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01-10-2001 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Conjunto Música Ficta de Buenos Aires

Luego de presentarse en diversos escenarios del país y del exterior desde 1975, decidieron dedicar este año especialmente al público infantil. Presentaron el espectáculo “La banda del Rey Arturo” y desde el mes pasado se presentan junto al Trío Argentino y bailarines del Teatro Colón en “El despertar de la música”, con Gaturro como maestro de ceremonias.

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Por Ariel Saidón



Viela, rebec, viola da gamba, tromba marina, oud, laúd, cromornos, chirimías, cornetto, psalterio. Estos son sólo algunos de los instrumentos medievales y renacentistas que tocan los integrantes del Conjunto Música Ficta de Buenos Aires.

En sus conciertos alternan obras del siglo XII al XVII respetando no sólo los instrumentos originales sino también el idioma en el que son cantados. Para facilitar su comprensión realizan una explicación previa y dramatizan cada una de sus canciones. Y, con la idea de recrear la atmósfera de la época, utilizan trajes diseñados a partir de grabados y miniaturas del siglo XV.

El director del conjunto, Rubén Soifer, y Pablo Ravachini dialogaron con Planetario, la guía de los chicos sobre la vigencia de esta música y explicaron qué la hace tan atractiva para niños y adultos de todas las edades.

¿Qué significa Música Ficta?

Rubén Soifer: La denominación música ficta surgió en el siglo XIV. Así se llamaba a las alteraciones musicales que se realizaban para hacer más placenteras las melodías, a los sostenidos y bemoles sobre todo en las cadencias finales. Fundamentalmente se trataba de subir el séptimo sonido, lo que se llama la nota sensible. Ese pequeño giro, que hoy está todo el tiempo en nuestros oídos, en aquel momento generó cierta oposición, sobre todo por parte de la Iglesia, porque lo consideraban demasiado sensual. Pero los músicos lo interpretaban igual. Por ejemplo, un final Sol-Fa-Sol lo hacían con Sol sostenido aunque no lo escribían en las partituras. Así surgió una distinción entre lo que estaba escrito, la música vera, y lo que ellos tocaban, la música ficta o ficticia. Después esa denominación se fue ampliando también a otras alteraciones, a otros sostenidos, y pasó a constituir un código entre los músicos.

¿Por qué, entonces, el Conjunto lleva ese nombre?

Pablo Ravachini: Porque esa característica estaba presente, fundamentalmente, en la música popular de la época. Los cantos religiosos y la música que se tocaba en las iglesias siguieron manteniendo la forma clásica. Y nosotros nos imaginamos o nos interpretamos como un grupo de música popular de hace 600 o 700 años.

¿Qué es lo que les atrajo de esa música?

Rubén: Es muy difícil hablar de música popular o culta, sobre todo en el tiempo. A veces es mejor hablar de música de tradición oral o música escrita. Pero la idea es que somos un conjunto pequeño, que encara la música como cualquier conjunto de música popular. Porque en las partituras tenemos muy pocas indicaciones. Sobre todo en las partituras medievales, que hay una sola línea melódica y ni siquiera dice para qué instrumento está compuesta. Está a cargo nuestro el armado de esa obra, la re-creación, la re-interpretación. Eso es muy atractivo para nosotros. Pero, además, acercarnos sensiblemente a otros momentos de la historia nos permite tomar distancia de la sociedad actual y tener un espíritu más crítico.

Pablo: Cada uno desde su instrumento, ha visto en el Conjunto una posibilidad de expresión, de disfrute y de juego. De cierta libertad creativa, como decía Rubén, que en otros ámbitos de la música clásica no tenés.

¿Por qué esta música para los chicos?

Pablo: Surgió a partir de los comentarios de padres que los llevaban a ver nuestros espectáculos y lo que veíamos nosotros que pasaba con ellos. Como una continuación de lo que hacíamos habitualmente. Así, llegamos a este año focalizando en los chicos muchísimo más.

Rubén: El que nos impulsó fue Kive Staiff (actual director del Complejo Teatral de Buenos Aires), en el año ‘84 u ‘85. La chiquita de él, que tenía en ese momento 3 o 4 años, bailaba nuestras canciones y escuchaba nuestros discos. Entonces, nos convocó para hacer parte de una obra en el Teatro San Martín, una especie de comedia musical del renacimiento para chicos. Pero, en realidad, nuestro debut con los chicos fue en el año ‘80. Estábamos en México haciendo una gira y llegamos a un pueblito donde teníamos función a las 8 de la noche. Eran las siete y media y nos dicen “prepárense que ya van a llegar los chicos”. ¿Qué chicos? Nadie nos había dicho, hasta ese momento, que era un acontecimiento infantil. Y tuvimos que improvisar todos los textos. Porque la música no la podíamos cambiar.

¿Qué cosas tuvieron que cambiar?

Pablo: Musicalmente, yo diría que nada. Sólo buscar las canciones más afines, más pegadizas, las que permiten un juego o una participación más activa. Pero fundamentalmente la postura: jugar más en el escenario y crecer desde el punto de vista actoral. También tuvimos que trabajar el ritmo del espectáculo; porque a los chicos hay que estar captándoles la atención permanentemente.

¿Cuál es la vigencia actual de esta música?

Pablo: Más allá de la propuesta a nivel espectáculo, su vigencia está en la frescura, en la cosa simple, en la melodía pura. Las canciones hablan de cosas frescas y cotidianas como el amor o la primavera. Y eso, tanto a grandes como a chicos, les atrae muchísimo. Pero además, los instrumentos, los trajes, los textos, los idiomas en los que se canta… es un sorprenderse permanentemente.

Los integrantes de Música Ficta son Rubén Soifer, Carlos Diener, Miguel de Olaso, Pablo Ravachini, Moira Santa Ana y Laura Wright.

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