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01-09-2001 |

Cultura - Madres y Padres

Ajedrez, Rey de los Juegos

El ajedrez es un juego milenario. Fue el juego de los reyes en la antigüedad y de la nobleza medieval pero hoy es tan popular que en la mayoría de las casas hay un tablero dando vueltas. Los chicos comienzan a jugar de la mano de sus padres o abuelos. En muchas escuelas se enseña como una herramienta que ayuda a desarrollar capacidades relacionadas con la atención, la memoria y el razonamiento.

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Por Ariel Saidón



Para algunos es sólo un pasatiempo, al igual que cualquier otro juego de mesa. Pero otros lo practican con la disciplina y exigencia de un deporte: compiten, entrenan, realizan ejercicios de preparación física y estudian teoría. Para los fanáticos es mucho más que eso: el Rey de los Juegos.

Los clubes de ajedrez son el ámbito tradicional donde se practica el deporte y donde se prepara el verdadero semillero de campeones. En la mayoría de ellos hay competencias de ajedrez infantil y cursos donde los chicos pueden aprender a jugar. Pero también existen otros ámbitos donde los niños tienen contacto con el juego, aunque desde otro punto de vista. Hace 15 años que se practica en las escuelas y es valorado por los docentes como una herramienta que ayuda a aumentar la capacidad de atención, memoria, razonamiento, creatividad y socialización.

“Una de las reglas de oro del ajedrez es: pieza tocada, pieza movida -explica Marina Rizzo, maestra FIDE y ex-subcampeona argentina de ajedrez- Incorporando esta normativa, los chicos se acostumbran a tomar una actitud de reflexión ante cada situación. Parar la acción y observar antes de decidir. Y esa forma de actuar puede ser aplicada a cualquier situación de la vida.”

Pero contrariamente a lo que muchos creen, lejos de estimular la reflexión solitaria el ajedrez es un juego social. No sólo porque se juega con otro, sino también porque las piezas representan distintos personajes que interactúan entre sí formando un equipo.

El psicólogo social y bioenergetista Gabriel Karp establece un paralelismo entre ajedrez y vida social. “El ajedrez es un juego de grupo -dice-. Para que una jugada sea completa, cada una de las piezas tiene que estar en perfecta combinación con las otras.”

Algo similar pasa en el entorno social del chico. “En la escuela y en la casa -continúa Karp- también hay distintos personajes que tienen roles asimétricos y que, a su vez, necesitan comunicarse y realizar una actividad conjunta para lograr un objetivo.”

El ajedrez también estimula la creatividad. Rizzo sostiene que constituye un excelente entrenamiento de la capacidad de reacción frente a situaciones de todo género. “Cada jugada plantea una situación diferente que, a su vez, abre nuevas posibilidades. -dice- Al ser un juego reglado, establece límites. Pero también da ciertas libertades y cada movimiento puede generar situaciones totalmente impredecibles.”

Aunque sin abandonar la competencia, hace ya varios años que Rizzo se dedica a enseñar el juego a los chicos. Además de dictar clases en las escuelas públicas dirige su propio taller infantil de ajedrez, “El Caballito de Palermo”, a donde concurren chicos de 4 a 12 años. En su taller se propone estimular, a traves del juego, el pensamiento lógico, la concentración, memoria, observación, imaginación, tenacidad y autocrítica. Trabaja con grupos reducidos, agrupados de acuerdo a la edad y los conocimientos previos.

Los más chicos tienen un primer acercamiento a través de juegos de pre-ajedrez. Con canciones que enseñan el movimiento de cada pieza y el trabajo con el propio cuerpo, en un tablero gigante aprenden a respetar el turno del compañero y van conociendo las reglas paulatinamente.

“Los chicos son puro cuerpo -señala el psicólogo Karp, quien está a cargo del asesoramiento psicológico-. A medida que van creciendo pueden simbolizar lo que quieren decir y entienden de la vida. Corporizando las piezas están jugando con un elemento que les es propio y de esa manera se pueden acercar con más facilidad a los conocimientos que requiere el juego.”

Entre los más grandes juegan partidas completas de ajedrez, aunque en el taller se elimina el factor competitivo. “Partimos de otro concepto de competencia -dice Rizzo-. No se trata de ganarle al otro sino de superarse a sí mismo, tratar de ser más competente frente a la problemática que plantea el juego”.

Porque el ajedrez tiende a ser visto como un juego bélico, de enfrentamiento entre dos contrincantes. De hecho, no es más que la representación de una guerra en la que se enfrentan dos ejércitos rivales (el negro y el blanco) y para vencer hay que capturar la mayor cantidad de piezas y encerrar al rey del adversario (dar mate).

Sin embargo, Rizzo propone otra mirada. Sostiene que el ajedrez es un juego complementario. “Son dos jugadores que interactúan moviendo sus piezas para un objetivo común -dice-. Viéndolo de esta manera, el otro no sería un rival sino un compañero que nos permite desarrollar nuestro propio juego. Sin el otro, uno no puede aprender, desarrollarse, ni superarse.”

De esta manera el ajedrez se constituye como una herramienta de aprendizaje. No interesa tanto el conocimiento de los recursos técnicos o teóricos del juego sino aquello que, como dice Rizzo, les sirve para la vida. “Adquirir una actitud de reflexión, saber que hay distintos caminos para llegar a una misma meta y que vayan tomando confianza en sus capacidades.”

“Nosotros creemos que los chicos no son tablas rasas. -plantea Karp- Nos proponemos que los niños consoliden sus propios recursos internos y potenciar otros nuevos que posibiliten el aprendizaje. Estimular cierta actitud de investigación, de inadagación o de aproximación.”

Desde este punto de vista, ganar o perder la partida pasa a ser algo secundario. Lo importante es que los chicos disfruten de lo que hacen. Poner el énfasis en el proceso y no en el resultado.


Chaturanga

El Rey de los Juegos nació en el siglo VII a. C. en la India. Deriva de un juego denominado Chaturanga que se jugaba en la zona hace más de 3.000 años.

En el Chaturanga participaban cuatro ejércitos (rojo, amarillo, verde y negro) de 8 fichas cada uno, con un rey, alfil, caballo, torre y cuatro peones. Se jugaba de a cuatro, pero el rojo y el amarillo eran aliados que se enfrentaban al verde y al negro. El objetivo era capturar a los reyes rivales. Cuando un rey era capturado, todas las fichas de su color pasaban bajo el mando del compañero.

Con el paso del tiempo, los cuatro ejércitos se juntaron en dos (blanco y negro), de 16 piezas cada uno. El rey aliado pasó a ser el consejero del rey. Así, se conformó la figura de la reina y se establecieron las reglas básicas del ajedrez.

El juego llegó a Europa a través de los árabes que invadieron España. Tradicionalmente fue el juego de los reyes hasta que en los siglos XVIII y XIX comenzó a practicarse en los cafés y las universidades parisinas. El primer torneo internacional se realizó en el año 1820.
     
 

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