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01-03-2004 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

Envase para la música infantil

Cada vez más artistas de música para chicos editan su material en CD. Aunque pueden encontrarse en la mayoría de las disquerías, la distribución por canales no tradicionales (jugueterías didácticas, pañaleras, conciertos) es una alternativa ante la falta de difusión.

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Por Ariel Saidón



No hace muchos años atrás, cuando uno quería comprar un disco para los chicos, sólo conseguía material del artista de turno de la televisión y alguna que otra recopilación, mediocre desde el punto de vista de su calidad, con canciones tradicionales.

Desde hace un tiempo a esta parte, empezó a aparecer en el mercado una interesante producción de más de quince grupos locales que se dirigen a los chicos, con una música de autor pensada especialmente para ellos y que abarca diversos géneros. Desde el folclore latinoamericano hasta el rock, pasando por los ritmos rioplatenses, con letras que hablan de la vida cotidiana y las fantasías de los chicos.

Algunos, grupos con veinte años de trayectoria (tal es el caso de Sonsonando, con tres CD´s editados hasta el momento); otros, más nuevos (Papando Moscas, El Murgón de la Esquina, entre otros), cuyo material se consigue en jugueterías y disquerías.

Un caso aparte constituyen los discos editados por jardines de infantes (Piojos y Piojitos de El Jardín de la Esquina, Cantando en Amapola, etc.) y los de artistas para adultos que no quieren dejar pasar la oportunidad de acercarse al público menudo (un ejemplo, Rubén Rada con RubenRá).

Pero, ¿qué pasó en el medio para que la producción discográfica infantil creciera tanto, al menos en diversidad? ¿Cómo ve la industria ese crecimiento?

El proceso fue lento, aunque se aceleró en los últimos tiempos. Luego de la aparición de María Elena Walsh en los ´60 y Pipo Pescador en los ‘70, casi no hubo artistas que dirijan su producción a los chicos. Sólo estuvo el Conjunto Pro-Música de Rosario y, más adelante, Judith Akoschy, quien editó la serie de Ruidos y ruiditos. Pero ya no alcanzaron los niveles de masividad de Walsh y Pescador.

Hubo que esperar hasta mediados de los ‘80 (tal vez la explosión cultural que se produjo con el fin de la dictadura tuvo algo que ver) para que nuevos grupos empiecen a plantearse la necesidad de ofrecer una música auténtica y de calidad a los chicos, aunque privilegiando fundamentalmente el “vivo”.

El fenómeno se dió de formas similares en la mayoría de los casos. Los grupos comenzaron realizando funciones en escuelas y, por medio del boca a boca, fueron ampliando su público hasta llegar a presentarse en centros culturales y salas de teatro. Ahí es cuando surgió la necesidad de ofrecer un material que permita a los chicos reproducir en el ámbito de la casa y la escuela las sensaciones y los juegos del recital. Los que pudieron, editaron su disco en forma independiente o con el apoyo de alguna discográfica chica. Los conciertos eran su principal medio de difusión y punto de venta.

Así surgieron conjuntos pioneros como Sonsonando y Los Musiqueros. Más adelante, 5 En Cantando y Caracachumba siguieron sus pasos. Y desde fines de los ‘90 hasta ahora, una gran cantidad de grupos contribuyeron a la diversidad del género.

Al mismo tiempo, la industria discográfica tradicionalmente concentrada en las grandes multinacionales, comenzó a diversificarse. “Antes, el negocio del disco era de tres o cuatro sellos grandes y tangencialmente de algunos otros que realizaban imitaciones o covers. Pero ahora está más abierto el tema, las productoras independientes tienen más espacio”, señala Alejandro Balbuena de la distribuidora Gobi Music. “Producto de las distintas crisis, las multinacionales dejaron de editar a artistas locales y vendían sólo lo que venía de afuera. Entonces, las compañías medianas fueron ganando terreno, al punto de que hoy tienen artistas importantes y compiten con las grandes”, explica. Pero, además, el abaratamiento de los costos de edición que trajeron los adelantos tecnológicos permitió que muchos artistas puedan editar sus discos en forma independiente. De la misma manera, surgieron sellos chicos que se fueron especializando en los distintos géneros.

Volviendo al terreno de la música infantil, con tantos artistas realizando presentaciones en forma dispersa, el problema que se presentaba era de difusión. ¿Cómo hacerle frente a los grandes tanques musicales, la mayoría llegados desde la televisión, que ocupaban toda la atención?

A fuerza de constancia y voluntad, el Momusi (Movimiento de Música para Niños) con sus recitales de los domingos a la mañana en el Centro Cultural San Martín logró atraer a una cierta cantidad de público interesado en esas opciones. También el hecho de haber encontrado un lugar, aunque limitado, en los medios de comunicación contribuyó a ese crecimiento. Y, respecto a la discografía, el descubrimiento de una red de distribución alternativa permitió que el material que los grupos habían empezado a producir perdure más allá de las funciones. Ahora, los discos se consiguen también en las disquerías tradicionales.

“Los discos para chicos antes se vendían a la salida de las actuaciones, en el hall del teatro, y duraban dos o tres meses, una temporada teatral. Nosotros creamos el circuito de las jugueterías didácticas, que vende más que las disquerías, pero además estamos llevando este producto a todas las disquerías tradicionales.”, cuenta Carlos Fratkin, de Gobi Music.

“Y esa es una forma de difusión también. -agrega Balbuena- Si lo ves en una disquería, lo ves en otra, por lo menos te preguntás qué es. Si a su vez eso lo vieras en televisión o lo escucharas en la radio… Nosotros tratamos de que aquello que ya funcionaba a través de los conciertos funcione también a través de los discos.”

Con diferencias en la forma de trabajar, RGS y Gobi Music se constituyeron en sellos especializados en el género infantil. “Hasta el 2001 nosotros teníamos la mayoría de los discos en distribución, mientras que la producción y la edición corría por cuenta de los artistas. -cuenta Balbuena- Pero los grupos no podían reponer el material cuando este se agotaba. Entonces, surgieron formas intermedias de producción en las que nosotros participamos de alguna manera y ayudamos a que esto funcione”.

Algunos ejemplos de discos editados bajo esta modalidad son: Me Río de la Plata de Caracachumba, editado por Gobi Music; Caramelitos Surtidos de La Chicharra, también por Gobi Music; y Sacando Canas Verdes de Papando Moscas, por RGS.

Las multinacionales y las compañías discográficas grandes y medianas, hasta el momento, no pusieron el ojo en el género. El poco material infantil que editan es aquél que viene sostenido por grandes campañas desde la televisión y que garantizan un alto volumen de ventas. Aunque hubo algunas experiencias de artistas que se tentaron con sus propuestas. “Por ejemplo, Mariana Cincunegui editó su primer Cd de Los Pandiya a través de BMG y vendieron alrededor de 6000 unidades. Eso que era un montón para Mariana, para BMG no era nada. Entonces, descatalogaron el disco y se perdió la posibilidad de que el público pueda acceder a ese material”, relata Fratkin.

Pero ¿qué pasaría si estos artistas contaran con espacios en la radio (el medio específico para difundir la música) o la televisión?

La prueba de que estas músicas pueden alcanzar cierto grado de masividad la dió, otra vez, Mariana Cincunegui con Piojos y piojitos 2, editado en forma conjunta por El Jardín de la Esquina y Página 12. “En muy poco tiempo se vendieron 30 mil unidades, sólo entre el público de ese diario. Los lectores de Clarín o La Nación, por ejemplo, ni se enteraron. O sea que da para muchísimo más”, asegura Fratkin.

La intención de los artistas, y de quienes trabajan para imponer lo que denominan una música de autor, es que una mayor cantidad de chicos tenga acceso a una cultura diferente.


Próximas ediciones
Barcos y mariposas 2, Mariana Baggio, editado en forma independiente por el grupo, distribuido por Gobi Music.

Boca Sucia, Libro-CD de Luis María Pescetti, editado en conjunto por Gobi Music y el artista.

Babies go Queen y Babies go Beethoven, editados por RGS Music.

Cantando en Amapola, Vol. 5, editado en conjunto por Amapola jardín de infantes y RGS Music.

Y la banda sigue tocando...


• Además de la producción de los artistas locales, Gobi Music intenta lograr acuerdos para distribuir material de otros países de latinoamérica, donde existe una importante producción musical de calidad dirigida a los chicos. Actualmente está en tratativas con el uruguayo Julio Brum, que tiene el proyecto de crear un pequeño sello rioplatense, para intercambiar material. Pero la idea es también aprovechar los contactos con músicos de Brasil, Colombia, México y otros países de latinoamérica para exportar la producción local.

• Información sobre los artistas, conciertos y novedades en www.gobimusic.com.ar (desde mediados de marzo) y en www.rgsmusic.com.ar

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