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23-05-2020 |

Crianza - Madres y Padres

Alejandra Libenson: La crianza no entra en cuarentena

La convivencia familiar full time implica un roce de padres, madres e hijes que puede ser tan placentero como explosivo. Porque entre mimos, juegos y cuidados, suelen brotar las pequeñas (o grandes) chispas. Que desatan incendios. Familiares y peligrosos. De estos roces y aquellas chispas habla Alejandra Libenson, especialista en crianza, en su entrevista con Planetario. ¡Antes que todo arda!

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Por Gabriela Baby.

 

Si algún autor de ciencia ficción hubiera querido imaginar un escenario de alta tensión dramática como el que vivimos en el mundo real contemporáneo, no lo hubiera logrado. O al menos, no le hubiera resultado sencillo. Porque hay momentos (mañanas, noches, tardes enteras), en los que este largo día de la marmota se desgaja como un tiempo eterno, sin principio ni final. Con exceso de presencia familiar (y en muchos casos, extrañando, a su vez, a tíos, primos, abuelos, amigos). El experimento es intenso y todo está a mano para ser repensado: ¿De qué se trata la crianza en tiempos de pandemia?  ¿Qué hacer con las pantallas, con la demanda insistente, con el cuerpo y el aburrimiento que a veces asoma? De todo esto (y más) charlamos con Alejandra Libenson.

 

Alejandra es psicóloga y especialista en crianza. En días de pandemia trabaja muchas horas y también se involucra desde lo afectivo: dice que quisiera ver a sus hijos, abrazarlos, y compartir el cumpleaños de su mamá (que está por cumplir 90 años). “Para aprender hay que poner la emoción y el pensamiento”, subraya en este tiempo de grandes aprendizajes.

 

¿Cuál es el tema predominante en las consultas de crianza en esta cuarentena?

Las consultas en general tratan sobre la manera de abordar los límites y también cierto agotamiento o cansancio, que a veces es desborde de los padres, en relación a los tiempos (24 x 7) de estar con sus hijos. Muchos padres y madres reconocen que han tercerizado la crianza con abuelas, niñeras, abuelos y jardín maternal. Y en estos tiempos de cuarentena, tienen el contacto directo con sus hijos e hijas durante muchas horas que es algo nuevo. Por momentos, muy placentero y, por momentos, la híper demanda genera un clima emocional de mucha tensión. Ansiedad. Incluso desborde.

 

La salida recreativa: ¿sí  o no?  Pero antes, ¿es tan importante salir de las casas para la salud de los chicxs?

La salida recreativa, como indica su palabra, es una decisión de recrear un mundo fuera de casa. Aunque muchas veces la recreación puede estar adentro. Construir un afuera adentro también es un desafío, aunque la salida al exterior para algunos niños y niñas es una necesidad. Hay chicos que se pegan a la puerta y piden “¡quiero ir a la plaza!”. Y esto no va a ser posible. Entonces, para que la salida sea una situación agradable es importante que los referentes afectivos preparen el escenario posible de ese encuentro con una calle que va a ser diferente. En donde la gente va a tener la cara tapada. En donde no se va a poder acceder a un comercio, a un shopping, a ninguna plaza ni al contacto con los amigos o vecinos. Por lo tanto, va a ser un momento diferente a la expectativa que tienen los chiquitos.

 

¿Y en todas las edades tiene el mismo valor o importancia?

Las diferentes edades demandarán diferentes necesidades. Los más chiquitos, tal vez lo que necesiten sea mirar el sol, caminar, andar con su triciclo. Pero todo esto tiene que estar muy anticipado y preparado. Para que realmente se sientan superhéroes que están cuidando a los demás cuando tratan de no tocar a nadie. Tiene que haber algo de magia en esta salida y respetar el deseo de los niños: no todos los chicos tienen ganas de salir. O no les interesa, o tal vez la emoción hace que sientan que no es bueno para ellos. Incluso el temor, infundido por los medios de comunicación y la hiperinformación, hace que justamente este virus adquiera una hiperrealidad, como si fuera un monstruo invisible que en vez de aparecer en las pesadillas y en los terrores nocturnos, pudiera aparecer en las calles. Por eso, si bien los padres son los que toman las decisiones, en ésta en particular, que no sean los niños una excusa para sacar a pasear a sus padres. Si los chicos no quieren salir, no hay que obligarlos.

 

¿Habría una violencia invisible en esta imposición de padres y madres? ¿Podrías definir este concepto?

La violencia invisible es esa violencia simbólica y afectiva. Es no dar el lugar a la palabra del otro, a los chicos y chicas, por ejemplo, y suponer que porque uno es el padre o la madre es dueño de esa persona. Y nuestros hijos no nos pertenecen. Son personas, no son objetos de nuestra pertenencia. Como dice el dicho, son hijos de la vida.

 

Pantallas y más pantallas

De la agenda recargada a pantallas recalentadas: ¿Qué riesgos trae la hiperconectividad de estos días de cuarentena?

La agenda recargada implica demasiadas horas de conexión con la tecnología y esto impacta en chicos que están todo el día sentados, chicos que se sobrealimentan y que no tienen ninguna descarga física. De todos modos, la descarga no siempre tiene que ser física, si bien es importante desplegar algún momento o actividad corporal. Entonces se pueden proponer juegos para moverse y a la vez acotar el tiempo de contacto con las pantallas. Se puede hacer una búsqueda del tesoro, o jugar a algún desafío que implique movimientos divertidos, es decir, pensarlo y proponer no desde la prohibición del contacto con las pantallas sino como otro tipo de actividad.

 

Pasamos del temor a ciertos usos de las redes sociales a un uso multiplicado ¿cómo acompañar a los chicos en estos nuevos hábitos? Estar presentes sin exagerar...

El síndrome del papá controlador, del papá o mamá policía, es un síndrome que existía antes de la cuarentena. En el que los papás se convirtieron en soldados de los deberes de sus hijos y controladores de que se lleven a cabo. Y este no es el rol de los padres, ni tampoco el rol de resolverles las tareas a los niños y ponerse a hacer la tarea. Pero a veces, la exigencia o la expectativa de que hagan todo bien, hace que se pierdan ciertos límites. Lo ideal, lo posible, el deseo es que los referentes afectivos sean acompañantes disponibles en estos tiempos de tareas. Que sean referentes en caso de que sean necesarios, pero que no resuelvan situaciones permanentemente. Esto sería abusar del rol de padre o de madre, en el sentido de abuso de presencia, de exigencia, de demanda.  Tal vez es necesario o preferible que un chico, una chica, no llegue a hacer las cosas en tiempo y forma, y que esto tenga una devolución por parte de los maestros, de la escuela. Y que los papás también puedan soportar ese límite que pone el mundo exterior y no querer siempre completar lo que hace o no hace un hijo.

 

También aparece en algunos chicos y chicas el tema del aburrimiento. Y los padres y madres se ven demandados como generadores de ¿recreación?

El aburrimiento es un gran fantasma. Como el virus. Y el aburrimiento tiene que ver con el no registro del propio deseo. Y a veces cuando un chico.a está tan lleno.a de actividades, extra escolares y cosas para hacer no tiene tiempo de conectarse con esos tiempos en los que no se hace nada. O si hace algo, lo hace porque sí. A veces, también, ese porque sí significa “no tengo mucho registro de qué quiero, qué puedo, qué debo, qué necesito porque siempre me dicen lo que tengo que hacer”. Entonces, contactarse con el aburrimiento es también asumir que es posible el aburrimiento, y es parte del juego del deseo. Que para que uno pueda desear es preciso sentir que algo hay que completar o direccionar hacia otro lado. Y el aburrimiento es una vía de contacto hacia ese propio deseo.

 

Las preocupaciones de los adultos (por el futuro, el trabajo, el dinero, la salud, el mundo, la muerte) ¿de qué manera deberían compartirse –o no –con los chicos?

Es muy difícil lograr un equilibrio entre las incertidumbres, miedos y angustias de los adultos y los propios de los niños. Lo importante es entender que el adulto tiene la capacidad de ironizar, de tratar con humor lo que pasa o ponerle un doble sentido, una metáfora, pero los niños pequeños no. Por eso hay que ser muy cuidadoso con lo que se dice y con lo que no se dice. Poder graduar lo que se puede compartir, y de qué manera, con los chicos. Es importante por supuesto prestar palabras, ir con la verdad, mostrar la tristeza si uno está triste o la preocupación, pero no exponer a los niños a conversaciones y a cierto tipo de estímulos informativos que los chicos no están en condiciones de metabolizar o que toman literalmente.

 

¿Qué podríamos aprender de estos intensos momentos?

Uno está aprendiendo todo el tiempo. El tema es que el reconocimiento del aprendizaje es un proceso posterior a la experiencia. Durante el tránsito de una vivencia, que además nos afecta a todos, a las familias, a todas las edades, a todo el mundo, es muy difícil entender qué estamos o podríamos aprender de todo esto. La revisión y los aprendizajes vendrán después. Ahora hay que vivir. Y transitar estos tiempos de pandemia. Guardados pero no encerrados. Cobijados pero no presos. Y entender que nuestra responsabilidad activa es cuidarnos y cuidar al otro…por más  ganas que tengamos de hacer cosas es necesario demorar el deseo, bancar la frustración, la tolerancia al no, el límite. Estos son aprendizajes que si no fueron adquiridos antes de la cuarentena, serán más difíciles de soportar.

 

Entonces, en tiempo presente. ¿Cuáles son los desafíos de este momento para madres y padres, y para vos como profesional?

Creo que más que hablar de aprendizaje se podría pensar qué necesito. Qué creo que necesito. Qué creo que necesitan los demás. Y esto es todo un desafío. Que se va construyendo día a día. Porque si hay algo que está claro en todo esto es que hay que hacer lo que hay que hacer. Más allá de lo que uno elija: no es momento de tomar decisiones intempestivas, impulsivas, reactivas,  sino responder a una autoridad que nos representa con un mensaje de cuidado, como límite de cuidado. Como padre a hijo. Y a veces, estos límites cuestan más a los adultos que a los propios chiquitos.

 

 


 

PLANETA LIBENSON

Alejandra Libenson es psicóloga y psicopedagoga. Especialista en Educación, crianza y nuevas parentalidades.  También es autora de Criando hijos, creando personas (Punto de lectura, 2012), Los nuevos padres (Aguilar, 2013) y la Guía de Crianza sin violencia (Unicef, 2016). Es productora y conductora de De esto queremos hablar, un programa de radio online (www.larz.com.ar). Entre tanto, Alejandra es mamá de tres hijos.

Ig: @alejandralibenson y canal de YouTube

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