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01-12-2007 |

Notas y Entrevistas - Cine para chicos

Directores animados

Elegidos para comandar uno de los proyectos más ambiciosos del cine de animación local, "Martín Fierro, la película", Liliana Romero y Norman Ruiz son dos dibujantes convencidos de que las películas animadas son “cosa seria”. Ellos dibujan, con esfuerzo y empeño, un nuevo camino para el género que en el país popularizó García Ferré.

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Por Marisa Rojas


La versión animada del Martín Fierro fue un proyecto del que mucho se habló y por el que también mucho se esperó, ¿en qué momento y cómo se incorporaron ustedes a esta aventura de presentar un film de animación basado en la obra de José Hernández?

Norman Ruiz: Ciertamente la película de Fierro fue un proyecto que se promocionó durante bastante tiempo, pero en realidad fue un trabajo hecho en un plazo relativamente corto para lo que es tradicionalmente la animación. Desde que nos llamaron y empezamos a trabajar hasta el momento de estreno de la película pasaron dos años.

Liliana Romero: El proyecto llegó a nosotros a través de los productores que habían visto en una función privada, porque aún no se estrenó oficialmente, nuestra primera película, El color de los sentidos. Les gustó ese trabajo, consideraron que nuestra propuesta y nuestra forma de entender la animación eran distintas, innovadoras, que usábamos técnicas nuevas, y nos llamaron. La verdad es que primero dudamos porque animar tamaña obra era todo un desafío pero cuando supimos que el ‘Negro’ Fontanarrosa estaba detrás ya no tuvimos dudas.

NR: Y así fue como de trabajar para el cine independiente de repente nos vimos al frente de toda esta producción ¡Fue como ir del off a la avenida Corrientes!

Norman y Liliana festejan con orgullo, mate de por medio, tal vez como corresponde a “dos directores gauchos”, haber aceptado dirigir Martín Fierro, la película. Celebran también el producto logrado y la experiencia de haber compartido el campo de trabajo con un artista como Fontanarrosa.

“Trabajar con el ‘Negro’ fue lindo profesional y humanamente. Él había sido convocado por los productores para hacer los diseños de los dibujos pero aún cuando estaba pensando en el guión no estaba muy convencido de hacer un dibujo animado porque él decía que no imaginaba cómo podía animarse a sus dibujos”, cuenta Norman. “Ahí fue cuando nos llamaron a nosotros, que somos de hacer pruebas inmediatamente, y entonces armamos una muestra chiquita y nos fuimos a ver al ‘Negro’. Con todo nuestro respeto, le llevamos imágenes suyas animadas, de indios, de malones, y una secuencia también, y cuando la vio dijo que sí, que quería hacer la película. Él fue muy respetuoso con nosotros, no se metía en las cámaras, en lo artístico, dejaba hacer. Él hacía el boceto principal, lo mandaba por mail y nosotros en el estudio, con el equipo de diseñadores, adaptábamos sus diseños al movimiento. Incluso cuando yo le propuse pintar fondos al óleo, porque él hacía viñetas con fondos plenos y para una película no funcionan demasiado, me dio toda la libertad”, recuerda Liliana.

Los fondos pintados al óleo son uno de los puntos más promocionados del film, por su innovación y por la calidad de su realización, acaso sean también una de las huellas principales de la dupla Ruiz-Romero.

“Como con El color…, también en esta producción hicimos toda una investigación que nos llevó ocho meses para ambientar la película en relación a los estilos pictóricos, las formas y las tonalidades de quienes han retratado esa época. Por eso la película tiene mucha pincelada, mucha textura. Martín Fierro... es una película épica de acción y aventuras con un anclaje histórico muy fuerte y por eso la rigurosidad con que la contáramos debía ser extrema”, explica Liliana.

¿Con cuánta gente, y en qué roles, llevaron adelante el trabajo?

NR: En el caso del guión hubo como tres o cuatro versiones. A nosotros nos dieron la licencia, como directores, de ir adaptando el guión de acuerdo a cómo contábamos con la cámara. De todos modos la primera versión vino muy bien armada, es la que hizo el ‘Negro’ junto a Horacio Grimberg, Martín Méndez y Enrique Cortés. De hecho, Méndez y Cortés se integraron para poder adaptar el guión a lo que es estrictamente animación. Enrique ya había trabajado con nosotros, nos conoce y sabe cómo ponemos la cámara y eso agilizó mucho todo. Queríamos que la película durara ochenta, ochenta y pico de minutos, no más, y contar en ese tiempo todas las andazas de Martín Fierro en “La ida”, no era tarea sencilla.

LR: En cuanto a la animación de los dibujos, trabajamos bastante artesanalmente con un equipo de entre 70 y 80 animadores. Animación digital no utilizamos. La animación es 2D, a lápiz, después scaneamos, armamos, entintamos. Por esto mismo es que sumamos millones de dibujos. Tenemos un depósito lleno de cajas de dibujos de la película.

NR: Para la investigación histórica nos ayudó mucho el trabajo de un investigador que se llama Claudio Chávez. Él aportó cosas que después suman a lo estético. Por ejemplo, datos sobre cómo era un estribo de la época exactamente, y no cómo siempre nos han dicho que eran. O el que las puntas de las lanzas de los indios no eran prolijas ni estaban pulidas. Y como esos, montones de detalles de los que la película está llena.

LR: También consultamos a un gaucho real, el Sr. Molfino, de Saladillo. Él vive en el campo, entonces conoce todo. Por ejemplo, cómo se agarraban los cuchillos, cómo se hacían las cuadreras, etc.

¿Cómo trabajaron para mostrar a este emblemático personaje en una película apta para todo público pero realizada en un género que se asocia mayormente al público infantil?

NR: En la peli nos permitimos contar todo lo que se cuenta en “La ida”. La muerte del negro, la reacción de Fierro ante esta muerte, las estaqueadas, los ataques de los soldados a las tolderías. Ahora, lo que hicimos fue aggiornar lo aggiornable, por ejemplo, evitar palabras que hoy podrían sonar racistas, porque una cosa es contar verídicamente una historia y otra regalar choques por que sí. Considerando que si bien pensamos en una película para toda la familia y hay una lectura de la historia que hará el adulto y otra el niño, bueno, seguramente muchos chicos la vean.

LR: En este sentido, la animación nos ha permitido trabajar muy oníricamente. Aunque nosotros también pensamos que muchas veces con los chicos se tiene como un cuidado excesivo de lo que se les muestra por lo que puedan interpretar. Por ahí uno trata de ser políticamente correcto y termina yéndose hacia el otro lado, mostrando un mundo edulcorado de colores tenues, como si Disney fuera el mundo real.

¿Ha sido la tradición Disney la que estableció esa asociación tan fuerte entre cine de animación y público infantil? Porque en el caso de Asia, se producen largos de animación incluso sólo para adultos…

LR: Definitivamente. Si vos te fijás en cualquier animación europea, esto no es así. Incluso, en los orígenes de la animación, no hay productos específicamente para niños. Afortunadamente algunas producciones asiáticas como El viaje de Chihiro, van abriendo otro camino, y otras cabezas. Y ojalá acá en Argentina, Martín Fierro… sea, porque al menos así la entendemos nosotros, ese pie de arranque como para mirar el cine de animación de otro modo, más allá del público infantil y de las vacaciones de invierno. Tanto ‘Fierro’ como nuestra otra peli, apuntan a que la animación puede ser disfrutada por todo el público. También por los adultos.

¿Cuál es, considerando esto mismo, la realidad del cine de animación en la Argentina?

NR: La realidad es que no hay industria. El cine de ficción en la Argentina tiene problemas, pero por lo menos produce, hay como un caudal de películas anuales. Ahora, el cine de animación es un mundo incierto totalmente. Cuando en el país a una película de animación le va mal, inmediatamente los estudios empiezan a cerrar, no quieren arriesgarse. El tema de la animación es el recupero. Dos años manteniendo una producción, contra nueve semanas de una película de ficción es un equilibrio desparejo.

LR: Por eso, ‘Fierro…’ es una peli que necesita que la gente la acompañe. No sólo por la película en sí, sino por el cine de animación como género de producción local. Porque en general, en el país, no hay un acompañamiento del público hacia la animación, más allá de las propuestas infantiles de vacaciones de invierno que además en su mayoría son productos de los grandes tanques extranjeros. Y en verdad, es un tipo de producción caro, implica mucho trabajo, y como no está conformado aún como industria, bueno, todo se hace aún más difícil. Porque, por ejemplo, hay gente muy formada que viene de la época de García Ferré, y después hay gente muy nueva, que no tiene oficio, entonces en el medio hay mucho bache. Y para que los nuevos adquieran oficio se necesita, sí o sí, de una industria. Por eso, si la gente acompaña a ‘Fierro…’ también va a estar acompañando la posibilidad de seguir haciendo pelis de animación.


Un gaucho de película

Martín Fierro, la película, es la versión cinéfila animada de una de las obras con mayor trascendencia de la literatura argentina. En verdad, el film está basado en la primera parte de la obra El gaucho Martín Fierro, de José Hernández, la que en 1872 se conoció como “La ida de Martín Fierro”. “Al ‘Negro’ (Roberto Fontanarrosa, responsable de los diseños y del guión de la película) no le parecía amontonar toda la obra en una misma película, y optó por tomar la primera parte del poema porque decía, y con razón, que cinematográficamente cerraba muy bien. Hay de todo: está Fierro y su familia, está cuando se lo llevan a la frontera engañado y el regreso donde descubre que ya no tiene nada, también el momento en que se convierte en desertor y matrero, hay de todo. Hay crítica social, hay transas”, explican Liliana Romero y Norman Ruiz, los directores del film. Martín Fierro, la película llegó a los cines, finalmente, y tras varios anuncios de estreno, en el mes de noviembre. A la pluma del ‘Negro’ se sumaron originales, novedosos y bellos fondos pintados al óleo, la impactante música original de Mauro Lázzaro y, en la voz del gaucho más famoso, la participación del actor Daniel Fanego. Precisamente a cargo de la dirección de actores estuvo Claudio Gallardou, quien además dirigió, entre otros, a: Juan Carlos Gené, Aldo Barbero, César Bordón, Héctor Calori, Claudio Da Passano, Gabriel Rovito y Roly Serrano. Definida como una película de animación de acción y aventuras, con el sesgo del humor de Fontanarrosa, y un guión a cargo de éste y de Horacio Grinberg, Martín Méndez y Enrique Cortés, se trata de una producción de: Aleph Media S. A., Maiz Producciones S. R. L., Claudio Corbelli, Horacio Grinberg, Cooperativa de Trabajo Ltda. Felei, en coproducción con Luna Films (España).



Planeta Romero-Ruiz

Liliana Romero y Norman Ruiz son dibujantes. Su primer trabajo como directores de cine de animación aún no fue estrenado oficialmente en el país, aunque terminó de realizarse en el 2004 y participó en muestras y festivales del exterior recibiendo muy buenas críticas. Fue El color de los sentidos, un film en donde Vando Villamil, en la piel de un pintor falto de inspiración, bucea, gracias al cine animado, en los mundos de los más destacados artistas plásticos del siglo XX, apropiándose de universos ajenos en una odisea plena de imágenes fantásticas. Martín Fierro, la película, es su segundo largo de animación. Juntos, conforman una dupla donde Liliana se encarga de la parte creativa, siguiendo todo el proceso de diseño de los dibujos, y Norman de las cuestiones técnicas, planos, tomas. Además, son papás de una niña de diez años y en breve volverán a cambiar pañales y a dar mamaderas porque la familia, también, se está agrandando.

 

Tags: cine de animación, liliana romero, cine para niños

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