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01-10-2011 |

Notas y Entrevistas - Musica para chicos

La (otra) música para chicos

Desde hace quince años, el Movimiento de Música para niños, Momusi, sostiene un trabajo colectivo a favor de la diversidad, la calidad y el respeto por el público bajito. Lejos de las fórmulas probadas, los más de 20 grupos que lo integran buscan nuevos lenguajes, se alejan de los estereotipos y reivindican el arte y el juego por sobre el entretenimiento.

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Por Fernanda Martell


Quince años atrás, entre mate y mate, un grupo de músicos decidió unirse en un colectivo para “remar juntos” el difícil momento que atravesaba la música para chicos. Corría el año 1996 y no había en la cartelera porteña un solo espectáculo de música para el público infantil. Entonces, decidieron reunir esfuerzos y conformaron un Movimiento de Música para niños, al que llamaron Momusi. Integraban este colectivo musical grupos de reconocida trayectoria y otros de más reciente conformación: Sonsonando, Los Musiqueros, Caracachumba y Mariana Cincunegui, a los que rápidamente se sumó 5 Encantando. Los ideólogos detrás del proyecto eran la cantautora María Teresa Corral y el actor Daniel Viola.

“Venía una avanzada, ya en ese momento, de los productos de música para chicos originados desde la televisión. Y había todo un patrimonio cultural en la Argentina que estaba en riesgo”, explica Daniel Viola. “Esta unión nos permitía organizarnos, trabajar juntos, mantener ciclos, establecer redes”.

Todos tenían algo en común: hacían música “privilegiando criterios de texto, trabajando matices y sonidos nuevos. Es decir, atendiendo a las necesidades del niño”, puntualiza María Teresa Corral. “Un chico puede oír la Novena Sinfonía. Puede oír a Piazzolla. Pero si es pequeño, necesita oír cosas más a la medida de lo que él pueda incorporar, y después recrear. Porque a un niño de 3 años no le das un guiso de lentejas, le das otro tipo de comida, diversa, de distintos colores, con mucha vitamina. Ese es el punto desde el cual partimos”, agrega.

Hoy son alrededor de 20 grupos los que integran el Momusi, en diferentes lugares del país. En la ciudad de Buenos Aires están desarrollando la 13ª temporada de su ciclo de conciertos gratuitos “La Música en Domingo”, e inauguraron uno nuevo: “La Música a Caballito”, en el espacio Garrick. Durante las vacaciones de invierno tuvieron una activa presencia en el ciclo “Música para bajitos” que organiza la Secretaría de Cultura de la Nación. Realizan talleres de capacitación para adultos y tienen un programa de radio, “Los limpiaorejas”, en AM 1270 Radio Provincia. Con una sede en Córdoba, donde organizan su propio ciclo de conciertos, participan desde hace tres años del Festival de Cosquín. Con quince años de historia, el Momusi hizo camino al andar.


Trazar caminos alternativos

El primer ciclo que el Momusi organizó como tal fue en el año ‘97 en el Teatro de la Ribera, en el porteño barrio de La Boca. Allí los músicos se encontraron con una cantidad inesperada de personas que se acercaron, ansiosas de escuchar esa (otra) música. “Apareció un nuevo público que empezó a elegir para sus chicos propuestas puramente musicales”, explica Viola.

Frente al avance del mercado sobre la cultura infantil, los músicos del Momusi se propusieron seguir otros pasos. “No podíamos trabajar con los mismos criterios económico-culturales que la Disney, porque no somos la Disney y no queremos serlo”, define Viola. “Queríamos crear un mercado que estuviera en asociación, en solidaridad, entre los padres, docentes, artistas, establecer esta red. ¡Y nos fue bárbaro!”

En el ‘99 comenzó en el Centro Cultural San Martín el ciclo de conciertos gratuitos “La Música en Domingo”. Todo un clásico que, desde hace dos años, se mudó al Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza. Cada semana, uno de los grupos del Momusi sube a escena para hacer aquello que sabe: música de la buena, y para chicos. “Todo el mundo se asombra que podamos mantener un ciclo durante 13 años, todos los domingos a las 11 de la mañana. Con todos los intendentes y presidentes que hubo, nos mantuvimos. Seguimos tocando”, cuenta Viola. A su lado, Corral esboza una sonrisa y agrega un “por algo será”.

Y ese “algo” al que se refiere María Teresa tiene mucho que ver con la diversidad musical: el Momusi abrió espacios a aquellos grupos que no tienen lugar en la televisión ni en la gran maquinaria de la industria cultural. “Somos como el camino alternativo”, sostiene Corral. “Ofrecemos otros sonidos. Y otros silencios”.

“Los grupos del Momusi están fuera del estereotipo”, afirma Jorge Gribo, del grupo folklórico Cielo Arriba que integra el Momusi desde 2002. “El estereotipo es justamente lo que uno ve en los productos comerciales que se venden en los grandes medios de comunicación. La canción para chicos que se canta con diminutivos, en donde los nenes son individuos pasivos, porque si se los hace participar se lo hace desde la mera imitación, no hay un trabajo metafórico, que se salga de lo literal. Un punto de contacto entre los grupos del Momusi es el hecho de buscar un lenguaje diferente al que se está usando en los medios, encontrar esa otra mirada”.


Un colectivo musical (y federal)

“El Momusi siempre tuvo un afán nacional, no de quedarse en Buenos Aires”, afirma Julio Calvo, de Los Musiqueros, uno de los fundadores del Movimiento. “Por más que se generó con grupos de Buenos Aires, intentamos nuclear a todos los grupos del interior. Por esto, hicimos los Encuentros Nacionales.” El primer encuentro se realizó en el ‘98 para convocar a músicos de todo el país. Desde entonces, llevan seis encuentros realizados. “Hay músicos haciendo música para pibes en todo el país, es notable. Pero hay poco contacto, nos conocemos poco. Y este es uno de los objetivos del Momusi,” concluye Calvo.

Si en los comienzos el Momusi significó la posibilidad de tener un espacio para tocar, ¿qué representa hoy ser parte de este colectivo? Para Gribo, una de las cuestiones centrales es el vínculo con sus pares, “con gente que uno admira muchísimo. Como el caso de María Teresa, que para nosotros es una maestra, o de Los Musiqueros. Ahora que estamos dentro, el contacto es permanente, es fluido, y vamos aprendiendo unos de otros”.

“Momusi es un trabajo de militancia cultural”, agrega Viola. Los cachets son modestos y no hay espacio para los egos. Se apunta, más bien, al “trabajo solidario de ayudar a los compañeros, de prestar micrófonos, equipos, instrumentos, de apoyarlos en su desarrollo, de tirarle líneas para que logren perfeccionarse”, enumera. Por este motivo, desde los comienzos del Momusi, grupos de mucha trayectoria compartieron escenario con los recién llegados. “El intercambio es para nosotros muy rico. Por eso también armamos el ciclo de los domingos a la mañana, con la idea que muchos músicos, que por ahí están tocando a la tarde, puedan venir a escuchar a sus compañeros junto al público”.

Y, además, asegura Corral, se trata “de atreverse a desarrollar una mirada crítica de lo que hace el compañero y de lo que yo hago. Porque de palmadas estamos llenos. En cambio, hay que sentarse y evaluar. La evaluación hecha con afecto, teniendo en cuenta parámetros mínimos que tenemos. Las palmadas son muy lindas a la salida de cada recital, pero no nos ayudan a crecer.”

Los grupos reunidos en el Momusi tienen un compromiso en común, que es a la vez estético e ideológico. Según Viola, “hay un respeto por un sujeto de derecho como es el niño y por las raíces de nuestra identidad cultural –que es dinámica, variable, pero que tiene raíces.” Algunos grupos suenan más urbanos, otros más folklóricos… entre todos, se da una combinación de sonidos que, como dice María Teresa Corral, nutre, alimenta a los pequeños oyentes.


¿Juego o entretenimiento?

Una premisa fundamental del Momusi es el respeto por su público bajito. Respeto que se transmite no sólo en la producción musical, sino también en sus presentaciones en vivo y en los talleres de capacitación que dictan para adultos que trabajan con niños. Porque cuando se es músico o docente hay que brindar a los chicos pautas y caminos para que desarrollen toda su creatividad, aseguran. En cada una de estas instancias, “se retoma el Juego, con mayúscula. No se trata de entretenerse, sino de jugar”, define Corral.

El juego es algo bien distinto al entretenimiento: “Jugar es arriesgar, poner el cuerpo, conectarse con el otro.” “El juego es como el arte: es metafórico, no es literal. Cuando un chico juega con las manos, eso tiene toda una lectura, es metáfora pura”, enfatiza Gribo. “Hay propuestas que claramente apuestan al entretenimiento, a la distracción”, agrega Viola. “Y a nosotros nos atrapa un mundo mágico, avasallante. Porque el de la infancia es un mundo poético, no es tonto. E indudablemente, cualquiera que hace cosas para chicos tiene que rescatar a su niño interior. Porque la diferencia entre un adulto que hace actividades para chicos y el niño, es que el adulto tiene más posibilidades de lenguaje”, concluye Viola. Más posibilidades de contar, de ordenar o de desordenar ese mundo compartido de la infancia.

Porque, como agrega Corral, “todos en el fondo conservamos ese niño. Que no es hacerse el ‘nenote’ ni la ‘nenona’, sino que es tener esa magia, esa mirada, esos silencios del niño frente a las cosas nuevas, ese nombrar lo que ve, volver a jugar…”


Quince velitas

De 1996 a 2011 muchas cosas han cambiado en el panorama de la música para chicos. Por un lado, creció la demanda de un público que ya se ha acostumbrado a escuchar música para chicos. Por otro, se facilitó el acceso a la edición de discos, especialmente con la creación de UMI (Unión de Músicos Independientes). Se multiplicó la cantidad de grupos y hoy no resulta extraño encontrar varias opciones compartiendo cartel.

En este contexto, el Momusi hace repaso de su historia, piensa su presente y proyecta su futuro: “Quisiéramos que el ciclo La Música en Domingo esté en un montón de ciudades, por lo menos una vez por mes. Hacer una acción cultural y sostenerla en el tiempo, porque al Momusi no le interesa generar hechos aislados sino establecer estrategias con alguna continuidad”, expresa Viola. “Y, sobre todo, ¡lograr que la gente entienda que Momusi es un colectivo y no un grupo de música! Porque muchos llaman para contratar al grupo Momusi, y les digo: mirá, tenemos algo así como 150 pasajes”, ríe.

“Conservar ese nivel que pretendimos hace 15 años es toda una tarea. Uno está rodeado de mucho ruido y de mucha propaganda, entonces es bravo”, analiza Corral. En un mundo que cambia, se plantean la necesidad de no congelarse en el tiempo, acceder a nuevas propuestas, pero siempre dentro del marco de diversidad, calidad y respeto que los guía. El desafío es, entonces, “crecer cautelosamente, sin dejarse seducir por espejitos de colores, sin perder la esencia del Momusi”


 



Ese (otro) público

“Es interesante observar que los padres cada vez vienen con niños más pequeños”, desliza María Teresa Corral durante la charla con Planetario. Interesante, porque los cambios de los últimos años también tienen que ver con la composición del público, donde los cochecitos ya son parte del paisaje habitual de cada presentación. “Cada vez se acorta más la infancia. Hay un apuro terrible…”, agrega. “Y hay un consumo acelerado de lo adolescente”, subraya Viola. “Un chico de 10 u 11 años ya tiene la presión del mercado para que compre y compre. Hay chicas de 6 años que se visten como adolescentes y escuchan música para adolescentes, aunque no la entiendan. Hay una cuestión de hacerles perder rápidamente la niñez”.

Entonces, hay un público cada vez más pequeño. Pero hay otro nuevo público al que también apuntan que es, por el contrario, adulto. “Uno comprende que un padre traiga a un chico de 8 meses a escuchar música porque tiene un hermanito de 3. Lo que nos asombra es que venga el padre, la madre, la abuela y el tío con un bebé de 8 meses. Vienen a escuchar ellos…”, reflexiona Viola.

“Y eso es bueno, ya que ellos después lo vuelcan al niño”, explica Corral. Y Viola agrega, contundente: “Hay un cambio. Una elección de qué música va a aparecer en la casa. Nosotros elegimos la música para nuestros hijos. No la industria, ni la señora moda, ni el señor consumo. Hay una elección y somos nosotros los que la tomamos”.




La música del domingo

En octubre, el Momusi continúa con la 13ª temporada del ciclo “La Música en Domingo” en el Teatro 25 de Mayo (Av. Triunvirato 4444) a las 11 hs. Durante este mes se presentan Hugo Figueras (el 09/10), Cielo Arriba (16/10) y el grupo cordobés La Carreta (30/10). Las entradas son gratuitas y pueden retirarse con dos horas de anticipación.

Más info: www.momusi.org.ar

 

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