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20-03-2020 |

Crianza - Madres y Padres

Daniel Calméls y Mara Lesbegueris: Cuidado y amorosidad en la cuarentena

Ensayista ella y poeta él. Psicomotricistas ambos y, sobre todo, profesionales que trabajan junto a familias y niñes. De un lado y de otro, Daniel Calmels y Mara Lesbegueris toman ideas, palabras y experiencias para dar una mirada enriquecedora, amorosa también, sobre el cuidado y la convivencia – de los cuerpos, de los vínculos - entre adultos y chiques en esta cuarentena. Porque el crecimiento no se detiene.

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Por Gabriela Baby.

 

Hace pocos días, cuando mediaba la primera semana de una cuarentena recomendada –y el miedo y el estrés empezaba a atravesar a algunas familias en Argentina–, Daniel Calméls y Mara Lesbegueris publicaron en Facebook un texto ("¿Cómo cuidar el cuerpo de lxs más pequeñxs en tiempos de coronavirus?") donde se invitaba a los adultos a reinventar juegos e interacciones posibles con los elementos naturales (tierra, agua, fuego, aire) con los más chicos en estos días de #yomequedoencasa. Con la ducha, con el aire que circula en la habitación, con arcilla o con barro y con fósforos: convocar a los elementos naturales para detenerse a descubrir inventar momentos de encuentro, seguir creciendo.

 

Han pasado algunos días de la publicación de ese texto, la cuarentena se ha reforzado (solo se puede salir lo indispensable) y Revista Planetario invitó a esta pareja de especialistas a profundizar algunas de esas ideas y echar luz sobre otros aspectos de este período tan loco y raro que nos toca vivir. Con la premisa de cuidarnos, escucharnos y seguir estrechando los lazos.

 

El texto que publicaron recientemente dice: "Cuidarnxs no es solo ‘evitar la enfermedad’, no es alejarnos afectivamente del ‘otro contagioso’, no significa volver cuanto antes a ‘la normalidad’ (desigual e injusta)". ¿Estábamos (y estamos) muy alejados? ¿muy distanciados de nosotros mismxs? ¿Y de les chiques?

Estamos atravesando a escala mundial una “crisis de los cuidados”. En el contexto actual de ciudad (en el mundo capitalista occidental), situadxs en el sur de las Américas, existen diversas Argentinas y  diversas corporeidades, conformadas de acuerdo a las realidades materiales y simbólicas de existencia, con modalidades y problemáticas particulares. Lo que tenemos en “común”, lo que se expresa como constante precarizando nuestras vidas, es una tendencia a la de -corporización, ya que la aceleración, el consumo capitalista y los diferentes tipos de violencia hetero-patriarcal van impactando en nuestros cuerpos y maneras de relacionarnos.

Observamos una disminución del juego compartido entre adultes en crianza e hijxs (y la experiencia lúdica es reemplazada por los juegos de pantallas). Los espacios y tiempos de juego espontáneo; la erosión de lazos sociales en grupos naturales; el  distanciamiento de la naturaleza (de la tierra, agua, aire y fuego); supone otras experiencias donde priman la mercantilización de bienes y servicios que conciben las infancias y a los niñxs como consumidores y usuarios lúdicos.

Hay también para las infancias una tendencia a la aceleración, a la búsqueda de satisfacción inmediata y la continuidad de estímulos, y esto pone en riesgo procesos de aprendizajes que requieren de tiempos de distensión y espera. Muchos niñxs presentan dificultades en la regulación del sueño y la alimentación, en las posibilidades de relajarse, descansar, esperar y escuchar.

Este tipo de alejamiento es lo que produce a nuestro entender descorporización.

 

Digamos que la “normalidad” no estaba muy normal. ¿Qué podemos hacer ahora y a partir de ahora para revertir este estado de cosas?

Lo que esta pandemia pone de manifiesto es que el cuidado no es una acción que atañe al individuo de manera aislada, sino que es aquello que justamente se teje en comunidad. Lo que está en riesgo es el “sostenimiento mismo de la vida”, y si bien los cuidados están injustamente distribuidos en nuestra sociedad, esta detención viral puede ser una oportunidad para empezar a pensar la redistribución del cuidado y al mundo como un espacio de crianza y cuidado. Urge detenernos en los espacios de reproducción de la vida (que no está desligada de las esferas de producción económica). Cuidar la tierra, nuestro aire, nuestra agua, nuestrxs viejxs, nuestras mujeres, nuestrxs niñxs, la vida.

La solidaridad (como horizonte de esperanza) y el deseo (como fuerza vital) son herramientas revolucionarias que pueden orientan estos cambios.

 

"El afecto nos contiene", dice el texto publicado. Se trata de no perder el ejercicio de los afectos, pero ¿cómo ejercer esa contención y acercamiento en este contexto de aislamiento? (y especialmente con los abuelos y ese vínculo presencial tan fuerte que existe entre ellxs y que ahora no es recomendable)

Sabemos que la crianza humanizada no puede prescindir de los cuerpos, ni llevarse a cabo a través de soportes tecnológicos. El contacto corporal comporta una ética indispensable para el proceso de construcción subjetiva. La carencia de vínculos estimulantes también es maltrato. Esto no implica responsabilizar del cuidado infantil a las madres, con planteos morales, sino pensar el Estado de bienestar desde una política de organización del cuidado, en el que los cuerpos y el afecto de quien encarne estas funciones estén siempre presentes.

La crueldad tiene muchos rostros, desde las violencias extremas que se adueñan de los cuerpos de los otros como si fueran objetos, hasta la in-diferencia, la des-atención, la no-escucha, la no-mirada; las anti-empatías.

 

Hay algo de la crueldad que desde el propio sistema o en la vida cotidiana “normal”  se ejerce y se asimila casi sin notarlo. ¿Vivimos en un mundo cruel? ¿Cómo nos defendemos o protegemos de esta crueldad sistémica?

En los cuerpos maltratados se inscribe la hostilidad y el dolor. Si no hay otro que cuide y responda afectivamente en los primeros tiempos de vida, no queda otra opción que negar lo que se siente, anestesiarse, disociarse, replegarse, acorazarse, auto-sostenerse.

La relación corporal y de cuidado hacia los adultos mayores es también algo que debemos replantearnos como sociedad. No solo porque el lugar de lxs abuelxs también está en mutación (no son los que nos mostraron los cuentos tradicionales), y las expectativas de vida se han extendido (junto a la necesidad de seguir trabajando para sobrevivir de manera jubilosa), sino porque nuestra sociedad capitalista ha confinado sus cuerpos al lugar de desecho o marginalidad, asociándolo únicamente al lugar del deterioro físico o la enfermedad. Se plantea generalmente el cuerpo en su proceso de envejecimiento, como un problema médico y no social. El organismo es el que envejece, el cuerpo puede no envejecer, puede seguir transformándose si se lo cuida y recibe afectos. Se puede mantener la calidad de la mirada; se puede escuchar receptivamente a pesar de perder la audición; a pesar de los temblores, una mano que acaricia se aquieta en la piel del otro; y la voz pausada se sostiene.

La posibilidad de seguir “unidos estando separados”,  no es solo una cuestión que nos plantea el virus sino una necesidad para seguir inventando formas que nos encuentren armando lazos intergeneracionales.

 

Antes de que todo estalle

En épocas de #yomequedoencasa ¿Cómo manejar el estrés de madres y padres? ¿Cómo encontrar ese equilibrio ideal entre aprovechar el tiempo de estar en familia  y ¡qué hago con estos pibes!?

El desafío de crear co-responsabilidad refiere a la posibilidad de redistribuir el trabajo de cuidado no solo entre hombres y mujeres o quienes se encarguen de la crianza al interior de los hogares sino entre los diversos actores del cuidado: familias, sociedad civil, instituciones, mercado y estado.

Sin embargo, esta coyuntura viral plantea una gran desorientación al interior de muchos hogares, como si una nueva “experiencia de continuidad existencial”, fuera impuesta entre hijxs y cuidadores y vivida con cierta amenaza. “No es que quiero estar con ellxs todo el tiempo, sino que estoy por una fuerza viral mayor”. ¿Será que no queda otra que mirarnos y escucharnos?

Acompañar a los bebés o niñes pequeñes no significa “saberlo todo”, estar “siempre” disponibles, alegres y lúdicxs. Sus cuerpos, desbordan, en muchas ocasiones, el propio saber y la propia disponibilidad corporal. La imposibilidad de calmar un llanto, el agotamiento por no encontrar brazos “de relevo” para un sostén, la falta de sueño o de una buena alimentación, las sobre exigencias, preocupaciones y realidades externas... no son mochilas que pueden sacarse de los cuerpos de quienes sostienen las crianzas como un objeto.

La “puesta de cuerpo” en las tareas de crianza, los esfuerzos y trabajos que conllevan sostener y acompañar a lxs niñxs pequeñxs, las tensiones que se suscitan en el cotidiano, necesitan de tiempos de descanso, distensión, relevo y placer. Sin pensar en el cuidado de quienes cuidan-crían es imposible pensar el bienestar de los niñxs.

Por ello, aunque parezca un tema banal o menor, insistimos en pensar la dimensión lúdica, el descanso, el placer y la alegría como -condición de posibilidad y potencia- de quienes ejerzan las funciones de crianza y/o cuidado de niñxs pequeñxs.

 

En las redes circuló el comentario "volvió el tiempo humano". ¿Volvió el tiempo más humano, el tiempo de estar en casa, compartir y jugar con el cuerpo…?

Centradxs en la dimensión humana, y aunque todxs podamxs reconocernos en la vulnerabilidad y necesidad de otrxs, podemos identificar grupos de prioridad que requieren de cuidados (bebés, niñes, ancianxs, enfermos, personas discapacitadxs o con alguna problemática corporal que le impide un funcionamiento psicomotor autónomo). Sujetos que demandan necesidades de atención para la tramitación de un dolor, de un malestar, de una imposibilidad o un sufrimiento. Instancias que no pueden resolverse sin la intermediación corporal y afectiva de cuidado de otros cuerpos.

¿Volvió el tiempo humano? No lo sabemos pero tal vez sea necesario recordarnos que la lógica del bienestar corporal no es la lógica del beneficio económico y que no queda otra que seguir contando con la “función corporizante del otro” en tiempos de coronavirus.

 

 


 

CALMELS - LESBEGUERIS DIXIT

"La corporeidad se construye si hay otrxs. Aprende incluso sin ir al colegio. Trasciende el organismo aunque éste lo conmueva. Se potencia y cuida si hay comunidad. Porque el cuerpo 'es en sus manifestaciones', siendo las mismas la gestualidad expresiva, el rostro, la voz, la mirada, la escucha, la actitud postural, los sabores, los aromas, el contacto, las praxias, entre otras.

En un momento donde un virus a escala mundial, nos sorprende y nos obliga a detenernos y a 'estar en casa', tratando de reducir la circulación y el contacto directo entre lxs cuerpos, la pregunta por cómo cuidarnxs y cómo cuidar a lxs más vulnerables se presenta con contundencia”.

¿Cómo cuidar al cuerpo de lxs más pequeñxs en tiempos de coronavirus?. Daniel Calméls y Mara Lesbesgueris (Ensayistas y psicomotricistas especializadxs en el trabajo con niñes). Texto completo en Facebook: Daniel Calméls


 

PLANETA CALMELS

Daniel Calméls es escritor, psicomotricista, psicólogo social y profesor Nacional de Educación Física. Fue fundador del área de Psicomotricidad del Servicio de Psicopatología Infanto Juvenil del Hospital de Clínicas en 1980, y es miembro Honorario de la Asociación Argentina de Psicomotricidad, de la Asociación Federal de Psicomotricistas y de OMEP (Organización Mundial para la Educación Preescolar). Publicó: El libro de los pies - Memoriales de un cuerpo fragmentado (premio FNA 2000), Del sostén a la transgresión (2012), Fugas - El fin del cuerpo en los comienzos del milenio (2013), El cuerpo cuenta - La presencia del cuerpo en las versificaciones, narrativas y lecturas de crianza (2014), entre otros (muchos) libros. Daniel es socio honorario de la Sociedad Argentina de Psicomotricidad (AAP)  y de la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP).

 

PLANETA LESBEGUERIS 
Mara Lesbegueris es licenciada en psicomotricidad y profesora de Educación Física. Ex integrante del Equipo de Psicomotricidad del Servicio de Psicopatología Infantil del Hospital de Clínicas “José de San Martín” de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Docente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) y de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Ha publicado ¡Niñas jugando! Ni tan quietas ni tan activas (Editorial Biblos) y, en coautoría con Daniel Calmels, Juegos en el papel. Análisis de la corporeidad en el plano gráfico (2013) además de diversos artículos vinculados a su especialidad.

 

 

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