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01-07-2008 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Cuando lo clásico es novedad

Sorprendió a la escena infantil con una propuesta arriesgada: un concierto de música clásica para niños. Con "La vuelta al mundo en un violín" abre a los más pequeños las puertas de un género que se les aparecía como vedado. Batuta en mano, Sergio Feferovich propone un viaje musical en el que el humor y la calidad interpretativa son las mejores armas para desterrar a la solemnidad y a los prejuicios.

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por Fernanda Martell



¿Por qué hacer un concierto de música clásica para niños?


En primer lugar, por una cuestión ideológica: la música clásica es algo al alcance de todos. Pero, por lo general, no se tiene acceso. Hoy reina la idea de ofrecer productos estandarizados, generados por la industria mediática. Las canciones de los programas infantiles de la televisión son todas iguales, pegadizas. Hay un mecanismo de receta, que hace que los chicos no piensen, que repitan. Yo me crié con diversas corrientes musicales, desde chiquito escuchaba tango, a Mozart, a Beethoven, y siempre me preguntaba cómo podía ser que a tan poca gente le guste una música que yo disfrutaba tanto. Y creo que lo que está fallando es la forma de presentarla.

Precisamente, la música clásica aparece como circunscripta a ciertos ámbitos, como algo que “no es para todos”. ¿Cómo se rompe con este prejuicio?


Está esa idea de que para disfrutar de la música clásica “hay que entender”, cuando en realidad hay que sentir. No sé qué es lo que se puede “entender” cuando se escucha. Te gusta o no te gusta. Y los chicos no tienen prejuicios, no están comparando versiones, ni si es clásico o popular, reaccionan de acuerdo a si les gusta o no. Si se lo presentás a través del juego, de una narración, para que tengan en cuenta qué le pasó al compositor, cómo fue el contexto en que compuso y cuál es la consecuencia que todo eso tuvo en la música, los chicos lo aceptan.

Tenés una extensa carrera como director orquestal, coral y pianista en varios países de América y Europa, ¿cómo surge la idea de dirigirte al público infantil?


Por un lado, a partir de mi experiencia como padre, de ir a ver tantas propuestas pobres -o pobrísimas- en las que me daba cuenta que los chicos estaban mal tratados. Por otro lado, por mi experiencia docente; fui profesor de música toda mi vida. Y también por mi historia.
Hace unos años dirigí la Orquesta Sinfónica Nacional de Honduras, en Centroamérica. Mientras preparaba un concierto, tuve la idea de invitar a los alumnos de alguna escuela para que asistan al ensayo general. Cuando llegó el momento, la directora de la escuela me dijo: “maestro, si quiere toque un poquito y ya me los llevo.” Tenía la idea de que los chicos se iban a aburrir con la música clásica. Antes de comenzar, les conté de qué se trataba lo que iban a escuchar –era la primera sinfonía de Brahms- y escucharon absortos. Eran como 2 mil niños de escuela primaria, para quienes era el primer contacto con la música clásica. Yo pensé que si eso se hacía allá, en Argentina tenía que funcionar. Cuando volví, comencé a dirigir la Orquesta Municipal de Lanús, con la que empezamos a dar conciertos didácticos en escuelas de barrios muy marginales. Y ahora hay una lista de espera ¡de 2 años! Vimos que los chicos respondían muy bien, siempre y cuando uno les contara de qué se trataba.

La vuelta al mundo en un violín es un espectáculo musical infantil, sin embargo el repertorio no está pensado estrictamente para niños, ¿a qué se debe esta elección?


Hay otras propuestas que adaptan el formato, muestran una orquesta sinfónica pero tocan canciones infantiles. Lo nuestro es diferente. El repertorio tuvo cierta resistencia, basada en prejuicios. Me decían “¡cómo vas a tocar el Ave María de Schubert para los chicos!” y sin embargo, en el teatro, es el momento de mayor silencio y atención. Como la música es universal, todos pueden disfrutarla, cada uno a su manera. Consideramos que los chicos son pensantes serios y que tienen juicio de valor. Por eso, preparamos un espectáculo de calidad musical impecable, contratamos músicos profesionales de mucho nivel porque queríamos presentar una cosa bien hecha. Y hay una cohesión, un ensamble, que me parece que los chicos también valoran. Si bien un nene de 3 años no te va a decir “qué bueno, cómo tocan ajustados”, sí va a escuchar que suena lindo.

El espectáculo presenta a una orquesta de cuerdas en el escenario, sin escenografía y con vestuario muy formal. ¿Cómo se logra dejar de lado la solemnidad, tan vinculada a la música clásica, para dar paso al juego?


Lo que ocurre es que se confunde solemnidad con seriedad. Yo estudié con tipos muy importantes en la disciplina, que eran totalmente simples y sencillos, que no tenían nada de esa solemnidad que usan, a mi juicio, los que tienen dudas acerca de lo que hacen. Me parece que ser buen músico implica tener la desfachatez que tenía Mozart, que tenía Beethoven, que eran mucho menos estructurados que lo hoy vemos y tenemos asociado con la música clásica. Y para los chicos es un choque, pero también algo atractivo, ver a músicos serios en escena, con una escenografía intencionalmente inexistente, sin nada que haga prever que se trata de un espectáculo infantil. Está pensado como un concierto, y cuando los chicos vayan a ver otro concierto no van a ver payasos, sino esto mismo que ya vieron. Y escuchan a Vivaldi como es Vivaldi y a Mozart como es Mozart. Todo esto, combinado con actividades participativas que hacen a la dinámica del concierto. Sin apartarnos, claro, de la premisa de que la música es la reina del espectáculo.

¿Cuáles fueron los criterios que tuviste que tener en cuenta a la hora de realizar un concierto dirigido a un público infantil?


Con la asesoría pedagógica de Gabriela Miasnik, planteamos la idea de un viaje por la música de distintos países, con pautas para cada uno de ellos que incluyen la participación del público. El juego permite relacionar la música y los instrumentos con cosas que los chicos ya conocen. Tratamos que el acercamiento sea sencillo, no se lo vamos a hacer difícil a propósito. Mozart, Vivaldi, Strauss, son compositores de acceso fácil, ya que en algún lugar los escucharon, algún vals vieron bailar en alguna fiesta.

¿Es también una manera de llegar, a través del público infantil, a un nuevo público adulto?


Sí, de hecho vienen padres con sus hijos a una función y después vienen solos. Siempre estuve motivado por la idea de hacer algo que a mí, como papá, me gustara ir a ver. Lo que buscamos es invertir los roles tradicionales y que sean cada vez más los niños que lleven a sus padres a ver conciertos.

Luego de este primer paso, ¿tenés pensado continuar en la escena infantil?


Sí, vamos a ver cómo sigue todo. Este es un proyecto utópico, pero la gente responde muy bien, desde el escenario se siente la energía del público. Y el niño con la música crece como persona, madura. Entonces, me parece que poder brindarle eso a los chicos en este país tan complicado, en esta sociedad tan venida a menos, genera un nuevo espacio, que por ahí se puede aplicar para hacer un cambio. Ya que no se da a través de la política, por ahí el cambio se puede dar a través del arte.



Un viaje a pura cuerda


La vuelta al mundo en un violín es un espectáculo musical didáctico creado y dirigido por Sergio Feferovich. Es un viaje imaginario por la música de distintos países, que van desde el vecino Brasil hasta la remota China. Con una puesta austera -el escenario sólo cuenta con los atriles y las sillas de los músicos- la propuesta sorprende por su originalidad y por la calidad de la interpretación musical.


Bajo la batuta de Feferovich, los músicos de la Orquesta de Cuerdas “La Vuelta al Mundo” poco a poco van abandonando el gesto adusto y la pose solemne para entrar en un mundo de juego sin desplazar, en ningún momento, a la música de su lugar de protagonista indiscutida.


Con consignas que hacen participar al público desde las butacas y desde el escenario mismo, este viaje incluye obras clásicas de Mozart, Vivaldi, Schubert y Strauss, así como tangos de Piazzolla y de Troilo/Manzi, las czardas de Monti y un jazz de Anderson, entre otras.


La vuelta al mundo en un violín. Teatro La Comedia. Rodríguez Peña 1062. 4815-5665.Sáb., dom. y feriados y todos los días de vacaciones de invierno 15 hs. $25.

 

 

Planeta Feferovich

Sergio Feferovich tiene una extensa formación musical, que comenzó ya desde pequeño a través de su padre –que era músico aficionado. Estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata y luego realizó cursos de posgrado en Estados Unidos, donde obtuvo los títulos de Master en Piano (Catholic University of America), de Dirección Orquestal (Peabody Conservatory) y de Doctor en Música (Johns Hopkins University).


Como director orquestal, como director coral y como pianista ha recorrido diversos ámbitos, en Estados Unidos, en América Latina y en Europa. Fue como director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Honduras que tuvo su primer encuentro con el público infantil. Una vez de regreso en Argentina, y a cargo de la dirección de la Orquesta Municipal de Lanús, llevó la música clásica a las escuelas más marginadas del municipio sureño.

 

Con una mirada de músico, de maestro y, también de padre, Feferovich dio forma a La vuelta al mundo en un violín, obra que fue distinguida con el premio Teatro del Mundo 2007 en la categoría espectáculo infantil.

 

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