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01-04-2004 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Yo, Fernando

Fernando Sendra es uno de los máximos referentes del humor gráfico en la Argentina. Con su tira “Yo, Matías” logró cautivar tanto a madres y padres contrariados con la crianza de sus hijos como a los chicos, que se identifican con el personaje. Padre de una familia numerosa, de la convivencia con sus cuatro hijos obtiene gran parte del material para sus chistes.

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Por Ariel Saidón

 

Es difícil dar una descripción acabada del taller de Fernando Sendra, ubicado en el segundo piso de su casa en Barracas, en una habitación luminosa con paredes cubiertas por una estantería con libros.


En una punta: una tabla larga sobre la que no se puede apoyar más nada. Al punto de que el café hay que servirlo en un banco de hierro que está desocupado. Papeles, diarios, más papeles, fotocopias y originales de dibujos, una agenda de cuero que permanece cerrada, algunos lápices y marcadores y un teléfono en un desorden que sólo él comprende.


Sobre otra mesa, también cubierta de papeles, una gran cabeza en tres dimensiones de su personaje Matías. En la otra punta: una cinta de gimnasio.


Por supuesto, entre tantos papeles hay muchas más cosas que no llegan a verse, si es que uno pretende concentrarse en la charla.


Sendra es un tipo amable, de unos cincuenta y pico de años, que piensa cada una de las respuestas y nunca contesta en forma mecánica. Habla de su oficio y de su personaje más leído con la misma pasión que cuando se le pregunta por sus hijos.


Matías es para él todos sus hijos en uno. A través del lenguaje de la historieta refleja sus temores y cuestionamientos como padre, al mismo tiempo que, confiesa, se identifica con las travesuras del personaje y, claro, con las de sus hijos.

¿Cómo llegás al humor gráfico?


Yo llego accidentalmente y casi como única consecuencia posible. Porque cuando dos autos van a la misma velocidad y con un mismo destino, si ninguno frena, seguramente choquen. Eso me pasó a mí con mis dos vocaciones: la de escribir humor y el gusto por el dibujo. Finalmente encontré en la historieta la cosa ideal, con el plus de que cuando empecé mi carrera, en el ‘73, hubo una renovación muy grande en el género.


El humor en la Argentina estuvo durante muchísimos años atado a un esquema que funcionaba muy bien, que tenía muy buenos dibujantes, pero que, en todo caso, era la continuación de un mismo estilo. Hasta que apareció la revista Satiricón y la contratapa de Clarín, con una concepción novedosa del humor, a cargo de nuevos humoristas.

¿Qué cambió de una forma a la otra?


Hubo varios cambios simultáneos. Por ejemplo, Satiricón introdujo mucho la cosa transgresora, se fue muchísimo más allá de cualquier concepcion que hubiera hasta el momento. Se hacía humor escatológico, humor negro, humor zafado desde lo sexual… Cosas que hoy son cotidianas, que salen en Clarín todos los días, en aquel momento no eran posibles. Luego, tipos como Fontanarrosa trajeron la novedad de la historieta hecha humor, como una sátira de la historieta de aventuras. Es el caso de Inodoro Pereira o de Booggie, el aceitoso. Y el humor político también tuvo su renovación. Era un humor mucho más zafado, más cruel, más lanzado.

¿Cómo te incorporás a esta movida?


Por envidia -se ríe-. Veía todo eso que pasaba, me daba gusto y no quería quedarme afuera. Lo que sucedió fue que se reavivó algo que ya existía, que la gente consumía con placer. El humor se transformó en algo muy popular y revistas que nunca lo habían tenido, por ejemplo Para Tí, lo incorporaron. Y, por supuesto, los diarios con la incorporación de historietas nacionales también constribuyeron al crecimiento del género. Pronto, los humoristas que estaban capacitados para sostener esos trabajos se vieron saturados y los que recién empezábamos tuvimos una oportunidad.

¿Cómo llegamos a Matías?


Bueno, yo empecé en el ‘73 y Matías nace en el ‘91. O sea que pasaron en el medio casi veinte años. Empecé publicando cuadros de humor en la revista Siete Días, con la convicción de que eso era lo mío. Me sentía realmente incapacitado de desarrollar un personaje. Soy un tipo muy ansioso y no me daba la sensación de que pudiera sotener una cosa prolongada. Yo tenía la sensación de que un personaje se planeaba con mucho tiempo, y es probable que otros lo hagan así. En todo caso, yo a Matías lo fui pensando día por día y cuando me dí permiso para hacer eso encontré el personaje.

¿Cómo surgió?


Casi accidentalmente. Un día estaba haciendo la tira de Prudencio, un guapo tanguero, y no se me ocurría nada. Tenía una idea, pero no le cabía al personaje del tanguero porque era un chiste muy infantil. Como faltaba poco para entregar la tira y no sabía como solucionarlo, a último momento enchufé un nene que hablaba con él. Y para no sacarlo al día siguiente sin ninguna explicación, lo dejé. Al sexto día, cuando consideré que ya había tenido una pequeña historia, la madre lo llamó a tomar la leche. Y para llamarlo le puse Matías.

Pero después volvió a aparecer…


Con los días estuve recapacitando sobre la posibilidad de volverlo a poner y me pareció lógico que un nene se encontrara con el tanguero porque cuando yo era chico jugaba en la calle. Pero el nene que me había salido a mí no tenía nada que ver con el mundo del tango, era un nene muy actual.
Al principio a mí me daba gusto esta contraposición entre el mundo nostálgico de principios del siglo XX, que reprensentaba Prudencio, y el mundo actual que representaba Matías, con 40 actividades, agenda completa, inglés, computación y todas estas cosas que hacen los pibes de ahora. Pero del mismo modo que me daba gusto ese contrapunto, también me empecé a dar cuenta que los dos no cabían. El universo del guapo estaba con el tango, el farol, el conventillo… y el universo del pibe estaba con la mamá, el psicoanalista, la escuela.

Entonces tomé la decisión de que cuando apareciera Prudencio no iba a aparecer Matías y cuando apareciera Matías no iba a aparecer el tipo este. Así, estuve publicando durante un año y medio a Matías bajo el nombre de Prudencio, hasta que un día le cambié el nombre y listo. Le puse: “Yo, Matías”.

¿Por qué el protagonista de una tira en la contratapa de un diario es un chico?


Más allá de que cuando yo empecé a hacerlo estaba todo el día encerrado con mis cuatro hijos, yo creo que es lógico que funcione. Porque si hay algo que todos tuvimos en nuestra vida es la infancia. Todos fuimos chicos. Y el hecho de que un nene sea protagonista permite si no identificarnos con la realidad del chico, por lo menos con alguna etapa de nuestra vida.

Pero Matías es un chico actual, ¿las ideas salían de la relación con tus hijos?


En realidad, de la observación y la convivencia con los chicos yo recuperaba viejos sentimientos que estaban archivados en el quinto sótano. Yo me había olvidado de la emoción de juntar figuritas, de las discusiones infantiles por un pedazo de galleta, de las peleas entre hermanos por viajar en el asiento delantero con el padre… Sensaciones que los chicos me hicieron revivir con un grado de emoción alta. Entonces, yo no puedo decir que hablaba en nombre de los chicos por lo que había observado de ellos sino más bien en nombre mío por lo que estaba reviviendo. Simultáneamente se fue produciendo un proceso en el que el personaje se me fue incorporando. A tal punto que ahora necesitaría observar el mundo de los grandes (risas).

En Matías está el contraste de dos mundos, la imaginación, la fantasía y el juego de Matías y la realidad de la madre…


Sin duda que la madre fue lo que a mí me impulsó a cambiar la tira de Prudencio por Matías. Porque yo tenía un nene como un dato importante de la historieta que quería poner y no encontraba la forma. Hasta que encontré a la madre y me dí cuenta de que yo, en realidad, no quería contar la historia de un pibe sino el conflicto de un chico con su madre. La necesidad de poner límites a un hijo y, simultáneamente, la identificación con eso que está haciendo el chico y la culpa que eso le genera.

¿De alguna manera, entonces, podríamos decir que la mamá de Matías sos vos como papá?


Seguro, yo me siento mucho más libre en la figura de una mujer porque me permite identificarme sin que sea tan obvio.

Y los chicos se empezaron a identificar con Matías, ¿es una historieta para chicos o para adultos?


Yo nunca la hice ni para chicos ni para adultos. Aunque sí quise hacerla con el lenguaje más claro posible. Desde ese punto de vista, yo creo que la historieta no habla sobre situaciones sino sobre emociones. Habla sobre la felicidad, el amor, el odio, la envidia, la bajeza…


Y si hay algo que tenemos en común con los chicos son los sentimientos. Cuando yo tengo ira o verguenza, no siento que sea diferente a la de mi infancia. Podrá ser por otros motivos, pero el sentimiento es el mismo.

Pero los chicos se identifican porque viven las mismas situaciones que Matías.


Yo tomo situaciones muy básicas. De hecho, trato de que al personaje no le ocurran situaciones que no le podrían ocurrir a un chico: Matías no vuela, a Matías no se le cae un piano encima como si nada; Matías se corta un dedo y le duele. En ese sentido es un personaje de cabotaje, porque le pasan las mismas cosas que le pasarían a un mortal.


Ahora, en cuanto lo dejás pensar, fantasea para cualquier lado. La fantasía de él es un valor agregado. Cuando Matías escribía el diario íntimo, por ejemplo, decía cosas que a lo mejor no se le ocurrirían nunca a Superman.

Pero sí a un niño.


Seguro que sí.

Siendo Matías un niño, ¿te permite decir cosas que un adulto no podría?


Yo creo que el personaje en sí cuenta historias muy sencillas. Pero tengo la sensación de que si un personaje adulto tocara ciertos temas estaría bien que lo leyeran los adultos, no los chicos. En cambio, a través de Matías puedo hablar de, por ejemplo, la sexualidad, la droga, la homosexualidad, entre otros temas escabrosos que andan por ahí dando vueltas. Porque hay temas que no se hablan con los chicos. Pero, ¡ellos son más vivos que nosotros!. ¿Acaso no saben lo que es un canal porno? A lo mejor no lo ven, pero saben de su existencia, saben lo que es y están esperando una fisura en el sistema para colarse.

¿Por qué creés que a los chicos les atrae tanto la historieta como género?


Tal vez los chicos tengan una capacidad para procesar dos lenguajes al mismo tiempo que el adulto va perdiendo. Yo me acuerdo que cuando era chico leía historietas y me apasionaba, con algunas realmente temblaba de emoción. Es decir, no era una cosa menor. Y me acuerdo de algunos libros que leí con gusto pero nunca con tanto gusto como el que me daba leer algunas historietas.

¿Podría funcionar como una forma de incentivarlos a la lectura?


Hay una cosa que me pasa, un sentimiento ambiguo que tengo respecto a esta pregunta. Cuando se dice que la historieta es una buena escala para que los chicos vayan al libro, yo pienso que la historieta es una buena escala para que los chicos vayan a la historieta

 


Matías en 3-D


Durante la temporada de verano se realizó en Mar del Plata la muestra “El taller de los inventos”, una puesta que reflejaba el mundo interno del personaje. La magistralidad con que el humorista transcribió el lenguaje gráfico a las 3 dimensiones fue sorprendente.


Según describe el propio Sendra, la muestra tiene “el clima de El Ombligo Observador: abunda todo lo que está producido por Matías, con mucha imaginación, con mucha imagen y un relato más propio del diario íntimo que de la tira”.

 


Un papá genial


“Cuando yo hice a Matías, tenía a mi hijo mayor con 11 años, el siguiente de 8, una nena de 3 y otra nena de uno. O sea que si yo no hacía un nene era porque estaba loco”, confiesa Fernando Sendra, papá de Alejo (24), Javier (21), Rocío (16) y Guadalupe (14).


“Cuando iba a tener mi primer hijo, lógicamente, por ser el primero, no tenía la menor idea de como iba a hacer con mi vida. Hasta que un día me reuní conmigo y me dije: esto hay que hacerlo en serio o no hacerlo. Es una pileta en la que te tenés que tirar de cabeza, haciendo palomita y desde el trampolín alto. Después te saldrá planchazo, o lo que sea, pero hay que tirarse para lucirse.”


“A veces quisiera ser más contenido en las emociones, porque me involucro demasiado. Por momentos pienso que los chicos tienen que hacer la suya y otras veces pienso si no estaré dejándolos demasiado.”


“No me cabe otra posibilidad de concebirme que siendo papá. No me imagino de otra manera. Hasta ese punto están incorporados los chicos. Sin duda, sin ellos yo sería otra persona.”

 

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