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01-03-2011 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

El otro compositor

Sebastián Monk vistió con aire fresco el repertorio de canciones para los actos escolares. Hurgó en las raíces y la historia del folklore argentino y convocó a destacados artistas de Argentina y Latinoamérica para, casi sin quererlo, dar vida a una serie de trabajos que, once años después, son un clásico. Próximo a lanzar su décimo disco, Planetario conversó con él sobre esta y sus otras aventuras.

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por Marisa Rojas
ilustraciones: Carlos O’Connor



Soleadísima mañana de verano en el populoso barrio de Parque Patricios. Sebastián Monk, bajito, rulos mojados, sonrisa amplia, llega puntual al bar de La Rioja y Caseros, mítica esquina porteña. “Pasé antes, pero no estabas”, dice, y pedido de cortado y agua mediante, comienza a hablar rápido, muy rápido: “Bueno, la verdad que me encanta que me hayan llamado. Hace tiempo conozco la revista, veo que ha crecido mucho. Supongo que me llamaron por mi trabajo respecto a los actos escolares, ¿no?”, se pregunta para, casi de inmediato y sin pausa, responder él mismo. “Bueno, ese es un trabajo muy ligado a la educación que surgió de ser profe (de música) de toda la vida, desde los 19 años, de que mis compañeras maestras necesitasen renovar el cancionero. Yo me fui animando a hacer temas medio para salir del paso. Temas que nunca pretendieron suplir a los himnos, a las marchas ni a nada de eso, pero que se convirtieron en esas ‘otras canciones’ que también podían y pueden cantar los chicos en actos como los de cada 25 de mayo. Dije ‘renovar el cancionero’, pero yo nunca fui tan pretencioso. Digamos que hice canciones para sumar a las que ya había, porque hay algunas que son muy antiguas y que están buenísimas. Mi idea siempre fue sumar, que hubiera más para poder elegir”.

¿Y qué es lo que más te gustó de todo lo que pasó con esas canciones? (Logramos preguntar en una inquieta pausa en la que nuestro entrevistado aprovecha para cambiar, otra vez, su posición en la silla).

Que es un repertorio salido bien de adentro de la escuela y para la escuela misma. Es un trabajo que se hizo para atender a una necesidad. Fui armando ese material y registrándolo bastante artesanalmente, pero de repente terminó siendo toda una serie de discos, algo mucho más extenso de lo que yo creía. Y que sin ningún tipo de apoyo en la difusión, con un boca a boca cada vez más extenso, no sé si todos, pero sí gran parte de los profes de música del país lo conocen.

Antes de regresar sobre tu trabajo a propósito de las canciones para los actos escolares, queríamos preguntarte sobre tus comienzos en este mundo de soles y corcheas: ¿Cómo, cuándo y por qué tu vinculación con la música?

Mi historia con la música no empieza nunca porque mis padres, los dos, son profesores de música. Mi padre fue profesor de piano y mi madre se dedicó a la pedagogía musical. Siempre hubo música en mi casa, a mi alrededor, en mi vida y la de mis hermanos, entonces… bueno, era más fácil seguir ese mismo camino. Ser profesor de música nunca sonó a un disparate para mi entorno familiar. Igualmente en mi casa el camino de la música estaba muy asociado al de la docencia, no al de la composición, ni mi papá ni mi mamá componían. Pero como hacer canciones a mí siempre me gustó… Digamos que la cuestión creativa fue como algo nuevo en mi familia.

¿Componías desde chico entonces? ¿Qué clase de canciones?

Compuse desde siempre, supongo que serían unas cosas que eran un desastre. Pero la composición es todo un ejercicio, sobre todo en la canción que no es algo que tiene una escuela o un lugar de formación, es más un trabajo de prueba y error, de tachar mucho, de sin rumbo fijo llegar al punto. De adolescente, por ejemplo, compuse esas cosas que le componés a alguna novia…

¿Cómo es tu trabajo como compositor? ¿Cuáles son tus influencias? Y estas preguntas valen tanto para tu trabajo ‘para chicos’ como para tus discos ‘para adultos’.

Influencias no, no tengo ninguna. Igual, yo creo que más que componer trabajo con el opuesto, lo que trato es de des-componer, siempre estoy tratando de ir por algún camino por el que no he pasado aún. Lo mío no tiene que ver con la inspiración, las musas y todo eso. Por supuesto, siempre trabajo con el piano. Y lo que sí necesito es tener primero una melodía para después trabajar mucho, mucho, la letra.

Mis letras son muy extensas, muy trabajadas, pareciera que primero hago la letra y luego la música pero no, es al revés. Sí cuando comienzo a trabajar en la melodía tengo ya en mi cabeza una situación o una historia que quiero contar. Eso es algo que, por suerte, te exige mucho el público infantil. No podés, como compositor, entrar en el divague del estado de ánimo porque al pibe eso no le interesa. Tenés que ser muy puntual, muy concreto. Para los chicos no puede haber una estrofa de más en una canción, nada de cosas que hagan perder el tiempo porque los pibes se te distraen. Igual, yo no trabajo ‘en infantil’ o ‘en adulto’, mi manera de componer es igual para los chicos o para los grandes. Quizá las palabras, el trabajo de las letras, la temática de cada canción, sea lo diferente.

A mí particularmente me gusta como desafío explotar la rima al máximo, ese es un juego medio obsesivo mío, hago todo lo que puedo para conseguir la rima consonante, no soy de tirar las cosas a media cocción. En el caso de las canciones para los actos escolares, elegí pararme desde otro lugar distinto al habitual, un lugar menos de prócer y más humano, más cotidiano de las figuras de nuestra historia. Así surgieron, por ejemplo, canciones donde San Martín le canta a su hija las mismas canciones que cualquier padre le puede cantar a un hijo. Eso ha creado un vínculo de cercanía donde no se trata de destacar al gran héroe, o sí, pero en las que, en este caso, San Martín es un padre que hace, como otros, un montón de cosas por sus hijos.

¿Hubo también un interés o necesidad de revisar la tradicional enseñanza de música en las escuelas?

No. A mí lo que me interesó, ya que el trabajo tenía que ver con los actos patrios y con la música nuestra, fue pasar por el folklore argentino que tiene un montón de cosas muy lindas. Por eso, a esas canciones se me ocurrió registrarlas en modos, en voces y en instrumentos de nuestro folklore. Y ese fue, y esto sí con toda la intención, un modo de llevar al colegio a muchas de las voces del folklore argentino que no es habitual oír en la escuela, como las de Liliana Herrero, Raúl Carnota o Luna Monti. Ellos me han enriquecido a mí con su música y su poesía, y yo me sentía con ganas de acercarlos a ellos al mundo de la escuela. Desde ese lugar sí podría decir que hay algún aporte a la enseñanza de la música que no obstante está, a diferencia de lo que siempre se dice, muy bien amparada, bien orientada. Hay cosas muy piolas vinculadas con la canción infantil en el ámbito escolar.

En ese sentido, ¿te interesa, por ejemplo, el acercamiento de los chicos a la música como ‘hacedores’ de ella?

Sí, me gusta eso. Igualmente creo que sobre lo que es la letra hay que venir con un back de formación. Yo valoro mucho lo que se hace con los chicos pero creo que la formación en sí misma no debe quedar ahí, la canción es un lugar donde hay que trabajar y tener información musical y de léxico para no quedarse con dos acordes ni diciendo siempre lo mismo. Está bueno el trabajo con los chicos, pero también que siempre se les pida más, que se amplíe. Yo no soy un defensor de lo primero que se me ocurre, no una canción con dos toc toc.

A propósito del proceso artístico: ¿Cuándo decidís comenzar a armar un disco nuevo y en qué momento sabés que ese disco está?

Creo que para los discos estoy componiendo siempre. Ahora mismo estoy haciendo cosas para otro que no es el que sale ahora. Siempre estoy trabajando en la composición. No trabajo con ‘la inspiración’. En sí, un disco debe llevarme unos dos años, porque le dedico mucho tiempo a la composición, hasta que una canción no está como me gusta no la siento terminada.

¿Y cuándo una canción “te gusta”?

Cuando la puedo cantar un montón de veces y no se me atraganta en la garganta. Hay muchas veces que hago cosas sabiendo que no van a durar, que las pongo porque aparecieron y me permiten seguir, pero siempre son cosas a las que vuelvo una y otra vez hasta que siento que están.

Hablemos del trabajo con Luis Pescetti…

Con Luis nos conocimos a comienzos del 2010, él me ofreció juntarnos a componer, rarísimamente me ofreció que musicalizara algunos textos que él tenía. Y digo que fue extraño porque yo trabajo mucho en las letras y esta era una propuesta de trabajar sólo en la música,… pero resultó bárbaro. Luis trabaja exactamente en un opuesto considerable al mío, y por eso estuvo buenísimo meterse en una que no es la que uno hace. Porque si bien uno trabaja con otros artistas y los invita a cantar en los discos, el trabajo de composición es más bien solitario. Entonces, esto de juntarse está bueno. Y más con alguien de la trayectoria de Luis. Era tentador trabajar con él pero ¡fue doblemente tentador cuando supe que teníamos métodos tan distintos! 


Nuevo disco con Otras Nuevas Canciones

En los próximos meses, Sebastián Monk tendrá listo su disco número 10. Será, una vez más, una producción para chicos, aunque, como siempre, también para los no tanto. Llevará por título Nuevas canciones con nombre de niño y contará con la participación de Juan Quintero y Luna Monti, Alejandro Balbis, Teresa Parodi, Maria Elía y Diego Penelas, Beto Caletti, y las “Aymama”, un vasto seleccionado de artistas cuyas trayectorias permite imaginar el abanico de ritmos musicales que se podrán disfrutar en esta nueva aventura de Monk.

“Este es un disco que no se alinea directamente con la serie para actos escolares, pero que de algún modo tiene que ver con esos trabajos. Pasó que después de los discos para la escuela y el jardín quise hacer uno para lo más chiquitos, los de maternal, pero me terminó quedando un disco de canciones de cuna (Nuevas canciones para niños sin sueño). La cuestión fue que, sin quererlo, se abrió ahí otro ámbito, el de los padres, abuelos, tíos, maridos que les regalan discos a las mamás embarazadas… El disco nuevo va un poco en esa línea, cada canción tiene un nombre propio, el de un niño, un nombre distinto de muchos niños prestados porque yo no tengo hijos, son niños reales, sobrinos, pero también hay niños ‘inventados’. Los van a reconocer”.


Planeta Monk

Sebastián Monk es pianista, compositor y cantante. Hijo de un profesor de piano y una pedagoga musical, fanático confeso de las canciones de María Elena Walsh, estudió en el Conservatorio Nacional de Música, donde recibió el título de concertista. Fue profesor de música en jardines, escuelas y terciarios. Actualmente es pianista en la Escuela de Danzas de Temperley y en el Conservatorio de Banfield, y viaja por toda Argentina dando talleres para docentes y profesores de música.

Su acercamiento a la música para chicos data de 1995, cuando editó, en casete, Pop Monkus, con canciones de su propia autoría. Supo ser tecladista del grupo de rock para chicos Papando Moscas y formó parte de la banda de Luis Pescetti. Pero su trabajo más reconocido, al menos en el ámbito educativo, es el de haber renovado como compositor el cancionero de los actos escolares.

Hincha de Huracán, el músico vive en el porteño barrio de Parque Patricios, aunque nació en la localidad de José Mármol, en la zona sur del Gran Buenos Aires. Ganador del Primer Certamen Nacional de Cantautores “Atahualpa Yupanqui”, organizado en el año 1997 por el Centro Cultural Gral. San Martín, lleva editados casi una decena de discos, entre sus laureadas producciones para adultos y sus originales y divertidos trabajos para niños.


Más info: www.sebastianmonk.com.ar


Discografía:
Para chicos

Nuevas canciones para los actos de la escuela (2000)

Nuevas canciones para los actos del jardín (2002)

Nuevas canciones para los actos del colegio (2003)

Nuevas canciones para niños sin sueño (2005)

Otras nuevas canciones para los actos de la escuela (2007)


Para adultos

Tinte local (1999/2005)

Lo menos (2003)

El Buen Modo (2004)

Prueba y error (2009)

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