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01-04-2004 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Las hadas brillan en la oscuridad

Sandra Comino recuerda a Graciela Cabal -escritora, maestra, editora y, por sobre todas las cosas, gran lectora- en un repaso emotivo por su obra.

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Graciela Cabal, escribió de su propia vida, en un libro de biografías de escritores favoritos, como Alcott, Andersen, Lewis Carroll, entre otros: “Todas las vidas parecen cuento. La mía también”. Y quienes la conocimos mucho, podemos asegurar que era así. Y no sólo su vida era semejante a un cuento, también su casa (que es la casa más de cuento que conozco y a ella le gustaba que se lo dijera, por suerte lo hice más de una vez).   

Escritora, maestra, editora, narradora, pero por sobre todas las cosas, una gran lectora, Graciela, vivió para escribir y escribía lo que vivía. Por eso, su obra, además de prolífica (publicó más de sesenta libros), es autobiográfica. Atravesada por el placer de leer, poblada de viajes y encuentros, llena de situaciones donde los ángeles y las hadas tenían una fuerte significación, Cabal fue una militante que fomentaba la lectura y fundaba bibliotecas; pasiones que cultivó hasta su muerte.

La conocí cuando ganó el concurso de Colihue con la novela Las Rositas y asistí a la entrega de su último premio, el Madre Teresa, que recibió en La Matanza, otorgado por la biblioteca que lleva su nombre. Su literatura pertenecía a esa clase de libros que muerden. Sus palabras se transformaban en mandato, por ejemplo, cuando predicaba que si un niño/a pedía un libro, había que salir corriendo en busca de uno, de inmediato, frase de la cual he sido víctima muchas veces porque mis hijas la repetían con autora incluida, su palabra anidaba en grandes y chicos; no quedaba más remedio que obedecer... volar y traer el libro requerido.

Su primer cuento para chicos: Jacinto, publicado en la colección del Chiribitil, fue prohibido en la época del proceso; pero esto no le ocasionó temor ni censuró su discurso. Personajes como La señora planchita o los niños de La pandilla del ángel, cautivan tanto como la nena de Secretos de familia o la voz de La emoción más antigua. Mujercitas eran las de antes, Cosquillas en el ombligo, Tomasito, Cuentos con Brujas, pertenecen a una literatura que cuestiona.

Tanto las obras de ficción, donde se incluyen cuentos y novelas para tres tipos de receptores: adulto, juvenil e infantil; como el material histórico y de recopilación de tradición oral, donde se encuentran relatos, leyendas, historias regionales, y una versión libre de la Biblia; pasando por los ensayos y los textos de divulgación de conocimientos para chicos, convierten a su autora en pionera. Pionera en incorporar el tema del sexismo en los libros para niños, en darles a sus personajes femeninos características de anti-cenicienta y en abordar temas tabúes, cruzados por hechos cotidianos, autobiográficos y enmarcados en un universo donde sobresale el humor, aunque los hechos fueran trágicos.

Hada y hechicera, escritora y lectora, niña y adulta caminaba entre la realidad y la fantasía, dejaba asomar ese espíritu de los cuentos tradicionales, los reelaboraba, poniendo énfasis en el rol de la mujer.

Del mismo modo que en el siglo XVII y XVIII los chicos se apropiaron de la literatura que no estaba escrita para ellos, los adultos de nuestro tiempo, se atribuyeron la literatura de Graciela Cabal. Su literatura infantil es muy disfrutada por los adultos. Siempre será un hada que brilla en la oscuridad. Yo la conocí: “nunca había visto un hada de tan cerca”.

Sandra Comino.

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