTOR ARTÍSTICO 
De ahí en adelante el camino no fue sencillo. ¿O sí? En Eudeba les encantó la propuesta pero no la podían financiar. “Quedaron ahí el deseo y una mínima cuota de frustración. Al año siguiente, otra vez apareció la idea. ¿Y si hacemos una canción por cada cuento? Era inexplicable. Y decidimos hacerlo. Total, somos muy buenos planificando deseos”, señala Elisa.

¿Cómo se eligieron los cuentos y cómo se convirtieron en canciones?

Elisa: En principio elegimos los que no tenían metáfora alguna, simplemente un relato. Y cuando los leíamos, inmediatamente veíamos la canción, lo que pasaba. Después había una búsqueda por temas y por edades, si esta es muy poética, busquemos una más juguetona, pensando siempre en los niños y las niñas. Y mientras componíamos, conseguimos los fondos para editar el disco. Y entonces dijimos ¡pongámoslo en escena!

Una de las ideas fuerza de Chiribitiles es la de tender puentes. De los libros a la música, de la música al teatro y del teatro nuevamente a los libros. ¿Cómo decidieron armar este recorrido? 

Diego: Nosotros veníamos de hacer dos espectáculos (Canciones para no tener miedo y Soy Valiente) de narración, música y juego. Nos gustaba la idea de marcar una diferencia y arriesgarnos un poquito más. ¿Cómo? Alejándonos un poco del juego y de la narración, que es nuestro lugar de comodidad, y haciendo un concierto literario, basado en los cuentos, pero con una puesta bien musical. Así salió Chiribitiles, un espectáculo que hoy a nosotros nos gusta mucho llevar adelante y con el que tenemos la suerte de estar nominados a los Premios ACE.

Elisa: Esto fue una militancia de Diego que nos alentaba a ir a lo que nos incomodaba para que nos pase otra cosa como artistas. Porque cada uno tenía una incomodidad y a su vez, había algo de mucha emoción en relación al momento en que fueron escritos estos cuentos. Entonces la apuesta era quedarse ahí paraditos cantando y dejar que nos atraviese esta emoción y ver qué pasaba en la gente.

¿Y qué pasa con el público?

Elisa: La primera devolución es de los niños y las niñas que estallan en baile. Y los adultos detenidos. ¿Qué les pasa? Al principio no podía descifrar sus caras. Inmóviles. Después aparecen las devoluciones de mucha emoción, porque algunos sabrán de donde vienen estos cuentos, cuándo fueron escritos y cuándo no pudieron leerse más, y otros no. Es como dejarnos atravesar por eso invisible que está y que sin embargo no podemos ponerle palabras. Necesariamente va a ser transformador.

Diego: Cuando saludamos a las familias al terminar el espectáculo recibimos mucho agradecimiento, por hacer esos cuentos, por rescatar la historia… Hay un montón de cosas ahí que se le juega a la gente que están buenísimas.

Con Chiribitiles el puente también es entre las infancias de hoy y las de ayer. ¿Qué cosas cambiaron entre aquellas y estas infancias y cómo hacen para interpelar a ambas?

Diego: No sé si han cambiado algo. Los pibes de aquella época y los de ahora se dejan cautivar por el mundo que inventaron estos cuentos. Es muy sencillo entrar, son historias accesibles, esos dibujos, esos relatos, hay algo ahí que a todos nos pone en el mismo lugar.

Elisa: Cambió el lenguaje, cambiaron ciertos mensajes en relación a la convivencia o los estereotipos de género que están desactualizados. Pero no vamos a eso en las canciones. Vamos al arrullo, al upa, al que me lean, al qué me pasa cuando me imagino esas historias. Y cuando nos saludan mamás y papás, emocionados, lo que dicen es eso “a mí me hizo recordar a mi infancia”. Ahí es donde somos todos pibes.


JUGAR COMO ACTO DE LIBERTAD 
¿Cuál es la importancia del juego, del jugar, en cualquier edad?

Elisa: Para mí tiene que ver con la libertad. Es un lenguaje que te permite explorar sin límites. Crear infinitamente. Es muy saludable crear en el campo del juego para luego ir a la realidad: todos podemos construir desde nuestra subjetividad un tipo de realidad que luego sirve como herramienta fehaciente de transformación.

¿Y qué pasa con los adultos? ¿Se animan a jugar?

Elisa: Sí, se animan. Pero lo que con los pibes nos lleva 8 minutos de calentamiento con los adultos nos lleva 25.

¿Por qué se va perdiendo ese juego? Porque la capacidad de jugar está ahí, pero el adulto ya no se lo permite…

Diego: Tal cual, se ve el juego como algo de niños, como si fuese matar el tiempo. El adulto piensa que jugar es perder el tiempo y en realidad es libertad pura. Es ahí donde estás, jugás con lo que tenés, no perder eso es maravilloso.

Ya que venimos hablando de puentes, si tendiéramos uno al futuro… ¿en qué proyecto los encontraría?

Elisa: Tenemos un deseo. Hacer una escuela de valores a partir de toda nuestra experiencia como educadores. ¡Qué hermoso sería tener un espacio donde haya un proceso de crianza y acompañamiento a familias en valores! Que pueda escaparse de las formalidades de la currícula y poder embanderarnos con el juego como tal, jugar por jugar. Yo me la imagino para niños y niñas de primaria, de primer y segundo ciclo, porque escasea mucho a esa edad, lo digo como mamá, el espacio de juego, de educación libre, de educación viva. Tampoco iríamos a una educación alternativa específica sino más bien, hagamos lo que hagamos, alojemos a estas familias para jugar y hacer jugar. Y acompañémoslos amorosamente en este tránsito. No sabemos cuánto falta ni si lo vamos a lograr.

Diego: ¡Pero sería hermoso!

Ríen con ganas Elisa y Diego. Porque si algo entusiasma a esta dupla que ha sabido hacer crecer sus proyectos hasta lo inimaginable, son los deseos genuinos. Y si algo han demostrado es que son grandes transformadores de deseos en realidades.



PLANETA VALOR VEREDA 
Valor Vereda nació hace 11 años, del deseo de Elisa López Oroño, Diego Mazurok, Rodolfo Fernández Lisi y Guadalupe Colombo Paz (los dos últimos ahora viven en la Patagonia). Las primeras reuniones eran “en el lavadero de un monoambiente” y hoy comparten una hermosa casona en Villa Urquiza con los ¡25! miembros actuales del grupo.

Animadores, capacitadores, artistas de teatro, educadores, músicos. Los Valor Vereda son multifacéticos. Y a todo lo que hacen le ponen una impronta especial, un sello Valor Vereda. ¿En qué consiste? “Yo creo que en ser genuinos. Con nuestro deseo, con nuestras ganas y nuestras limitaciones”, reflexiona Elisa. “Eso es lo que nos sostiene y lo que nos permite navegar tranquilos y pudiendo multiplicarnos constantemente”.

Llevan en su haber tres espectáculos: Canciones para no tener miedo, Soy Valiente y Chiribitiles (cuyo elenco está integrado por Elisa, Diego, Lautaro Matute y Agustín Lumerman) y dos discos: Soy Valiente (2016) y Las Canciones del Chiribitil (2018). Y han realizado giras por distintas provincias del país -Córdoba, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz- y varias ciudades de la Costa Atlántica.

Más información: www.valorvereda.com.ar

 

 

 


 

PRÓXIMAS PARADAS 
Valor Vereda está a cargo de los contenidos del Festival de Música de San Martín, a realizarse el 13 de octubre de 15 a 19 hs en la Plaza Roca (Artigas y Roca, Villa Ballester). Será un “Picnic musical”, un espacio de encuentro lúdico con la música, entre mates, talleres de percusión corporal, ruleta de canciones, círculo de tambores y un cierre con Chiribitiles. Un proyecto que los tiene “contentos, ansiosos, motivados” y que esperan que se convierta en una fiesta para los vecinos y vecinas que pueblen la plaza.

En noviembre, serán parte del Festival María Elena Walsh en el ECuNHi (17/11 en Av. del Libertador 8151) con Chiribitiles. Y el 18/11 del Festival Minguero, que organiza La Minga Club Cultural (Maza 1165) con Soy Valiente.

 


 

HEROÍSMO PARA ESCUELAS 
Valor Vereda está realizando una actividad especial para trabajar en escuelas los problemas de la convivencia escolar. Heroísmo para escuelas es una propuesta artística, lúdica y pedagógica para niños y niñas desde preescolar hasta 6° grado.

¿Cómo surge esta idea? Elisa nos cuenta:
“Nace a partir de una de las coordinadoras de Valor Vereda, psicóloga, que investigó el caso de Finlandia que pasó de una tasa muy alta de suicidio adolescente en relación al bullying a tasa cero. En esta investigación se ve que entre la díada hostigado - hostigador y los que están más o menos implicados solo componían un 12% del sistema escolar. Luego había un alto porcentaje de testigos silenciosos que, si bien no estaban directamente implicados, componían la mayoría. Entonces ¿qué pasa si intervenimos en ese porcentaje y no en el 12% implicado donde ya hay un montón de tipos de intervención? Con esa pregunta, vamos a las teorías de (Martin) Seligman y (Philip) Zimbardo donde se habla de las virtudes para ser héroes y heroínas de la vida real.

Entonces con ambas cosas y el tipo de juego de Valor Vereda, que tiende a sensibilizar a cada edad, desarrollamos la propuesta tomando las problemáticas argentinas en relación a la convivencia y el maltrato por el que pasan muchos niños y niñas. Nuestro protagonista la pasa mal porque tal persona lo molesta, pero en la narración y en las actividades que vamos proponiendo se van activando los testigos, para pasar de ser testigos a aliados: ser héroes de la vida real que tiene que ver con hacer algo por otra persona aunque implique un pequeño desafío para mí. Y al terminar la narración pasamos a la acción, para ayudar con algo concreto. ‘Chicos, tenemos 10 minutos para recuperar la cartelera de los más pequeños, que está toda abollada’. Y ves a nenes de primer grado acariciando los dibujos para poder estirarlos y recuperarlos y en esa acción tan concreta de alisar un dibujo que estaba dañado, subjetivamente les pasa de todo. Entonces quedan muy movilizados, con un mensaje claro: acá hay un rol que vos podés ocupar, que es el de hacer algo pequeño, algo diferente, lo que puedas, lo que quieras. A partir de eso hay toda una guía de actividades y de reuniones con el equipo docente, porque si la institución quiere continuar con este proyecto estamos disponibles para siempre.”

 

Tags: discos, música, teatro, literatura, eudeba, Valor Vereda, Chiribitiles, Los cuentos del Chiribitil

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